LA IGLESIA Y LOS POBRES

Mario E. Fumero

En estos tiempos en que la pobreza alcanza dimensiones alarmantes, y que pone en peligro la vida de millones de personas, es bueno hacer una autocrítica respecto al mensaje evangélico que se predica en muchas iglesias, el cual se fundamenta últimamente en la prosperidad y opulencia, creándose las condiciones para la existencia de una iglesia acomodada al sistema capitalista. No cabe duda que el mensaje de prosperidad es más atractivo, aunque el mismo alimentar la codicia, y nos lleva a derrochar muchos recursos, para ver quién tiene el mejor templo, autor o título.

Según hemos evolucionado en lo tecnológico y económico, la problemática del tercer mundo se agrava, aumentando la mortalidad infantil por hambre. Según estadísticas de los organismos internacionales 4 de cada 10 personas viven en pobreza y 3 de cada 10 están en la miseria más paupérrima, subsistiendo con menos de un dólar al día. Y la iglesia ¿Qué hace al respecto?

Cada vez que veo o escucho a predicadores evangélicos por la televisión o radio, hablando de sembrar y cosechar, haciendo referencia a la mal llamada teología de la prosperidad, mi corazón se llena de indignación, pues estos pastores se vuelven agrónomos de la codicia, y no promotores de la solidaridad con los más pobres. ¿Cuántos millones se gastan en programas de radio, televisión, edificios suntuosos, burocracia eclesiástica etc., en vez de combatir la miseria, el hambre y ayudar a los más necesitados aun dentro de sus mismas congregaciones?

Los gobiernos y la Ongs realizan conferencias, asambleas y debates en lujosos hoteles, con suntuosas comidas, y con un alto presupuesto, para hablar de cómo combatir la miseria y la pobreza, derrochando millones de recursos que podrían servir para ayudar a miles de desposeídos. Lo más triste es la existencia de ONGs que con el cuento de ayudar al necesitado, sus líderes viven ostentosamente, y el 70 % de los ingresos se van en el sostén de una burocracia improductiva, que vive a costilla de los marginados.

Es bueno resaltar que en la iglesia primitiva se invertían todos los recursos en los necesitados. Durante los primeros 300 años del cristianismo, la prioridad de los cristianos era ayudar a las viuda, huérfanos y necesitados, ya que carecían de estructura física en edificios, y no existía una burocracia ministerial. El objetivo principal de su discurso era la igualdad y la ayuda mutua entre los hermanos (Hebreo 16:13). Los diezmos, ofrendas y bienes de los discípulos eran traídos a la congregación, no para que los apóstoles o ministro viviéramos suntuosamente, sino para que se repartiera entre los más necesitados (Hechos 2:45). De esta forma nació el diaconado (Hechos 6:1-7, 1Timoteo 3:13).

Cuando San Pablo predicaba sobre el “dar”, no pedía para sí, sino para apoyar a las iglesias que estaban en crisis (1 Corintios 16:1-4). Sus enseñanzas no alimentaban la ambición, sino la solidaridad con los más desposeídos, y proclamaba que los que más tenían, debían de ayudar a los más necesitados (2 Corintios 8:14). No podemos negar que los que sirven del altar, tienen el derecho de comer del altar (1 Corintios 9:13), pero el estilo de vida no debe exceder los parámetros del medio en el cual viven, de acuerdo al estándar de sus miembros. También el obrero (o ministro) no debe ser gravoso a los hermanos cuando hay necesidad o crisis, porque San Pablo, siendo apóstol, muchas veces uso sus manos para no demandar ayuda de las iglesias, pese a que tenía derecho a hacerlo (Hechos 20:34, 1 Corintio 4:12, 11:9, 12:14,

Es imperativo el compromiso eclesial con los más pobre, marginados y necesitados de la sociedad. Es un hecho que a los pobres siempre los tendremos entre nosotros (Marcos 14:7), pero esto no debe ser excusa que justifique la indiferencia hacia ellos, pues aunque la doctrina bíblica es ortodoxa, la vida eclesial debe ser una ortopraxis.

Sin embargo, no debemos ignorar que hay un peligro cuando en la ayuda a los más necesitados se puede crear un paternalismo o dependencia incorrecta, apareciendo algunos hermanos, que tomando desordenadamente el amor como escudo, no trabajan en nada, esperando que se les ayuden todo el tiempo. En tal caso, la Biblia es tajante y enseña que a los tales hay que reprenderlos y aplicarle la “regla de oro para el perezoso”, afirmando que “el que no trabaje, no coma” (2 Tesalonicenses 3:10). En este sentido establece una prioridad para ayudar a las viudas que en realidad no tengan familia (1 Timoteo 5:3), y a las que tienen parientes, demandarles a estos que las mantengan (1 Timoteo 5:16). A las viudas jóvenes se les debe animar a casarse (1 Timoteo 5:14), y que al dar apoyo a viudas, debemos ser selectivo, y ayudar a las ancianas que necesitan del socorro de los hermanos. También la Iglesia debe valorar y ayudar a los hermanos, que siendo fieles en su mayordomía, en algún momento confronta una crisis financiera, que los pone en aprieto.

Y para concluir, uno de los aspectos más importante en lo financiero de las Iglesias, es la transparencia en la forma que usan sus ingresos. Debemos distribuir los mismos de acuerdo a los parámetros establecidos en la Palabra, y desterrar el concepto erróneo que todos los diezmos son para el pastor. En el A.T. y durante el periodo del Tabernáculo o Templo, los diezmos eran para sostener la tribu de Levi, y ellos ayudaban, de lo que sobraba, a los necesitados del pueblo. En el Nuevo Testamento no hay ninguna referencia a que los ingresos son para el pastor, sino para la asamblea de los Santos, y las congregaciones deben planificar sus gastos de acuerdo a sus ingresos mediante   un presupuesto determinado, que considere las necesidades de los obreros y la comunidad.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
Esta entrada fue publicada en Mario Fumero, Pobreza, Prosperidad (Ver teología de la prosperidad). Guarda el enlace permanente.

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