“Y SEREIS COMO DIOS”

Mario E. Fumero

          Cuando Satanás quiso destruir la máxima creación de Dios en su estado eterno y perfecto, uso un simple argumento, despertó en Eva y Adán el deseo de “ser más de lo que eran” y les dijo; “seréis como Dios” (Gén 3:5). Ingenuamente cayeron en la trampa, ignoraron que ya eran “dioses”, y fueron seducidos en la tentación de querer ser más de lo que eran, creyendo y cayendo en la mentira del diablo al decirles que “no morirían” Gén 3:4).

¿Por qué Satanás uso este argumento tan sutil? Porque él sabía que cuando quiso ser más de lo que era, se produjo su caída y el fin de sus aspiraciones de “ser semejante al altísimo” (Isaías 14:14) se desvaneció, y dejo de ser portador de luz, para convertirse en Satanás y el príncipe de las tinieblas (Isaías 14:12-15) en este siglo. Cuando uno ha tenido una experiencia, mecánicamente comprende mejor a otros y además, sabes las consecuencias que tal acción produce. Satanás sabía que cuando quiso ser como Dios, su fin fue la caída. Eso mismo es lo que produjo en nuestros primeros padres, al inducirle “querer como Dios”.

Si hay algo que Dios no soporta es la soberbia: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Sant 4:6)  y sobre ella es que trabaja Satanás. ¿Cómo puede cautivar y privar al hombre de la dependencia al Creador? Ofreciéndole grandeza, posición, poder y sobre todo, hacerlo sentirse “dios”.

Este argumento alimenta el orgullo, produciéndose una autosuficiencia y deseo de poder que ha sido siempre la mejor estrategia de Satanás para destruir la creación. No ha vacilado en usarla la miasma con muchos hombres de Dios en el Antiguo Testamento, llevándolos al fracaso. Muchos reyes de Israel, entre ellos el mismo Salomón, cayeron en este pecado, y para colmo, tuvo el descaro de tratar de hacerlo con el mismo Jesús, pero fracaso.

En Mateo capítulo 4 se nos relata la tentación de Jesús por parte de Satanás. En ella vemos como trata de persuadir a Jesús a claudicar de su misión, y no solo le ofrece interrumpir su ayuno, convirtiendo la piedra en pan, sino que llevándole a un monte alto le dice: “Todo esto te daré, si postrado me adorares” (verso 9). ¿No era esta oferta una seducción a obtener poder y grandeza terrenal a cambio de su sometimiento a su capricho? La ambición se liga con la soberbia. Ambas engendra la presunción que hace al hombre ignorar a Dios, para depender de sí mismo, constituyéndose en “dios”.

Existen dos forma  ser un “dios” terrenal: Una es negando a este para ocupar su lugar, como hizo el comunismo en el pasado, al proclamar en una de sus estrofas de la Internacional Comunista que dice: “No mas salvado del supremo; ni Cesar, ni busques, ni Dios. Pues nosotros mismos haremos, nuestra propia redención”. Esta es la eliminación de Dios por decreto. La otra forma, que es la peor de todas, es por usurpación del puesto de Dios, cuando tomando el poder tecnológico y científico, para jugar con la vida y la muerte, y entrar a un terreno que solo debe ser regido por el Creador. Creo que en los próximos artículos ampliaremos ello.

El deseo eterno del ser humano a lo largo de la historia es vencer la muerte y producir la vida, sin la intervención del Todopoderoso. No solamente en el huerto del Edén la creación se rebeló contra su Dios para querer ser más, también Nimrod, del cual se dice que fue “el primer poderoso de la tierra” (Gén 10:8) quiso retar a Dios, y junto al resto del pueblo, trataron de hacer una torre que llegará hasta la cúspide del cielo (Gén 11:4), provocando el juicio que dio lugar a la esparción y confusión de las lenguas.

En la teología nos hemos enfrentado a la tendencia gnóstica[1] que promueve al hombre como un “dios”, forjador y hacedor de su propio destino.  Este concepto gnóstico de la deificación del hombre ha penetrado fuertemente en la teología moderna por medio de los promotores de la corriente de la prosperidad  y la Nueva Era, que tomando la idea de M. Scott Peck, psicólogo popular en círculos cristianos y de la Nueva Era, que afirmó que “estamos creciendo hacia la divinidad. Dios es la meta de la evolución” [2].

El principio diabólico de deificación del hombre tiene sus promotores en las iglesias evangélica, podemos hacer referencia a Kenneth Hagin, Kenneth Copeland, John Avanzini, Moris Cerullo, Hebert W. Armstrong y Benny Hinn, los cuales sutilmente han colado esta corriente gnóstica en muchas iglesias, de forma  que ya no son solos los mormones que promueven un dios hombre, como los griegos, sino que aun  muchos evangélicos han caído en esta trampa.

El concepto de “pequeños dioses” junto a la exaltación del poder económico y científico del hombre, le está llevando a diseñar una segunda torre de Babel, en donde el “homo sapiens” ya no necesita de Dios, porque como dice Friedrich Nietzsche “somos dioses” y descarta incluso la veracidad de los evangelios y de la obra de Cristo, afirmando que “ el evangelio envilece” [3]  y ratificando la idea de que Dios ha muerto. Todo esto nos muestra la profecía que dice que, en los últimos tiempos se levantarán hombre “que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Ts 2:4) y esta profecía tiene que cumplirse, y hacia allá va la humanidad.

 

 

 

 

[1]Gnóstico nóstico es un adjetivo que puede emplearse para referirse a algo que es perteneciente o relativo al gnosticismo, o bien para aludir a la persona que es seguidora de esta doctrina. La palabra proviene del latín gnostĭcus, y este a su vez del griego γνωστικός (gnostikós), que se deriva de γνῶσις (gnósis), que significa ‘conocimiento’.

[2] – “The Road Less Traveled” J. M. Scott Peck, Simons & Schuster. N.Y. 1978. Página 270.

[3] – “El Anticristo” Friedrich Nietzsche, Editorial Alba , Madrid, 19 97, página 79.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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