LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -19-

Mario E. Fumero

COMO PROYECTAR LA ENSEÑANZA

Tomado del libro de Mario E. Fumero

Queremos exponer brevemente las bases de una verdadera enseñanza bajo el principio del discipulado. Recordemos que para hacer discípulos necesitamos algo más que una conferencia o sermón, o una clase, pues la meta no es hacer doctores ni especialistas de la Biblia, sino formar las vidas y el carácter de los creyentes, para que reflejen la plenitud de Cristo, y para ello se necesita someterse a la sujeción voluntaria del Señorío de Cristo a través de la Palabra, y que la misma se manifieste en ejemplos concretos.

LAS CAUSAS DEL FRACASO

Uno de los mayores fracasos que han experimentado las iglesias y organizaciones cristianas en nuestros tiempos es la forma de fabricar cristianos; esto es, reproducir la vida de Cristo usando moldes, duplicados sin originalidad. Consideramos más importante la cantidad de creyentes que tenemos en un edificio, que la calidad de vida que tienen en su hogar o trabajo, y éste es un grave error.

Actualmente tenemos los templos llenos de luces que sólo brillan debajo de la mesa, o sal almacenada en graneros, mientras que el mundo se pierde. Nuestro fracaso está en que le damos tanta importancia al “conocimiento” que olvidamos el vivir. Sabemos mucha Biblia “en letras”, pero en vida y espíritu; “NO HAY NADA“. Estamos vacíos, y es que hacemos tanto ruido con nuestra forma de vivir, que la gente no puede escuchar nuestras palabras, o no pue-den creer en ellas porque del dicho al hecho, hay mucho trecho (2ª Cor. 3: 2-6).  Somos conscientes que la realidad cristiana se respalda por nuestro testimonio, y no por el simple conocimiento, experiencia o palabra.

Continuamente encontramos en la Biblia expresiones como: “No es decir Señor, Señor, sino hacer su voluntad. El que escucha mi palabra y la vive, ése es mi discípulo, no seáis oidores, sino hacedores; sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando, haz esto y vivirás,” etc.  Mt 7:21, Jn 15:14, Sant 1:19. Esto demuestra que lo importante, no es conocer, sino vivir.

La iglesia primitiva carecía de Biblias impresas, tratados, libros de teología, seminarios, etc., pero tenían algo que a nosotros nos falta: Testimonios vivos de esa Palabra. Nosotros nos quedamos con la palabra impresa y perdimos los testimonios vivos. Para que me entiendan mejor, compararé lo expuesto a un ingeniero que diseña un avión, pero nunca lo fabrica. ¿Para qué le sirve entonces el plano, y las horas invertidas en el mismo? Ha perdido su tiempo y su trabajo.

Lo que actualmente necesitamos no es tener una Biblia hecha al gusto del cliente, ni seguir un plan de estudio tipo escuela teórica, sino conocer y vivir la realidad del Espíritu, hasta alcanzar la ESTATURA DE LA PLENITUD DE CRISTO. (Ef 4:13)

Para lograr producir “HACEDORES” en vez de “OIDORES”, tenemos que entrar a las Sagradas Escrituras con una mentalidad abierta, no tradicional, ni de estudios tras estudios, o sermones tras sermones, o temas tras temas, porque esto se pierde en el vacío, sino en actitud de obediencia para formar el carácter.

Si damos mucha comida de una vez, se produce una indigestión. Si transmitimos una enseñanza y en seguida otra, sin haber dado tiempo a practicar la primera, (esto sería equivalente a digerir) ocurrirá lo mismo, formaremos tan solo “OIDORES POR DOQUIER, QUE SABEN TODA LA BI-BLIA”, pero no tienen tiempo de vivir nada.

Como primer pasó para iniciar un discipulado, debemos ir a la Palabra con un criterio claro de lo que es “formación” -conservación-, y no tratar de satisfacer un interés de curiosidad o conocimiento vano. Para lograr esto debemos considerar algunas pautas y la primera de todas es como leer y estudiar la Biblia.

