FRICCIÓN

CAPITULO    -IV-

(Tomado del libro de Mario E. Fumero “LOS CAMINOS DEL AMOR”)

        En los anales de la naciente Iglesia encontramos el hecho de que los primitivos cristianos, pese a su entrega total a Cristo y a la realidad manifiesta del poder del Espíritu Santo en sus vidas, conservaban ciertas características de personalidad e ideas propias, por los que estuvieron en desacuerdo varias veces, ocurriendo choques y discrepancia; aunque gracias a que, en medio de ellos estaba el AMOR, que servía como especie de amortiguador para evitar la confrontación, y los problemas no ocasionaron división en la iglesia. Esta tremenda realidad de que, medio de la fricción, no hubo combate ni división, nos revela que en nuestros tiempos algo funciona mal, pues nuestros problemas hacen que iglesia sea un cuerpo descuartizado, como los huesos secos de la visión de Ezequiel.

  1. I) FRICCIÓN EN LA NACIENTE IGLESIA:

Quiero mostrarles, a través de las Escrituras, el hecho de la fricción que hubo entre los primeros cristianos, y pese a lo escabroso  problemas, pudieron salir adelante, sacando a la iglesia victoriosa de los conflictos humanos y teológico, sin producirse división externa, ya que nunca llevaron los problemas a hacerse la “Guerra”, ni  a “contiendas divisorias”. Uno de los ejemplos que deseo tomar está en la relación entre Pablo y Bernabé. Cuando Pablo se convirtió, fue enviado por el Señor a Damasco para ser ayudado por Ananías, hasta que después quiso ir a Jerusalén, en donde no fue recibido por los “discípulos”, ya que, por su historial contra la iglesia, no inspiraba confianza. Fue entonces cuando Bernabé lo apadrinó y lo introdujo a la reunión de los apóstoles (Hechos 9:27). Poco tiempo después, al aparecer en Antioquía una iglesia gentil -compuesta mayormente por griegos- los apóstoles enviaron a Bernabé como inspector, para saber en realidad lo que allí estaba ocurriendo. Al llegar, encontró tan buen ambiente que decidió quedarse y mandó llamar a Pablo, que en aquel entonces estaba en Tarso ciudad de donde era oriundo, y ambos estuvieron juntos en la Iglesia de ese lugar ministrando la Palabra durante un año (Hechos 11:25-26).

Tiempo después, al término del año de permanencia en Antioquía, y mientras la iglesia oraba, el Espíritu habló, separando a Pablo y Bernabé para una misión evangelizadora, por lo que la iglesia los envió a cumplir el mandato del Señor (Hechos 13:1-4). Es entonces que Pablo y Bernabé comienzan una etapa más profunda de relación y unidad. En el camino, otros se unen a ellos, entre los cuales está un sobrino de Bernabé, llamado Juan Marcos, el cual, desdichadamente, se separa de ellos, desertando del grupo misionero, por razones que la Biblia no expone. Este hecho crearía en el futuro el choque entre Pablo y Bernabé, inseparables hasta ese entonces (Hechos 13:13).

Al terminar la primera gira misionero, PABLO Y BERNABÉ se preparan para un segundo viaje, esta vez más largo y agresivo, pero ocurre lo inesperado; Bernabé desea unir otra vez a su sobrino, Juan Marcos, al grupo para darle, quizás, una segunda oportunidad, pero Pablo no acepta esto, por lo que ambos entran en “fricción” y, aunque ocurre un choque de opiniones, no se produce una división, sino una separación que no eclipsó la unidad del Espíritu y de la fe en el amor.

