CONFRONTACIÓN

CAPITULO -1-

(Tomado del libro de Mario E. Fumero escrito en el 1974 intitulado “LOS CAMINOS DEL AMOR” )

No, no hay iglesia perfecta, porque no hay cristianos perfectos, aun. Pero si meditamos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, y todo lo que significa, estoy seguro de que el orgullo y las divisiones desaparecerán, dando lugar a la humildad y al amor.

Una de las más singulares características de estos tiempos radica en el arte de disfrazar las realidades con términos muy sofisticados, diplomáticos o de hipocresía, de manera que ciertas palabras, chocantes y rudas, se suavizan, al usar expresiones sustitutivas y más tolerantes. Un ejemplo, del cual partiremos, está en la palabra “GUERRA“, o conflicto. Para no hablar en un término tan rudo, cambiamos el vocablo guerra, por el de “CONFRONTACIÓN“, obteniendo así una expresión más suave de  cara a una realidad terrible.

Suena más fino al oído, y a la mente, el término “confrontación“, pero ¿qué se esconde detrás de esta palabra tan generalizada, frente a un  mundo en guerra? Las terminologías no cambian los hechos; llámese una misma persona Antonio o Mario, siempre seguirá siendo el que es. Así que, por más que deseemos ocultar nuestra terrible condición social, el mal es palpable y estamos viviendo en un mundo de guerras, aunque usemos otros términos sinónimos menos duros, como el de “confrontación“.                    LA REALIDAD PRESENTE

Si echamos una mirada profunda al panorama de nuestra civilización, notaremos que vivimos en un mundo de confrontaciones semi ocultas, peores que las que pueden haber en los frentes de batallas. Estas confrontaciones, ejecutadas sin armas, pasan desapercibidas para muchos, y sólo vemos sus estragos en la división existente en todos los marcos sociales, incluyendo el hogar y la iglesia. Tenemos, dentro de nuestra sociedad materializada, un afán terrible por la superación económica, una fiebre de producción y acumulación de bienes, para crear un falso bienestar, que origina terribles desniveles sociales, pues mientras unos se hacen más ricos, otros se empobrecen más, apareciendo la lucha de clases, de la cual se aprovechan los movimientos extremistas y fanáticos, para establecer una filosofía hermosa pero irrealizable, a no ser por la fuerza o la destrucción de la libertad. En este afán de escalar la cúspide de la prosperidad; hombres, pueblos y naciones pierden el respeto a la dignidad humana, triunfando el más fuerte, el cual se vale de todos los medios económicos y del poder para lograr su fin, aplastando al débil, o destruyendo los recursos naturales de los países pobres, a la vez que destruyen y enferman con la contaminación y desertización este planeta tierra, y todo a costa del mal llamado progreso, sembrando la muerte para las generaciones futuras. Se ha dicho que siempre el pez grande se come al pequeño, es por ello que se producen confrontaciones, violencias y conflictos sociales y familiares.

Conocí el caso de una familia que era muy feliz hasta que recibieron una herencia. Una vez que supieron de la existencia de unas propiedades millonarias, comenzó una lucha interna entre los hermanos, por poseer cada uno la mejor parte de dichos bienes, y nació la enemistad y el resentimiento. El bien acumulado y la prosperidad heredada no sirvieron para mantener la paz, sino que desencadenaron la ambición, codicia y lucha por gozar de la vida, y como fruto de ello, se iniciaron rivalidades, que destruyeron la relación y la unidad familiar.

