LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -10-

Mario E. Fumero

LA FUNCIÓN DE LOS MINISTERIOS

Tomado del libro de Mario E. Fumero

Los ministerios son la autoridad local en la Palabra, puestos para enseñar, gobernar y disciplinar. Son los encargados de guiar, doctrinar, vigilar y cuidar al rebaño de todo viento de doctrina o sutileza diabólica, y mantener en acción el proceso de crecimiento, multiplicación y función de los discípulos.

Hay varios ministerios con diversas funciones, los cuales vamos a estudiar siguiendo la escala de abajo a arriba, o sea, empezando por el primer peldaño de los ministerios. Recordemos que todo es “un proceso funcional”, incluso la posición de cada anciano. Nadie podrá alcanzar un ministerio más amplio si primero no ha ejercido uno menor, esto es de lógica[1]. El principio está en usar lo que Dios nos va dando, el Señor añadirá más, hasta ponernos en las partes más altas dentro del cuerpo, no porque lo deseo, sino porque he crecido, y los frutos evidencian este crecimiento.

Existe una lógica en la posición de los ministerios: Según el cuerpo crece hacia abajo (multiplicación de discípulos), los demás crecen hacia arriba de forma lenta y normal, ubicándonos en otros niveles en los cuales ejercemos diferentes funciones, después de haber pasado por las anteriores. Repito una vez más, lógico que para ser abuelo, hay que primero ser padre, ya que todo es un proceso de crecimiento.

  1. A) MAESTROSY PASTORES

El primer nivel del crecimiento dentro del ministerio está en aquellos que ejercen la enseñanza o el pastorado, o aprenden al lado de un pastor.

Se comienza siendo maestro de un discipulado, comprometiéndose en el crecimiento del mismo. Después comienza a enseñar o dirigir con la Palabra a varios grupos de células, nacidas de su mismo discipulado o trabajo. Lo primero que empezamos a hacer es transmitir lo que aprendimos. Dios levanta entre los maestros generales (hacedores de discípulos) algunos para que sean maestros del cuerpo. Estos son ministerios para enseñar la Palabra a la comunidad. Para ser pastor se requiere ser primero maestro, tener discípulos, e incluso haber funcionado como diácono o ayudante. El pastor se hacer al lado de otro pastor, al igual que un buen mecánico se hace al lado de un maestro mecánico.

Entre los requisitos dados por San Pablo para los ministerios, se demanda que; “no debe ser un neófito (1 Timoteo 3:6). La posición en el cuerpo se alcanza por un aprendizaje, acompañado de un servicio y entrega y no por privilegios personales.

Un pastor es aquel que enseña y cuida del rebaño, fundamentando su autoridad más en sus méritos, que en la imposición o elección. Este también ejerce la facultad de maestro, aunque no siempre funcione como tal. Pablo menciona a los pastores y maestros como una misma cosa[2], o como algo en común. Tanto los maestros como los pastores, guían y cuidan a la grey en la doctrina, dirigiendo al rebaño hacia pastos verdes y metas claras.

MAESTROS: No son los que alcanzan un título de pedagogía, o se limitan a usar una pizarra para dar un curso de dispensaciones, doctrina, homilética, o cualquier otra enseñanza. Es aquel que va dándole al cuerpo las pautas y orientaciones necesarias, según la necesidad específica de cada momento. Es uno que guía a las ovejas hacia la perfección y el crecimiento. Complementa la labor pastoral velando por la doctrina, junto con todo el consejo de ancianos. Supervisará las funciones de los maestros de discipulados, observando la forma en que transmiten las enseñanzas que reciben de arriba.

 

PASTOR: Cuida, protege y vigila al rebaño. No es comadrona, ni pare, ni cría a los bebés o nuevos convertidos, como pasa hoy. No es para pasarles la mano a los hermanos tristes, o visitar a todos los que desean una visita rutinaria. Es el que cuida al rebaño de errores, filosofías o trampas diabólicas. Supervisa la vida de las células, de las familias y del servicio a los demás. Orienta y disciplina a aquellos que pecan. Cuida la unidad y busca que cada uno haga la función que le corresponde. Es el que representa el consejo de ancianos y el que debe afrontar la problemática de la iglesia. Puede haber tantos pastores como necesidad haya en el rebaño, pues es el crecimiento el que dicta los parámetros que rigen este ministerio, aunque siempre en las iglesias apostólicas existía pluralismo ministerial[3].

