JUGANDO CON EL  NOMBRE DE DIOS

Mario E. Fumero

Dice el tercer mandamiento de la ley de Dios;No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová AL QUE TOMARE SU NOMBRE EN VANO” ÉXODO 20:7.

Dentro del concepto ju-dío, ni siquiera se podía tomar el nombre de Dios para pronunciarlo, y mu-cho menos usarlo para cualquier asunto, hasta el extremo de que no se podía jurar por Él,  ni por nada de lo que se había hecho (Mateo 5:36). Sin embargo hoy día una de las tendencias más comunes en los movimientos apostólicos, es el tomar el nombre de Dios como una fórmula de dar una revelación para manipular las personas y explotar la fe.

TOMAR EL NOMBRE DEL ESPÍRITU EN VANO

La Biblia enseña que tomar el nombre de Dios en vano es pecado… sin embargo, muchos aunque no toman a Dios en vano, afirman y dicen cosas que según ellos el Espíritu de Dios les dijo, cuando en realidad no dijo nada. La persona del Espíritu Santo es parte de la Trinidad y según la Biblia, es la más susceptible de las tres, pues según la Palabra se contrista (Efesios 4:30) y si se blasfema contra él, no hay perdón (Mateo 12:31), ni en este siglo, ni en el venidero.

Cuando un profeta del Antiguo Testamento (época en que no se explicaba, ni se manifestaba comúnmente el Espíritu Santo, sino de forma esporádica) hablaba para transmitir un mensaje de parte de Dios, usaba la frase: “Así ha dicho el Señor” o “el Espíritu dice”, etc. y rara vez ponían a Dios en primera persona, ya que de ello dependía la magnitud de la profecía. Sin embargo, cuando, un profeta hablaba diciendo que “El Espíritu dijo lo que éste no dijo, su fin previsto por la ley, era la muerte” (Deuteronomio 13:1-11). Y esto fue en la época donde no había la plenitud del Espíritu. En los Hechos encontramos la historia de un matrimonio que fue muerto por el simple hecho de “engañar y mentir al Espíritu”. Imagínese el peligro que es para una vida decir que “El Espíritu me dijo”… algo que no ha dicho. (Hechos Cap. 5).

Creo firmemente que decir que Dios dice lo que no dice, es una forma de tomar su nombre en vano, y además es una blasfemia[1] que lleva a herejía, y es un grave pecado. Hoy se abusa de forma extrema de este término, para fines puramente personales, caprichosos y manipulativos. En Miami ha habido tremendos escándalos cuando se han difundidos profecías y mensajes del Espíritu que afirman que en tal fecha y día un maremoto destruiría la ciudad,  por lo cual, miles de personas y cristianos, Iglesias completas, emigraron escapando del inminente desastre difundido aún por radio y televisión, causando el pánico. Al llegar la fecha indicada no ocurrió nada, y todo quedo en ridículo. En tal caso, podemos decir que ¿falló el Espíritu Santo? No niego que Dios pueda revelarnos algún  acontecimiento futuro, pero a la hora de transmitirlo debemos tener cuidado y sabiduría espiritual, dejando siempre una posibilidad al juicio de los ministerios y al posible error humano. Cuando Dios habla de verdad, se cumple siempre lo que dice, según el patrón bíblico de las profecías (Deute-ronomio. 18:21-22; Hechos 3:23) y es raro que se dé el lujo de detalles específicos, salvo en cosas muy especiales.

Muchos usan el término de “EL ESPÍRITU ME ENVÍO ALLÁ”, “YO SALGO AL CAMPO PORQUE EL ESPÍRITU ME ENVÍA Y NO LOS HOMBRES”, etc. y con el tiempo descubrimos que estas personas fracasan, dejando en ridículo al “espíritu” que los envió. Se usa mucho decir que Dios me dijo, para manipular a las personas muy crédulas, que carecen del discernimiento para poder juzgar lo que hay detrás de tal supuesta revelación o profecía,

Actualmente hablamos mucho en nombre del Espíritu, diciendo cosas que son caprichos y carnalidades. Este término se ha vuelto un buen escudo de falsa espiritualidad. Creo que debemos cuidar  esta expresión y no usarla para explotar la fe y los sentimientos de las personas. Si sentimos algo de parte de Dios, digamos mejor “Yo siento del Señor” o “El Señor me ha inquietado…” etc., pero  cuidado en tomar al Espíritu y meterlo en cosas que sentimos, pero que no son “revelaciones o mandatos especiales”. Sin embargo, creo firmemente que el Espíritu Santo puede hablar a la Iglesia por medio de la Palabra, y de sus dones, pero estas manifestaciones no son individuales (2 Pedro 1:20), o sea,  privada, sino para la edificación del cuerpo a través de la unidad de éste en un solo lugar (1ª Corintios 14:23-33) y con la presencia de los ministerios para que pueden juzgar si la profecía o manifestación es del Espíritu o no.

