LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -18-

Mario E. Fumero

LA IMPORTANCIA DEL DISCIPULADO

Tomado del libro de Mario E. Fumero

Hemos visto como a través de los años los cristianos han creado estudios teológicos, conferencias, charlas y convenciones para hacer crecer la iglesia de forma fuerte y poderosa. La moda actual es lo cuantitativo. Por ello es que las ideas pragmáticas se han adueñado de muchas iglesias, las cuales han diseñado esquemas que podemos definir como “a-teológicas,”[1] referente a una serie de principios que tratan de forjar las mega-iglesias o al fenómeno que se ha dado por llamar “iglecrecimiento”.

CORRIENTES CONTRARIAS AL DISCIPULADO

Para los que siguen las corrientes filosóficas de la “a-teológica”, lo importante es crecer, buscando para ello el método más factible y de moda, que pueda atraer más cantidad de gente al culto. Aquí lo que cuenta es la asistencia, cuanto más mejor. A esto le llaman avivamiento[2].    

Para tal fin se han establecido sistemas de gobiernos, enseñanzas, campañas evangelísticas, seminarios de crecimiento, métodos artísticos; conciertos, desfiles, y estrategias programadas en el trabajo del evangelismo con metas cuantitativas, programas de ordenadores que enseñen de forma fácil toda la verdad de Dios acerca del hombre, la salvación, la iglesia y el crecimiento. Nos enfrentamos a un modelo de iglesia tecnológica y tecnócrata. Se ha hecho del pragmatismo un principio que opaca la verdad revelada.

La numerología[3] se ha convertido en un parámetro con el cual se miden los avivamientos y el éxito. Es una obsesión en muchos pastores alcanzar cantidad, pues se mide el éxito por lo grande que puede ser una iglesia, o por lo rápido que ésta crezca. Debemos aclarar que no es suficiente reunir mucha gente en un culto para juzgar un “avivamiento o éxito”, sino que tenemos que ver la vida de esas personas, y juzgar si no hay deserciones. En realidad las grandes iglesias ganan mucho, pero a la vez pierden otro tanto. Además una gran mayoría de sus adeptos proceden de otras iglesias pequeñas, son tránsfugas, emigrantes, desertores, prosélitos.

Deseamos un crecimiento acompañado de un cuidado de las vidas que confiesen al Señor. Es aceptado por todos que lo más difícil no es parir, sino criar. En la iglesia de hoy lo más difícil es formar una vida -criarlo en la fe-, pero ganarlos para Cristo -parirlos-, es fácil, máxime cuando el ser cristiano se convierte en “moda”.

No puedo negar que el pragmatismo, al infiltrarse del mundo secular a la vida de la iglesia, ha traído aparentemente “buenos resultados”, pero sus métodos y la calidad de cristianos que produce, son muy cuestionables.

En un estudio realizado por Christian A. Schwarz en más de mil iglesias que crecen en todo el mundo, él llegó a la conclusión que las ideas pragmáticas han desvirtuado el discipulado cristiano, a lo que él llama “proceso biótico”, y yo denomino “crecimiento natural” en base a la vida física; nacer, crecer y reproducirnos. Schwarz afirma respecto a los peligros que ofrecen las ideas pragmáticas lo siguiente: “Una de las características básicas del concepto de la vida del pragmatismo (la expresión no ha sido inventada por el movimiento de iglecrecimiento, sino que ha sido incorporada del mundo secular) es su carencia de principios. Por su raíz, el pragmatismo quiere decir el rechazar categóricamente principios de validez general… En el planteamiento pragmático existe el peligro de que el criterio del éxito, bajo cuerda, se haga la norma teológica propiamente dicha. En el lenguaje secular se suele decir: <<No hay nada de mayor éxito que el mismo éxito>>. La variante cristiana de este lema es: <<Bueno es lo que lleva a un crecimiento numérico de la iglesia. Cuando numerosas personas se reúnen para celebrar el culto, es esta la mejor prueba de que esa iglesia también teológicamente se encuentra en el camino recto>>Los pragmáticos tienden a imaginarse con sabiduría humana lo que consideran correcto para el Reino de Dios. Con ello pierden de vista que, en ocasiones, la lógica divina se rige por otras leyes”[4].

