BERNABÉ: EL INMENSO VALOR DE UNA PERSONA SENCILLA

Jaime Fernández

Necesitamos derrochar gracia, bendecir, ayudar, consolar, animar a los demás; arriesgar nuestra reputación para estar al lado de quien lo necesita, como Bernabé lo hizo.

(San Barnaba / Anonimo Lombardo (Wikimedia Commons - Public Domain))

(San Barnaba / Anonimo Lombardo (Wikimedia Commons – Public Domain))

Bernabé aparece por primera vez en el libro de los Hechos en el versículo treinta y seis del capítulo cuatro. Cuando es presentado, se nos hace saber que el significado de su nombre es: “hijo de consolación” y ese nombre viene de una raíz común con otras palabras, así que también podría traducirse como “estimado, amado” Esa es su carta de presentación,  y no es extraño, prácticamente en todas las ocasiones en que Bernabé aparece en la palabra de Dios, está ayudando a alguien o dando algo. El motivo de su vida era servir a los demás.

La verdad, no era un evangelista cualquiera: Cuando el Espíritu de Dios habló a la iglesia porque necesitaba que dos de sus principales dirigentes salieran a la obra misionera, Bernabé es nombrado en primer lugar: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado” (Hechos 13:1).

Creo que uno de nuestros mayores defectos es el de juzgar a todo el mundo… Nos encanta señalar, decir quién hace lo correcto o no, quién sigue el verdadero evangelio y quién no lo hace; quién es creyente y quien no. Gastamos gran parte de nuestro tiempo y nuestras fuerzas publicando los defectos de aquellos que no aceptan lo que nosotros creemos, y discutiendo sobre detalles para defender nuestra “razón” ¡A veces, eso es lo que más nos preocupa en la vida! Bernabé no era así en absoluto y por eso su papel en el libro de los hechos de los apóstoles es crucial. Su trabajo consistía en reflejar la gracia de Dios ayudando y animando a todos, tanto que aparentemente no le preocupaban las equivocaciones o el pasado de nadie; siempre solía ponerse al lado del débil para restaurarlo o ayudarlo.

Cuando Saulo de Tarso era un recién convertido y nadie en la iglesia quería acercarse a él por miedo (recuerda que había sido el mayor perseguidor de los cristianos), “Bernabé lo tomó y lo presentó a los apóstoles…” (Hechos 10:26-27) Se comprometió públicamente con él arriesgando su propia vida, y desde luego, su reputación dentro de la iglesia. No le importaba en absoluto perderlo todo porque sabía que Dios había escogido a aquel fariseo perseguidor para revolucionar el mundo, así que él quiso ser el brazo “armado” de la gracia de Dios y abrazarlo… Porque aunque parezca una incongruencia, pocas cosas necesitan ser defendidas con más fuerza y valor, que el amor incondicional.

Ese olvidarse de sus derechos y comprometerse con los demás no fue algo de un solo día. Bernabé comprendió que la gracia de Dios cubría absolutamente a todos, así que cuando su gran amigo Pablo desechó a Juan Marcos porque había tenido miedo y les había abandonado en lo más duro de la batalla del testimonio del evangelio, él se quedó con el joven para fortalecer su fe. No desistió de Juan Marcos, a pesar de que Pablo ya lo había hecho. Tuvieron un enfrentamiento tan grande, que Bernabé y Pablo ya no pudieron seguir juntos; pero a Bernabé le preocupaba, más que ninguna otra cosa, restaurar a Juan Marcos, aún si tenía que sufrir la incomprensión de uno de sus mejores amigos, Pablo.

Bernabé nunca renunció a seguir bendiciendo a todos. El sabía que cuando un problema grave se resuelve, siempre es porque a una de las partes no le importa ceder y perder la “razón”: Aquel que acaba reconociendo que las relaciones son más importantes que la mayoría de las ideas. Bernabé siguió al lado del débil hasta que Pablo reconoció que la gracia de Dios había restaurado a aquel joven dubitativo y ahora era él quién necesitaba a Juan Marcos, así que volvió para buscarle. Era una manera de reconocer públicamente no sólo el valor de Marcos, sino también la gracia que Dios había derramado sobre él y que Bernabé había tenido la sensibilidad de ver.

Bernabé es un héroe de Dios, porque es uno de los mejores ejemplos que tenemos en la Biblia, de lo que debe ser un evangelista, ¡Siempre está pensando en los demás en primer lugar! ¡No sólo comprende lo que es la gracia de Dios, sino que quiere que todos la disfruten! De hecho es una de las pocas personas en la Biblia, de las que no se menciona ninguno de sus defectos, y aunque es obvio que los tenía (¡ninguno de nosotros es perfecto!) vivió tan “sumergido” en el amor del Señor, que ese mismo amor le llenaba por completo. A él y a los que le rodeaban.

 

Mi admiración por Bernabé viene de largo… pero hace varias semanas volví a recordar su vida cuando envié un artículo sobre un determinado tema a una revista, y con las prisas de terminarlo en el plazo previsto, al escribir una frase me “comí” una letra y en lugar de decir que debemos “evangelizar”, puse “evangeliar”.

Cuando volví a releer lo que había escrito, me quedé de piedra por unos segundos… y después me reí, recordando algún que otro email que he recibido en los últimos años. Sí, porque hasta nuestras equivocaciones son útiles si queremos aprender: esa es una de las primeras características del sentido del humor del Señor, enseñarnos a reírnos de nuestros errores para que, después de ese primer paso, podamos aprender algo de ellos.

