Ángel Bea
Que no confiemos en las riquezas, «las cuales son inestables». Pero también podríamos añadir que, en la política tampoco hemos de confiar, en vista de que aquellas dependen de estas y viceversa. Además, lo empeoran mucho más las ideologías y poderes que hay detrás de ellas, que engañan e ilusionan a muchos sin que nos demos cuenta. Seguirlas como si de ellas dependiera todo en nuestra vida, es seguir lo que el Apóstol Pablo reconocía como «la corriente de este mundo» guiada por otro «espíritu» que no es el Santo Espíritu de Dios. (Ef.1.1-3).
Por eso, cuando viene el desencanto y la frustración, -y hasta un gran «cabreo» de carácter permanente ¡y aún cosas peores!- la gente que puso en ellas su confianza, pierde la fe en todo, como si no hubiera nada más en este mundo en lo cual confiar y un motivo y propósito sólido para vivir.
Nuestra visión y meta deberían ser mucho más altas que lo que preconizan los seres humanos instalados en el poder de la economía, las ideologías y las distintas políticas. Por tanto, ante esa realidad, es mejor poner la fe y toda nuestra confianza en «la Roca de los siglos»: Jesús, aquel que dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Lc.21.33; con Mt.7.24-29). El Señor Jesús, de quien se dijo que era… «El Alfa y la Omega, principio y fin… el que es, el que era y que ha de venir, el Todopoderoso» (Apc.1.8; 1ªTi.1.17) “El Camino, la Verdad y la Vida…” (J.14.6)
Su persona nos salva, su palabra, nos enseña, y su obra total y perfectamente terminada nos da toda la esperanza de vida eterna que necesitábamos. Si no fuera por esa realidad que trasciende y es superior a todas las demás realidades, no merecería la pena vivir.
(A. Bea)