Es por ello que actualmente el trabajo del discipulado ha sido marginado o programado como un plan acelerado de crecimiento. Es igual que darle a un bebé vitaminas y minerales, junto a medicamentos que aceleren su crecimiento, para que sea un adulto en seis meses. ¿Cuál sería el resultado de esta acción? Un fenómeno. La idea de lo rápido, fácil, se ha adueñado de lo natural y biológico.

LOS PELIGROS DEL PRAGMATISMO

La degradación en la calidad es casi siempre el efecto de pensar en la cantidad, y poner ésta como meta. En sí lo que busca las ideas pragmáticas es acelerar, de forma mercantil, el resultado del crecimiento, acudiendo a cualquier patrón funcional, aunque en el mismo no hayan principios, o atenté contra la naturaleza del cuerpo. Un ejemplo está en los atletas de fisicoculturismo, que para obtener volumen de forma fácil, y ganar un campeonato, usan anabolizantes y drogas que aceleran el volumen de forma artificial, dañando el hígado. También tenemos el ejemplo de los que engordan pollos o terneras de forma acelerada, para su venta, dándoles hormonas y químicos que producen un crecimiento artificial, pero hacen daño a la salud humana. Pero esto ¡no importa!, lo que vale es ganar dinero, y producir de forma rápida.

El resultado final del pragmatismo lo define muy bien Schwarz al afirmar:

“El modo de pensar pragmático se puede convertir fácilmente en terreno abonado para un dudoso oportunismo bíblico. Dejar que la bandera ondee según el viento, adaptarse de modo superficial a la moda de actualidad, aplicar métodos manipulables de marketing, colaborar con sistemas políticos corruptos -y todo ello en  apariencia para el bien de la iglesia y su crecimiento-, todo esto es también con-secuencia del planteamiento pragmático, aunque en esos casos sólo cuantitativamente. El pragmatismo tiene por naturaleza una inclinación hacia el oportunismo”[5].

Considerando esta realidad, cabe preguntar: ¿Cómo lograr que lo cualitativo pueda ir de la mano a lo cuantitativo? Creo que a lo largo de este libro hemos planteado las posibles respuestas, pero queda algo más que añadir al respecto.

No niego que el hombre, en su sincero deseo de ayudar a Dios, ha creado todas estas “técnicas” evangelísticas que han tenido y tienen su valor dentro de algunas situaciones y lugares, pero lo que no debemos ignorar es que no existe mejor método para formar vidas, y crecer como iglesia, que el patrón bíblico establecido por Jesús, aunque lo podemos complementar con los recursos disponibles en el siglo XXI.

Pero ¿cuál es este método Cristocéntrico? Su principio radica en la relación dentro del esquema de un discipulado, y es bueno concienciarnos con este término: DISCIPULADO. Su término griego “MAZETÉS” y en hebreo “TALMID”, encerrado un secreto de formación en relación y ejemplo, por medio de la cual enriquecemos nuestra vida, más que por métodos didácticos, pragmáticos o intelectuales, pues da una relación profunda de amor y servicio. En la iglesia no debemos ser bultos o números, debemos ser hermanos que nos amemos “con amor fraternal” (Ver Romanos 12:10, 1 Pedro 1:22).

EL DISCIPULADO NO ES UN MÉTODO

Debemos aclarar que el discipulado no es una imposición, ni un sistema de gobierno estructural. Tampoco es un método que se puede implantar arbitrariamente, obligándonos a sujetarnos unos a otros dentro de un esquema piramidal de mando. Quizá el fracaso del discipulado nazca de la mala implantación que del mismo se ha hecho por algunos que lo han usado para ejercer una autoridad hegemónica.

Tampoco el discipulado es un cursillo estilo cátedra, en el cual, después de un tiempo, tomas un examen, apruebas la materia, y recibes un título de “discipulador”. El concepto del discipulado es más que todo esto. Nace en la relación, en la formación del carácter, en unos principios que se transmiten más por la vivencia y paternidad espiritual, que por normas y métodos de enseñanzas.