Lo digo porque cualquiera que esté leyendo ahora mismo, habrá escuchado alguna de estas frases relacionadas con el evangelio de la gracia de Dios: que si “no se predica el evangelio”, que si “decimos pocas cosas”, que si “no somos tan duros como debiéramos” que si “decimos demasiadas cosas”, que si “con nuestra manera de predicar todo es muy fácil” o incluso algunos no dejan de decir una y otra vez que “estamos adulterando” el evangelio porque no exponemos toda la verdad cada vez que predicamos o no explicamos absolutamente todo el plan de salvación cada vez que hablamos con alguien.

No me juzgues por no querer entrar en discusiones doctrinales, hay momentos para todo. Lo que necesito ahora es llegar al fondo del asunto y aprender de la manera de vivir de Bernabé y otros como él. A veces cuando hablamos del evangelio del Señor Jesús, tenemos que reconocer que “evangeliamos” más que otra cosa. Decimos mucho más de lo que una persona puede entender y le explicamos muchas más cosas de las que necesita para comprender lo que Dios ha hecho.

Como dije, no se trata de entrar en discusiones, lo que quiero es expresar lo que las personas sienten cuando les hablamos. A veces nosotros nos quedamos tranquilos diciendo “le prediqué el evangelio”, pero ellos no han comprendido casi nada, y se van a su casa con mucha más información de la que podrán asimilar durante semanas.

Déjame poner un ejemplo: supongamos que tenemos que hablar sobre el materialismo, seguro que prepararíamos varias conferencias sobre el papel destructor que pueden tener el dinero y las posesiones en nuestra vida, la mala influencia que tienen en las relaciones personales y familiares, el alejamiento de Dios y su voluntad,  etc. ¡Podríamos estar horas enteras hablando, y hablando bien! El Señor Jesús un día simplemente lanzó una pregunta después de contar una historia: “¿De que le aprovecha al hombre ganar el mundo si pierde su alma?”

 

No necesitó decir más. Hasta el día de hoy cada uno de nosotros tiene que responder a esa pregunta. Así de sencillo, no necesitamos darle más vueltas.

¡Y el Señor hablaba de esa manera a pesar de que todos los que le escuchaban conocían la ley y los profetas! ¡Su trasfondo espiritual era mucho más profundo que el de las personas que nos escuchan ahora!

Recuerdo cuando antes de la conferencia de evangelistas celebrada en Amsterdam en el año 2000, y auspiciada por la Asociación Evangelística Billy Graham, durante una entrevista en uno de los programas de televisión más conocidos en el norte de Europa, el presentador creyó haber metido en un gran problema al propio Dr. Graham al preguntarle “¿Por qué predica un mensaje tan sencillo?” la idea era que todos reconociesen de una vez por todas, que los cristianos somos una especie en extinción que usa muy poco su cerebro. Cómo si estuviera esperando la pregunta el Dr. Billy Graham simplemente respondió: “Si, es un mensaje muy sencillo, y cada día necesito estudiar y profundizar horas y horas para poder expresarlo de una manera más sencilla todavía”.

 

De eso se trata: en la persona del Señor Jesús, Dios reduce su inmensa eternidad para que sea definida en un par de frases.  Explica el valor de la infinitud de su carácter en no más de tres líneas, porque el amor sobrenatural del Creador necesita ser vivido sobre todas las cosas, ¡es imposible comprenderlo de otra manera!

 

Y el evangelio, la realidad más profunda que jamás haya existido en todo el universo, fruto de la sabiduría inagotable del Ser con mayúsculas, fuente y origen no sólo de la vida, sino también de todo lo comprensible e incomprensible, el Espíritu de Dios alcanza a resumirlo en una sola frase: “Tanto amó Dios que dio a su propio Hijo…”

 

Así de sencillo.

 

Necesitamos volver a proclamar la gracia de Dios Padre, la fe en el Señor Jesús (el principio y final, el TODO en la evangelización) y la Palabra inspirada por el Espíritu Santo. Necesitamos volver al Dios Trino, al único que existe, ya que Él es la fuente de la vida, y depender de su trascendencia en todo lo que somos y hacemos. Necesitamos volver a admirar y adorar al Salvador que sobrepasa infinitamente todo nuestro conocimiento, y al mismo tiempo se hace niño para que podamos abrazarle.

 

Porque desde el principio hasta el final, todo depende de lo que el Espíritu de Dios hace en la vida de cada persona. Es más, NADA de lo que nosotros podamos hacer tiene valor si Él no interviene. Ni nuestras mejores palabras ni las más elocuentes explicaciones pueden llegar a ningún sitio si el Espíritu de Dios no toca nuestro corazón y el de quién está escuchando.

 

Por último, creo que más allá de todo lo que queremos explicar a quienes nos rodean, lo realmente importante es la actitud, el deseo, la necesidad de proclamar lo que Dios ha hecho en nuestra vida a todas las personas y por todos los medios. Me refiero a la compasión que el Señor Jesús sentía por cada persona de una manera individual y al ejemplo de Bernabé acercándose a todos para ayudarlos y abrazarlos; para restaurarlos por el poder del Espíritu de Dios… Me refiero a que nos vean ofreciendo la gracia de Dios a todos y de todas las maneras posibles y no evangeliándolos desde nuestro superior conocimiento espiritual y asombrándolos con nuestro casi perfecto comportamiento exterior.

 

Necesitamos derrochar gracia, bendecir, ayudar, consolar, animar a los demás; arriesgar nuestra reputación para estar al lado de quién lo necesita, como Bernabé lo hizo. Como nuestro Padre Celestial lo hace siempre.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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