“No hagáis distensión de persona en el juicio; así al pequeño como el grande oiréis; no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios, y la causa que os fuere difícil, la traeréis a mí, yo la oiré” Deuteronomio 1:17
Mario E. Fumero
Se define como justicia el conjunto de normas y valores esenciales sobre los cuales debe basarse una sociedad, estado y en el caso que nos incumbe la iglesia, sus valores y justicia nacen de los principios de la palabra de Dios establecidos en el decálogo mosaico y en el quehacer de la Iglesia, son las enseñanzas establecidas del Nuevo Testamento.
En nuestros medios y en el mundo secular, la justicia es endeble, elitista y discriminatoria. Cuando se juzga a un individuo, se toma más en cuenta su condición social, y su poder económico e influencias políticas que el delito cometido, razón por la cual, la gran mayoría de los jueces, tristemente hacen distinción de personas, y aquellos pobres marginados, que no tienen para pagar un buen abogado y dar cierta “mordida o soborno”, se les juzga sin oírles, y se les condena injustamente, mientras que el de “cuello blanco”, que ha robado y es corrupto, queda absuelto y libre de todas sus fechorías.
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