Los cristianos primitivos eran movidos por el Espíritu, sin que tuvieran que alardear y anunciarse tanto. El Espíritu opera de acuerdo al orden del cuerpo, y nunca puede contradecir la Palabra revelada, y menos pasar por arriba del orden previsto por Dios al ordenar al cuerpo. Al hablar el Espíritu en la Iglesia no lo hace de forma oculta, o con “ciertos privilegiados” o a hurtadillas, o enviando a desconocidos, ya que él puede usar a cualquier simple hermano de la congregación para operar.

Puede darse el caso que un hermano de otro lugar sienta transmitirle a una Iglesia de otra ciudad un mensaje del Señor, en tal caso, ese hermano sigue el orden bíblico, y al llegar al sitio indicado por el Señor, reúne a los líderes de esa Iglesia, y les participa su mensaje, y estos, como ministerios o ancianos del cuerpo, le dan la luz verde para que lo comunique al pueblo después de orar y aprobar el mensaje (1ª Juan 4:1).

Para enseñar lo está respaldado por la Biblia, tan solo necesitamos iluminación del Espíritu pero hay que vivirlo antes de transmitirlo. Hay mucha confusión actualmente en este asunto, lo que nos puede llevar a una incredulidad cuando ocurra que el Espíritu hable de verdad. Debemos transmitir lo que sentimos o quizás entendemos, pero dejando una posibilidad a equivocarse y someter eso a la confir-mación de los demás ministerios, y miembros del cuerpo.

Hace algún tiempo escuchaba la grabación de cierto evangelista sobre un tema de profecía, él se expresaba  bíblicamente hasta que dijo; “El Espíritu le había confirmado quien era el anticristo”… el cual, según esa revelación era el comunismo. Días después escuché otra grabación de otro evangelista sobre el mismo tema, y  afirmaba que el anticristo era un líder de la Unión Europea; y el Espíritu se lo había confirmado. Años atrás escuché a otro que predicando sobre el mismo tema, afirmaba que el anticristo era Henry Kissinger.

¿Cuál es el problema? los tres ponían al Espíritu como revelador de tres verdades diferentes,  dos de ellos tenían que estar mal y uno bien, o todos estaban mal y habían usado el término “Espíritu” para dar peso a sus afirmaciones personales y ser aceptados. En asunto de profecía no podemos dogmatizar la interpretación de las mismas, por lo que debemos tener cuidado. Yo puedo sentir en mi espíritu algo que necesariamente no puede ser correcto. Cuando tomamos las profecías de forma extremista y sacamos suposiciones humanas de algo, ocurre el peligro, como pasó con el origen de los Testigos de Jehová, que al fallar, caigamos en vergüenza, caprichos y doctrinas diabólicas.

Muchas falsas profecías han dado origen a falsas doctrinas. Podemos afirmar con claridad lo que está claramente revelado por el Espíritu en las Sagradas Escrituras, por ejemplo el asunto del surgimiento de el anticristo, pero ¿Quien será y de donde vendrá? hasta ahí no podemos llegar. Los profetas hablaron casas que el pueblo nunca entendió hasta que esto aconteció, así que los que se queden en esos tiempos sabrán su nombre.

Una vez los apóstoles le preguntaron a Jesús cuando sería su venida, y cuando ocurrirían la cosas de la cuales habló, y aunque Él lo sabía, no quiso contestar, sino que hizo alusión a las señales, sin especificar detalles precisos (Marcos 13:4,33,35). Así que tengamos cuidado con el sensacionalismo profético y la profanación de tomar el nombre del Espíritu en vano, lo cual es una blasfemia.

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[1][1] – La blasfemia es una ofensa a una divinidad. Es un insulto o irreverencia hacia una religión o hacia lo que se considera sagrado. Es la difamación del nombre de un dios. El término blasfemia proviene del griego “blaptein”, que significa injuriar, y “pheme”, que significa reputación. También la blasfemia es una palabra o acto ofensivo en contra de cualquier persona o cosa respetable. https://www.significados.com/blasfemia/

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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