MARIO E. FUMERO
Nuestro sistema democrático depende de la justicia para mantener la paz y la estabilidad social, pero: ¿Qué pasa cuando ésta falla? Cuando esto ocurre, la comunidad entra a un proceso de deterioro que conduce a los ciudadanos a sentirse inseguros, desprotegidos y a veces amenazados, por lo que surgen soluciones contrarias al orden divino, como es <tomarse la justicia por su mano, o adquirir un arma para defenderse uno mismo, siendo parte y juez del problema>.
Esto es lo que está sucediendo en Guatemala, Bolivia y Perú, y no dudo que ocurra en nuestro país, a menos que atajemos a tiempo la ola delincuencial que nos abate. En estos países, las comunidades del interior han optado por aplicar ellos mismos la justicia a los delincuentes y violadores. Un ejemplo de estos hechos lo tenemos en Guatemala, donde una población enardecida linchó a un delincuente, sin que las fuerzas del orden pudieran hacer nada.
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