EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL -4-

Expresiones en el culto

Mario E.  Fumero

El culto de las iglesias cristianas ha sufrido muchas variantes a través de los siglos, adaptándose a las situaciones históricas y sociales existentes en cada época. Cuando pensamos en el culto primitivo, en los primeros 300 años del cristianismo, pensamos en un culto reservado a los seguidores “del Camino”, como se les llamó en un inicio (Hechos 19:9,23), más tarde se le denominó cristianos. Estos cultos eran en casas, cuevas y lugares apartados del bullicio de la ciudad. Al mismo no podía acceder nadie que no fuese convertido, debido al peligro que representaba la persecución que ejecutaba el imperio romano contra los cristianos.

En el libro Hechos de los Apóstoles hay varios pasajes que reflejan lo reservado que eran la reunión de los cristianos. Un líder religiosos llamado Saulo de Tarso era un acérrimo enemigo de los seguidores de Cristo (Hechos 8:1,3), y los perseguía más allá de Jerusalén y Judea, yendo en su odio en busca de los cristianos que vivían en Damasco (Hechos 9:2), pero en el camino Jesús se le reveló, y se convirtió (Hechos 9:3). Ya convertido, un tiempo después volvió a Jerusalén tratando de juntarse con los cristianos, pero estos no lo querían recibir, razón por la cual Bernabé lo tomó, y lo llevó delante de los discípulos, para ratificar su experiencia con Dios (Hechos 9:26-27). Este hecho refleja lo reservado y secreto que eran la reunión de la iglesia.

En los cultos no habían recurso tecnológico, ni litúrgico, todo era a capela. Escuchaban y cantaban sentados en el suelo, y donde podían. No había pulpitos, ni existían cantantes, menos danzarines. Se dio el caso que en una reunión que se llevó a cabo en un tercer piso de una casa, el apóstol Pablo predicó, y se extendió mucho tiempo en el mensaje, y uno de los allí presentes llamado Eutico, que estaba sentado en el borde de una ventana, se quedó dormido y se cayó del tercer piso, quedando muerto, pero Pablo lo resucito (Hecho 20:9).

La dinámica de crecimiento de la iglesia en el libro de los Hechos no consistía en una reunión masiva evangelista, sino en un trabajo personalizado, ya que predicaban y enseñaban por las calles, en la puerta del templo de Jerusalén y en las casas (Hechos 5:42), en un determinado día de la semana, posiblemente el primero (1 Corintios 16:2), y se reunían en un lugares secretos, para la ministración, edificación, y adoración al Señor, así como en la participación en la comunión (Hechos 20:7). En estas reuniones de la iglesia sólo asistían los conversos que eran captados, evangelizadores y bautizados de forma individual. Cada discípulo hacía discípulos, como lo había ordenado Jesús al dar la gran comisión (Mateo 28:19), y una vez preparados (Mateo 28:20), los traían a la comunión de los Santos. De ahí nace el concepto de que la iglesia es un cuerpo compuesto por muchos miembros (1 Corintios 121:13-14), y funcionaban bajo la dirección de los ministerios, que son los que edificaban el cuerpo de Cristo (Efesios 4:11-12,16), para llevar a los discípulos a alcanzar madurez (Hebreos 5:11).

Dentro el culto primitivo predominaba la espontaneidad. Habían testimonios, se compartían experiencias, se ministran dones, habían himnos y cánticos espirituales, se hacían oraciones, y los apóstoles o ministros compartían las palabra de Jesucristo (1 Corintios 14:26, Efesios 5:19). Los Hermanos traían sus ofrendas, (1 Corintios 16:1, 2 Corintios 8:20) con las cuales se remediaban las necesidades de la comunidad (Romanos 15:26). Cada cual apartaba algo, según Dios le había prosperado (1 Corintios 16:2). Es bueno notar que los bienes entregados a los apóstoles no eran para su propio bienestar material, sino para remediar las necesidades que había en la comunidad, así como en otras iglesias lejanas (Hechos 20:25). Un hecho singular, y que llama la atención, está en el inicio de Pentecostés, cuando los convertidos por el mensaje del Apóstol Pedro, traían todos sus bienes a los pies de los apóstoles, y estos los repartían para cubrir las necesidades de las viudas, huérfanos y hermanos con escasez (Hechos 2:45). Noten en que después de que recibieron todos los bienes de los discípulos, Pedro y Juan fueron a orar al templo de Jerusalén, y se encontraron a un mendigo en las puertas. Éste les pidió una limosna, pero Pedro le contestó que no tenía ni oro, ni plata, sanándolo (Hechos 3:1-6). ¿Por qué Pedro dijo que no tenía nada, si anteriormente había recibido muchos bienes de los convertidos? Sólo existen dos respuestas: o Pedro mintió, o en realidad no tomó nada de lo que la gente les había dado anteriormente.

