LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -12-

Mario E. Fumero

 FUNCIONES DEL DIÁCONO DENTRO DE LA IGLESIA.

Tomado del libro de Mario E. Fumero

La Biblia no explica cuál era la función específica de cada diácono, ya que ésta dependía de la necesidad o problema del lugar. Por esta razón, no se habla mucho de la parte estructural o administrativa. No podemos determinar las pautas que seguían respecto a la forma en que recogían las ofrendas, diezmos, primicias, y cómo la distribuían. Algunos textos parecen arrojar luz sobre el hecho de que: “Cada primer día de la semana traían a la reunión de la iglesia lo que Dios había puesto en sus corazones para la ayuda de la obra (1ª Corintios 16:1-4).

Sabemos que esas ofrendas y bienes se usaban para; ayudar a las viudas, los huérfanos, hermanos necesitados, los que sirven a la iglesia, etc.“, pero no tenemos datos de las pautas administrativas internas, tanto para recibir como para ayudar.   Por lógica suponemos que cada diácono realizará una función específica dentro de la problemática local. Dios es un Dios de orden. Así lo vemos en la creación, en la organización del pueblo hebreo en el desierto, en la función de la iglesia con diferentes ministerios, en la forma en que su Espíritu imparte dones, etc. Si la iglesia como cuerpo supone un orden, cada diácono debía tener una función específica dentro de la panorámica administrativa, de lo contrario se duplicarían esfuerzos, se crearían problemas de relación, o se cometerían errores en acción.

Los ministerios no deben intervenir en la recolección de ofrendas o diezmos, así como en la solución de problemas materiales. Los ministerios recibían de la iglesia lo necesario para su trabajo espiritual (1ª Corintios 9:13-16, Gálatas 6:6) y trazaban las directrices de conducta para los diáconos, que sujetos a éstos, seguían las normas prefijadas por los ancianos. Pablo reclama que, a veces, no recibía ayuda de los hermanos, y con sus manos trabajó para no ser gravoso, por lo que no es deshonesto que el ministro trabaje secularmente[1], principalmente cuando la comunidad carece de recursos para ayudarle.

Los ministros deben abstenerse de intervenir en asuntos económicos por varias razones; cuando un “ministerio” recibe directamente dinero de la gente, y lo usa como él de-sea, muchos pueden pensar mal de él, y pierde credibilidad y autoridad, creándose “mal testimonio de los de fuera”, cosa que le afectaría el testimonio de la iglesia (1ª Ti. 3:7). Además, de esta forma puede ser sobornado y manipulado para consentir pecados en hermanos aduladores[2], o dar privilegios a personas que no cualifican moralmente, (tráfico de influencia). Todo lo que es del Señor debe traerse al altar. Los diáconos encargados procederán de acuerdo al orden establecido. El papel de los ministerios, dentro del as-pecto económico y social de la iglesia, es supervisar y orientar a los diáconos en su función, fuera de ahí deben mantenerse lejos de este asunto.

Existe el riesgo de que el ministro pueda ser engañado por Satanás, a través del “dinero”, por lo cual Pablo advierte el peligro que éste puede causar en el siervo de Dios. Hemos dicho en otro estudio que las tres armas preferidas del diablo para destruir a los ministerios son las tres “F” de “FATAL”: FORTUNA, FAMA y FALDAS (Sexo).

He conocido obreros que sin darse cuenta han puesto sus ojos en el dinero, despertándose las ambiciones y cayendo en fracasos, algunos incluso están presos (1ª Ti. 6:8-10). Otros han sido arrastrados por el espíritu de soberbia, y han buscado el poder y la grandeza. Algunos han sido arrastra-dos por la concupiscencia de la carne, la cual es la causante de un 40% de los fracasos que ocurren en el ministerio. Dentro de las congregaciones existe una inmensidad de necesidades que deben ser atendidas, por lo que deberíamos encargárselas a los diáconos, dando a cada cual una labor específica. Éstos pueden buscar a otras personas que les ayuden a realizar esas labores, que aunque pequeñas, dignifican al cuerpo. El servir a los demás, el ayudar a los enfermos, el socorrer a las viudas, el administrar los bienes, etc., son parte del amor de Cristo entre los discípulos.

Tanto los DIÁCONOS, como los que AYUDAN, son ministerios generales que colaboran con los ministerios especiales, pues todos los miembros trabajan en conjunto para realizar, en armonía, las órdenes que vienen de arriba (1ª Corintios 12:28, Filipenses 1:1).