Un pastor, en el sentido literal, cuidaba un hato que se compone de aproximadamente cien ovejas, aunque puede haber excepciones,[4] no podemos hacer de esto un dogma. Creo que según crezca el cuerpo, así crecerá el número de los ministerios, debiendo haber tantos pastores y maestros como número de ovejas hayan. En una congregación deben de haber pastores y maestros. Estos dos ministerios están relacionados con el rebaño y se identifican con las necesidades espirituales de la iglesia, cosa que no pasa con los otros, como el de profeta, el cual complementa los ministerios locales, dando dirección a los pastores y maestros.

 

  1. B) EVANGELISTAS.

Es uno de los ministerios más explotados, distorsionados y cómodos. La función de este ministerio sigue el patrón clásico del estilo moderno que al mismo se le ha dado, siendo todo lo contrario a la realidad revelada en la Palabra. Tal es la distorsión que se tiene del mismo que en algunos lugares se les llama, de forma irónica: “EVANGELISTOS”, porque su trabajo es evangelizar a los evangelizados, colectar ofrendas, y mantener el monopolio de los dones del Espíritu Santo, tratando incluso de dirigir la vida de la iglesia por “control remoto”, usando para ello la radio y televisión.

Son los tele-evangelistas los que más escándalos están causando a la iglesia en los países predominantemente evangélicos. Muchos de estos crean espectáculos, propaganda y títulos extravagantes como “el evangelista internacional”, “El gran siervo de Dios ungido”[5] etc…, restándole a su auto propaganda mucho de humildad y sencillez.

¿Qué es un evangelista para nosotros? Uno que coge su Biblia, una maleta y le dice al pastor: “Dios me llamó, me voy a predicar”, y se independizan. Consigue una tarjeta que diga “EVANGELISTA INTERNACIONAL“, crea su organización, y a veces se auto ordena, comenzando a ir de iglesia en iglesia dando campañas a los evangelizados. Otros buscan lo colosal, reúnen a las iglesias en un lugar público, se hacen una auto-propaganda, y alardean de los dones que poseen. Colocan sus hazañas y nombres en primera página, y empiezan a predicarle a una audiencia compuesta en un 90% de convertidos. Hacen un llamamiento (a veces, psicológico) para los pecadores y enfermos, al cual pasan muchísimos hermanos, y después dicen: “-.se convirtieron 800 almas,-” y casi todos eran los mismos hermanos de las iglesias, que fueron a buscar oración por las enfermedades.  Este tipo de conceptos es una degeneración bíblica, que ha dado origen a todo un estilo de trabajo que muchas veces carece de los elementos bíblicos verdaderos.

            Un evangelista, dentro del contexto bíblico, es uno que lleva el evangelio a lugares donde aún no existe. Es un ministerio que sale de una iglesia local, enviado y sujeto a la misma, va a un lugar en donde no hay evangelio, para proclamar la Palabra. Comienza una nueva obra, y establece una iglesia. Un evangelista es un MISIONERO.  Un ejemplo lo tenemos en Felipe, que era diácono en Jerusalén (Hecho. 8:4-14). Fue a Samaria a predicar. No llevó consigo a una congregación para que le ayudase a cantar, ni tampoco se hizo auto propaganda. Una vez que ganó vidas, los discípulos, bautizó, y comenzó a formarse la congregación. Es entonces cuando aparecen los apóstoles para confirmar la obra, y darle el fundamento a la iglesia local.

Otro ejemplo de EVANGELISTAS está en Pablo y Bernabé. Fueron enviados a llevar el evangelio a lugares lejanos, donde establecieron congregaciones con ancianos. El evangelista es un misionero, porque el vocablo “misionero” se refiere a uno que sale a ejecutar una misión, llevar el evangelio, las “Buenas Nuevas” a lejanas tierras. Es enviado por la iglesia, para volver a ésta “trayendo las gavillas” (Salmo 126:6). Por lo tanto, debería tener una experiencia como ministerio local antes de salir.

