LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA -17-

Mario E. Fumero

CONDICIONES PARA SER DISCÍPULO.

MATEO 16:24

 

Tomado del libro de Mario E. Fumero

El camino del discipulado no es fácil, por eso muchos optan por ser simples creyentes, sin comprometerse en una cobertura espiritual. Muchas congregaciones parecen orfanatorios o guarderías infantiles, pues todo el mundo anda por libre, son huérfanos, no tienen padres.

Muchas iglesias funcionan más como cines o clubes, a donde se va a buscar un sermón que los anime, en vez de una dirección o consejo de Dios para el diario vivir. Para ser discípulo hay que pagar un precio. Es importante entenderlo antes de tomar una decisión al respecto, pues sus demandas no son fáciles, y sólo con un verdadero compromiso cristiano podremos alcanzar la imagen de Cristo, pues el discipulado apela a la obediencia voluntaria, y no a la imposición arbitraria.

¿Cuáles son las condiciones que un cristiano debe aceptar para ser discípulo? Según Mateo 16:24, éstas son las demandas básicas que un discípulo debe asumir:Ê -Olvidarse de sí mismo es una condición indispensable para seguir a Jesús:

Ahora pensamos en Él, y su causa. ¿Qué significa olvidarse de sí mismo? ¿Para qué debemos olvidar-nos de nosotros mismos? ¿Qué significa entonces seguir a Jesús? ¿Por qué te parece que Jesucristo, nuestro maestro, demanda tal renunciamiento y fidelidad a su causa? Porque solamente por el camino de la obediencia podremos ser verdaderos siervos. “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. (Mateo 11:29)

Esta demanda no es algo fácil de asumir, igual que otras más; “Si alguno quiere venir en pos de mí, niégese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” Mateo 16:24.

Pero que implica este mandato del Maestro:

J –Niégese a sí mismo- Esto es equivalente a quitar tu “yo” para dejar que Jesús tome tu lugar. Él va delante, ahora todo lo tuyo es suyo…ya no te perteneces a tí, pues Él te compro con precio de sangre. Ese orgullo que tanto estorba tu vida cristiana debe ser sojuzgado a su Señorío para decir como San Pablo “ya no vivo yo, más vive Cristo en mí” (Gál 2:20).

VToma tu cruz. Esto no significa andar con una cruz al cuello o al hombro, sino más bien estar siempre listo a sufrir o morir. Cuando alguien veía a una persona atravesando Jerusalén con una cruz al hombro, sabía que iba a ser crucificado. Esa es la actitud de un discípulo. Estar dispuesto a todo. También significa que hemos muerto para nosotros y no nos importan las consecuencias de seguir a Jesús. Vivimos para El. Algunos creen que la cruz es una aflicción continua, pero ¡NO! La cruz es una actitud hacia la aceptación de toda adversidad en la obediencia a su Palabra, y no el vivir siempre con “complejo de mártir”.

 FSígame. Es un mandato imperioso a la obediencia, quizá sobre este principio debemos basar la sujeción. El Señor apela a un sometimiento voluntario a su llamado; sin ofertas, sin interés, sin búsqueda de protagonismo. Tan sólo seguirle, apelando por ello a nuestra actitud de sometimiento voluntario. No por medio de un evangelio de ofertas baratas, sino de entrega y compromiso.

También hay otras exigencias al respecto. Una de las más fuertes está en Mateo 16:25, cuando el Señor dijo: “Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará.

¿Qué es perder o salvar la vida? ¬ “Perder la vida” no es una cosa del otro mundo. ¿Acaso no nos esperaba la condenación y el infierno eterno? Sí, estábamos perdidos para siempre en el pecado y en las manos de nuestro enemigo. Ahora Cristo nos rescató. Nos compró para Él. Somos suyos, no nuestros. No éramos nuestros antes, sino siervos del pecado, ni somos nuestros ahora, somos siervos de Jesucristo. San Pablo nos dice:

Pero, ahora, libres de la esclavitud del pecado, han entrado al servicio de Dios. Esto sí les trae provecho, pues les da una vida consagrada a Dios y los lleva finalmente a la vida eterna” (Romanos 6:22).

