LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -14-

Mario E. Fumero

ORIGEN DE LA AUTORIDAD

Tomado del libro de Mario E. Fumero

Toda autoridad emana de Dios, el cual es la autoridad suprema: “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. Y él -Cristo- es la cabeza del cuerpo que es la iglesia…” Colosenses 1:17-18

Es por ello que definimos la existencia de una autoridad natural, que se origina en la creación de todas las cosas, de acuerdo a un orden, dando lugar a leyes naturales, físicas, biológicas etc.

La otra autoridad tiene su origen en la Palabra. Ella tiene las normas que regulan las relaciones y prioridades entre los seres humanos en su relación con Dios y con sus semejantes. De la Palabra nace la ley moral, civil, penal, de higiene etc. Al analizar las diferentes formas en que se desarrolla esta autoridad en la historia de la humanidad, tenemos que establecer otras clasificaciones, para poder evaluar las diferentes manifestaciones de autoridad existente en nuestras culturas, social o religiosa. Estas serán:

AUTORIDAD NATURAL

Nace como producto de una relación personal que conlleva cuidado, protección, afinidad, dedicación, entrega. Dentro de esta dimensión aparece la “autoridad de paternidad”, naciendo el AMOR “FILÉ“, expresión griega que indica el amor como producto de una relación familiar, de donde se origina la palabra “FILIAL“, usada para distinguir los vínculos de parentesco, o relación, dentro de una familia.

El discipulado descansa en este elemento, de donde nace en sí la autoridad apostólica. Pablo, al defender su ministerio alega que; aunque tengáis diez mil ayos en Cristo…yo os engendré… 1 Corintios 4:15

Un gran porcentaje de la autoridad ministerial se debe apoyar en este principio.

AUTORIDAD DELEGADA

Es aquella que emana de otra autoridad, que a su vez recibió la autoridad de un ser superior, o primero. Es la que se transmite a través de un gobierno reconocido y aceptado, que encomienda a alguien una función definida para realizar una labor.

Es cuando Dios escoge a un individuo, como por ejemplo Moisés, y le entrega una misión para la cual le capa-cita, dándole una autoridad definida. El principio de la autoridad delegada radica en que, el que la recibe, debe de estar bajo autoridad del que le eligió, y el que la transmite, debe también estar en este mismo orden. La autoridad delegada establece funciones y pautas dentro de este marco de responsabilidad, razón por lo cual podemos afirmar que TODO AQUEL QUE TIENE UNA RESPONSABILIDAD, TAMBIÉN RECIBE UNA AUTORIDAD.

Ejemplos significativos de la autoridad delegada la tenemos en: Los profetas, en la autoridad militar, y en cierto aspecto en la autoridad ministerial, aunque ésta se debe complementar con la paternidad, pues el dar ejemplo y crecimiento con amor es básico, y el Señor seleccionará y separará a las personas que reúnan estos requisitos bíblicos.

Para que el Señor delegue autoridad espiritual, la iglesia debe reconocer la autoridad natural, la cual se hace patente por los frutos y ejemplos, delegándoseles a los ministerios funciones, según la madurez y crecimiento. Así que una y otra se complementan, para producir el correcto sentido de AUTORIDAD ESPIRITUAL.

AUTORIDAD ELECTA

Cuando se pierde la autoridad natural y se distorsiona la autoridad delegada, se hace necesario la elección para mantener la paz social y ejercer el control en la vivencia de la comunidad. Para lograr esto se crea un marco legal, por medios democráticos, y se nombran líderes, que reciben de la mayoría el poder para desempeñar una autoridad que ha sido definida previamente por las normas aprobadas por esa misma asamblea. En esta situación nace la autoridad democrática, o electa.

Frente al clericalismo impuesto por el catolicismo romano en la edad media, las iglesias evangélicas han preferido el sistema congregacional de gobierno, apoyándose para ello más en la democracia que en la jerarquía, pero ésta también presenta muchos problemas “de formas”, que pueden dañar la vida y la salud de la iglesia como ya hemos analizado.

AUTORIDAD IMPOSITIVA

Es la autoridad que se establece usando la fuerza psicológica o física. El origen y evolución de este tipo de autoridad es compleja. Puede nacer dentro de cualquiera de los tipos ya mencionados.

La autoridad natural o paternal puede convertirse en una dictadura, principalmente cuando el hombre acentúa sus derechos exclusivos, y no se sujeta a las leyes establecidas. También la autoridad delegada puede ser usada despótica-mente, tomándose derechos que no recibió, y actuando contra el mismo orden que lo constituyó, pues una vez controlado el poder, se corrompe y abusa de éste. Ya sea por medios de fuerza, manipulación o extralimitación en funciones, la autoridad impositiva surge en cualquiera de los dos sistemas anteriores.

