Dios no puede cambiar. Lo que ocurre es que sólo se puede comunicar con el hombre hablándonos en términos humanos.
Es cierto que en el Antiguo Testamento hay varios pasajes en los que parece que Dios se arrepienta o cambie de opinión (Gn. 6:6; Ex. 32:14; 2 S. 24:16; 1 Cr. 21:15; Jer. 26:19; Am. 7:3, 6; Jon. 3:10). Sin embargo, ninguna de tales expresiones significa que el creador se haya equivocado en sus planes eternos y tenga que modificarlos, igual que hacemos los humanos en tantas ocasiones. Algunas versiones bíblicas traducen el término “se arrepintió” por “lamentó”, que expresaría mejor la idea de que a Dios le preocupa el pecado humano y se duele por causa del mismo.
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