CÓMO LEER Y VER LA BIBLIA

Muchos tienen la Biblia como si ella fuera “un Dios”, como si lo sagrado fuera la letra impresa, y hasta rin-den culto a ella -bibliolatría-. “No la dobles, no la estrujes, no la marques,” etc.  Una vez le pedí a un hermano la Biblia prestada, y noté que estaba nueva. Habían páginas todavía pegadas de fábrica y le pregunté:

-¿Cuánto tiempo hace que la tiene?- y me respondió sonriendo: -Me la regalaron hace 5 años-.

-Y la tiene como nueva-, le dije. El hermano tratando de justificar lo injustificable respondió:

-Es que la cuido mucho, como dice la palabra “guárdala”-.

¡Vaya si la cuida! No la lee para que no se le gaste.

La Biblia es para gastarla, usarla, marcarla. No es una reliquia, es un libro de estudio. La Biblia revela la realidad, pero no es la realidad, pues con solo saberla no podemos llegar al cielo, hay que vivirla. La Biblia nos muestra la luz, pero no es la luz. La Biblia nos muestra el perdón, pero no es el perdón, pues por el simple hecho de poseerla no tengo la salvación. La Biblia nos muestra el Espíritu Santo, pero no es el Espíritu Santo. Podemos tener la Biblia puesta en un altar prominente en nuestro hogar y, sin embargo, estar fuera de la VIDA DEL ESPÍRITU. Lo primero que tenemos que tener en mente es que la Palabra nos da letra, conocimiento y verdades, pero todo esto no vale nada si no lo experimentamos en nosotros mismos.

No es tener un mapa y ver un camino, pues esto no es nada en comparación con andar por él, viendo todos sus detalles. El mapa es la sombra de la realidad; el camino es la realidad de la sombra. La Biblia es la sombra de Dios; la experiencia y la vida con Dios es la realidad vivificante. (2ª Col. 2:17; Heb. 8:5)

Debemos evitar la bibliolatría y reconocer que no es citar la Palabra lo que vale, sino el vivirla (recuerden que hasta Satanás citó la palabra de Dios en la tentación de Jesús en Mateo cap. 4). Tampoco debemos usarla como un libro que nos debe decir lo que debo de hacer en cuanto a adivinar el futuro,  practicando la “bibliomancía” que es abrir la Biblia al azar, y escoger un texto con los ojos cerrados y decir: -Señor, lo que tú digas aquí eso será lo que haré-.  Y qué tal si el texto que te salga sea ese que dice; “y Judas se ahorcó”. ¡NO! La Biblia no es un libro de adivinación, sino de dirección y transformación.

“Somos cartas escritas, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo“.   1 Corintios 3:3

Pero ¿cómo leer la palabra para buscar en ella la vida que nos lleva a la realidad? Lo primero que tendremos que evitar es tratar de usar ésta para ajustarla a nuestros deseos y caprichos. Esto consiste en formar mi propio evangelio y doctrina, sacando un pedazo de texto de aquí, otro de allá y otro de más allá, formando el “Evangelio San Conveniencia”, que es el quinto evangelio o el evangelio según San Evangélico; Tomo lo que me gusta, y paso por alto lo que no me agrada.

El evangelio según San Conveniencia es aquél en el cual me apoyo cuando quiero hacer lo que me da la gana. Es cuando voy a las Escrituras para buscar sostener mis decisiones preconcebidas, y justificar mis errores. Ejemplo: No quiero sujetarme a nadie, y busco textos que me apoye, mutilando el sentido, el marco y los contextos, y formo así mi propia doctrina. Otro caso es el que desea dividirse, por orgullo, y extrae de la Palabra algo que parece bíblico, y eclipsa el amor “que todo lo soporta“, para dar lugar a su jactancia espiritual, mutilando el cuerpo del Señor, que es su iglesia. Otro ejemplo es cuando predicamos un mensaje tomando sólo las “OFERTAS DE DIOS”, escondiendo las demandas, porque quizá, al verlas, no levanten las manos, y se vayan del culto. Es mejor decir: “Acepta a Cristo porque te ama, y no hay ningún compromiso”, a decir: “Acepta a Cristo, toma su cruz y síguele. Sométete a Él en todo, y serás hijo de Dios”.

