LOS EVANGÉLICOS Y LA POLÍTICA

Publicado en la Tribuna el 26 MARZO, 2019

Por Juan Ramón Martínez.

Política y religión estuvieron, en occidente, estrechamente unidas. En el oriente musulmán, lo continúan estando. El Renacimiento y la modernidad, independizaron a la política de la influencia del Papado Católico. La reforma luterana, fue al margen de lo teológico, un movimiento político de los príncipes alemanes en contra de Roma. Y los Estados Unidos, fueron una nación forjada por los emigrantes que buscaban la libertad religiosa, para vivir mejor. Rechazaban la obligación de seguir la religión de los príncipes gobernantes. Y no las suyas. Por ello este país, es el de la libertad religiosa, fundamentalmente. Y del respeto a las instituciones. Las primeras muestras de intolerancia religiosa de los evangélicos fueron, después del rechazo de las religiones de los indígenas, en contra de los católicos alemanes.

Eso produjo que la organización democrática de las iglesias protestantes, sentaran las bases de la democracia política. No solo elegían al pastor, sino que este debía –como ocurre en algunos lugares– rendir cuentas a los feligreses, sobre el uso de los diezmos. Estas prácticas se trasladaron a la cultura política de los Estados Unidos, produciendo una fuerte sociedad civil que obliga al cumplimiento de la ley; a la subordinación del gobierno federal, al poder de los estados y de los ciudadanos y al cumplimiento de la ley. Han tenido una sola Constitución en más de 200 años. Nunca han sufrido un golpe de Estado. Y ninguno de sus gobernantes –fuera de Roosevelt que se reeligió más de dos veces– ha buscado perpetuarse en el poder.

Por supuesto, en Italia y Alemania, concluida la Segunda Guerra Mundial, los católicos, forjaron una alianza política para enfrentar al comunismo ateo y materialista. El Vaticano en Italia, apoyó y animó a los católicos, para impedir que los comunistas, llegaran al poder. Una vez que estos fueron vencidos por sus propias debilidades, los católicos se disgregaron. El Vaticano se mantuvo al margen, excepto cuando los electores no tuvieran que decidir sobre temas como el aborto, el divorcio o la pena capital. Es decir que, en una primera conclusión, no se puede pasar por alto que los dos poderes, el religioso y el político, no hayan coincidido algunas veces. Y que incluso, en algunos momentos, especialmente en América Latina, los partidos demócratas cristianos en el cercano pasado y ahora los partidos fundados y manejados por los evangélicos, pretendan demostrar que, fracasados los políticos, ahora les toca a ellos, –los cristianos–, buscar el poder.

Los últimos ejemplos los hemos tenido en Costa Rica, donde un joven pastor no logró el poder, porque los católicos forjaron una alianza política que le cerró las puertas de la presidencia de la República. Y en El Salvador, un partido pequeño, el que quedó en la cola por los resultados electorales, estuvo manejado por algunos pastores que creyeron que había llegado su hora de gobernar aquel país.

En Honduras se palpa la urgencia de algunos evangélicos por el poder. Mario Tomás Barahona, Solórzano y Peñalba, entre otros, han mostrado bastante interés en el control del Estado. Y en no pocas ocasiones, han dirigido mensajes para orientar a su feligresía en determinadas direcciones partidarias, con resultados poco evaluados hasta ahora. Su cooperación con el gobierno de JOH, es mayor que la de los católicos que, hasta ahora, se muestran no solo distantes, sino que críticos con el actual orden de cosas.

Fumero ha publicado un artículo muy fuerte, censurando estas intenciones de los pastores evangélicos –porque los sacerdotes católicos están muy quietos y alejados de tal pretensión– que creen que ha llegado la hora de organizar un partido evangélico; o formar parte de la fórmula presidencial de alguno de los partidos con posibilidades de éxito. Sus argumentos son fuertes. Y aunque no usan el término cultura, hace pensar que aunque “acepten al Señor”, los evangélicos de Honduras, siguen obedientes a los partidos políticos y poco dispuestos a escuchar a sus pastores. Por una sencilla razón: la cultura nacional evangélica, no es igual que la cultura religiosa estadounidense. No produce un evangelismo democrático, que fortalezca la sociedad civil y forje una vocación democrática en su feligresía. Fumero, además de tener razón, posiblemente, siente miedo que los evangélicos fracasen. O hagan el ridículo. Bien ante las urnas. O en el gobierno hagan lo mismo que todos. Nada.

 

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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