Con la conversión aparente de Constantino en el año 313,( después de Cristo eso se lo tien qur poner abuelo) que lo convierte en Emperador de Roma, la iglesia perseguida se convirtió en la protegida del imperio romano. A partir de ahí el culto espontáneo se volvió litúrgico, apareciendo tradiciones y dogmas de que fueron anulando los elementos originales del culto. Cuando una expresión espontánea se planifica y estructura, deja de ser espontánea, y se convierte en litúrgica o programa. Aunque la planificación ayuda a evitar el desorden, muchas veces nos hace esclavos de un orden que nos lleva a una liturgia que no satisface las necesidades espirituales del creyente. Al perder la espontaneidad, perdemos la libertad, caemos en la repetición, y perdemos la motivación. Lentamente todo se vuelve mecánico, artístico, técnico y programado. Entonces el culto se vuelve monótonos, elitista y programado. Perdemos la libre expresión, para sujetarnos a un esquema, que sin darnos cuenta, nos lleva del espíritu a la carnalidad (Romanos 8:9).

La falta de discernimiento en el uso de la espontaneidad, y el abuso y el desorden extremo de algunas expresiones dentro del culto, nos lleva a poner dogmas y normas para limitar estos extremos, por lo que tristemente nace la “programación” como una alternativa para evitar el desorden. Uno de los principios más importantes en un culto espontáneo es que todo se haga decentemente y con orden (1 Corintios 14:40), pero esto va a depender de tres factores importantes;

  • La educación bíblica de los creyentes.
  • La capacidad emocional del individuo.
  • La autoridad espiritual del que preside el culto.

Tristemente la falta de un discernimiento espiritual, por ignorar las escrituras, más la decadencia de valores dentro del cristianismo, nos ha llevado a tener los culto como un espectáculo, donde las técnicas humanas y el profesionalismo ha apagado la obra del Espíritu Santo en la vida de los presentes, y la adoración es más un espectáculo emocional, que una adoración profundo y espontánea.

Uno de los problemas que confrontamos en los cultos modernos radica en la dependencia a la tecnología. Contamos con todos los recursos para hacer amenos los cultos. Se usa todo tipo de instrumentos, con diversos ritmos y estilos. Muchas congregaciones adornan con coreografía o efectos especiales los canticos. Los cultos en las iglesias parecen más espectáculos teatrales copiados de los conciertos mundanos, que una manifestación geniuda de adoración. El arte domina sobre la libertad de espíritu. Los equipos de sonido inyectan una bendición electrónica, pues los decibelios de potencia de los equipos, hacen vibrar hasta los objetos. Se ha dado el caso que algunos vecinos en los alrededores del lugar de culto han tenido que denunciar a una congregación contigua, porque sus equipos de sonido son tan altos, que no los dejan dormir, y han tenido que llamar a la policía, algo contradictorio con las enseñanzas de Jesús (Romanos 12:18).

Hablemos del sonido en los cultos.  Este se mide por la fórmula de “decibelios (dB)” y pregunto ¿Cuántos decibelios[1] pueden soportar los oídos humanos? Veamos los niveles de sonido ambientales:

-La respiración registra unos 10 dB.

-En una biblioteca en silencio registra el promedio en sonido de 20 dB.

-En una conversación normal el sonido es de unos 40 dB.

