NECESITAMOS MODELOS QUE IMITAR

Ángel Bea

Jesus y los ricos “Poned en práctica lo que habéis aprendido y recibido; lo que en mí habéis visto y oído, ponedlo en práctica. Y el Dios de paz estará con vosotros” (Filp.4.9)

Ciertamente todos necesitamos modelos y todos deberíamos llegar a la edad en la cual deberíamos ser ejemplos para otros. Esto es vital p.ej., en la vidas de la familias. Los padres deberíamos ser modelos para los hijos. Nos asombraríamos al ver detenidamente cuánto están pendientes los niños/as  de sus padres, al punto que son unos perfectos imitadores de ellos. Tal y como sean los padres en todo, así influirán para bien o para mal en sus hijos.

Lo mismo pasa en la comunidad cristiana. No importa la edad que tengamos; cuando venimos al Señor él nos considera como “niñitos” pequeños (1ªP.2.1-2) Así hasta que vamos creciendo y nos convertimos en creyentes maduros. A partir de ahí ya no necesitaremos la “leche espiritual” sino el alimento sólido (Heb. 5.13-14) Entonces deberíamos ser ejemplo para los más pequeños.

Cuando éramos niños en la fe, se nos decía: “tú no me mires a mí, mira a Cristo”. Por supuesto que tenemos que mirar a Cristo (Cl.3.1-3). Sin embargo, eso no es todo lo que dice la Escritura. Por otra parte, eso parece que “dice bien”, porque “apunta a Cristo y no al hombre”. Pero si bien todos nosotros hemos de mirar al Modelo de modelos, el modelo más inmediato que Dios pone para los creyentes más jóvenes, somos los creyentes más mayores en la fe; principalmente los que tenemos la responsabilidad de guiar a la comunidad. Aunque pareciera que hay algo de orgullo al decir eso, no tiene por qué ser así. Bastaría ver estas palabras dedicadas a los pastores: 1ªTi.3.12; Tito 2.7; 1ªP.5.3. Lo cual, a la vez, debe llenarnos de santo temor.

Hay pastores y guías que creen que con decir “tú mira a Cristo” que eso es suficiente. Ellos se conforman con ser ortodoxos en doctrina; valoran más la “sana doctrina” que la vida. Si predican, tendrán mucho cuidadito de “ser bíblicos” y escrupulosamente ortodoxos. Por otra parte, si escuchan un mensaje, antes que estar pendientes de recibir alguna bendición que pudiera traer el predicador o maestro, estarán más interesados en si es “ortodoxo” y se conforma a “la sana doctrina” en todo. Claro, siempre según sus criterios. Y si no es así todo lo reputarán por malo, perdiendo alguna bendición, que bien pudiera haberla.

Al respecto hemos de decir que en ocasiones hemos escuchado predicadores que no estaban correctos en todo cuanto dijeron; pero en todo lo bueno que aportaron pudimos experimentar el fuego del Espíritu Santo en relación a esas verdades expuestas que sirvieron para nuestra edificación. Sin embargo también hemos escuchado  predicadores muy ortodoxos en sus exposiciones bíblicas que nos  dejaron fríos e indiferentes. Igualmente, muchos de los que no estaban tan correctos como era de desear en doctrina, sus vidas en el Señor eran ejemplos de amor, de servicio y de entrega; mientras que otros muy ortodoxos en doctrina, dejaron mucho que desear en el amor y en el servicio y en la entrega que debían al Señor y  a sus prójimos. Y es que a veces, estamos/vivimos al revés y quizás, sin darnos cuenta.