Debemos pensar como un misionero que murió llevando el evangelio a las tribus aucas de Ecuador. El escribió en su diario poco antes de  su mortal aventura, lo siguiente; “No es tonto el que da lo que no puede guardar (la vida física) para ganar lo que no puede perder (la vida eterna)”[1].

            ­ “Salvar la vida”.  Hay muchos que no quieren entregarse completamente al servicio de Dios. Quieren vivir para sí mismos, hacer su propia voluntad. No quieren perderse en Cristo, olvidarse de sí mismos. Por eso dice que el que quiere salvar su vida, la perderá. Es decir, que el que quiere vivir para sí mismo, se perderá, pero el que vive para Dios, se salvará.

Ahora vamos a analizar la otra perspectiva del discipulado, que es servir al Señor sobre todas las cosas, estableciendo un orden de prioridades correctas. De ello nos habla Jesús en Mateo 10:37: El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no merece ser mío; y el que quiere a su hijo o hija más que a mí, no merece ser mío”.

  1. A) Esto es renunciación. Cristo está ahora antes que todos tus seres más queridos. Jesús se ha transformado en tu ser más amado. Esto no va en detrimento de tus parientes, ya que al poner a Dios sobre todas las cosas, tus parientes estarán más seguros de tu amor que nunca. Mi esposa puede estar mucho más segura de mi fidelidad cuando Dios está en el primer lugar de mi vida, porque el temor a su Palabra me llevará a vivir en sus mandamientos y no le engañaré. Sin embargo si ella estuviera en el primer lugar de mi vida, mi fidelidad no sería tan segura como cuando Dios es lo primero.
  2. B) Los hijos, la esposa, madre, padre, etc., serán más amados cuando se pone a Dios en primer lugar. Fue Dios quien dijo: “Amarás a tu padre y a tu madre”; “amarás a tu esposa como Cristo ama a la iglesia“, etc. Cuando colocamos a Dios en primer lugar, entonces toda la vida se ordena con tremenda facilidad, y todas las cosas van a su lugar por su propio peso. Entonces somos mejores padres, hijos, esposos y cristianos. Es una ley natural. Ser fiel con Dios significa ser fiel con mi prójimo.

Cuando no está Dios en primer lugar, nuestra vida está desordenada, y otras cosas empiezan a afectar mis relaciones familiares y personales, hasta que llegamos al caos y la confusión. Poner a Jesús como rey de la vida, en el centro de nuestro ser, será la solución definitiva para prevenir otros muchos problemas.

Desde otra perspectiva podemos decir que, a veces, el compromiso del discipulado y la entrega a la voluntad del Señor, nos obliga a hacer, no sólo una nueva escala de va-lores, sino incluso, un sacrificio de renunciación a las cosas materiales. En Lucas 14:33, el Señor nos dice:

“Así pues, cualquiera de vosotros que no deje todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo“. La versión revisada dice: “El que no renuncia a todo lo que posee“.

Debemos hacer del reino de Dios y su justicia nuestra mayor prioridad, y no afanarnos por las añadiduras. Pero ¿qué significa el renunciar o relegar las añadiduras a un segundo lugar?:

  1. I) Renunciar a lo que tenemos es vivir como si no tu-viéramos lo que tenemos. Todas las cosas mías, o que yo creía que eran mías, ahora se las doy al Señor; son de Dios. El es el dueño absoluto. Yo soy un mayordomo o administrador de los bienes que Él me ha dado. Cuando hago la paz con Dios, le devuelvo todo el derecho de propiedad. Renuncio a todo, pero el me lo deja para que lo siga usando, e incluso lo multiplica, pero reconozco que no es mío, sino de Dios. Este renunciamiento a todo lo que poseemos se con-vierte en una revolución en nuestras vidas. Nos ayudará a hacer la voluntad de Dios, ser hospedador y servir en todo, sabiendo que lo que tenemos no es nuestro, sino del Señor, y que su voluntad es que hagamos buenas obras, no para comprar el cielo, sino como expresión de gratitud y entrega a su Señorío. Este principio nos ayuda incluso a superar situaciones que nacen del apegamiento a las cosas materiales. Es por ello que la teología de la prosperidad choca con este postulado, pues no vivimos para tener, sino para servir y darle a Jesús todo el señorío sobre los bienes materiales.

