La primera pregunta obligada a la hora de acercarse históricamente a la figura de Mahoma es la de si realmente existió y, en caso de ser así, qué es lo que conocemos de él. Por chocante que semejante pregunta pueda resultar para los no-especialistas, hay que indicar que hay autores que cuestionan la existencia histórica de Mahoma o que indican la práctica imposibilidad de saber nada cierto acerca de él [9]. Para responder a ésas y otras cuestiones, como siempre sucede en Historia, tenemos que examinar en primer lugar, las fuentes.
Por regla general, se cita el Corán[10] como la primera fuente para trazar una biografía de Mahoma. La afirmación es comprensible puesto que, por definición, constituye la revelación que entregó. La realidad, sin embargo, en términos historiográficos, no resulta tan evidente. De entrada, el primer problema que plantea esa afirmación es que, hasta la fecha, existe una ausencia de una edición crítica del Corán como las que tenemos, por ejemplo, del Antiguo o del Nuevo Testamento. Esta circunstancia plantea problemas al investigador que quedan realzados por las circunstancias a las que nos referiremos a continuación. Como ha resumido un estudio reciente, la simple lectura gramatical del Corán nos enfrenta con palabras cuyo significado no es claro[11], con frases cuyo significado no es evidente[12], con pasajes y palabras fruto de interpolaciones, inserciones o revisiones[13], con frases que contienen errores gramaticales desde el punto de vista del árabe clásico en que está escrito el Corán[14], con frases y versículos que parecen haber sido cambiados de sitio y cuya relación con el texto resulta oscura[15] así como un largo listado de problemas textuales[16]
Seguir leyendo