Por otro lado, la educación, las escuelas, las universidades, han dejado de ser “casa de cultura y formación“, para convertirse en la antesala de la violencia, por medio de las confrontaciónes de ideologías que envuelven al hombre en metáforas abstractas, de un “paraíso terrenal“, excitándolo no al análisis propio de acuerdo a sus valores, como antaño, sino a la acción violenta para alcanzar el fin, pues se nos dice que “el fin justifica los medios”. Nuestra educación ha barrido los principios morales como algo caduco, dando rienda suelta al freno que detenía al ser humano, para desatar su ambición que conduce a la violencia y corrupción. Ese freno eran “los valores del espíritu“, que se han perdido, para convertir la especie humana en un animal, más brutal que los propios animales, pues estos al menos, no se destruían a sí mismos, como lo hacen los seres llamados “HUMANOS“. Los educadores no cumplen ya la misión de formar vidas para la sociedad; sino sólo una función, transmitir teorías y presentarlas como ciencias, y defender sus puntos de vistas como la única verdad existente para ellos, no dando lugar al criterio propio y manipulando la enseñanza, como se manipula la publicidad y los noticieros.

Nuestras casas de estudios no orientan, sino confunden al joven. Qué lejos estamos de la cultura antigua,  donde la tendencia del maestro era la de exponer al alumno todas las realidades, dejándolo analizar, juzgar y entender por sí mismo cuál es lo correcto. Hoy no, sólo predomina el seguir un patrón, un objetivo preconcebido por “consignas internacionales”, que obedeciendo a propósitos estereotipados, exaltar las pasiones, tan expresivas en los jóvenes, para producir confrontaciones sociales, que dejan rastros sangrientos en las universidades y escuelas de todo el mundo. Violencia, liberalidad sexual, narcomanía, guerras, ideología del genero, destrucción del eco-sistema y la vida, etc., Estos son los frutos de nuestras confrontaciones educativas, llenas de teoría y enseñanzas conflictivas, sin valores, ni respeto a la dignidad.

Además de esta confrontación continua de luchas ideológicas en la educación, que exaspera a los jóvenes, esta la desorientación hacia un futuro incierto, pues se ven con títulos, pero sin  un puestos de trabajo, y se modifican de continuo los métodos educativos, dejándolos descontextualizado de las realidades de un mundo que cambia  vertiginosamente de la noche  a la mañana, o se sustituye al hombre por equipos tecnológicos que van reduciendo la mano de obra humana, para colocar en su lugar robot o computadoras, que hacen la función de muchas personas,  mientras que aumenta la población, se reducen los recursos de la tierra, y aumentan los recursos contaminante o tecnológicos.

Pero además esta la crisis existente dentro de los hogares. Se decía que el valor de una sociedad feliz estaba en los hogares estables. Hoy el hogar ha perdido su valor de estabilidad, pues la misma sociedad, con su legislación, lo ha destruido, poniendo a los padres frente a los hijos en abierto choque destructivo para todos. ¿Qué es hoy día un hogar? Un hotel, un restaurante familiar, un cine con la televisión; lo es todo, menos un centro de orientación y  formación. Muchas causas han influido en la destrucción de la unidad familiar, pero la que más resaltan a la vista de los análisis anteriores es el materialismo, o el afán económico, que hacen a los padres trabajar hasta el punto de “que no tienen tiempo para conversar o expresar su amor a los hijos”. Creen que dándole al hijo educación, ropa, comida y bienes materiales “ya los tienen contentos, y con estos los compran para acallar sus conciencias”, pero después aparece la frustración del hijo, que, aunque lo posee todo, carece de lo esencial, que es el amor y la comprensión. Las virtudes nacen, se viven, pero no se pueden comprar, son parte de nuestra herencia moral. Además, los padres confían la formación del hijo a las escuelas y universidades, las cuales, a su vez, destruyen la moral y el respeto con filosofías materialistas y razonamientos de libertinaje. Las leyes institucionalizan el divorcio, permiten el alcoholismo y la prostitución, toleran un concepto de libertad que admite la pornografía y las influencias negativas de películas degenerativas que hacen apología a la violencia y narcotráfico, consienten el aborto, le quita, a veces, la autoridad disciplinaría a los padres, y aprueba, con su tolerancia, el adulterio y otra serie de cosas más, que atenta contra la moral familiar. Todo esto produce la confrontación familiar de padres con hijos, esposas contra esposos, hermano contra hermano y en sí, se crea un marco caótico, por lo cual, el joven desesperado, se revela contra todo lo que se llama sociedad, ya que la ve podrida, sin sentimiento ni comprensión, formándose una fantasía de un mundo mejor y refugiándose muchas veces en la droga, para escapar de esta terrible realidad. Esto refleja lo que dijo Jesucristo en Mateo 24:12  “por multiplicarse la maldad, el amor de mucho se enfriría”.