En la función de la “DIAKONIA” tenemos una gama de trabajos que bien clasificados y distribuidos, ayudarán a una mejor meta en el orden de la iglesia. Debemos combinar la idea apostólica y la necesidad específica de nosotros. Actualmente podemos tener siete diáconos (no porque considere importante el simbolismo del siete, sino porque la necesidad creó siete ubicaciones), ya que hay siete áreas de trabajo que cubrir en la vida de la comunidad.

Una de esas áreas puede ser las finanzas. Hay un diácono tesorero; el cual lleva la contabilidad y registra las ofrendas y diezmos. La labor del tesorero se ajusta a un sistema administrativo, acorde con las exigencias legales vigentes en cada país y misión. Se lleva un registro de entradas y salidas, a través de órdenes de pagos y cheques, supervisados por los ministerios, en base a un presupuesto. El pastor, a su vez, recibe una cantidad que llamamos “caja chica” o “fondo discrecional”, con la cual ayuda a resolver cualquier problema menor de necesidad que surja dentro de la comunidad. Los demás gastos se programan según el trabajo. Tanto en relación a los discípulos, como al gobierno civil, debemos estar listos a dar fe del dinero que para el Señor se recibe dentro de la congregación, por medio de informes económicos. Con las entradas de la comunidad se resuelven las necesidades de los ministerios, mantenimiento de las instalaciones, ayuda a los necesitados, programas de asistencia social, enfermos, equipo de trabajo, proyectos misioneros, etc. Nuestro presupuesto no debe omitir la importancia de las necesidades de los ministerios, la obra misionera y la necesidad social de nuestra comunidad, porque según la Biblia esto era lo más importante en el quehacer de la Iglesia primitiva.

Otra ubicación, dentro del diaconado, puede ser el diácono de visitación. Este se encarga, según las órdenes dadas por los maestros de células, de investigar las necesidades de los hermanos enfermos, para ver de qué forma se les socorre. La ayuda puede ser, desde llamar a los ministerios para que oren por el enfermo (Santiago 5:14) a ayudarle materialmente en alguna necesidad que tenga. Además, visitará a los nuevos contactos, hospitales y otros que deseen recibir la Palabra, o tienen problemas, usando para esta labor a otros miembros de la comunidad.

En mi trabajo hemos pensado que la evangelización debe hacerse fuera del edificio, (llamado erróneamente iglesia, ya que la iglesia somos nosotros), y para ello establecimos un diácono de extensión. Llamamos extensión a toda actividad de evangelización que realicemos fuera del local, o de la reunión general de edificación (culto dominical).

Este diácono, con sus ayudantes, prepara y proyecta las actividades de predicación y evangelización en las calles, plazas, y lugares públicos, a donde se moverá la congregación para proclamar el evangelio. Toda actividad fuera del “cascarón” (templo) será programada por este diácono con la ayuda de los ministerios.

Últimamente hemos sentido la necesidad de “enviar obreros” a zonas en donde se necesita el evangelio, para lo cual nombramos a un diácono de misiones. Este se encarga de motivar a los hermanos a tener visión misionera, y recabar, tanto de la tesorería general, como de otros fondos y ofrendas, los recursos que permitan enviar obreros y suplir sus necesidades materiales en las nuevas obras que se establezcan. El enviar misioneros debe ser la meta prioritaria de una iglesia local, ya que por años hemos necesitado que “nos envíen de lejanas tierras misioneros, pero ahora nos toca hacer lo mismo, pues hemos crecido mucho para tener que seguir siendo parásitos cristianos”. Este diácono se encargará del programa de sostén misionero para nuevas iglesias, en otras provincias o países. Debemos imitar y ambicionar tener el sistema bíblico de la iglesia de Antioquía, que envió obreros a lejanas tierras. El reto ahora es, “extender el reino donde no haya evangelio, en nuestra región o nación, y hasta los confines de este mundo”.

Respecto al mantenimiento de los edificios, atención a los niños y cultos, vimos la necesidad de situar a un diácono para organizar estos menesteres. Las familias tienen bebés que debemos atender aparte, para que sus padres puedan adorar a Dios libremente. Tenemos instalaciones, necesitan limpieza y cuidado. Hay que velar por atender los visitantes (inconversos) en los cultos evangelísticos -cosa que no debería de ser-, y aún a hermanos que no guardan el orden debido, etc. Para creamos un diácono de orden que ha venido a solucionar estos problemas. El tener un grupo de personas que acomodan y atienden las necesidades de los congregados es de vital importancia. Les llamamos “ujieres”, pero el nombre que le pongamos es lo de menos, lo importante es la función que prestan en el orden y aseo de las actividades.

