Mario E. Fumero
Vivimos momentos políticos en los que los ánimos se han exacerbado, debido a que, en vez de hacer planteamientos y propuestas políticas coherentes hacia el futuro, nos hemos dedicado a descalificar y señalar los defectos de unos y otros, atacando frontalmente tanto al gobierno como a los candidatos de la oposición. Los ánimos se han caldeado a tal grado que parece que estamos enfrentándonos a un discurso que promueve la apología al odio, y esto, en términos políticos, es muy peligroso.
Pero definamos cómo se puede hacer “apología al odio” dentro de la política. En ambas corrientes políticas, algunos candidatos se han dedicado a atacar abiertamente al contrario, usando calificativos de diferentes índoles. La oposición llama a la candidata de Libre “comunista”, “promotora de la corrupción”, “enemiga de los empresarios y de la iglesia”; y la candidata, a su vez, se defiende atacando y señalando la actitud de algunos religiosos y políticos que proceden de un pasado oscuro. Entonces, de ambos lados comienzan a sacarse los trapitos al sol. ¿Esta actitud es coherente en un discurso político?
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