EL CONCEPTO ERRADO SOBRE EL MINISTERIO

Mario E. Fumero

No cabe duda que la causa del deterioro doctrinal  y vivencial en las iglesias evangélicas se debe a la conducta de los ministros que las presiden, y a la permisividad de sus autoridades denominacionales,  porque no han sabido mantener y transmitir la Palabra de Dios  coherentemente, y  han mezclado  la misma con sus propias revelaciones e interpretaciones, manipulándolas para decirle a la Biblia lo que ellos han querido enseñar.

 

Ser fiel a la doctrina bíblica y a los principios históricos es el fundamento para no adulterar la verdad y caer en herejías (1 Corintios 3:11-12). La revelación bíblica podemos complementarla, pero no anularla, ni distorsionar en su sentido histórico como se hace hoy día. Es por ello que debemos definir los cuatros conceptos básicos de las enseñanzas de Jesucristo sobre los cuales  definimos las funciones de los ministros del evangelio.

LOS CUATROS PRINCIPIOS BÁSICOS DEL EVANGELIO

Para entender los principios básicos del ministerio tenemos que establecer los cuatro fundamentos sobre el concepto del evangelio del reino proclamado por Jesucristo. He aquí la definición de los mismos, gracias a los cuales podemos interpretar el propósito de Dios para su iglesia:

SEÑOR (KYRIO)-  Es el título dado por Dios a Jesucristo, el cual fue de SEÑOR (KYRIOS) (Filipenses 2:11, Hechos 2:36). La expresión usada en el texto bíblico fue de Kyrios, una expresión de origen griego que significa “Señor”, “Maestro” “Amo”, “Dueño” “Soberano”. Para los cristianos el término Kyrios era usado como sinónimo de Dios o Jesús. La palabra Kyrios aparece  600 veces en el Nuevo Testamento, principalmente en la versión de la Septuaginta, (traducción de la Biblia hebrea al griego) y también en el Nuevo Testamento griego. Por su parte,  el Antiguo Testamento  usaba tres expresiones principales para referirse a Dios: Elohim, Jehová o Yahve, o Adonai. Es por ello el uso de la palabra Kyrios era para sustituir las identificadas en el A.T.

Este concepto establece el principio del Señorío de Cristo, el cual es el dueño y soberano de todos aquellos que forman su reino y se someten a su llamado, aceptando sus demandas (Juan 15:14). Es bueno entender que los que forman su reino fueron rescatado y comprados a un alto precio, el de su sangre (1 Pedro 1:18-19), ofrendando su vida en propiciación por nuestros pecados (1 Juan 4:10), razón por lo cual le proclamamos  Señor “soberano”.

REINO- Si Jesús es el Señor, indudablemente tiene un reino. El término reino procede del latín “regnum”, que define aquel territorio cuyos habitantes están sujetos a un rey con poder soberano. Se trata de un Estado regido por una monarquía, cuyo gobierno está en un rey supremo, unipersonal, vitalicio y, por lo general, hereditario, ejerciendo los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.

Jesús vino a establecer “el reino de Dios en la tierra” del cual Él es el Señor soberano. Así fue anunciado por Juan el Bautista en Mateo 3:2, y después Jesús comenzó a predicar un evangelio definido como “el evangelio del reino” (Mateo 4:23). Este término aparece 360 veces en el Nuevo Testamento y define claramente el marco de la Iglesia en su quehacer durante el período de la gracia.

SIERVOS- Todo se complementa lógicamente. Si Jesús es el soberano de un reino ¿Qué son los que viven dentro de este reino? Sus súbditos, lo cual equivale a ser siervos. ¿Qué significa el concepto de “siervo”?. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE)  el término procede del latín “servus” que en castellano es siervo. Este concepto se emplea para nombrar a un esclavo, que de acuerdo al marco histórico de su época era una persona comprada para el servicio de un señor. Este concepto  está bien definido en el relato de Lucas 17:7-10, por lo que se deja ver que dentro del reino todos estamos sujeto a un amo al cual tenemos que servir incondicionalmente, sin esperar nada a cambio, ni siquiera las gracias (Verso 9), y después que hayamos hecho todo lo que el Señor del reino nos ha mandado, tenemos que decir “siervos inútiles somos” ¿Y por qué?  Porque para eso fuimos comprado (Verso 10).

Es bueno entender el concepto del señor feudal en la época bíblica, e incluso en la Edad Media. El  tenía la potestad de decidir en numerosos asuntos de la vida de sus siervos y sobre sus posesiones. El siervo no podía traicionar al señor feudal, ya que él le suministraba vivienda, parte de las cosechas y sus prendas. Así que el siervo depende 100% de su amo en todo.

MAYORDOMO– Tomando en cuenta los conceptos anteriores, cuando a un siervo se le encomienda  la administración de un área dentro del reino se le da el título de mayordomo. ¿Qué es un mayordomo? Procede del griego  “epítropos, oikonómos” (del verbo oikonomé) que indica una persona empleada para administrar una propiedad o negocios de otra persona, y responder por ellos ante su señor. Un ejemplo de ello lo tenemos en José, uno de los hijos de Jacob el cual fue mayordomo sobre la casa de Potifar (Génesis 39:1).

En el N.T. aparece de forma directa seis referencia personas que fueron compradas para servir a un amo, el cual le encomienda cierta responsabilidad en su reino para desempeñan una parte importante del trabajo, y se define claramente sus funciones en las parábolas de Jesús (Mateo 20:8; Lucas 12:42; 16:1-9).