Recuerdo que viajando de Córdoba a Extremadura (España) un 23 de diciembre del 1992, tuve un accidente. En esos días necesitaba más que nunca el automóvil, pero cuando lo vi chocado, y reconocí que yo era “el chofer del Señor”, y le dije a Él; “Señor, te han chocado tu auto, haré lo que pueda, pero tu chofer se quedó a pie, así que es tu problema”. Esto me ayudó a afrontar con tranquilidad esta situación, pues reconocí que: “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…” Romanos 8:28

  1. II) El que no hace esto, no puede ser discípulodel Señor. Sus Palabras son claras y categóricas: “El que no deje lo que tiene NO PUEDE SER MI DISCÍPULO“. Algunos grupos, que más bien actúan como sectas, se aprovechan de este principio para despojar a los que tienen para su propio beneficio. El asunto no está en “NO poseer nada y vivir como mendigo”, sino que las cosas que poseamos no nos impidan hacer la voluntad del Señor, y usar los bienes que poseo para su gloria, por medio de mi servicio. De manera que ahora mi automóvil no lo vendo, ni lo regalo, lo uso para el servicio del Señor, y yo me hago su chofer ¡Aleluya!. Pero si me lo robaran, o se rompiera, o no pudiera usarlo, de igual forma serviría al Señor. Las cosas las utilizo para su gloria, pero no me hago esclavo de ellas.

La perseverancia es otra condición requerida de los discípulos. Juan 8:31 dice: “Entonces Jesús les dijo a los Judíos que habían creído en El: Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”. ¿Qué quiere decir el Señor con esa expresión?: “Si ustedes permanecen (o perseveran) en mi palabra”? Veamos:

A ) Esto no es algo de un momento. No es una emoción pasajera. Es una vida que comienza y sigue desarrollándose. Es una carrera cuya meta es el cielo. Para llegar de veras a ser sus discípulos, debemos seguir firmes en su Palabra, en sus mandamientos, aunque no hayan emociones, ni experiencia de forma continua, y los días que nos toque vivir, aunque sean días malos, yo sigo firme, pues “se en quien he creído”.

B ) Estas cosas Jesús se las dijo a los que habían creído en Él. Tú que has creído en Jesús, estas palabras son para ti. Debes permanecer firme. Tendrás ayuda en las dificultades. Otros te ayudarán para que permanezcas firme. No cedas nunca a la tentación de abandonar el esfuerzo. Cristo te ayudará a salir victorioso en esta vida nueva que has comenzado, la cual seguirá en aumento como la aurora, hasta que llegue el día pleno.

En Juan 15:9, Jesús hace referencia a lo que es el efecto inmediato a una vida bajo el discipulado, pues dice: “Mi Padre recibe honor cuando ustedes dan mucho fruto, y así demuestran ser verdaderos discípulos míos”.

Es interesante ver como el Señor se hace patente cuando damos frutos y estos se expresan por medio de los discípulos en su vida diaria y práctica. ¿Qué frutos debemos de dar para Jesús?

¬ El fruto que Jesús nos pide según el contexto, es que hagamos discípulos a otros. Tal como el fruto de la higuera es un higo, y el de una vaca un ternero, así el fruto de un discípulo de Jesús es otro discípulo de Jesús.

