Mario E. Fumero
No debemos ignorar que todo lo puro, honesto y recto, se puede desvirtuar con el tiempo, si no hay una voz profética que denuncie los abusos. La historia vuelve a repetirse, ocurrió en la vida del pueblo hebreo, y se repitió en el cristianismo, cuando en el siglo tercero los cristianos fueron leudado con las influencias del paganismo romano.
Pero entre los peligros existente para la fe cristina, tenemos uno que se extendido en nuestros tiempos como mala yerba y es «la simonía”. ¿Qué quiere decir esto de simonía? En Hechos 8:18-23 se nos relata una historia muy llamativa;
«Cuando Simón vio que por medio de la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: –Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: –¡Tu dinero perezca contigo, porque has pensado obtener por dinero el don de Dios! Tú no tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque veo que estás destinado a hiel de amargura y a cadenas de maldad.»
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