Los evangelistas, antes de ser enviados, se deben potenciar en otros ministerios o funciones importantes dentro de su propia iglesia, pues esta responsabilidad requiere gran experiencia y madurez. (Ejemplo: Pablo y Bernabé eran maestros en Antioquía. Felipe diácono en Jerusalén.)

No podemos enviar a un neófito -por mucho tiempo que lleve en la iglesia- a llevar el evangelio a lugares difíciles, y a organizar, con los frutos de su evangelización, discípulos e iglesias. Considero que el nivel del ministerio de evangelista es superior al de maestro, pues un evangelista, al salir y llevar el evangelio, tiene, no sólo que predicar y ganar almas, sino que fundamentarlas y organizarlas en el principio apostólico, ejerciendo también funciones como maestro y pastor, quedando por un tiempo largo en el lugar donde fue a evangelizar[6]. Una vez terminada la obra, la deja establecida y funcionando por sí misma, y vuelve a su punto de origen para informar de la labor realizada, y después quedará supervisando la misma. Ahora entrará a una etapa, ya no solo de evangelista, sino de apostolado o supervisor de las obras que él mismo estableció y en donde estableció ancianos.

Los ministerios no son estáticos, sino evolutivos, ya que todo en el cuerpo está siempre en crecimiento y cambio. No cabe el estancamiento estructural en las funciones. Debemos ambicionar, no solo ser pastores, sino crecer en otras funciones ministeriales.

  1. C) PROFETAS

Los profetas del A.T. eran siervos escogidos por Dios para hablarles a los líderes que andaban mal, o advertir algún juicio que vendría cuando el pueblo se apartaba de la voluntad de Dios. Eran los voceros de Jehová cuando la situación lo requería. Vivían en oración y ayuno. Buscaban revelación de lo alto para su pueblo, por lo que eran “ATALAYAS O VIGÍAS”. Siempre prevenían al pueblo sobre el peligro de la desobediencia a los mandatos divinos. Estos profetas iban primero a los reyes o sacerdotes para darles los mensajes de Jehová, con el fin de que ellos los comunicaran al pueblo, para que obraran de acuerdo a la revelación de Dios.

Samuel al dejar de ser Juez, se convirtió en profeta de Dios; le dio al rey Saúl las advertencias de juicio cuando desobedeció la Palabra del Señor (Ver 1 Samuel Cap. 15). Vemos después como el profeta Natán amonesta a David por su pecado, trayéndole palabra de juicio de parte de Dios por haber tomado la mujer de Urías (2 Samuel cap. 12).

Cuando Jesús le reveló a la mujer samaritana que tenía 5 maridos, y el que ahora tenía no era su marido, la mujer gritó:He aquí un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho (Juan 4:29). El profeta ve más allá, penetra en la oscuridad del pecado y revela las cosas ocultas que Dios le muestra. Discierne los secretos por revelación. Las dos características básicas de un profeta son:

Primero: No trata con la multitud, sino con los líderes.   Dedica su tiempo en buscar luz y revelación de Dios para orientar a los dirigentes del pueblo.

Segundo: Es un ministerio de intercesión y aviso, así como un consejero para los que gobiernan.

En la iglesia primitiva había profetas, no como en el A.T. que revelaban lo oculto de Dios y traían mensajes de juicio y condenación, sino para revelar el propósito del Espíritu para con su pueblo. El estilo de profetas antiguo testamentarios ya no existe, pues Cristo se reveló como el Pro-feta de profetas, mostrando todo lo que Dios deseaba para su pueblo. Así que los profetas de hoy día parten de esta revelación básica, a la cual no se le añade nada nuevo.

Hay revelación en torno a la Palabra y la vida de la iglesia, pero se necesita iluminación para entenderla, principalmente cuando sean cosas ocultas a la vida de la iglesia y que deben ser sacadas a la luz por el Espíritu, sea por medio del don de revelación, discernimiento, profecía o ciencia, y siempre en relación a la Palabra. Toda visión, revelación o sueño debe ajustarse al fundamento de las Escrituras.