-Una aspiradora emite unos 70 bB.

-Un tren registra unos 80 dB, y el tráfico pesado unos 90 dB.

-Un avión cuando despega genera 130 dB.

-Un cohete cuando despega genera un ruido de 170 dB.

Cuando un sonido o ruido excede los 90 dB se considera que produce una contaminación acústica, la cual es un serio problema para la salud, siendo uno de los mayores problemas médicos de la sociedad moderna[2]. Cuando una persona está sometida a un sonido que sobrepasa los 90 dB ambientales, sufrirá un daño lento en su capacidad auditiva. ¿Ha medido alguna vez los decibelios que generan los equipos de sonido de tu iglesia?

Existen equipos y aplicaciones[3] que se pueden instalar en los celulares para medir el sonido ambiental. En pruebas que he realizado en muchas iglesias que he visitado, he encontrado que los niveles de decibelios ambientales rondan entre los 90 y los 120 dB, algo que científicamente afecta la salud de las personas. Los trabajadores en los aeropuerto que trabajaran en la pista, usan auriculares especiales para reducir el sonido, porque la potencia de un avión al despegar alcanza los 130 dB y puede producir daños auditivos. ¿Tendremos que llevar auriculares especiales para los sonido excesivos en los cultos en algunas iglesias?

El otro problema que tenemos en los cultos modernos es el grito. Se ha puesto de moda el llamado “grito de guerra”. Para justificar el mismo, se toman texto del Antiguo Testamento, principalmente aquellos relacionados con estrategias militares (Número 16:34,) y muchos enseñan que con un grito, podemos espantar al diablo y a los demonios, algo completamente absurdo a la luz de las Escrituras. Otros al orar lo hacen gritando, sin tomar en cuenta al que está a su lado, y en vez de hablar con Dios, le gritan a Dios. Cierta vez una persona no creyente me preguntó porque los cristianos le hablan a Dios como si fuera sordo, yo no supe que contestar.

Tenemos que diferenciar entre gritar y alzar la voz (Hechos 4:24). Bíblicamente hay diversas formas para hablar con Dios. Podemos orar con nuestra mente, en secreto, lo que podríamos llamar meditación, y podemos orar congregacionalmente, dentro de un volumen normal, que no afecte al que está a mi lado. Podemos orar puntualmente, o podemos orar alzando la voz de forma coherente. Todo lo que hacemos en el culto debe  estar dentro del orden bíblico establecido en la Palabra, y los que presiden tiene la obligación de mantener el orden (1 Corintios 14:40, 15:23), porqué cuando hay libertad de expresión, siempre existe el riesgo de que algunos rompan las reglas, y es por ello que debemos tener discernimiento y sabiduría, para no permitir que el exceso de libertad nos lleve a libertinaje, (1 Pedro 2:16) porque toda libertad tiene sus límites, y no debe alterar el orden bíblico establecido dentro del culto, principalmente pensando en que hay indoctos e incrédulos que nos están viendo, y como no son cristianos, no pueden entender las cosas que son del espíritu (1 Corintios 2:14), porque para ellos es locuras, y no pueden entender nuestro comportamiento, porque no disciernen las cosas espirituales, y muchas veces se escandalizan, como afirma San Pablo (1 Corintios 14:23).

Y como conclusión, sólo me resta decir nuestro comportamiento en la adoración tiene que ser coherente con los principios de la palabra y la cultura en el medio en el cual ejercemos nuestra fe. Debemos de usar nuestra libertad, sin afectar la libertad de otros, y debemos expresar nuestras emociones y sentimientos sin perder la perspectiva de ejercer el don por excelencia el cual es el amor.

[1] – Decibelios: fórmula para medir los niveles de sonido, se usa la clave con el símbolo dB.

[2] -Uno de cada 10 norteamericanos tiene una pérdida auditiva que afecta su capacidad para entender la conversación normal. La exposición al ruido excesivo es la causa más frecuente de pérdida auditiva. preparado por la American Academy Of Otolaryngology – Head and Neck Surgery

[3] Una de ellas es “SoundMaster”.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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