Alejandro Peláez
La intervención pastoral no es una opción emocional ni una reacción impulsiva: es un deber espiritual cuando la vida del débil está en riesgo. El pastor no actúa para defender su autoridad personal, sino para guardar el depósito que Dios le confió. “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor.” Hechos 20:28
Cuando una paternidad espiritual se desvía, se rebela, o pierde sujeción, el peligro no es teórico sino real: la cría queda expuesta. El débil no se protege solo con palabras, sino con decisiones.
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