FRENTE A LA PROBLEMÁTICA, LA REALIDAD.

Como consecuencia de la confrontación nacen dos alternativas: la primera es escapar de la realidad terrible de una escuela, una sociedad, un hogar sin amor y moral, acudiendo a la vida nómada, sedentaria, de abandono físico e indiferencia total a todo el marco existente, con protesta pacíficas, buscando la fantasía del placer sexual,  escapando al suicidio o a la soledad, como ermitaños, o huyendo de todo lo que es “mi mundo” en busca de otro mejor, fuera de la realidad, y muchas veces termina refugiándose en las drogas. La segunda alternativa es la violencia, la revolución, el cambio total del sistema corrupto para abrazar otro que filosóficamente proclame “la igualdad”, pero que tampoco tiene moral, pues hace al hombre “una cosa más”, dentro de un engranaje, un animal sin valor espiritual y sin capacidad de elegir. Estos alegan que el mal está en el sistema, así que cambiando el sistema, se acaban los males, la explotación, la inmoralidad, el fraude, la desigualdad… ¡Qué tontos los que así piensan!, no importa lo hermosa que sea una filosofía, ni una legislación, el mal no está en lo que se escribe, o  proclame, no está en los sistemas, sea cual sea, o se llame como se llame. El mal tiene su raíz en el corazón del hombre, así que, para una sociedad perfecta, se necesitan hombres perfectos, que puedan vivir las leyes y aceptar la autoridad, porque el mal del mundo está dentro de nosotros mismos.

Y  para incluir el análisis de nuestra realidad en “confrontaciones”, llegamos al punto mas álgido, y es lo que más abate mi alma de cristiano; no sólo hay confrontación social, política, educativa y familiar, sino que este “espíritu diabólico de confrontación que produce división” está también reinando dentro de nuestras iglesias cristianas y evangélicas. Creemos que la forma de proclamar la santidad y la verdad bíblica está en la contienda teológica entre “denominaciones”. Este espíritu “conflictivo” de lucha entre cristianos por asuntos que son rudimentos, produce en el cuerpo de Cristo división y caos, que impide el poder de la iglesia para ser sal y luz del mundo.

Es lógico -y acepto- el triste hecho de que en nuestra compleja vivencia social  existan conflictos, pues así lo profetiza la Palabra de Dios en Mateo 24; pero lo que no acabo de comprender es que este espíritu existente de apostasia, que dista mucho  ser de Dios, haya penetrado dentro de nuestras iglesias, convirtiendo a los cristianos en rivales y carnales, que defienden más los caprichos humanos y la distracción, que las verdades fundamentales de la Palabra. Es absurdo después de escudriñar las Sagradas Escritura ver tantos disparates e imitación de los esquemas del mundo,  ignorando el propósito de Dios en Cristo Jesús. Es frustrante ver  que pastores, misioneros y lideres proclamen un mensaje fuera de contexto, con contiendas y luchas, por cosas que son tan solamente  problemas de costumbres e imitación al mundo, y lo peor que a veces contendemos por  “Si hay que orar de pie o sentados. Si levantamos o no las manos. Si oramos en voz alta o en silencio, etc”., o a veces por interpretaciones sin importancia: “Si hay lenguas o no, si somos Calvinistas o Arminianos, etc”. , o simplemente por defender nuestra estructura en su  organización: “Mi iglesia es mejor, porque es la más antigua, y fue la pionera, etc.”