Este tipo de autoridad predomina en personas con carisma, que poseen ambiciones de poder, o arrastran problemas emocionales, por lo cual caen en la mentira del diablo, que les hace pensar que “el fin justifica los medios“.

Los que se apoyan en este tipo de autoridad para gobernar una iglesia, se colocan como “superiores” a los demás, siendo igual a una jerarquía. Se olvida de que el buen líder debe ser un modelo, que no se vea, sino que se fusione con todos los demás como uno más.

LOS PELIGROS DEL MAL USO DE LA AUTORIDAD.

Cuando la autoridad espiritual no emana de relaciones normales (que da aceptación), o de la delegación (el llamamiento de Cristo), tiende a convertirse en despótica y destructiva. Incluso esto puede ocurrir teniendo los dos elementos correctos ya mencionados (RELACIÓN«DELEGA-CIÓN). Si no somos fieles a la Palabra, al Espíritu y al Amor, la autoridad puede degenerar en “autocrática o paterna-lista[1]. Cualquiera de estas dos tendencias producen daños terribles en la vida de la iglesia. Ejemplos: Problemas emocionales, divisiones, grupos que se convierten en APÁTICOS, rebeldes etc. Unos, para evitarse conflictos, se quedan al margen de la problemática como PASIVOS, por miedo a ir contra la “autoridad” puesta por Dios. Otros se vuelven AGRESIVOS, rebelándose y resistiendo a este tipo de líder, creándose entonces conflictos de relación que destruyen la congregación.

Cuando aparece una autoridad “despótica” y manipula a las personas con el término “hay que respetar al ungido de Jehová” se debe confrontar con la obediencia a la Palabra antes que a los hombres, pues no siempre la obediencia es una virtud y la desobediencia un pecado. Al respecto escribe el pastor Alfonso Ropero referente a los líderes que manipulan las iglesias lo siguiente:

“Obedecen a inclinaciones personales de autoafirmación y deseo de dominio. No tiene nada de cristiano. Favorecer el personalismo más extremo y ahoga toda libertad de pensamiento y todo atisbo de reflexión crítica, bajo la terrible y siempre presente amenaza de expulsión por <<disensión>>[2]

En un estudio, el pastor José L. Gómez Panete[3]  define el principio que distingue a una autoridad dentro del liderato de la siguiente manera:

“El líder debe buscar la homogeneidad en el pluralismo. El mensaje de Dios a los hombres está fundamentado en esta idea central de FUNDIRSE UNOS CON OTROS (así como el Padre y Yo somos uno), por lo tanto, él quiere romper nuestro individualismo egoísta, pero no nuestra propia personalidad. Si perdemos nuestra propia personalidad, no seremos absolutamente nada, sino máquinas, cifras, seres usables… Cualquier líder que quiera manipular la personalidad de sus colaboradores no es un líder; es un déspota, huyamos de él”.

El abuso de autoridad es tan negativo, como también lo puede ser la falta de ésta en la formación de las vidas en Cristo, pues los extremos son peligrosos. El complemento de una correcta formación está en el uso proporcional de la autoridad, como método de corrección y dirección. Sí es cierto que el exceso daña la vida y la salud de las personas, produciendo rebeldía, amargura, resentimientos, odios, divisiones, contienda, soberbia, pleitos, etc., también la falta de la misma puede producir una liberalidad que como dice el Rev. Andrés Carrodegua:

Todo es bueno. Apenas unidos por el afecto, o por algún objetivo común… por lo que se elimina toda relación que pudiera ser educativa

Dando origen a que cada hermano, usando sus derechos personales, haga lo que le da la gana. Así los ministerios pierden la capacidad de exhortar, reprender, disciplinar y guiar a la comunidad por los caminos de la santidad, hacia la meta de la perfección, y se origina un anarquismo espiritual que mata el SEÑORÍO DE CRISTO.

Es importante saber distinguir cuales son las actitudes que definen a una persona como una autoridad “despótica” o se practica la “tiranía de los santos”. Jorge Erdely[4] nos presenta algunas facetas típicas de los “ministros autoritarios”[5] y es bueno reafirmar estos principios que son:

1- Desarrollan técnicas de manipulación, difamación y des-crédito a los que no acepta su autoridad.

2- Usan mucho de la manipulación emocional.

3- Siembran el miedo y la inseguridad en sus seguidores.

4- Practican el terrorismo religioso. Una especie de que si no te sujetas a el “siervo” recibe juicio.

5- Enfatizan mucho la autoridad y la sujeción.

