LECCIONES QUE DA LA VIDA

Ángel Bea

Hace muchos años, mi madre me contaba de una familia que tenía una vecina que era muy obesa. Cuando aquella mujer se acercaba a la casa para charlar un rato. Aunque aparentemente la trataban bien, lo hacían con cierto disimulo. Luego, cuando aquella mujer  se iba, siempre se burlaban de ella, por su obesidad, con frases bastante crueles.

Andando el tiempo, una de las hijas se casó. Cuando tuvo un hijo, éste desde pequeño parece que tenía cierta tendencia a la obesidad. De momento no le dieron mucha importancia, pero pasaron los años y parecía que su obesidad, lejos de disminuir, a pesar de visitas médicas y llevar a cabo diversos tipos de tratamientos y dietas, iba en aumento hasta convertirse en una obesidad mórbida. Él hijo de la citada señora, llegó a pesar unos ciento sesenta kilos, para una estatura que no alcanzaba 1’60. Él llegó a morir siendo relativamente joven por las complicaciones relacionadas con su propio estado.

Muchas veces me he preguntado si, alguna vez, la madre de ese hijo pensaría en las burlas que ella y su familia hicieron de su vecina obesa. Si acaso no sentiría dentro de su pecho el dolor de haberse comportado de una manera tan cruel con aquella persona. Evidencias para sensibilizarse aunque fuese con retraso, no le faltaban, ya que el “defecto” del cual tanto se burló, lo tenía siempre delante de sus ojos  y precisamente, en la persona de su querido hijo.

Mi madre también nos contaba (siempre tenía historias para contar y, muchas muy tristes) que conoció a un hombre que después de la guerra civil, acostumbraba a ir con otro individuo a presenciar los fusilamientos que entonces se hacían de personas del bando perdedor. Luego, cuando volvían de tan trágico “espectáculo” venían comentando, riéndose y burlándose de la cara que ponía aquel, los gestos que hacía el otro y todo cuanto a ellos les llamaba la atención y que, lógicamente, no sería “normal”.

Pero el tiempo pasa, la vida sigue y de alguna manera pareciera que ciertas circunstancias vinieran a acusarnos o pedirnos cuentas de aquellos comportamientos, que, en otro tiempo no dimos ninguna importancia, pero que revestían una gravedad de la cual, entonces no éramos conscientes.

Aquel hombre duró hasta los cien años; pero antes de abandonar este mundo vio cómo morían sus propios hijos, a una edad en la cual todavía no habían llegado a ser abuelos. Él gritaba de dolor, clamando y preguntando por qué no se había muerto él, antes y en lugar de ellos…

También me preguntaba yo, si a la hora de enfrentar el fallecimiento de sus propios hijos (cada uno con su rostro propio y expresivos gestos en tan crucial hora) no atendió al requerimiento divino del arrepentimiento por tan malvado comportamiento cuando se burlaba de los fusilados.

¡Ay! Lecciones que da la vida. Al respecto, siempre me llamaron la atención las palabras del profeta Abdías, que profetizó contra el pueblo de Edom, -descendiente de Esaú- quien por su comportamiento inmisericorde para con el pueblo de Israel -descendiente de su hermano Jacob- en la hora de su calamidad, recibió esta sentencia divina: “Como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza” (Ab.15). Esa palabra, en boca del profeta (vocero de Dios) era irreversible y, sin duda, a su tiempo se cumpliría. Porque, finalmente, también está escrito que, “juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia” (St.2.13)

No estaría mal tampoco atender a los refranes populares, que también tienen mucho de verdad bíblica: “El que se ríe del mal de su vecino, el suyo le viene de camino”. Pues eso, lecciones que da la vida.

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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