­ Hacer otros discípulos, en primer lugar, hace que el Padre reciba honor y gloria. Pues es otra vida que adorará, honrará y le alabará al Señor. También, el hacer discípulo a otro demuestra que somos verdaderos discípulos de Jesús. Como dice el proverbio español: “de tal palo tal astilla“, si somos discípulos, haremos lo que El hizo, y obedeceremos su man-dato: “Hacer discípulos“.

LA IMPORTANCIA DE LA CONVIVENCIA

En Marcos 3:14 nos dice que Jesús:

 “Nombró a doce para que estuvieran con El… y para mandarlos a predicar el mensaje…“.

Pero sobre la forma de transmitir ese mensaje hay muchos escritos, incluso métodos, cursillos y teorías.

Se piensa que el enseñar es un principio basado en el aprendizaje mediante un sermón, una cátedra impartida, un cursillo, etc. Este es el grave error de muchos líderes religiosos, que produce algunos “mal llamados discipuladores”. Creen que con un cursillo ya se pueden graduar de maestros de discipulado, haciendo de esto un método de enseñanza, más que una forma de vida. No se es padre por estudiar “paternidad”, sino por tener un hijo, aunque el estudio nos ayuda a ser “mejores padres”. Lo que en sí nos da paternidad es la concepción de un hijo.

La base principal del discipulado no radica en un plan de estudio previamente delineado por temas, períodos y materias, sino en las relaciones personales que determinan las necesidades individuales dentro de la vivencia. Es formar un carácter cristiano y una templanza en la problemática diaria de la vida. Podemos aprender mucho de la metodología que Jesús usó con sus discípulos. Vamos a analizar algunos de sus principios en la formación de vida:

I : No hay mejor enseñanza que la enseñanza de la convivencia.

Si examinamos atentamente quienes fueron los mejores discípulos de Jesús, descubrimos que eran los que más convivieron con El. Aún desde el principio, dos personas preguntaron a Jesús: “Maestro, ¿dónde moras?” Jesús les contestó: “Vengan a ver“. El relato sigue diciendo: “y vinieron y vieron y se quedaron” (Juan 1:35-42).

Para Jesús la relación dentro de la convivencia era de vital importancia, pues así podía moldear a sus seguidores y trasmitirles con su vida los patrones de conducta que el Padre deseaba para su pueblo. No hay mejor manera de aprender que vivir al lado de alguien, además hay cualidades que solo se pueden aprender al vivir en relación. Ejemplo: El amor, la humildad, el servicio, el perdón etc.

II:”Nombró a doce para que estuviesen con Él“.

Debes procurar pasar la mayor parte del tiempo posible con tu maestro, buscar de él consejo espiritual. No faltes a ninguna reunión. Si faltas, que sea por razones justificadas, y comunícaselo. Trata de involucrar a toda tu familia en lo que haces. Se accesible a tus discípulos y procura tener siempre las puertas de tu casa abierta para cuando vengan a buscar ayuda. Sal con ellos al campo, ayuna, trabaja, evangeliza con ellos, para que así aprendan de tí.

III: “Nombró a doce para que estuviesen con Él y para mandarlos a predicar…

Luego que tú te vas formando junto a tu maestro, y te vas pareciendo a Jesucristo, entonces tú también tendrás tus discípulos, e incluso puedes alcanzar por medio de la multiplicación un ministerio. Serás ubicado en el lugar que Dios indique a tus superiores. Comenzarás a ser guía para otros. Pero primero debes “estar” con quienes te van a preparar, y la convivencia con tu maestro te capacita en la práctica.

En Hechos 1:1 se dice que Jesús comenzó a “hacer y enseñar“. Por convivir con Jesús, ellos no solamente oyeron lo que Jesús decía, sino que veían lo que hacía. Sé un observador de quien te dirige. A la vez, comienza a practicar lo que ves vivir en tus dirigentes; cómo son en su hogar, en el trabajo, en la vecindad. Así los que te rodean te mirarán a tí. Recuerda qué es “hacer y enseñar”.

