Hola hijo(a) te escribo para proponerte un trato, lo he pensado mucho y nos convendría a los dos, pero no te voy a obligar a que lo aceptes, pero déjame explicarte de que trata: No te pongas triste, pero todos algún día vamos a dejar este cuerpo, algunos antes otros después, pero a todos nos llegará la hora, estoy segura que ese día tú estarás muy triste, ya te veo con su traje de negro, viajando y llegando a como dé lugar para despedirte, con una corona de rosas, o tal vez un ramo de rosas. Me lloraras, y así sucesivamente, trataras de cumplir todos los protocolos de un fallecimiento.
Bueno aquí va mi trato… que te parece si en vez de llevarme rosas cuando muera, me lo traes ahora, al fin al cabo cuando ya no esté qué más da, ni las voy a ver lo bellas que son y menos a sentir su aroma. Que te parece si ese día de seguro todos tomaran café en mi velorio, vienes ahora y nos tomamos ese café, de seguro que va estar más rico de los que prepararan ese día, tú sabes que yo tengo mi secreto para el café y lo acompañamos con esos panecillos que tanto te gustan.
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