San Pablo, para llenar el hueco de su querido compañero de milicia, como así llamaba a éste, toma consigo a Silas, mientras Bernabé se lleva a Juan Marcos. ¿Qué ocurrió después?. ¿Por qué Pablo fue tan duro con Juan Marcos y faltó al amor?. ¿Terminó ahí todo, o siguió el choque y el enojo como pasa hoy día?. Carecemos de los elementos históricos necesario para un juicio más amplio, y poder analizar el hecho de porque Pablo rechazara a Juan Marcos aludiendo su deserción anterior. Es posible que Juan Marcos, de carácter un poco voluble, no reuniera el valor y la agresividad requerida para una labor misioneras o ministerial, y Pablo vislumbraba que para una persona así, el soportar le sería difícil y sacrificado, lo cual podía ser destructivo. Quizás el apóstol podía ver la tremenda oposición, prueba y persecución que vendría, por lo que consideraría al joven Marcos poco maduro para ello. Sea lo que sea, este problema terminó en el mismo momento en que comenzó, y aunque hubo “fricción”, nunca se llegó a una confrontación, ni rencor, ni división entre éstos, cada cual tomo su camino, sin haber contiendas o resentimientos divisorios. En la Palabra encontramos pruebas que demuestran que la amistad entre Pablo y Bernabé continuó y además, la colaboración ministerial siguió, existiendo pese a la separación.

Con respecto a Juan Marcos, encontramos el hecho de que muchos años después de lo ocurrido, Pablo escribe desde sus prisioneras una carta a los Colosenses, (4:10), en la cual menciona a Marcos como uno de sus ayudantes, diciendo de él … “mi compañero en prisioneras os saluda y Marcos, el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamiento; si fuera a vosotros, RECIBIDLE“. Noten que Pablo da un mandamiento imperativo: que Marcos sea recibido, lo que establece una buena relación entre ambos que elimina la idea de “rencores pasados”, algo que es común entre los ministros de hoy los cuales por una razón u otra, tienen algunas discrepancias y divorcio. Más tarde, menciona, en la carta a Filemón (24), a Marcos como “uno de sus colaboradores“; por lo que opinó que éste, o estuvo preso con Pablo, o fue un puente en el contacto de éste con las iglesias por medio de sus cartas (llamadas epístolas). También, el apóstol se refiere a Marcos como un compañero útil en el ministerio, el cual desea que Timoteo le traiga de vuelta con él, al venir a visitarle, pues, según da a entender, “Pablo necesita a Marcos” (2 Timoteo 4:11). Juan Marcos se había convertido en los últimos tiempos de la vida de Pablo en uno de sus más importantes y necesarios colaboradores. Sin embargo, hay algo que da más valor al hecho de la unidad Pablo-Marcos después de los problemas ocurridos, y es que Marcos, espiritualmente hablando, había sido engendrado en la fe por el apóstol Pedro, con el cual, también Pablo tuvo fricción la cual ocasionó uno de los problemas más críticos en la Iglesia primitiva.

EL CHOQUE MÁS PELIGROSO DE LA IGLESIA.

Volvamos entonces a la época de Bernabé y Pablo en Antioquía, sobre el año 40 al 50 DC más o menos. En este lapso de tiempo tiene lugar entre los cristianos el peor enfrentamiento de tipo doctrinal, el cual hubiera podido ser una de las peores “confrontación doctrinal” y  crear una crisis destructiva de la iglesia en esa ápoca, que hubiera causado un cisma de división entre dos bandos, ya que hoy en día, por cosas mucho más sencillas, los cristianos están divididos.