Yo complementaría este análisis añadiendo el hecho de que forjan una actitud burocrática, materialista y empresa-rial en torno a su trabajo y su persona.

Para que la autoridad no se degenere, se debe compensar con estos elementos:

Œ Que toda autoridad se ejerza en la PALABRA DE DIOS, y no demandemos más de lo que nosotros mismos estemos dispuestos a dar con nuestra vida y ejemplo. Lo contrario sería hacer FARISEÍSMO. Recordemos que la autoridad nace del ejemplo.

 Ejerzamos la autoridad estando bajo autoridad, tanto espiritual como física, tratando[6] siempre de compartir las decisiones con un consejo de ancianos. Es imposible tener autoridad hacia abajo si uno está insujeto hacia arriba. Una mano fuera de un cuerpo no tiene vida.

ŽQue defina claramente hasta donde puede intervenir en la formación de una vida. Que acepte mis limitaciones y no anule nunca el papel del Espíritu Santo en la vida del creyente. No podemos cambiar ni manipular la conciencia. El deber es confrontar al discípulo con la Palabra de Dios, y no imponer normas legalistas por medios carnales o imperativos. Lo que no obedece a convicción, no agrada a Dios.

Demanda de todo aquel que reciba una autoridad delegada, fidelidad en la misión encomendada, pues de esto dependerá que se mantenga la unidad de enseñanza y trabajo. Recuerda que la autoridad debe forjar el trabajo en equipo y no anular su personalidad o calcar la imagen del líder en sus colaboradores. Se debe formar el carácter respetando el criterio, reconociendo que hay áreas en la vida de un discípulo en donde sólo puede entrar el Espíritu San-to. No puede producir duplicados de mí, aunque si modelos de conducta.

Que someta toda decisión importante a un consejo de ancianos o gente madura, antes de actuar, pues; “en la multitud de consejos, hay seguridad” (Prov 11:14), y es riesgoso actuar en algunas áreas tomando uno sólo todas las decisiones.

Cuidémonos de no cometer abuso de autoridad, esto es dañino y peligroso. Hay que equilibrar la acción de gobernar con el hecho de vivir. Si estos dos elementos funcionan en armonía, los resultados serán positivos, y forjaremos relaciones sanas y bíblicas.

CONCLUSIÓN

Debemos tener en cuenta que es necesaria la autoridad, pero para ello hay que tener un criterio bíblico que nos ayude a frenar su abuso. Entender que toda sujeción tiene que ser “lógica y bíblica”. San Pablo aconseja, tanto en la relación, como la adoración y en el culto cristiano que se actúe usando nuestro raciocinio, promoviendo “un culto racional” (1 Cor 12:1).

Una sujeción más allá de lo bíblico sería servil, manipuladora y desvirtuante de nuestra personalidad. Aun las mujeres deben sujetarse a sus maridos “como conviene en el Señor” (Col 3:18), y si éstos se salen del Señor, que es su cabeza, la mujer en tal caso no deberá estar sujeta a una autoridad que se convertirá en despótica.

Hay que tener cuidado al usar el derecho de padre, ministro o apóstol, para que no caigamos en un abuso autoritario que haga afrenta a la realidad bíblica de una relación que se fundamenta más en “darse” que en “demandar”, pues sin lo primero -darse- es imposible llegar a lo segundo -demandar-.

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[1]-El Rev. Andrés Carrodegua define la autoridad autocrática como aquella tendencia dictatorial del hombre en relación a un grupo. Un único adulto, y los demás sólo ejecutan sus órdenes, pudiendo tener apariencia de democracia. El paternalista, – dice-, es una forma sutil de dictadura donde el líder es “bueno como papá”, ejerciendo una presión de tipo afectivo: amor-odio.

[2] – “La Renovación de la Fe en la Unidad de la Iglesia” Alfonso Ropero. Editorial Clie, Barcelona, 1995. Página 61.

 [3] José L. Gómez Panete es un prominente pastor de la Iglesia Evangélica en  C/ Murillo Nº 8 en Palma de  Mallorca. Él ha elaborado estudios muy profundos sobre temas de discipulado.

[4] – Ministro mexicano que salió de un grupo cuyas prácticas considero dudosas por el abuso que hacían de la autoridad. Fundador de Ministerios Bíblicos de Restauración. Su libro “Cuando el sistema no funciona” revela los abusos que cometen algunos grupos que practican la “tiranía de los santos”.

[5] – “Pastores que Abusan” Jorge Erdely. Editorial MBR, México, 1994, página 81-87.

 [6]- La autoridad espiritual nace como producto de una relación personal y paternal, y se edifica con el ejemplo y la entrega. La autoridad institucional es la establecida por el régimen legal existente, dentro de un régimen democrático.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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