El papel del profeta en nuestros tiempos es de revelación y orientación a los ministerios que gobiernan en la problemática de la iglesia. No tiene que ver nada con el don de profecía, ni sigue el estilo profético del A.T. respecto a traer solo juicio y revelaciones nuevas. Recordemos que los profetas están separados para tratar con Dios, mientras los pastores, maestros y evangelistas tratan con el pueblo, con la multitud de discípulos. Dentro de cualquier congregación hay problemas y los pastores muchas veces no pueden ser objetivos, porque viven dentro de los mismos, y no se puede ser parte y juez en un asunto. Es ahí cuando entra en escena el ministerio de profeta. Los pastores o maestros están ab-sorbidos por muchos conflictos y necesitan recibir pautas y mensajes frescos con contenido bíblico, para guiar al pueblo en medio de las tormentas y ataques diabólicos. La función del ministerio de profeta (no de profecía) es parecida al del A.T., pues éstos estaban para dar un mensaje a los reyes y ancianos que guiaban al pueblo de Israel para afrontar situaciones difíciles. Los profetas son ahora los consejeros de los pastores y maestros en la problemática de la iglesia y orientan a los ministerios en relación a las necesidades específicas que, en ciertos momentos, tiene el pueblo de Dios.

La diferencia entre el ministerio de profeta en el A.T. y el N.T. radica en que los primeros tenían la revelación directa de Dios, sin usar la Palabra, pues ellos eran la PALABRA VIVA, mientras que el ministerio de profeta en la iglesia parte de la PALABRA REVELADA, bajo la dirección del Espíritu Santo. Dan consejo y dirección, tomando la “Palabra revelada”, sin poder añadir una revelación superior a la revelación bíblica existente[7].

Es triste ver cómo han surgido ministerios que se han proclamado a sí mismos “los profetas de Dios” y han llevado al pueblo a herejías terribles. Como muestra de ello podríamos citar a muchos, pero haré referencia tan solo a William Mariom Branham (1909-1965) que llegó a ser un gran evangelista y predicador, pero  terminó afirmando que era el séptimo ángel de Apocalipsis, y trajo nuevas revelaciones a las iglesias, como la doctrina muy difundida de los “sólo Jesús”[8].

Para simplificar la función de los profetas en estos tiempos, podemos afirmar que estos son consejeros y la cobertura que ayudan a otros ministerios que tratan con la mayoría. Un pastor o maestro no tiene mucho tiempo de buscar luz de Dios, pues está rodeado de una multitud con problemas y dificultades. Está tan metido dentro de la masa que a veces no ve los errores porque, le falta visión profunda. El profeta, que vive fuera de esta masa, recibe y percibe fácilmente las necesidades y los errores que tengan los otros ministerios o la iglesia y los corrige a través de sus advertencias y enseñanzas, dando luz a los ancianos que ejercen la función de gobernar. Además, siguiendo el orden de crecimiento del cuerpo, cuando un pastor produce pastores, se desplaza a una posición de supervisión y dirección sobre estos pastores que él mismo produjo, y se convierte en pro-feta, pues da orientación. Así que un profeta debe haber sido pastor primero, y después haber producido pastores.

El profeta es superior en posición al maestro o pastor. ¡Cuánta falta hace hoy día esta clase de ministerio! para dar cobertura a tantos pastores huérfanos de consejo. Si hubieran profetas que ayudasen a advertir los peligros del diablo, y sus tramas en la iglesia, cuántos errores introducidos sutilmente hubiéramos corregido antes de afrontar divisiones por cosas que son ilógicas.

El profeta protege a la iglesia de la división, las doctrinas falsas, los pecados ocultos y los errores y abusos de autoridad cometido por pastores o maestros, pueden detener la introducción de énfasis raros dentro de la congregación. Es un ministerio para los ministerios. Pero no olvidemos que “para ser profeta se necesita haber experimentado los otros ministerios”, ya que éstos son producto del crecimiento.