Tenemos que llevar actas de bautismos, matrimonios y resoluciones ministeriales, en relación a la función de los ministerios, disciplina, y acuerdos de los diáconos con los ancianos, así como los asuntos oficiales de la iglesia, para lo cual nombramos a un diácono en secretaría.

Otra necesidad de nuestra época está en el uso de literatura e impresos, para la enseñanza de los discipulados y la evangelización. Es algo que la iglesia primitiva no tenía y, aunque es una bendición, puede también crear dependencia al papel escrito y no al maestro o la vida. También puede circular material “no apto para nuevos convertidos” por lo que debemos fiscalizar y controlar el material que se use. Para esta área nombramos a un diácono de literatura, el cual controla, vigila y distribuye el material impreso. Lo importante no es el estudiar muchos temas rápido, sino que se viva un tema antes de pasar a otro, por lo que este diácono vigila el fin que se le da a la literatura, clasificándola en LECHE y VIANDA. Para este fin deberá haber un anciano o ministerio encargado de la enseñanza que le ayudará y supervisará. También deberá controlar los libros cristianos que se pueden vender o leer, pues aunque toda literatura cristiana puede ser buena, no toda es edificante. Cuando existan grupos que tengan capacidades musicales, deberá haber un diácono de alabanza, que lleve la música y la adoración, cuidando los equipos que se usan para tal fin. La música es importante en el complemento del culto y según haya necesidad, se crearán nuevas funciones de servicio o diaconados.

No debemos dogmatizar sus funciones, pues en el futuro, las perspectivas pueden variar. Las labores de estos diáconos en “servir” a la comunidad no se limitan a esa responsabilidad solamente, pues cada uno de ellos puede ser un maestro que vela y ayuda a sus discípulos en los problemas menores.

Todos, de una forma u otra, tenemos que ser diáconos en el sentido de la palabra “servir“. No sabemos si en el futuro, los diáconos existentes aumentarán, disminuirán, se cambiarán etc., pero una cosa sí tenemos clara; cada uno, ubicado en cierta posición, realiza una función bajo la coordinación de los ministerios, y así iremos hacia la meta propuesta que es la perfección.

LA ELECCIÓN DE LOS DIÁCONOS Y SU AUTORIDAD EN EL CUERPO.

Los diáconos son nombrados por los ministerios y aprobados por los discípulos (asamblea). Puede dársele a la asamblea una lista para que elijan a los más capaces, cosa que no está muy clara en el contexto bíblico. Por otro lado, se puede elegir a los diáconos por parte de los ministerios, y someterlos a prueba, de acuerdo a la Palabra (1ª Timoteo 3:10).

No hay un método claro de elección en la Biblia, y aunque es cierto que los apóstoles le pidieron a la multitud que “escogiera a siete varones”, éstos trazaron pautas, y no hubo mucha discusión, pues había “un mismo sentir en todos los que habían creído”. Los diáconos deben ser seleccionados entre los discípulos por los ministerios, viendo los frutos y capacidades que tengan, de acuerdo a la función que vayan a desempeñar. Se deben dar también oportunidades a otros hermanos, así que sería bueno, cada cierto tiempo, efectuar cambios, evitando crear “monopolios en el diaconado” haciendo estos puestos “vitalicios”, para que así otros puedan ejercer la función del “servicio“, y compartir la carga en el gobierno de la iglesia. Cuando un hermano fue un buen diácono, y se le quiere quitar para dar oportunidad a otros, ¿cómo hacemos? Como tenemos que crecer, es posible que éste pase a otra posición superior de función, como ser “ayudante” de los ministerios, dedicarse a predicar, o discipular, o ser separado por un llamamiento para convertirse en un “ministerio“, como ocurrió con Felipe, que siendo diácono en Jerusalén, por causa de la persecución, se con-vierte en “evangelista” en Samaria (Hechos 6:5; 8:4-5).

Volviendo al orden de 1ª Corintios 12:28, vemos en la escala de los ministerios generales lo siguiente:

MILAGROS  

                             SANAN

                                           ADMINISTRAN

                                                                   HABLAN EN LENGUA

                                                                                                        AYUDAN


            Este orden, de abajo a arriba, establece niveles de función en la iglesia, pero no necesariamente tenemos que ser diáconos toda la vida, ya que existen metas superiores en el Señor. Lógicamente, si el cuerpo crece hacia arriba, las responsabilidades de los viejos aumentan con el crecimiento, por lo que hay cambios dentro de la posición de cada discípulo en su quehacer. Pero ¿Cómo se hará esto? ¿Quién lo hará? Creo que estas preguntas no tienen una respuesta bíblica, todo depende del orden y la estructura del gobierno local. Además las necesidades determinarán esos cambios.

