Mario E. Fumero
Salmo_105:15 «No toquéis, dijo, á mis ungidos, ni hagáis mal á mis profetas«.
En algunas iglesias se impone una autoridad dictatorial, apareciendo la doctrina de «la tiranía de los Santos», y para defenderla, toman como punto de partida el texto en donde Dios afirma que «no toquéis á mis ungidos», y sacan el texto del contexto, para demandarle a los feligreses un sometimiento ciego, a una autoridad espiritual despótica.
Analizando el texto de los Salmos 105:1, vemos que emana de 1 de Crónica 16:22, el cual da a entender en el contexto que en la época de los reyes de Israel, muchos profetas, cuando traían palabra de Jehová que no le gustaba a los líderes, estos ordenaban apedrearlos o matarlos, rechazando el mensaje del Señor. Los profetas solo entraban en escena cuando los reyes de Israel, y el pueblo, se apartaban de la ley de Moisés. Así que estos profetas eran ungido con un mensaje de amonestación y juicio, frente al pecado de su pueblo. Por eso eran martirizados y rechazados, como lo expreso el mismo Jesús (Mateo 23:37-39).
La unción que hoy proclaman los nuevos apóstoles no es igual a la de los profetas. Estos usan el término ungido para imponer una nueva revelación, y someter al rebaño a sus caprichos, creándose una autoridad despótica y antibíblica, que debe ser condenada radicalmente.
La verdadera autoridad se define muy bien a través del concepto del pastor en su relación con el rebaño (Juan10:2-14), estableciendo el criterio que los pastores deben cuidar al rebaño para que no sea devorado por el oso, el lobo o el León, pero tristemente, estos pastores son los lobos que devoran el rebaño, estableciendo una autoridad que no se fundamenta en cuidar y proteger, sino en trasquilar al rebaño, explotando la fe de los incautos.