Se es padre, no por haber tomado un cursillo en paternidad, o por el hecho de que adopte a un hijo ya criado, y le imponga mi paternidad jurídica, sino porque lo engendro y lo crío. La posición de padre es una función, no un título. De igual forma el discipulado se compara en las epístolas paulinas como un principio de paternidad espiritual,[6] relacionada con el hecho de tener hijos (espirituales) en Cristo, a los cuales “engendramos” en sentido espiritual, para criar-los con la leche y vianda que nos proporciona la Palabra de Dios, como una madre que cuida a sus hijos con ternura: “Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos” 1 Tesalonicenses 2:7

Los métodos siguen patrones, pautas generalizadas, mientras que la formación del discípulo no debe estar sujeta a “patrones fijos de enseñanza”. Se debe ajustar a la necesidad individual de cada persona, como cuando un hijo necesita un trato específico de acuerdo a su carácter y temperamento. La autoridad impuesta por medio de métodos se puede convertir en jerarquizante y vertical, no dando lugar al amor, como fuerza que nos lleva a la obediencia. Debemos comparar la formación y relación como la característica que cada uno tiene en sus necesidades físicas. No todos usamos la misma talla de camisa o zapatos, de igual forma. Y según vamos creciendo, el tamaño de la ropa puede variar. Así es la relación formativa, tanto del discípulo como de la Iglesia, cada etapa y cada situación tienen sus propias necesidades, y por lo tanto no podemos crear parámetros generalizados en la formación de vidas.

El discipulado se fundamenta en el ejemplo del maestro, que produce en su discípulo una realidad viviente de la Palabra de Dios. De ese ejemplo nace la autoridad que conduce al Señorío de Cristo, y como consecuencia, al sometimiento voluntario por medio de la Palabra, cuyo factor es básico para poder guiar al discípulo por el camino de la humildad, a la formación del carácter. Este principio se llama “sujeción”, y aunque muchos abusan de ella para avasallar a su prójimo, imponiendo, como los fariseos, normas rígidas de disciplina carnal, hay reglas que regulan los límites, para evitar que los maestros no actúen más allá de lo ordenado, y usurpen el lugar del Espíritu Santo en la vida del discípulo.

Si el discipulado no es un método, ni un cursillo; ¿qué es?  Es una forma de convivir en comunión para formar una relación de cuerpo entre miembros con miembros, hasta que lleguemos a la unidad de la fe en aquél que es la cabeza de todos, Jesucristo. Es por ello que vamos a definir la necesidad de entender cuáles serían las reglas más importantes dentro de la formación del discípulo, para así poder restaurar una iglesia decadente en sus principios apostólicos, pues ha perdido los conceptos de cuerpo, los cuales son básicos para asumir la función que como discipuladores debemos tener, y ha dado cabida al pragmatismo mundano que hace de los seres humanos un número, una meta, un resultado cuantitativo, sin importar la vida o las necesidades interiores.

CONCLUSIÓN

Debemos comenzar a formar un discipulado dentro del crecimiento, y no divorciar la calidad de la cantidad.  Hay que elaborar un esquema de formación, y asumir que esta etapa es la más importante para la salud de los creyentes. No debemos enfatizar la evangelización como lo más importante en la vida de la Iglesia, pues una evangelización sin conservación es equivalente a un aborto natural. Ganar a uno para Jesús es importante, pero el lograr que “persevere hasta el fin” es mucho más importante. No dejemos que lo numerológico eclipse la realidad de la formación y madures espiritual.

Vamos a dejar una ideas para su estudio, en ella mostramos las características que deben de tener todos aquellos que hagan discípulos.

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[1] – A-TEOLÓGICA: El hecho de presentar una enseñanza como “teológica” pero sin contenido de base bíblica sólida, por lo que se expone una idea de origen filosófico que tomando razonamientos pragmáticos establece criterios de índole eclesiástico.

[2] – El verdadero avivamiento debe seguir otros parámetros además del crecimiento numérico. Según Hechos 2:38-47 debe ir acompañado de: Arrepentimiento, bautismos en agua, poder del Espíritu Santo, perseverancia en la doctrina, comunión unos con otros, unanimidad en el sentir, alegría, sencillez y espíritu de servicio con todo el pueblo. Cuando estos elementos acompañen un crecimiento, entonces sí hay avivamiento.

[3] – Al respecto comenta Alfonso Ropero: “Tantos miembros…, tantas iglesias plantadas…, tantas salidas a predicar al extranjero…tanto vales. Estamos llenos de la <<numerolatría>>, ya denunciada por otros” Del libro “La Renovación de la Fe…” Editorial Clie, 1995, página 67.

[4] – Tomado del libro “Las 8 Características Básicas de una Iglesia Saludable” Editorial Clie. 1996. Páginas 100-101.

[5] – Idem al anterior, página 102.

[6] – Pablo se refiere a Onésimo como fruto de una paternidad, pues afirma “a quien engendré en mis prisiones” Filemón 10. Estableciendo el principio de la paternidad espiritual.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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