¿QUÉ ESTAMOS EDIFICANDO?

Tomado del libro La iglesia deliberante – Markdever y Paul Alexander

iglesia2[1]Sería patentemente tonto comenzar a construir un edificio sin antes primero conocer que clase de edificio estamos planeando construir. Un complejo apartamento es diferente de un complejo de oficinas, el cual es aun más diferente de un restaurante. Todos tienen diferentes planos, diferentes clases de cuartos, diferentes materiales, usos y formas. De manera que el proceso de construir será diferente, dependiendo de la clase de estructura que estamos planeando construir.

Lo mismo es al construir una iglesia. Una iglesia no es una compañía de Fortune 500. No es simplemente otra organización no lucrativa, menos aun es un club social. De hecho, una iglesia saludable es diferente a cualquier organización que el hombre pudiera crear, porque el hombre no la ha creado.

Solo tiene sentido entonces, para nosotros, cuando echamos un vistazo a la Palabra de Dios para darnos una idea de lo que exactamente Él quiere que nosotros edifiquemos. Una negligencia aquí resultaría en una inutilidad tanto temporal y eterna. Temporalmente, una iglesia es espiritualmente algo muy pesado de construir, y está diseñada para un uso relacional fuerte. Se requiere de materiales resistentes y, esos materiales, deben ser colocados en las posiciones y lugares correctos, especificados en los planos bíblicos con el propósito de que la integridad estructural sea incorporada. No importa que tan bonita sea la fachada, nuestra estructura se desmenuzará si construimos sobre fundamentos arenosos o con materiales de mala calidad.

Eternamente, nuestro trabajo resistirá el fuego del último día solo si construimos con “oro, plata y piedras preciosas” especificadas en los planos bíblicos (1 Cor. 3:12). Al construir sin esos planos, virtualmente garantizamos que estamos construyendo con lo mas barato y mas abundante de los recursos: “madera, heno, hojarasca”, todos serán consumidos y se acabarán (vv. 13-15).

Ignorando el plan de Dios para

la iglesia, y reemplazándolo por el suyo propio, asegurará un fracaso eterno en su obra. Desde un principio, entonces, es crucial reflexionar bíblicamente sobre la cuestión fundamental: ¿Qué es la iglesia local?  Fundamentalmente, Dios quiere que la iglesia local sea un despliegue congregacional de Su Gloria y sabiduría, tanto hacia los incrédulos como a los poderes espirituales invisibles (Juan 13:34-35; Efes. 3:10- 11). Mas específicamente, somos la morada corporal del Espíritu de Dios (Efes. 2:19-22; 10 Cor .3:16-17), el cuerpo orgánico de Cristo en el que Él magnifica Su gloria (Hech. 9:4, 10 Corintios 12). La palabra griega para iglesia es ekklesia, una reunión o pueblo congregado. La iglesia es el vehículo de Dios para mostrar Su

gloria a Su creación.

La singularidad de la iglesia es su mensaje: El Evangelio. La iglesia es la única institución, comisionada por Dios, con el mensaje de arrepentimiento del pecado y fe en Jesucristo para perdón de pecados. El evangelio es visualizado en las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor, ambas instituidas  por el Señor. Las marcas distintivas de la iglesia, son la correcta predicación de este evangelio y la correcta administración de las ordenanzas bíblicas escenificadas.

La estructura que estamos construyendo, entonces, es fundamentalmente centrada en Dios, es una estructura de Dios, diseñada para mostrar las glorias del carácter de Dios y la verdad de Su Evangelio. Es, también, una estructura con apariencia exterior, pero aun cuando en su apariencia exterior es centrada en Dios, miramos hacia afuera con el propósito de extender el carácter de Dios y el Evangelio, a través de todas las naciones, para reunir mas adoradores para El y exaltar Su gloria.

Este es nuestro ministerio de magnificación, haciendo que la gloria de Dios sea vista por los ojos del mundo tan grande como lo es realmente, haciéndola mas cercana a uno, con un enfoque mas nítido en la forma de la iglesia local. Lo que estamos construyendo, entonces, no es una simple organización no lucrativa o una compañía cristiana. Estamos construyendo una estructura corporal y orgánica que exaltará con

exactitud la gloria de Dios y fielmente comunicará Su Evangelio.

Jesús es el Único quien en última instancia construye Su Iglesia (Mat. 16:18). Pero El gentilmente nos permite participar en el proceso de construcción, y por lo tanto está de acuerdo con sus planos bíblicos para poder construir la estructura y la vida de la iglesia.

¿Qué es lo que está tratando Usted de construir?  ¿Cómo debemos construirlo?

¿Entonces, cómo va con la construcción de esta iglesia saludable? Incontables respuestas se han ofrecido desde diferentes cuarteles del evangelicalismo. Algunos piensan que es conocer la audiencia objetivo y atrayéndolos a satisfacer sus necesidades. Otros proponen que la clave es tener una vibrante red de grupos pequeños, donde “una comunidad verdadera” tenga lugar. Muchos aconsejan que necesitamos echar por la borda los “antiguos” métodos que han funcionado por 50 años atrás, y abrazar otros nuevos que trabajen en nuestro contexto postmoderno12.  Algunos defienden un regreso a los símbolos religiosos

en la adoración para dar a la gente la experiencia sagrada y la conexión con el pasado para que puedan buscar la iglesia. Otros, dicen que la manera de salir adelante es vender nuestros edificios de la iglesia y comenzar a desarrollar iglesias en las casas. Aun otros, dicen que somos libres de hacer cualquier cosa que funcione en nuestro contexto local, mientras sea ético.

