Héctor Hernán Castro Canales.
«El pueblo de Israel nombró reyes sin mi consentimiento y príncipes sin mi aprobación…» (Oseas 8:4a, NTV.) ¡Qué hermosa expectativa despierta una fiesta programada! ¿Verdad?
A medida que se acerca la fecha de celebración, crece la expectación y la sensación de felicidad. En nuestros días, las inevitables y obligadas preguntas son:
Si nuestras elecciones generales son una fiesta cívica nacional, ¿Por qué no hay ese positivo ambiente de grata expectativa? ¿Por qué al acercarnos al 30 de noviembre crece la incertidumbre y disminuye la esperanza? ¡Muy sencillo! Porque el proceso electoral hondureño dejó de ser una fiesta nacional para convertirse en la burda fiesta particular de unos pocos que, utilizando diversos métodos y medios, usan al pueblo para acceder, a cómo de lugar, a la «piñata pública».
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