Mario E. Fumero
Es importante definir el término convicción desde una perspectiva cristiana, ya que ésta revela con hechos el verdadero sentido de la conversión. En teología radica en el hecho de pensar y actuar sobre una verdad que, en nuestro caso, gira en entorno a Dios y su revelación en las Sagradas Escrituras. Procede del griego “elegchos”[1] (ἔλεγχος), término que indica una prueba que da veracidad de algo, y según el diccionario de la Real Academia Española es “una idea religiosa, ética o política a la que se está fuertemente adherido o fundamentado”.
Mientras las emociones tienen que ver con factores hormonales, que están fuera de nuestro alcance, y que muchas veces no podemos controlar, la convicción entra en el plano de lo intelectual o conocimiento, madurez y dominio propio. Tiene que ver con la formación que recibimos, la cual nos capacita para poder hacer que lo negativo pueda ser positivo, y esto envuelve una actitud que en cierto sentido es filosófica e ideológica. Mientras todas las emociones son pasajeras, la convicción es algo permanente ¿Cómo podemos ejemplificar mejor el sentido de la convicción en la vida cristiana?
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