Una de las cosas que más sorprenden al leer los evangelios es como Jesús, que protagonizó serios conflictos con los dirigentes religiosos (sacerdotes del templo y teólogos) de su tiempo, es, simultáneamente, un hombre de una profunda espiritualidad.
Jesús fue muy espiritual en el sentido de búsqueda y apertura al Misterio, al Trascendente… al que percibe cercano y personal y al que se dirige como Abbá. Hablaba de Dios como Padre compasivo y amoroso que quiere la felicidad de todos sus hijos. Oraba a Dios con intensidad. Su espiritualidad, junto a esta dimensión vertical, tenía una fuerte dimensión horizontal; su compasión y cercanía a los últimos del sistema (enfermos, pobres, mujeres, niños…) así lo evidencia. Seguir leyendo