Durante treinta años he predicando y ministrando en muchos países de América y Europa, y por doquier encuentro el mismo problema: las incomprensiones e intolerancia de muchos mal llamados cristianos. Yo no entiendo, ni acepto, la contienda de origen “denominacional”, y aunque no estoy en contra de la denominación, pues pertenezco a una, veo que éstas en vez de acrecentar el amor, muchas veces se convierte en el medio que usa el diablo para matar el poco de amor que les queda a los cristianos, y así debilitar el Evangelio, el cual no es competencia, sino “Poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16).

He conocido a muchas personas deseosas de buscar de Dios, pero que se han frustrado por las contiendas de los que proclamando la “Salvación por la fe”, no se relacionan entre sí, atacándose mutuamente. Es ilógico para el inconverso que visita una u otra iglesia, ver como dos que predican “un mismo plan de salvación” y tienen la misma verdad, luchen a capa y espada para retener un alma, atacándose mutuamente, por cosas tan simples que ni vale la pena mencionar. Puedo citar el ejemplo de un amigo que fue el primer español que evangelice en el año 1971, y el cual fue mi mejor hermano y amigo en España[1], después de una larga amistad, y muchas cartas, mi amigo reconoció que la verdad bíblica estaba en la Palabra de Dios, y en los llamados “evangelios”, fue por ello que comenzó a visitar primero una campaña de un grupo “evangélico” que resultó ser adventista. Allí recibió junto al plan de salvación, la condenación de todos los que no guardasen el sábado, ni la doctrina adventista; confundiéndose el inicio de su andar con Jesús. Después visitó una iglesia pentecostal, y escuchó una crítica contra la iglesia bautista, además de otros problemas internos que habían, quedando aun más confundido,  después visito la iglesia bautista y preguntó qué pensaban ellos de los pentecostales, a lo que respondieron atacando sus doctrinas y actuaciones, por ser muy emotivas y fanáticas. Esta pobre criatura se confundió a tal grado que sufrió un colapso en su fe que lo llevo por último a una decisión lógica en tal situación: -“mejor sirvo a Dios por mi cuenta, porque éstos no saben otra cosa que contender, en vez de amarse, ya que con un mismo Cristo todos se hacen la guerra”, y durante un tiempo su vida cristiana se estanco, y tenía razón, cada cual defendía lo suyo propio, pero no el amor de Cristo (Filipenses 2:21)    ).

Se da el caso extremo y absurdo, de que en una misma denominación no se llevan bien, y aún se hagan la guerra, ocurriendo que saludarse entre ellos es imposible, y visitarse el  unos al otros, !líbrele Dios… quedaría excomulgado”!. Es común que dos congregaciones, con la misma doctrina, no se relacionen por “resentimientos pasados”, producidos por confrontaciones históricas. Todo esto son “manchas en nuestros ágapes” (Judas 12), errores terribles que ponen por el suelo el amor proclamado por Cristo, el cual se debe de dar incluso “aun a los enemigos”.

Un cristianismo mutilado, dividido, donde Cristo está contra Cristo… no lo acabo de entender; no cabe en mi cabeza el hecho de que, además de estar separados en organizaciones, existan confrontaciones, cuando todos tenemos una misma raíz común, “La experiencia personal con Cristo”, y aspiramos a estar “Juntos arriba en el cielo en las bodas del Cordero”. ¿Cómo podremos estar juntos arriba, si aquí abajo ni siquiera nos saludamos? Lo que ocurre es que para muchos, la iglesia en la tierra y el reino de los cielos se asemeja a la política y a los gobernantes. Cuando vienen las elecciones, los diferentes partidos políticos se pelean por el control, el líder de uno desacredita al otro, sacándose todos “los trapos sucios al sol” que puedan haber existido en el pasado, pero una vez hecha las elecciones, el perdedor abraza y felicita a su contrincante, y habla de “reconciliación”, lo elogia, para así aprovechar la oportunidad en beneficio propio. De igual forma se comportan algunos líderes  cristianos, que parecen políticos que hacen campaña por su grupito, atacando a los demás, y después, en el cielo, piensan que se van a reconciliar. Pero podemos decir las mismas palabras que dijo Jesús : “Por tanto, si traes ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, (noten que no tengo que ser yo el que tenga algo, sino que al recordar que otro está enojado conmigo, sea por lo que sea) deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero (aquí en la tierra) con tu hermano (creyente o de la familia) y entonces ven y presenta tu ofrenda (o sea, adora entonces a Dios)” (Mt. 5:23-24).