Debemos tener cuidado con esos “profetas iluminados”, que se convierten en los únicos elegidos y posee-dores absolutos de la verdad de Dios, sin haber desarrollado nunca los otros ministerios. En tal caso se ha desvirtuado el sentido, y busca suposición e iluminación para ejercer hegemonía espiritual sobre las iglesias. Este peligro siempre está latente en la vida del cuerpo, y para evitarlo se debe aceptar el pluralismo ministerial y ceñirnos a la Palabra, respetando el libre albedrío de las personas.

 

  1. D) APÓSTOLES.

El ministerio de profeta, como el de apóstol, no existe hoy día, cuando aparecen, lo hace para abusar de la autoridad, o se convierten en “jerarquía institucional”, razón por lo cual existe una tremenda apatía y prejuicio contra ellos[9]. Algunos han hecho del ministerio apostólico un “título” de reconocimiento humano.

Actualmente se estilan otros tipos de ministerio, como el de licenciado, ordenado, obrero a prueba, etc. Pero pese a ello, debemos considerar la realidad del apostolado como una función y no como una posición.

La cumbre más alta, y la aspiración más grande en el ministerio, es el llegar a ser apóstol. Uno se hace apóstol, no porque quiere o puede, sino porque ha crecido en todos los demás ministerios, dejando iglesias establecidas. No es un título, sino el producto de un fruto ministerial.

Hay muchos que afirman que no puede haber apóstoles en nuestros tiempos, porque sólo fueron doce, y fuera de ellos no hay, ni habrá más. En relación a la autoridad del canon bíblico, solo hubo doce apóstoles, que son el fundamento de la iglesia y de nuestra fe. Sin embargo, considero que el apostolado es una posición en el cuerpo, que nació y se fundó con los doce, los cuales pusieron el fundamento, pero que no se les llama solamente a ellos apóstoles, sino que con ellos se inicia el APOSTOLADO, pues la palabra apóstol significa “LOS ENVIADOS“.

La Biblia registra que, además de los doce, Dios levantó a otros. Tenemos el caso de Pablo y Bernabé, enviados como evangelistas o misioneros, y después se les menciona en Hechos 14:4 como apóstoles. Pablo menciona a Tito como colaborador en su apostolado (2ª Corintios 8:23). La misma referencia hace a Epafrodito, (Filipenses 2:25) usando un término relativo a posición dentro del apostolado, pues dice claramente “colaboradores y compañero de milicia“. Se menciona a Jacobo, el hermano del Señor, como apóstol (Gálatas 12:19), y al escribirles a los romanos, Pablo menciona a Andrónico y a Junias como parientes y compañeros de prisión por Cristo, a los cuales considera estimados “entre los apóstoles” (Romano 16:7). En su primera epístola a los Tesalonicenses, en el capítulo 1:1, Pablo, en la introducción, coloca a Silvano y a Timoteo a su propio nivel, como apóstoles. Así que el apostolado era una función, no una cuestión de privilegios. La función de apóstol es la más elevada dentro de los ministerios del cuerpo de Cristo.

No es saber o querer ser alguien, sino dar frutos, establecer obras y poner en ellas el fundamento de la doctrina de los doce apóstoles. El apóstol era aquel que ejercía influencia sobre las iglesias que él mismo había establecido en diferentes localidades. Nadie podrá ser apóstol si primero no dio fruto como discípulo y luego en los otros ministerios. Un ejemplo lo tenemos en Pablo; primero fue discípulo en Damasco con Ananías, más tarde fue a Antioquía, junto a Bernabé. Ambos eran “maestros” dentro de la iglesia local. Después se les envía como evangelistas-misioneros, ellos establecen obras y ponen ancianos. En los viajes posteriores visitan las obras para “CONFIRMARLAS EN LA FE[10]. Supervisan así los frutos de su trabajo, por lo cual se constituyen en APÓSTOLES.