En esta conflicto aparecen dos mentalidades diametralmente opuestas. Por una parte esta Pablo, -catalogado apóstol de los gentiles-, el cual se limita a proclamar la esencia del mensaje de Cristo en su “obra salvadora por la fe, para todos los que creen”, omitiendo todos los aspectos relacionados con las costumbres  judía y algunas practica de la ley de Moisés. Pablo no dio importancia a asuntos tales como comidas, días, costumbres, circuncisión, etc (Romanos 14:5-10) sino que el corazón del mensaje paulino estaba solo la proclamación del SEÑORÍO DE CRISTO como dueño de todo, y para el cual vivimos, sea lo que fuese que hiciéramos, y que con la fe y el bautismo nos constituíamos en pueblo suyo. El mensaje de Pablo  excluían las normas judías observadas por la Iglesia de Jerusalén (debemos recordar que éste inicia su ministerio en Antioquía, iglesia gentil compuesta por griegos y judíos helenistas) y proclamaba como esencia de la fe el poder del Espíritu, ya que, según análisis de Pablo, proclama que: “… ya no estamos bajo el antiguo pacto, escrito en tablas y con letra, sino que ahora Dios escribe en nuestros corazones con su Espíritu, siendo nosotros ministradores de un nuevo pacto, más glorioso que el anterior, el cual era la sombra de lo que vendría” (2 Corintios 3:2-8), (condensación de lo que se entiende en todo estos pasajes). El apóstol enseñaba que “la ley (de Moisés) fue nuestro ayo (o sea, prueba de culpa) para llevarnos a Cristo, así que venida la fe, ya no estamos bajo la ley” (Gal. 3:24-25).

Ahora analicemos la otra postura, era encabezada por el apóstol Pedro, el cual creía, defendía y enseñaba, las norma lógica de la cultura judía, en la cual nació. Para Pedro que un deber que para a seguir la fe de Jesús, se deban respetar las leyes Mosaicas y costumbres judías, ya que el mismo Jesús se sujetó a esas normas, externamente, aunque por dentro discrepaba mucho de la mentalidad existente, y esto se evidencia por los múltiples choques que tuvo con los fariseos e intérpretes de la ley (Mt. 23), a los cuales condenó públicamente llamándoles “ciegos, insensatos, necios, sepulcros, etc.”.

El apóstol Pedro estaba lleno de prejuicio con los gentiles, no aceptando el juntarse con ello, y si éstos querían ser cristianos “tenían que hacerse judíos, mediante la circuncisión, y observar todas las costumbres judías”. Fue por ello que en cierta ocasión cuando Pedro visitó la iglesia de Antioquía adopto una actitud “judaica”, e impuso ciertas normas judías, actuando con mucho prejuicio hacia los gentiles, y en su conducta arrastro a Bernabé consigo; fue entonces que Pablo tubo en duro enfrentamiento “cara a cara” con Pedro, por lo que  le condenó fuertemente y denominó la actitud de él como un acto de “hipocresía”, naciendo y agudizándose de ahí en adelante el peor conflicto de la Iglesia primitiva, que radicaba en si los gentiles, para ser cristianos, debían someterse al rito de la circuncisión y observar las fiestas y costumbres judías (Gálatas 2:11-16).

Pese a todos estos choques, no hubo rompimiento de relaciones entre Jerusalén y Antioquía, ambos grupos siguieron compartiendo juntos a pesar de la discrepancia. ¿Por qué no se dividieron?. Era lo más lógico, según nuestra forma cristiana de pensar hoy día. Pero en aquella ocasión el Señor tenía el control de la situación, y entonces, intervino. Poco a poco fue mostrándole a Pedro que para “Él (Señor) no hay acepción de personas”. Poco antes del problema de Antioquía, Pedro había tenido una experiencia con una revelación que el Señor usó, para llevarle a un gentil llamado Cornelio, y por medio del mensaje de Jesús, enseñarle a Pedro que la obra de Dios es también para los gentiles, aunque no sean, ni se hagan judíos. Fue en la casa de Cornelio en donde Pedro, mientras predicaba, vio con asombro y susto, cómo los gentiles recibían el “Poder del Espíritu Santo”, igual que los judíos, sin pasar por las normas de éstos (Hechos 10:43-48). Así que en casa de Cornelio, Dios le reveló a Pedro, con hechos, cuál es el plan del Espíritu para estos tiempos.