Cuando presentamos lo que a la gente le gusta, y ocultamos lo que puede disgustarle, para ganarlo para Cristo, estamos predicando un evangelio mutilado, manipulado, no bíblico, y esto es contrario a la realidad de la misma Palabra. (Apocalipsis 22:18-19)

Actualmente estamos llenos de predicadores de “vendas mágicas”[1] que ofrecen un evangelio en donde no hay ningún dolor, anunciando que “dejarán de sufrir” si reciben a Cristo. Otros los atraen despertando, con el evangelio mutilado, la ambición, alentando el deseo de prosperidad, ofreciéndole a la gente riquezas terrenales como objetivo primordial de la fe. Otros ofrecen un evangelio de fantasía, y algunos un evangelio que te hace “Superman”, escondiendo la realidad de las pruebas, tribulaciones, dolo-res, enfermedades, persecuciones, dificultades y los días malos.

Hay que dar la realidad de Jesucristo con todas sus exigencias y bendiciones, pues la salvación se adquiere mediante la proclamación de su Señorío, que nos hace siervos sujetos a su voluntad.

Para evitar una generación de “CRISTIANOS A SU MANERA”, tendremos que formar discípulos que vayan a la Palabra con bases sólidas, para buscar la realidad de Dios, y VIVIRLA, y no la SOMBRA DE DIOS, que es “conocimiento”. Lo primero que tomaremos en cuenta para lograr esto es saber cómo leer las escrituras: Debemos estudiarla en su conjunto, libro por libro, capítulo por capítulo, versículo por versículo. Lo importante no es un verso aislado y unido a otro de otro libro, pues, originalmente, la Biblia no fue escrita con la división de libros, capítulos y versículos, como la tenemos, sino que era todo un conjunto, como una carta que tú o yo podamos hacer. Por ejemplo, la epístola a los Tesalonicenses se escribió primero (51 d.C.) que la de los Filipenses (62 d.C.), sin embargo, aparece después. El libro de los Hechos se escribió mucho después de algunas epístolas, y es el quinto libro del N. T., etc.

Cuando los escritores bíblicos escribieron, no pensaron en lo más mínimo que se colocaría en el orden actual, ni que se dividirían en versos y capítulos. Una Epístola es una carta escrita como tal, sin división de capítulos y versos. Así que debemos estudiarla como tal, no mirando los versos y capítulos, sino el tema y la idea de conjunto. Para ello debemos saber antes de leer un libro de la Biblia, lo siguiente:

  1. Quién escribe y por qué escribe.
  2. Fecha y lugar dónde fue escrita y para quién.
  3. Costumbres de la época, marco histórico y geográfico.

Llamaremos a este sistema de estudio por libro: “CONOCIMIENTO DE CONJUNTO“, porque buscaremos en cada libro verdades y realidades para provecho nuestro a través del conjunto del escrito. Es importante el conocimiento de conjunto, tomando en cuenta los contextos, pues; “conocido es de todos el fenómeno que ocurre en la interpretación bíblica, cuando se cae en errores importantes a causa de confundir o no tener en cuenta algunos de los posibles contextos existentes: sintáctico, semántico, histórico, cultural, teológico, intencional, etc. El conocimiento del contexto no sólo tiene un efecto clarificador, sino también activador sobre los esquemas mentales[2].

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[1] -Es interesante el enfoque de Ezequiel 13:18-23 sobre los que profetizan y ofrecen al pueblo falsas esperanzas con engaño y mentiras.

[2] – Del libro “El Cristiano y la Mente” Dr. David Solá. Editorial Clie.1996. Página 22.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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