A la mayordomía se le da una aplicación espiritual en dos sentidos; uno relacionado al manejo de nuestros recursos y el apoyo al reino de Dios, y otro en el aspecto relacionado al ministerio cristiano, el cual actúa como mayordomo (administrador) del Reino de Dios (Tito 1:7), siendo un “administrador” de los “misterios de Dios” (1 Corintios 4:1, 2) y de la “multiforme gracia de Cristo” (1 Pedro 4:10). Esto establece que los ministros o siervos son llamados para administrar su reino, y son responsables ante Él, por la forma en que enseña y trata a quienes están en oscuridad o forman parte de su grey.

 ¿QUÉ ES UN MINISTRO?

En nuestro medio los lla-mados “ministros” buscan actuar como dueños, ilustres, señores del rebaño, bus-cando títulos de ostentosidad para establecer una casta jerárquicas similar a la de la Iglesia Católica. Sobre el concepto de “ministro” hay un  claro enfoque con un sentido correcto de este término, de lo cual todos  somos siervos, puestos por Dios para servir a los demás como administradores de algo que no es nuestro (Marco 10:43, Lucas 6:2), y nos fue dado bajo condiciones especifica (1 Pedro 5:2).

En ese sentido encontramos lo siguiente: “Esta última palabra (ministro) viene a su vez de “minister”, vocablo compuesto de “minus”, comparativo de inferioridad, y del sufijo “ter”, que sirve como término de comparación.

La etimología de “minister”, es enteramente opuesta a la de “magister”: de “magis”, comparativo de superioridad, y de “ter”. Así magister, indica una función de autoridad, “minister” expresa precisamente lo contrario; subordinación: el que realiza una función bajo el mando de otro; el que presta un servicio a otro. La etimología nos da la idea que la administración se refiere a una función que se desarrolla bajo el mando de otro, de un servicio que se presta”. Creo que ésta definición se ajusta al sentido de ser siervos de Jesucristo y administradores del Reino del Kyrios.

El llamamiento es la elección por parte de Dios de ciertas personas entre sus siervos para que lleven a cabo la misión de guiar, doctrinar y velar por el rebaño (Juan 21:17) haciendo discípulos y llevarlos por el camino correcto, que es la obediencia a todo el consejo de Dios (Hechos 20:27).

Sin embargo, cuando esos siervos, a los cuales llamamos ministros (que son mayordomos), se apartan de la Palabra revelada, y toman sus propias visiones, manipulando la Biblia a su antojo, se vuelven  fariseos, ciegos que guían a otros ciegos (Mateo 15:14, 23:24) y conducen la iglesia hacia la apostasía.

¿Cómo podemos identi-ficarlos? Por sus frutos y hechos (Mateo 7:20), ya que no viven dentro de los parámetros de la Palabra, y se carac-terizan por la falta de sencillez y humildad (2 Corintios 11:30), ya que buscan vanagloria y reconocimiento (Filipenses 2:3).

¿Qué debemos de hacer si estamos en una iglesia cuyos ministros no viven de acuerdo a los preceptos del reino? Salir corriendo, pues la Biblia dice que con los tales ni aun comáis (1 Corintios 5:11), y debemos evitar a todos aquellos ministros corruptos que se lucran de la fe (2 Timoteo 3:5,) para no ser participes de sus malas obras (Filipenses 3:17-19).

El pastor que sigue el modelo de Cristo no buscar reconocimientos humano, tampoco títulos ni posiciones, simple y llanamente se dedica hacer lo que el Señor le ordeno, sin buscar prota-gonismo ni vanagloria humana. Él debería haber aprendido del Divino Maestro las dos cualidades más importantes de un siervo de Dios, la humildad y la mansedumbre (Mateo 11:29). Pero vivimos en un mundo lleno de soberbia y petulancia, por lo cual debemos definir el sentido profundo y bíblico de la humildad.

La palabra “humildad” proviene del latín “humilitas”, que significa “una persona que se humilla y se pega a la tierra”. Es una virtud moral contraria a la soberbia, la cual dio origen de la caída de Satanás (Isaías 14:13). La humildad se hace evidente en el ser humano cuando reconoce sus debilidades, cualidades y capacidades, aprovechándola para obrar en servicio a los demás, sin decirlo, ni  alardear de ello. De este modo mantiene los pies en la tierra y su corazón en el cielo, sin buscar sobresalir o llamar la atención.

El humilde reconoce su dependencia de Dios y tiene una característica muy peculiar; no busca el dominio sobre sus semejantes ni abusa de ellos, sino que aprende a dar- les valor a los de-más, por encima de sí mismo. El apóstol Pablo dijo en  Romano 12:3 “Digo pues por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.

El humilde no mira lo suyo propio, sino lo de los demás (1 Corintios 10:24). Sale en ayuda de los afligidos, extiende su mano al menesteroso (Proverbios 31:20). Vive para servir y no para ser servido (Mateo 20:28).

Tristemente una de las cualidades de la que más adolece la iglesia de hoy es la falta de humildad y sencillez en la gran mayoría de los ministros, que además de aislarse de las ovejas, abusan de la autoridad y necesitan guardaespaldas, se vuelven inaccesibles y actúan como empresarios, sintiéndose magnates de un evangelio fundamentado en prosperidad y riqueza.

Estos ministros y sus iglesias están bien representadas en lo que dice apocalipsis  3:17 “Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo;”.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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