Un “diácono” no es uno que lo hace todo, que cuida la puerta o recoge la ofrenda, etc., como se cree vulgarmente. Tampoco el diácono tiene “autoridad espiritual”, o están sobre los ministerios. Ellos no pueden disciplinar, ni ejercer presión sobre los pastores. El gobierno espiritual de la iglesia está en los “ministerios” a través de la Palabra, y por medio de la dirección del Espíritu. Sin embargo, los ministerios pueden llamar a uno o varios diáconos para que den sus opiniones o sentir sobre algún asunto de tipo espiritual.

Existen casos en que los diáconos tienen el poder económico, por lo que manejan al pastor como a un “EMPLEADO“. Si no se ajusta a sus exigencias, o cuando no les gusta su forma de ser, porque es muy recto, entonces se reúnen y lo despachan, buscándose a otro pastor que se deje manipular. Dentro de muchas estructuras, los diáconos se han convertido en los que más mandan en el gobierno de la iglesia, y los ministerios están sojuzgados por éstos, (aunque por regla general, en estas iglesias no existe un consejo de anciano con autoridad espiritual y congregacional) pues al controlar los diáconos lo material, dominan la situación. Si el pastor no hace lo que queremos, “le cortamos la ayuda, y se tiene que marchar o morir de hambre”. Es imposible, por lógica, que aquellos que fueron nombrados por los “ministerios”, sean superiores a éstos. El que pone tiene más autoridad que el que es puesto. Imagínese que los apóstoles hubieran puesto diáconos para que ayudasen en el servicio, y ellos pudieran dedicarse más a lo espiritual, y que éstos se reúnan y les digan a los apóstoles: “Miren Uds., déjense de cosas, y no ordenen tanto. Si siguen predicando tan fuerte, les quitamos la ayuda, y nos buscamos a otros apóstoles”. Nunca los hijos podrán gobernar a sus padres, de lo contrario se produce “rebeldía“, y va contra el orden natural y moral. Los diáconos tienen que estar sujetos al consejo de ancianos.

El hecho de que en algunas congregaciones exista “un solo ministerio”, hace a los diáconos poderosos[3], porque éstos, que son varios, tienen más fuerza en la estructura, por su posición en el control del poder económico, y porque la mayoría lo respalda a través del sistema democrático.

Es un peligro que un solo hombre ostente todo el poder de la iglesia, y en tal caso, tiene lógica el que los diáconos puedan ser unos “síndicos” que tengan el poder, para evitar los abusos de autoridad de un “pastor absoluto”, pero esto tampoco es bíblico.

Se necesita un nuevo enfoque de la diversidad de ministerios, la sujeción de los miembros a sus núcleos o células, la sumisión apostólica a la Palabra, y el orden bíblico. Si estos principios se dan, tanto los diáconos, como los ministerios y los discípulos, se ayudarán mutuamente para lograr el fin supremo como enseña Efesios 4:16[4]. Que Cristo reine en medio nuestro para que podamos alcanzar las metas propuestas dentro del marco que nos toca vivir en el presente siglo de rebeldía e insujeción.

CONCLUSIÓN

            Dejamos establecido que los diáconos complementan la labor de los ancianos. Son nombrados por estos y aprobados por la congregación. Deben administrar las áreas materiales y prácticas de la comunidad. Los ministerios se deben dedicar a la enseñanza y edificación del cuerpo, y no deben meter sus manos en asuntos de finanzas, y se debe reconocer la autoridad de ellos sobre los diáconos.

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[1] – 2 Corintios 11:9, 1 Tesalonicenses 2:9, 2 Tesalonicenses 3:8. Pablo establece normas de conducta y trata de dignificar el trabajo material y presentarlo como ejemplo de conducta en la vida cristiana.

[2]– Se sabe que en nuestros tiempos a través de la economía se manipula todo. El poder del dinero puede comprar la justicia, y esta maléfica influencia puede afectar a la iglesia. Se dice que el que controle la economía, controla la política.

[3] – En algunas estructuras existe la figura del “síndico” o de la “directiva” o del “consejo administrativo” etc. Llámese como se llame, el poder espiritual es superior al poder material en la iglesia y los ancianos son la autoridad sobre todos los que forman la iglesia, incluyendo estos cuerpos auxiliares que administran las áreas materiales y sociales de la iglesia.

[4] – “The Epistle to the Ephesians”  F. F. Bruce, Revell Co. 1969, N.Y.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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