Pero que nadie nos mal interprete; esto no es abogar por no dar importancia a la doctrina correcta (¡ni mucho menos!). Esto es señalar la realidad de lo que hemos observado a lo largo de nuestra vida. Ser correcto en doctrina, no es garantía de llevar una vida correcta. Es por eso que el apóstol Pablo tiene en consideración todo lo necesario para llegar a serejemplo a los demás, nunca mejor dicho, “como Dios manda”: “Lo que aprendisteis y rebisteis y oísteis…” tiene relación con la doctrina, las enseñanzas cristianas que él transmitió. Luego, “lo que vísteis en mí…”. Eso se relaciona con el ejemplo de vida. La vida que es ejemplar tendrá en cuenta tanto lo que trasmite por medio de sus palabras, como por sus hechos/obras.

Sin embargo, en muchas iglesias pareciera que eso del ejemplo no es posible. Tengo un buen amigo, pastor, que hace  muchos años cuando tomó el pastorado de una iglesia con bastantes años y mucha  “solera”, trató de ser como él era, en todo. En medio de sus predicaciones, de forma sincera se refería a algunas experiencias personales por donde había pasado y cómo el Señor le había ayudado. Pero eso no gustó al liderazgo de esa iglesia, que le llamó la atención al hecho de que “el pastor de no debería hablar de sus experiencias personales, que ponen de manifiesto su debilidad; el pastor es… el pastor…” Más o menos, le vinieron a decir que el pastor debería estar por encima de los demás; como alguien que “ya ha llegado”. Mi amigo no entendió “eso”. Pero bueno, ahí queda.

Es verdad que los predicadores debemos  predicar a Jesucristo, no a nosotros mismos. Pero aceptada esa premisa, las verdades cristianas  que predicamos, normalmente suelen ir acompañadas de ilustraciones de la vida que nos rodea y de otros siervos de Dios que nos precedieron o que son contemporáneos. Si aceptamos eso, ¿Por qué no podemos hablar de lo que nos ha pasado a nosotros y cómo fuimos asistidos por la gracia de Dios que nos acompañó en el proceso?  Esa actitud y forma de entender el “modelo” cristiano de liderazgo, que trata de “ocultar” todo aquello que podría ser de bendición a otros, es falsa y no se corresponde  con la verdad que vemos en la Biblia. Tiende a crear un “personaje” del líder, tras el cual se esconde la verdadera persona que es. No queremos decir con eso que él sea falso o hipócrita, sino esa posición de “ocultar” el hecho de haber pasado dificultades y cómo el Señor nos ha ayudado en los momentos difíciles. El Nuevo Testamento está lleno de esta mejor y más sana postura (2ªCo.1.8-11; 2.12-13). Además, con el tiempo es posible que de tanto predicar lo “correcto” sin aderezarlo (de vez en cuando, no siempre y con ciertas limitaciones, claro) con aquellas experiencias que confirman las verdades predicadas, es posible que algunos lleguen a fingir algo que no son. Pero hemos de señalar, a la vez, que lo dicho es solo una parte. En realidad, los demás aprenderán más por lo que ven en nosotros que por aquello que no saben a menos que nosotros lo digamos.

Decía el enseñador chino Watchman Nee, en su librito titulado, La liberación del Espíritu y que leí hace muchos años, (cito de memoria): “Hay predicadores que se esconden detrás de lo que ellos llaman ‘la sana doctrina’; si han predicado bien, entonces están satisfechos. Ellos harán todo lo posible por ser ‘exactos’ en doctrina, para que nadie pueda recriminarlos. Sin embargo, sus vidas no condicen con la correcta doctrina que han predicado” (No hay que olvidar que muchos creyentes chinos, chocaron con muchos de los misioneros extranjeros, por sus imposiciones culturales, denomiancionales y por otros motivos. El hermano Nee, sabía muy bien lo que decía).

Lo mismo advertíamos en la mayoría de las publicaciones cristianas de hace más de treinta años. Artículos y artículos escritos por buenos autores, conocedores de las Escrituras y buenos expositores. Pero después de bastantes años de seguir dichas publicaciones, uno no podía saber absolutamente nada de dichos autores, excepto el nombre y el grupo al cual pertenecían. Es lo mismo que estamos diciendo. El lema de todos ellos, era: “Predicar a Cristo; que no me vean a mí, sino a Cristo”.

