ALGUNOS CONVENCIMIENTOS CRISTIANOS -II-

Ángel Bea

Jesus_Pescadores “Estando convencido de esto, que el comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filp. 1.6)

En el pasado escrito, mencioné que en este versículo encontramos cinco convencimientosdel apóstol Pablo con respecto a la obra de Dios. Dichos convencimientos son los siguientes:

1) El convencimiento de que fue Dios el que comenzó su obra en el creyente; 2) El convencimiento de que la obra tiene un comienzo; 3) El convencimiento de que la obra es buena; 4) El convencimiento de que la obra está en proceso de perfeccionamiento; 5) El convencimiento de que la obra tendrá un final.

COMENCEMOS POR VER DOS DE ELLOS.

1.- El convencimiento de que es Dios el que comenzó su obra en nosotros: “El quecomenzó en vosotros la buena obra…” ¿Quién es el que comenzó esa obra? ¿A quién se refiere el apóstol Pablo? Lógicamente, se refiere a Dios. Lo dice el versículo 3: “Doy gracias a mi Dios…”

Stephen Hawking dice que no cree en Dios: “Antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico creer que Dios creó el Universo. Pero ahora la ciencia da una explicación más convincente.” “Pero posteriormente en su polémico libro ‘El gran diseño’, afirmó que el Universo puede crearse «de la nada, por generación espontánea», y que la idea de Dios «no es necesaria» para explicar su origen.” (1)  Así que, esa es su “explicación más convincente”. Realmente hay que tener mucha fe para creer eso.

Sin embargo, en el versículo citado, Pablo expresa de una manera sencilla la certeza de que es Dios el que comenzó su obra en nosotros. Para los autores bíblicos, la existencia de Dios estaba fuera de toda duda: “En el principio, creó Dios los cielos y la tierra” (Gé.1.1) Ellos no tenían duda. Nosotros, siguiendo sus pasos  debemos estar agradecidos a Dios porque a través de su Revelación Especial nos ha dado un conocimiento suficiente sobre él, de tal manera que cuando nos dirigimos a él sabemos a quién nos dirigimos. Pero también cuando hablamos entre nosotros, sabemos de quién hablamos: del Padre; de nuestro Padre.

Hoy día, no solo leemos a autores como Stephen Hawking sobre la no existencia de Dios, pero también leemos y escuchamos a amigos, conocidos, etc., hablar de “la Fuerza del Universo”. Dicen: “Que la fuerza del Universo te acompañe”. También hablan de “una energía”, o “un poder”. Pero dichas referencias no apuntan a un Dios personal, sino a “algo” –no se sabe qué-impersonal. Otros muchos creen en el panteísmo que significa, que  todo es Dios. Por tanto, todos formaríamos parte de ese dios;  ¡todos somos Dios!. Pero no parece ser una buena doctrina esta que nos enseña que nosotros, personas, individuos únicos e irrepetibles; seres inteligentes, capaces de pensar, sentir y tomar decisiones, al final de todo, llegaremos a sumergirnos y difuminarnos en ese universo/dios para formar parte de un todo impersonal,  perdiendo así nuestra individualidad y carácter personal. ¿Estaremos todos en manos de un destino ciego que nos conduce a no se sabe qué?

Ante esas concepciones, nosotros como personas inteligentes, necesitamos mejores respuestas que esas. Esas respuestas las encontramos en las Sagradas Escrituras. Ciertamente, la Biblia afirma que aunque a través de la historia de la salvación, Dios ha dado pruebas de su gloria y poder, “a Dios nadie le vio jamás”, pero a continuación se nos dice que todo cuanto necesitábamos oír, ver o saber de él, “el Unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer” (J.1.14, 18)

Jesucristo, el Hijo de Dios manifestado en carne (J.1.14), él  ha dado a conocer a Dios; es decir él es el exégeta de Dios, el que lo explica. Y Jesús lo explicó muy bien. Desde siempre el pueblo de Israel creyó en un Dios personal; pero además, Jesucristo lo reveló como un Dios y Padre a aquellos que reciben su testimonio (J.1-12-13). Por esa razón es que cuando dicho conocimiento nos llegó a nosotros por el Espíritu Santo, pudimos exclamar: “¡Abba Padre!” (¡Papá, Papá! -Ro.8.15; Gál.4.6-). De ahí que cuando nos dirigimos a él, lo hagamos con esa certeza que nos dio y la confianza que nos otorgó por medio de su Hijo: “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mat.6.9-13)

Todo lo demás, en el lenguaje divino expresado por medio del profeta Jeremías, no satisface, ni el intelecto ni el espíritu: ¿Dejaremos “la fuente de agua viva y cavaremos para nosotros cisternas… rotas que no retienen agua?” (Jer.2.13)

Es en esa confianza que escribía el apóstol Pablo: “El que comenzó en vosotros la buena obra…”.

