1. UNA LECCIÓN DESDE LA HUMILDAD
Don Ricardo Ortega, un millonario de 58 años conocido por su discreción, tenía una peculiar forma de entender el éxito. Aunque poseía cadenas de hoteles y negocios por todo el país, siempre mantuvo los pies en la tierra. Su abuelo, un zapatero, le había inculcado una máxima: “Recuerda, hijo, las monedas hacen más ruido cuando están vacías. Sé como el río: profundo y silencioso.”
A pesar de su fortuna, Don Ricardo disfrutaba vestir sencillo y mezclarse con la gente común. Una mañana fría, decidió visitar una de sus cafeterías para comprobar cómo trataban al público. Vestido con unos jeans gastados, una chaqueta vieja y un sombrero deshilachado, entró a una de las sucursales sin anunciarse.
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