Así que, ¿cómo debemos navegar en el laberinto de los métodos modernos? ¿Hay una regla que podamos usar para que nos guíe hoy? ¿Existe una manera de resurgir de la maleza de los modelos del ministerio artificial, de manera que tengamos una vista aguda para salir adelante? Lo que estos modelos de ministerio y muchos otros asumen, es que el método es todo lo que le importa a Dios. “Si esto trae a las personas a la iglesia o les ayuda a hacerlos sentir que están realmente

adorando en el domingo, debe ser algo bueno, ¿verdad?” Cuando se trata de edificar a personas para Su nombre y gloria, Dios cuida cómo estamos participando en sus propósitos redentores. Como hemos visto en el capítulo 1, El evangelio mismo es el poder constructivo de Dios para edificar el cuerpo de Cristo (Isa. 55:10-11; Rom. 1:16; 10 Ped. 1:23-25).

La Palabra edifica la iglesia. Nuestro poder no está en tener grupos pequeños, o en satisfacer las necesidades de nuestra audiencia objetivo, o usar el programa evangelístico correcto, o teniendo narraciones chistosas, o proveer servicio de estacionamiento, enfocando nuestros ministerios a los postmodernos. Nuestro poder está en nuestro mensaje único (El Evangelio [griego: evangelion]) no en nuestras innovaciones. Así mismo, nuestro método principal debe ser comunicar claramente ese mensaje

tan extensamente como sea posible. Bíblicamente, eso significa que debemos predicarlo fielmente

(Griego, evangelizo), valientemente llamando al arrepentimiento y a creer como la única respuesta  salvífica (Marcos 1:14-15).

Así que, antes de comenzar a hablar sobre lo básico y esencial para construir la iglesia, seamos responsablemente claros en la relación entre el Evangelio de Cristo y el método de sus ministerios:

  1. La teología impulsa los métodos. Démonos cuenta o no, nuestro pensamiento acerca del Evangelio formará la manera en que lo compartimos. Nuestra teología de las Buenas Nuevas persuadirá e influirá en como edificamos la iglesia.
  2. Los métodos de Dios determinan lo nuestros. Los métodos que usamos al plantar y regar en la viña del Señor deben estar en total armonía con el método de Dios para el crecimiento (El Evangelio, fielmente predicado por sus siervos). Trabajar en contra de los procesos de Dios significa ir en contra de Sus propósitos.
  3. El evangelio habilita e informa nuestra participación en los propósitos de Dios. No

somos capaces de entrar en el reino de Dios, mucho menos de ministrarlo, a menos que Su Evangelio primero obre en nosotros; ni nosotros sabemos como ministrar en Su reino, a menos que Su Evangelio primero nos provea de los parámetros para hacerlo. Como tal, solo el Evangelio debe formar y evaluar el método que usamos en el ministerio.

  1. La fidelidad al Evangelio debe ser nuestra medida de éxito, y no nuestros resultados. El poder de Dios para la vida espiritual y la santidad genuina está en el Evangelio. La fidelidad es primordial, no la innovación, y no los resultados inmediatos observables. Simón el mago se metió en problemas, hizo que lo llamaran el Poder de Dios; pero su poder, motivos y mensaje eran fraudulentos (Hech. 8:9-11). Nuestro llamado es a la fidelidad como mensajeros. Solo Dios provoca el crecimiento real (10 Cor. 3:6-7), y Él lo realiza por medio del Evangelio (Rom. 10:14-17; Gal. 3:1-5).

Este evangelio, entonces, es que Dios es nuestro Creador santo y justo Juez. Él nos creó para glorificarse y disfrutarlo para siempre, pero todos hemos pecado en Adán como nuestra cabeza representativa, y en nuestros propios actos individuales (Rom. 5:12; 3:23). Por tanto merecemos la muerte: separación eterna espiritual de Dios en el infierno (Rom. 6:23; Efes. 2:3) y estamos en realidad muertos desde que  nacemos, sin esperanza en nuestros pecados (Sal. 51:5; Rom. 5:6-8; Efes. 2:1) y en

necesidad de Dios para impartirnos vida espiritual (Ezeq. 37:1-14; Juan 3:3) Pero Dios envió a Su Hijo Jesucristo, que es cien por ciento Dios y cien por ciento hombre (Fil. 2:5-11), a morir la muerte que merecíamos, y el resucitó para nuestra justificación, demostrando que Él es el Hijo de Dios (Rom. 5:1; 1:4). Si hemos de tener la justicia perfecta de Cristo acreditada a nuestro favor, y el castigo de nuestros pecados sobre Él, debemos arrepentirnos de nuestros pecados y creer en Jesucristo para salvación (2 Cor. 5:21; Marcos 1:14-15).

Solo el Evangelio (Gal. 1:6-9) es lo único que se nos ha ordenado predicar (2 Tim 4:2). Este Evangelio, por sí solo, contiene la teología que debe dirigir nuestros métodos en el ministerio. Este Evangelio nos capacita e informa de nuestra participación en los propósitos redentores de Dios.

Consecuentemente, solo con este Evangelio merece dar forma y evaluar tanto nuestros métodos como ministerios.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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Una respuesta a ¿QUÉ ESTAMOS EDIFICANDO?

  1. FRANK LATIMER dijo:

    “Yo edificare mi iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”
    DE DONDE DEDUCE QUE SI LAS PUERTAS DEL INFIERNO PREVALECEN PORQUE LOS SUPUESTOS CRISTIANOS SON INCAPACES DE LIBERAR A UN ENDEMONIADO…
    ES MÁS POR ALLÍ ANDA POSEÍDO HASTA LAS CEJAS ….Y NI SE MANIFIESTA SIQUIERA …….
    ……………. EL DIABLO SE PARTE DE RISA ….PORQUE …..
    ……………. NO ES IGLESIA …..ES UN CHISTE .

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