Ángel Bea
Decía el profeta Jeremías acerca del pueblo de Israel: “aunque te laves con lejía y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dice Yahvé el Señor” (Jer.2.22).
La idiosincrasia de un pueblo está tan arraigada en su forma genética de ser, que ya podrían pasar mil años que seguirá siendo el mismo. Podrá adquirir más cultura (¿?) adaptarse a las nuevas tecnologías y presumir de algunos logros con los cuales disfrazar su condición; pero la realidad de lo que es en sí mismo, le acompañará siempre. Sustancialmente, no habrá cambiado nada.
Como muestra de lo dicho, aquí copio lo que me remitió un querido amigo mío, hace años:
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