2.- El convencimiento de que la obra de Dios en nosotros, tiene un comienzo: “El que comenzó en vosotros la buena obra”.  Esta declaración tiene dos aspectos que hemos de considerar. En principio ya no se trata de  creer en que “Dios existe”, lo cual está fuera de toda duda para nosotros. Vamos un paso más allá: se trata de creer que Dios es el que actúa en nosotros. Es decir, él tomó la iniciativa para llevar a cabo una obra en nosotros. La obra es suya, no nuestra. De él partió la idea; por tanto, él la puso en práctica. Ayer leía en el muro de Facebook de nuestra amiga Sandra Hernández: “Muchos creen que hay Dios, pero no creen que Dios actúa y no entienden que Dios no está pasivo…” Efectivamente, Sandra ha dado en la diana: “Dios no está pasivo”. Eso es lo que dice la Escritura desde el inicio: “En el principio, creó Dios los cielos y la tierra” (Gén. 1.1). Luego, Jesús dijo que su Padre no quedó inactivo: “Mi Padre hasta ahora trabaja; y yo trabajo” (J.5.17) Dios no abandonó al mundo a merced de unas leyes inmutables que lo rijan, desentendiéndose de él y sin intervenir en los asuntos humanos. Eso es lo que creen los deístas, pero no es lo que dice la Biblia.

 

La certeza de que Dios es el que obró, actúa y seguirá trabajando en nosotros para cumplir sus propósitos redentores y salvíficos en nuestras vidas, nos produce una gran seguridad y confianza. ¡Es Dios obrando en tu vida y en mi vida! Más adelante, Pablo afirmará esta verdad, señalando otro aspecto de esta maravillosa obra: “Porque es Dios quien en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil.2.13) Y podemos decir confiadamente, que allí donde se nos da una promesa de parte de Dios en las Sagradas Escrituras, eso es indicativo de que Dios cumplirá dichas promesas en los momentos oportunos; no solamente la que hemos mencionado, sino dándonos el poder para sobreponernos  en circunstancias difíciles (Filp. 4.13) y/o “supliendo todo lo que os falta, según sus riquezas en gloria, en Cristo Jesús” (Filp.4.19) ¿Se cumplirán sus promesas mientras vivimos conforme a la fe de Jesús aquí en la tierra, o las tales son imaginaciones de los escritores bíblicos que nosotros mismos hemos adoptado para nosotros?

Pero volvamos al enunciado inicial: “la obra de Dios tuvo un comienzo”. Así es. Para poder entender esto, no hemos de limitar el comienzo de dicha obra a los días de nuestra conversión a Jesucristo. No, nada de eso. La Biblia nos enseña que dicha obra tuvo su nacimiento en el corazón y en la mente de Dios, “antes del principio de los siglos” (Tito 1.2). Esto se escapa a nuestro entendimiento ¿Verdad?. Pero así es. Luego, añade la Escritura, “Cuando llegó el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo…” (Gál. 4.4; Tito 1.4; 1ªP.1.18-20). Fue a través de él que Dios llevó a cabo su obra redentora.

Pero luego, en el plano de la experiencia personal podemos preguntarnos ¿Cuándo comenzó Dios su obra en mí? Entonces cada uno puede dar razón de cuándo comenzó a tener conciencia de la obra de Dios en su vida. Esto puede ser un poco difícil poder precisarlo. Jesús dijo que la obra del Espíritu Santo es como “el viento, que sopla de donde quiere, y oyes su sonido; pero ni sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (J.3.7-8)

Sin embargo, así como del viento sentimos y vemos sus efectos, también sentimos,  experimentamos y vemos los efectos de la obra de Dios por su Espíritu Santo en los creyentes. Será, entonces, por esos efectos que podemos decir cuándo comenzó Dios su obra en nosotros. En mi caso, puedo decir que fue mucho antes de mi entrega personal a Jesucristo. Dios me dejó durante los años de mi juventud, andar en mis caminos; pero todo cuanto aprendí en esos años en relación al tema que tratamos y de lo cual fui consciente, me llevó a la conclusión de que yo era un pecador perdido, necesitado de perdón y de paz. Entonces, me di cuenta de mi necesidad de un Salvador. Esos comienzos de la obra de Dios en mí, fueron más precisos y puedo dar razón de ellos.

EN RELACIÓN AL TEMA QUE TRATAMOS

Concluimos sobre este segundo convencimiento del apóstol Pablo, enfatizando que la obra es de Dios, que tiene un comienzo y, escucha amigo y amiga: invariablemente, dicho “trabajo” divino, siempre se basará en la obra redentora de Jesucristo el Hijo de Dios y a él nos llevará. El Padre nos revela y nos lleva al Hijo por su Espíritu Santo y el Hijo nos revela y nos “da entrada, por el mismo Espíritu al Padre” (Mat.11.25-30; Efes.2.17-18) Ahí comienza todo para nosotros, de una forma más o menos, consciente.

La primera creación tuvo un comienzo y fue Dios el que la llevó a cabo (Gé.1.1); la segunda creación (2ªCo.5.17; Gál. 6.15) está asociada con nuestra salvación y también fue Dios el que tomó la iniciativa; por tanto, también tuvo un comienzo en el tiempo y en el espacio: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2ªCo.4.6)

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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Una respuesta a ALGUNOS CONVENCIMIENTOS CRISTIANOS -II-

  1. Pamc Pamc dijo:

    DIOS los bendiga hermanos, y los guarde en nuestro Señor JESUCRISTO.

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