¿ERES LOBO O LEÓN?”

Pastor Durley

Hay muchas personas en el mundo que vagan por la vida victimizándose todo el tiempo y esperando siempre de los demás. La Biblia nos enseña que “La pereza hace caer en un profundo sueño, y el alma negligente padecerá hambre. (Proverbios 19.15)” Lo cierto es que hay quienes están dormidos esperando a que les caigan las cosas como los aves se las llevan a sus polluelos. Dios nos ha dotados de dones, talentos y habilidades para desarrollarnos en medio de las circunstancias que tengamos que atravesar, y no solo eso, sino para dar lo mejor en cada una de ellas. No puede ser que nos paremos frente a la vida, como si fuera un árbol a ver que fruto nos cae en la cabeza. Muchos que sueñan, desean, planifican, hacen estrategias, pero no logran nada, como bien dice la Biblia: “El alma del perezoso desea, y nada alcanza; Mas el alma de los diligentes será prosperada. (Proverbios 10.26)”… ¿Por qué será?

En una ocasión, había un hombre muy flojo que vivía en un pequeño pueblo; el hombre era tan perezoso que siempre intentaba conseguir comida gratis y sin el menor esfuerzo. Una mañana mientras caminaba por el campo decidió robar unas jugosas manzanas para comer. Pero tan pronto intentó coger la primera, un granjero lo vio y enfurecido corrió hacia él. El hombre perezoso se asustó tanto que comenzó a correr hacia un bosque cercano para esconderse. Unos minutos después, y mientras caminaba agotado de tanto escapar, vio tirado en el suelo a un viejo lobo que tenía solo dos patas, el lobo no podía correr si sentía miedo o si se sentía amenazado por otros animales. Pero él era feliz arrastrándose, sus patitas faltantes no parecían ser un obstáculo para él.

De repente, vio a un enorme león acercándose hacia ellos, y de nuevo, lleno de miedo, trepó lo más rápido que pudo a uno de los árboles para protegerse, mientras que el indefenso lobo se quedó ahí, quieto, porque no podía huir. El feroz león se acercó al pequeño lobo, pero para sorpresa del hombre, el león no intentó agredirlo, por el contrario, tiró frente al lobo un enorme trozo de carne que traía en su boca. El hombre perezoso sintió una gran felicidad al ver la gran obra de Dios y entonces comenzó a pensar que Dios seguramente tenía un plan para él. Así que fue a buscar un lugar seguro donde sentarse y esperar a alguien para que lo alimentara. Esperó allí por dos días enteros sin que nadie pasara. Hasta que no pudo más con el hambre y comenzó a caminar desanimado.

En el camino se encontró con un viejo sabio y le contó todo lo sucedido con el lobo lisiado y el gran león.   Y entonces le preguntó… – ¡Oh sabio! Dios mostró gran misericordia con el lobo pero… ¿Por qué no mostró misericordia conmigo? ¿Es acaso que Dios no nos ama a todos por igual? ¡Sabio! ¡Dios se ha olvidado de mí! – El viejo sabio le contestó: – Querido hombre, estás en lo correcto, Dios tiene un plan para todos y claro, tú eres parte de su plan. Pero hijo, has tomado sus señales de una manera equivocada. Dios no quiere que seas el lobo, quiere que seas el león.

Hay aspectos muy importantes a destacar en esta historia y que tristemente tropezamos con ellos a diario. Muchas personas a nuestro alrededor que quieren lograr grandes retos sin el menor esfuerzo. Sin embargo, la Biblia está llena de frases tales como: “esfuérzate”, “sé valiente”, “anímate”, mientras que condena la pereza del hombre. (Proverbios 19.15) El protagonista de nuestra historia se vio reflejado en el lobo y en la misericordia que el león mostró hacia él. Y de pronto me pregunto… ¿Por qué vernos a través de la imagen del lobo? No son tiempos de andar arrastrándonos como si nos faltaran las patas traseras, mírate, date vuelta, ¿Qué te falta? ¿Qué pasa que no te das cuenta todo lo que tienes por hacer por delante y que hay tanto que no lograrás alcanzar sino te esfuerzas?

No se puede dudar en ningún momento de la misericordia de Dios, pues como bien dijera el salmista: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida… (Salmo 23.6)” pero es muy diferente que Dios tenga misericordia de nosotros a que portemos una actitud que quiera inspirar lástima de los demás. Aquel lobo arrastraba sus patas, e incluso era feliz haciéndolo porque hay personas que se acostumbran a su estado y piensan que siempre tendrán a un león que les deje un trozo de carne a sus pies, y lo peor que cuando esto no sucede se quejan y murmuran hasta de Dios.

Y no, no se trata que Dios no tenga misericordia, para nada, sino que “El deseo del perezoso le mata,

Porque sus manos no quieren trabajar. (Proverbio 21.25)”. De modo que no tenemos razón alguna para pensar que Dios obrará con nosotros de misma manera que obra con otros, como pensó este hombre al ver la actitud del león para con el lobo y simplemente se quedó quieto a esperar que viniera alguien a alimentarlo.

Porque andan muchos malinterpretando las promesas de provisión de parte de Dios. Así como es cierto que Dios provee para nuestras vidas tanto el alimento como el vestido (Mateo 6.26) también lo es, la demanda de su parte hacia nosotros hacia el esfuerzo, el trabajo y el fruto de nuestras manos, así como el apóstol Pablo les enseñaba a la iglesia en Tesalónica: “que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada. (1 Tesalonicenses 4.11-12) De modo que no estamos llamados por Dios a SER LOBOS SINO LEONES…

No pienses que Dios se ha olvidado de ti, porque simplemente no alcanzas lo que quieres, es que hermano y amigo, el que no trabaja, el que no se esfuerza, (según la Biblia) ni a comer tiene derecho. (2 Tesalonicenses 3.10) porque “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. (2 Timoteo 2.6). No te arrastres, no mendigues lo que con sudor puedes abrazar, quieras SER UN LOBO CUANDO DIOS TE HA HECHO UN LEÓN. Él sabe que puedes lograrlo, allí está, es tuyo, él te lo ha dado, pero ve, lucha, camina, siempre hay algo que puedes hacer, levanta la vara que tienes en tu mano, da siete vueltas alrededor de los muros que te rodean, la obra comienza justo cuando decidas dar el primer paso y mojarte el pie en el Jordán.

¿Y eso quiere decir que Dios no te ama? ¡No! Dios tiene un plan para todos y claro, tú eres parte de su plan. Pero en ocasiones, tomamos sus señales de una manera equivocada. DIOS NO QUIERE QUE SEAS EL LOBO, QUIERE QUE SEAS EL LEÓN.

Dios te bendiga

 

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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