No enseñes hasta que vivas lo que enseñas. Pero si el ejemplo de tus dirigentes es negativo, entonces busca otros patrones mejores. En tal caso, la sujeción no es bíblica. Si no hay un respaldo de ejemplo en tus líderes, tu vida va a decaer, pues es vital el ejemplo para hacer efectivo el discipulado, y tener autoridad. Si no vivo aquello que enseño y predico, me convierto en un hipócrita.

EL VERDADERO DISCÍPULO

 MATEO 7:24-29

Debemos ser entendidos de lo que el Señor demanda de nosotros, así es que: “…El que me oye y HACE lo que yo mando” será un hombre prudente. Este es el sabio que está edificando su vida espiritual sobre una roca firme. Nada le turbará, nada le hará volver atrás, nada le debilitará. Siempre permanecerá fiel, estará firme y confiara en que vendrá en aquel día junto a Jesús en su venida. Este es el discípulo verdadero, el que oye y hace, el que pone en práctica las enseñanzas, el que obedece, el que se sujeta. No el que dice “sí” a Jesús cada vez que le manda algo, sino el que ya ha dicho èç a Jesús una vez y para siempre, obedeciendo de forma espontánea y sostenida.

“…El que me oye y no hace lo que yo mando, es como un hombre insensato[2]…”.

Es verdad. Es una insensatez escuchar los mandamientos de Jesús, el maestro, y no obedecerlos. Todo el tiempo que ocupes en asistir a las reuniones, cultos, hogares, etc., es TIEMPO PERDIDO si no vives una vida recta, santa, conforme a las demandas del Señor. Sí, ¡tiempo perdido!, tan perdido como edificar una casa sobre la arena. Esto es escuchar y no hacer, no obedecer, no sujetarse a Jesús y a todo lo que El demanda.

De manera que para ser un verdadero discípulo de Jesucristo no es suficiente SABER algunas cosas, sino HACERLAS. Tú puedes informarte mucho acerca de Jesús, y puedes llegar a saber todo lo que sabe tu maestro, pero eso no te salvará, por el contrario, si no obedeces las enseñan-zas, Jesús te llama “necio”. Sí, -necio-, por la pérdida de tu tiempo y energías en nada. Todo ese tiempo, y energías gastados en escuchar, se vendrán abajo como una casa cuando está edificada sobre la arena, y sube el agua…El evangelio no se fundamenta en teorías, sino en vida.

Hoy mismo debes decidir si serás el hombre sabio o la mujer entendida, que oye y obedece. No pierdas tu tiempo, ni lo hagas perder a los demás. Sé un discípulo verdadero; poniendo en práctica todo lo que Jesús te manda.

Debemos ser conscientes que para ser discípulos de Jesús tenemos que haber muerto para nosotros mismo, y vivir para Él. Perfecciónate, para perfeccionar a otros. Cada día debemos ir pareciéndonos más a Jesús mediante la obediencia a sus mandamientos, y en forma concreta, y a través de oración, servicio y vivencias.

Un discípulo es uno que aprende de la vida de su maestro a vivir como Cristo quiere, y a la vez enseña a otros con su vida y sus palabras a vivir como su maestro, Cristo Jesús.

Un discípulo es uno que está convencido que debe unirse a Jesús para hacer discípulos a todas las gentes. Cada amigo, pariente, familiar, vecino y compañero de trabajo. Todos los que te rodean deben ser codiciados por tí para hacerlos discípulos. Este es un mandamiento imperativo, y el término imperativo es que no hay otra opción.

Y por último, recordemos las palabras de Jesús cuando dijo:          “Id y   haced discípulos…” y esta demanda es imperativa.

No hay misión más importante en la vida de la Iglesia que esta, lo demás es añadidura, complemento, hechos complementarios que revelan el amor de Dios.

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[1] – Tomado del libro “Portales de Explendor”.

 [2]- La palabra “INSENSATO” tiene en su raíz una connotación semejante a la de TONTO, o también necio.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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