Sin embargo, años después cayó en mis manos una publicación titulada, “Vino Nuevo.” Sus autores procedían todos de grandes denominaciones protestantes y evangélicas; pastores y maestros, bien preparados desde el punto de vista bíblico teológico, pero que habían experimentado una renovación espiritual dentro de sus propias iglesias. Era lo que se conocía, a diferencia de los hermanos pentecostales, como “el movimiento carismático”. Sus artículos sobre la vida cristiana eran muy sustanciosos y tocaban todas las áreas de la vida cristiana: el trabajo, el matrimonio, los hijos, la Gran Comisión, el cristiano y las finanzas, el discipulado y un largo etc. Pero había una gran diferencia con lo que nosotros conocíamos.  A la vez que exponían la enseñanza bíblica, no tenían ningún inconveniente en hablar de sus dificultades personales y de cómo el Señor les ayudó en ellas a salir adelante. Eso fue nuevo para mí, y en verdad, aunque algunas veces había cuestiones en las cuales no estaba de acuerdo desde el punto de vista doctrinal –en muy pocos puntos- la verdad es que fue como “aire fresco” para nuestra vida, al ver que hombres de Dios, mayores, habían pasado las mismas experiencias de dolor y sufrimiento y errores que nosotros. ¡Al fin, encontramos líderes “normales” que no son “perfectos”!

Por tanto, ser ejemplos, no significa ser perfectos. Los creyentes jóvenes no necesitan ejemplos perfectos a los cuales mirar. Sencillamente, porque dichos ejemplos no existen. Pero sí pueden tener como punto de referencia hombres y mujeres que son ejemplos de vida. Ejemplos incluso a la hora de reconocer sus errores y la forma bíblica de tratar con ellos para solucionarlos.

 

Pablo no dice a los creyentes que miraran a Cristo sino a él, como él era imitador de Cristo (1ªCor.11.1) Ese era el ejemplo más inmediato que habían tenido y visto nada más entregar su vida al Señor. De esa manera, si no somos capaces de ser ejemplo de vida cristiana a los más pequeñitos, entonces sería mejor que nos quitáramos de en medio. Queremos insistir en esto: ser ejemplos a los demás no quiere decir, “ser perfectos”. No, ni mucho menos. Hemos cometido errores a lo largo de nuestra vida cristiana y nos hemos  equivocado  algunas veces; pero también hemos de ser ejemplo en la forma en la cual tratamos con ellos. Los reconocemos sincera y humildemente en el ámbito donde se hayan producido, mientras acudimos al Señor, con la misma actitud, en busca de perdón y restauración. Ese es el camino; lo fue para el apóstol Pablo y Pedro, y los demás, (Gál. 2.11-14) y también lo es para nosotros.

Finalmente, todos hemos de reconocer que  el modelo perfecto, el mayor ejemplo para todos nosotros, grandes y pequeños, es nuestro Señor Jesucristo, el cual “nos dejó ejemplo para que sigáis sus pisadas” (1ªP.2.21)

Un saludo

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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2 respuestas a NECESITAMOS MODELOS QUE IMITAR

  1. Benjamín dijo:

    Dirigido a Angela Bea:
    Cuando usted explica sobre un Modelo y un ejemplo, son cosas diferentes cuando es comparado con las Sagradas Escrituras, para nuestros hijos únicamente enseñarles el modelo de Cristo, porque realmente es El nuestro modelo único. El ejemplo para ellos en nosotros debe ser lo que hacemos con respecto a imitar a Cristo, porque si usted toma como modelo a un pastor u otro hermano sustituye su verdadero modelo, podría ser únicamente cuando se imita el acto de otro debe ser el de hacer las cosas bien y esto es diferente a las dos cosas puestas como ejemplo.

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