Mario E. Fumero
En la actualidad muchos estudiosos de las profecías están reflexionando sobre sí la iglesia sufrirá o no la tribulación. En este aspecto hay muchas opiniones, como afirmó en el libro “Estrategia Satánicas contra el Cristianismo”[1].
Reconozco que los que defienden la posibilidad de que la Iglesia pase la gran tribulación o una parte de la misma (la primera etapa)[2] tienen algunas bases bíblicas, aunque debemos diferenciar entre “tribulación” y “gran tribulación”, pues en verdad, siempre que la Iglesia se ha enfrentado a un sistema corrupto, y ha proclamado una verdad absoluta, ha sufrido persecución y tribulación.
Entre las advertencias de Jesús a sus discípulos estaba el hecho de que “sufrirían persecución” según aparece en el relato de la parábola del sembrador (Mt 13:21[3]), afirmando que “seréis aborrecidos por mi nombre y por el mundo” (Mt 10:22, Jn 7:7). En el libro de los Hechos encontramos a una iglesia en continua confortación con el sistema dominante. Las persecuciones forjaron su fe y preservaron a los cristianos de la hipocresía y la falsedad. El testimonio público radicaba en el valor de los discípulos para afrontar las piedras, los leones, y las hogueras, y cuenta la historia que el emperador Nerón alumbró su palacio con antorchas humanas de cristianos, acusándolos injustamente de incendiar Roma.
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