Sobre las iglesias locales están los apóstoles o supervisores, para cuidarlas y mantenerlas unidas en la doctrina del Señor, interviniendo sólo cuando se lo piden o ven la necesidad, formando parte del consejo local. (No están en el sentido de autoridad “sobre” sino “en” unidad espiritual con los ministerios locales.) El sello del apostolado (o las credenciales del apóstol) es dejar iglesias establecidas, y fundamentarlas en la verdad bíblica (1ª Corintios 9:2).

El problema que había en Corinto era que, por ser esta una ciudad cosmopolita y marítima, -la más importante en Grecia en esta época,- pasaban por ella varios apóstoles, entre los cuales se menciona a Pablo, Apolo, y Cefas (que es Pedro). Cada cual hizo discípulos, por lo que se formaron varias células, o grupos, con diferentes maestros o padres espirituales. Esto produjo contiendas, ya que cada grupo se creía superior y exaltaba a sus líderes, por lo que Pablo les escribe duramente, exponiendo el principio de la unidad (1ª Corintios 1:12-17). El patrón que relacionaba y unía a una iglesia con otra era el apóstol. Cada uno de los que establecían iglesias, después las cuidaban, velando por ellas, siendo la autoridad sobre las mismas por derecho de “paternidad“.[11]

San Pablo edificó cinco iglesias en cinco ciudades. El las cuidaba y supervisaba, ayudándolas cuando se lo requerían. Cada una tenía su propio gobierno. El apóstol sólo velaba por la doctrina y por la fe de los “discípulos”, que como hijos, reconocían la paternidad espiritual que le vinculaba al apóstol[12]. Cuando aparecían problemas, los ministerios locales acudían a aquel del cual eran discípulos, al apóstol o profeta. Él les contestaba, dando pautas para que supieran cómo actuar. Así nacieron las epístolas o cartas a Timoteo, Tito, Filemón, que no eran otra cosa sino consejos prácticos a discípulos, que a su vez, eran parte de los ministerios locales.

En 1ª de Corintios, capítulo 5, vemos a Pablo orientando a los ministerios locales en un problema serio, el caso de un hermano que había fornicado con la mujer de su padre[13].

En conclusión, podremos decir que el ministerio apostólico es aquel, que después de haber establecido iglesias, y ejercido los ministerios anteriores, se convierte en un “ministerio itinerante”, nutriendo y ayudando a las obras que él mismo estableció, siendo un supervisor con derechos espirituales para dar dirección. No es asunto de un nombramiento humano o de saber mucho, sino el dar fruto bajo la ubicación y función normal del cuerpo.

De acuerdo a lo estudiado, podemos establecer esta escala de crecimiento dentro de los ministerios:                                                

APÓSTOLES                     

      EVANGELISTAS

                                                   PROFETAS

                                                                         PASTORES

                                                                                          MAESTROS

VAN DE FORMA ASCENDENTE

Estos ministerios son para la edificación de la iglesia. De ellas salen los evangelistas y apóstoles para extender las estacas del Reino de Dios en la tierra.

Recordemos que tanto APÓSTOL como el EVANGELISTA, no son ministerios locales en función permanente, sino  “ I T I N E R A N T E S ”  ;  se mueven para confirmar o fundar iglesias. Así que hay MINISTERIOS LOCALES; pastores, maestros, profetas y MINISTERIOS EXTRA LOCALES (O ITINERANTES); los de evangelista y apóstol. Este es el orden bíblico de gobierno local en la iglesia.

CONCLUSIÓN.

El crecimiento y la madurez dentro de la iglesia producen los “ministerios” de acuerdo a la necesidad específica de cada congregación. Los ministerios no son autocráticos, ni jerárquicos, sino que se gobiernan bajo las normas de las Escrituras y de los ancianos. “En la multitud de consejeros está la sabiduría o seguridad” (Proverbios 11:14).

Una iglesia no puede ser gobernada por un solo hombre. Cristo gobierna a través de la diversidad de ministerios y dones. Otra verdad es que los ministerios no se crean, ni se imponen, se hacen y se forman de acuerdo al crecimiento, y son dados por el mismo Señor a través del Espíritu Santo, operando entre los miembros. Los frutos indican dónde están éstos.