LA EXALTACIÓN DEL AMOR.

No sigamos politizando “nuestros reinitos”, sino reconozcamos la universalidad de UN REINO, el del Señor Jesús. No importa el edificio, o el nombre denominacional del grupo, esto es humano y circunstancial; hagamos que la dinámica de Cristo, con su amor y Espíritu, confirmen que “no cabe confrontación en el reino de Dios”.

El hecho de ser bautista, pentecostal, metodista, adventista, etc., no es nada, en comparación a ser HIJOS DE DIOS, SIERVOS DE JESUCRISTO, porque lo primero es terrenal y lo segundo eterno, ya que el propósito de Dios con sus hijos es formar de toda tribu, lengua y nación, “un solo pueblo”, (Apocalipsis 7:9-10) y nosotros no debemos poner barreras para que el Espíritu realice la operación de unir los huesos secos, y darles vida, según el plan divino expresado por Pablo en Efesios 2:3-6, siendo éstos puntos básicos para entender la voluntad de Dios para con su iglesia. Sin embargo, aunque pudiéramos citar argumentos teológicos, escatológicos, lógicos, etc., hay una razón poderosa y esencial para proclamar la unidad de los cristianos en el espíritu, esta razón invariable es EL AMOR QUE NOS UNE.

Este amor fue enseñado por Jesús en cada parábola, en cada sermón, en cada milagro, en cada acto. Rechazar el amor entre los hermanos, es rechazar

a Cristo del medio nuestro. El  A M O R es el fundamento que nos mueve, el fin que nos une, la dinámica que nos nutre como iglesia para poderla sacar del atolladero en la cual ha caído. No es unidad ecuménica, o escrita, o de masas o de intereses. ¡No, no, no!, esto no es amor. El amor es algo que sobrepasa las distancias, los prejuicios, las diferencias, para dejarnos sentir la realidad de Cristo. Estudiemos este amor, tan necesario en todos nosotros; este amor encarnado en Jesús.

No concluyo este tema, apenas comienzo a revelar lo que Dios quiere darnos a través de su Palabra, a millones de cristianos, aislados por barreras diabólicas. No es mi revelación, sino la de Dios, por medio de su Palabra, por la cual nos trajo a la cruz del calvario, para ver allí SU GRAN AMOR, que excede  todo conocimiento (Efesios 3:19) y del cual todos debemos ser participe.

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    [1]- Ramón Valdellou Ferré, de Lerida España, lo conocí por radio aficionado de Noruega y después le visite compartiéndole la palabra, fue inquietado y empezó a visitar las iglesias por insistencia mía, pero encontró problemas, contiendan y luchas “doctrinales” que afectaron por muchos años su sincera búsqueda del Señor, por lo cual se retraso su nuevo nacimiento, perdiendo los hermosos años de su juventud. Ya con la madurez física su vida, se solidifico en el Señor, sus últimos días en la tierra fueron de una riqueza espiritual maravillosa, durante su larga y dolorosa enfermedad dio testimonio de una fe confianza maravillosa en la voluntad de Dios, revelando la esperanza del Cristiano, y me confeso ante de su muerte que lamentaba haber perdido muchos años de su juventud sin haber tomado una decisión por Cristo. Esos seis años en que los conflictos de las iglesias  frustraron su nacimiento se perdieron, aunque la palabra del Señor nunca vuelve atrás vacía.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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