Este problema de costumbres y doctrinas era un poco delicado, la fricción existente entre judíos y gentiles transcendía a la polémica, sin embargo, en ningún momento apareció el rompimiento, la separación, “la división” como hoy, en que los evangélicos y adventistas están separados y combatiéndose entre sí. Era lógico, en tales circunstancias, que se hubiese formado en la iglesia primitiva dos bandos, uno legalista, tipo adventista, y otro liberal, que enfatizara la fe y la gracia salvadora, tipo evangélica; ¡Pero no!, lejos estuvo este conflicto de dividir el cuerpo. ¿Qué pasa hoy día, que por cosas tan sencillas como el usar las manos para cantar, la forma de orar, el llevar un velo, la interpretación de un punto oscuro, el orar por los enfermos, etc. produce divisiones?. ¿Por qué cuando dos en una Iglesia no están de acuerdo en cosas simples se separan, llevándose cada uno un grupito, sus seguidores, y abre otra “iglesia”, con otro nombre, manteniéndose una contienda eterna de una contra otra?. ¿Qué nos ocurre?. ¿Por qué estamos tan ciegos en nuestra rebeldía y división?. Si reflexionamos bien, descubriremos, que no existe espíritu de amor y comprensión razón por la cual cuando surgen problemas se producen choques personales y separaciones contenciosas, por lo cual algo en nuestro cristianismo funciona mal.

El choque Pablo versus Pedro concluyó con la convocatoria a una asamblea o concilio, en el cual se expondrían los puntos de vista a la luz de la revelación del Espíritu Santo (año 50 D.C.), y se acordó no imponerle a los gentiles las mismas costumbres judías, sino que éstos sólo debían abstenerse de idolatría, comer sangre o animales ahogados y de fornicar, pero quedaban libres de las demás cosas existentes entre los judíos, los cuales, a su vez, podían seguir con sus costumbres al abrazar la fe cristiana (Hechos 15:25-31). ¿Qué hubiéramos hecho nosotros con un problema así en nuestro tiempo? Lo podéis imaginar, cada uno tomando su camino y formado su propio reinito porque es “Imposible que convivamos juntos”. Pero en los hechos, siguieron juntos, y Dios los hizo crecer en poder y número. Otro ejemplo típico de división interna lo tenemos en los Corintios; un estudio a fondo de estas Epístolas dejará ver que los cristianos aquí, actuaban como niños, como carnales (1 Corintios 3:2-3) y estaban en continua fricción por seguir a hombres (1  Corintios 1:11-13), costumbres, comidas, días, velo, etc., por lo que se suscitó un serio problema de relación, a los cuales el apóstol Pablo define como “falta de amor“. Podríamos estar unidos en espíritu, aunque discrepemos en opinión, porque el amor T O D O  L O  S O P O R T A  (1  Corintios. 13). ¿Por qué estamos tan divididos y separados, hasta el punto de no haber comunión?. ¿Cómo pudieron los cristianos primitivos resolver sus fricciones, sin dividir el cuerpo y tener “Confrontaciones”?.

CONCLUSIÓN 

La respuesta, aunque parezca difícil, es bien sencilla; ellos tenían lo que a nosotros nos falta; A M O R . El amor que recibieron como fundamento de Jesús. Pedro estuvo tres años con Jesús, sin embargo no aprendió a entender la realidad de la iglesia “entre los gentiles”, pues Jesús no se dedicó a darles normas teológicas o apologética… Por tres años el Maestro  sólo se dedicó a darles una lección que le tomó tres años, la del AMOR, el cual es la esencia que envuelve toda sus enseñanzas y obra redentora. Este  sería el fundamento de su Iglesia, de la fe, del Espíritu. Al no haber amor, Jesús sabía que reinaría la división, la contienda, el orgullo, la confrontación; es por ello que sus palabras, su escuela de discipulado, girarían alrededor de esta verdad: “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS“. Pero nosotros hemos vivido o interpretado mal este texto y, en su lugar, tenemos otro muy parecido, pero bien diferente: “ARMAOS LOS UNOS CONTRA LOS OTROS“.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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