Debemos saber quiénes son ministerios. Ellos nacen dentro del cuerpo como algo natural y lógico, ya que sus raíces son profundas, y no son traídas de fuera. Una iglesia normal tiene que producir “DONES Y MINISTERIOS” dentro de sí misma como parte de la vida de Cristo. Lo contrario haría a la iglesia cualquier cosa, menos “cuerpo del Señor”.

Dios nos ayude a ubicarnos y funcionar de acuerdo al plan divino del libro de los Hechos.

AMÉN.

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    [1]- Debemos recordar que el que no es fiel en lo poco, tampoco lo será en lo mucho (Lucas 16:10).

 [2] – El tener que enseñar o pastorear se vuelve una necesidad, pero aparte de ello, es factible que algunos tengan más el don (natural) para enseñar o para predicar. Recordemos que el ejercer una función y el tener un don pueden ser dos cosas diferentes, aunque si se combina, será mucho más fructífero su ministerio.

[3] – En Hechos 20:28-30 encontramos las instrucciones de Pablo para la iglesia en Mileto y les pide que cuiden la “grey del Señor,” usando el plural “obispos”, lo que determina el pluralismo de ministerios y advierte de los peligros de los falsos hermanos y de los infiltrados lobos rapaces que tratarán de destruir el rebaño, estableciendo así las bases del cuidado pastoral.

[4]– En la parábola de las cien ovejas, (Lucas 15:1-7) se nos habla del pastor que tenía 100 ovejas y perdió una. Aquí deducimos el tamaño de un rebaño en aquella época y sacamos un parámetro.

[5]-En el libro “El principio de ser siervo” establezco la contradicción que existe entre “gran” y “Siervo”. Si eres grande no puedes ser siervo, y si eres siervo no puedes ser grande. Publicado por Peniel S. de R.L. Honduras, 1997.

 [6] Cuando Pablo y Bernabé fueron a hacer obra misionera de evangelismo, permanecieron largo tiempo en el lugar de trabajo, y no varios días como hacen los evangelistas modernos. Ver Hechos 14:3,28, 18:11, 19:8,10.

[7] -”Prophecy, Prophets” J. A. Motyer, Edit NBC.

[8]– “Dictionaty of cults, sect, religions and the ocult”. Zondervan Publishing House. 1993.

    [9] Existe falsa apreciación sobre la función y autoridad apostólica, por lo que muchos han hecho del “Apóstol” como un “semipapa” dentro de la iglesia evangélica, y esto es aberrante. Por ejemplo; en el libro “Piedras Fundamentales de la Fe Cristiana” de Daniel. Del Vechio afirma: “Al apóstol se la ha dado el ministerio para que… con más claridad pueda interpretar las directrices expuestas en la Palabra.” “Al llegar un misionero del extranjero, este debe de ir a reconocer al apóstol y someterse a su autoridad“. En tales casos se anula la autoridad del consejo local de cada iglesia y el apóstol se convierte en un “papa”.

 [10]- Hechos 14:22, 16:5, 18:23. El término “confirmar” hace alusión a la supervisión del apóstol sobre las iglesias establecidas para ver su funcionamiento, y ratificar los ministerios establecidos, los cuales eran sometidos a prueba primero.

 [11].-Ninguno es pastor si no se tiene un rebaño, ni apóstol si no estableció pastores. Tales funciones no son titulares, sino funcionales.

 [12]-La paternidad espiritual es un elemento básico en la autoridad apostólica. Pablo se refiere a ello al decir en 1 Corintios 4:15 que “aunque tengáis diez mil ayos (nodrizas) en Cristo, no tendréis muchos padres…yo os engendré”, y así lo vemos en su relación con Timoteo, Filemón, Onésimo, etc.

 [13]- Watchman Nee afirma en su libro “LA IGLESIA NORMAL” que un apóstol puede enfrentarse a los desórdenes en una iglesia, siempre que se busque su consejo y ayuda”. Así que el ser apóstol no le da derecho de manipular el consejo local, establecido por él mismo, a menos que el problema tenga que ver con la doctrina.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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