by David Wilkerson

David Wilkerson
En Marcos 9, un padre consternado llevó a su hijo endemoniado a los discípulos de Jesús buscando liberación. Este muchacho no era simplemente problemático o rebelde, estaba lleno de espíritus malignos que controlaban sus acciones. Este pobre muchacho era considerado un caso imposible, era sordo y mudo, así que solo balbuceaba sonidos guturales. Su padre tenía que sostenerlo continuamente, porque los demonios, constantemente, trataban de tirarlo al río más cercano, a un lago o en el fuego. Era un trabajo de tiempo completo evitar que su hijo se matara y debe haber destrozado el corazón de ese padre.
Ahora, mientras el padre estaba ante los discípulos, Satanás comenzó a manifestarse en el muchacho. Comenzó a botar espuma por la boca y a rodar en la tierra, contorsionándose y dando vueltas violentamente. Las escrituras nos dicen que los discípulos oraron por él, quizás por largo tiempo, pero nada sucedió. Pronto los incrédulos escribas los rodearon preguntando: “¿Por qué no es sanado el muchacho? ¿Es este caso muy difícil para su Señor? ¿Es el diablo más poderoso en esta clase de situación?” Seguir leyendo →