LOS MINISTERIOS Y EL DISCIPULADO EN LA IGLESIA NORMAL I PARTE (LIBRO)

Mario E. Fumero

UN PROFUNDO ANÁLISIS DE LAS ESTRUCTURAS BIBLICAS, Y DEL DISCIPULADO COMO META EN EL CRECIMIENTO NORMAL DE LA IGLESIA SEGÚN EL LIBRO DE LOS HECHOS Y LA REALIDAD DENUESTROS TIEMPOS.

PUBLICADO EN EL 1998 POR PRODUCCIONES PENIEL, TEGUCIGALPA. HONDURAS.

 (Por ser un libro muy grande, lo hemos dividido en tres partes, de manera que esta es la primera parte. Podrá buscar en esta web la segunda y tercera parte. Fue publicado en el 1998 por Producciones Peniel en Tegucigalpa, Honduras)

 PRÓLOGO

Este material que pongo en sus manos lo escribí durante los años 1973-1975, mientras trabajaba en mi ministerio  en Honduras, y lo amplié durante los 12 años que viví en España (1982-1995), en donde también lo puse por obra en las iglesias que edifique. Lo establecí como principio en las iglesias que levante, y con los discípulos que prepare. Todas las verdades expresadas aquí representan treinta años de experiencia, como evangelista misionero en toda América. Ha sido el   producto de mi reflexión frente a las realidades que he vivido dentro de muchas denominaciones, con varios sistemas de gobierno. Quiero participarle que he revisado todo el material que en su tiempo escribí, y casi todo se mantiene firme, pero he ampliado algunos aspectos, y añadidos nuevos enfoques que complementan los anteriores, junto a una bibliografía muy interesante sobre diversos temas que toco de refilón.

El capitulo -6- “Buscando el Sentir” ha sido escrito recientemente, añadiendo a las experiencias anteriores, los últimos quince años de ministerio, principalmente en España, donde la problemática del gobierno local se hace más compleja. Espero que al leerlo pueda comprender el más complejo problema de la iglesia atreves de los tiempos, que es su  forma de crecer, conservar las vidas y establecer un gobierno local. No trato de imponer criterios ni doctrinas, pues en este campo no podemos dogmatizar, ya que no existen pautas claras al respecto. Trato de transmitir la luz que el señor me dio de este tema y las disvirtuaciones que tenemos en algunos aspectos, por lo que al  establecer normas extrabiblicas, creamos principios de trabajo poco bíblicos, además hemos cometido el error de buscar lo cuantitativo (numerología), olvidando lo cualitativo (carácter cristiano). Si no corregimos a tiempo estos errores, forjamos una iglesia expuesta fácilmente a la apostasía, y esto me tiene muy preocupado. Tome a bien este libro, y que sea un manual `para que dentro de nuestra estructura de crecimiento consideremos el discipulado y el gobierno apostólico como una parte esencial y vigente en la vida de la iglesia del siglo XXI.

Espero que el señor nos ilumine.

Con mucho cariño:   Mario Eduardo Fumero.

 

CAPÍTULO -1-

EL PASTOR Y LAS OVEJAS[1]

Mi corazón se ha sentido afligido al ver cómo muchos compañeros en el ministerio se desgastan, sufren y destruyen su salud, soportando la terrible carga de una iglesia que descansa en el concepto tradicional del “Pastor~Centrismo[2], en donde el pastor es un empleado, al cual la iglesia  paga un sueldo para que lleve toda la carga de un cuerpo, que por estar muerto, pesa mucho, y cuesta trabajo llevarlo hacia arriba, a “la perfección de Cristo Jesús”. Esta estructura produce un estilo de vida en donde los creyentes son turistas, en un barco que va para el cielo, esperando que unos pocos hagan el trabajo que debería de hacer toda la iglesia. En muchos marcos, la estructura de la iglesia presenta al pastor como un “criado”, que sigue órdenes de una congregación que le demanda un trabajo excesivo, en una función que está muy lejos de ser bíblica, y que no se ajusta al sentido comparativo de lo que es ser un pastor de ovejas.

CONCEPTO ERRÓNEO DEL PASTORADO

El Pastor tiene que criar, cuidar, consolar, dirigir, ayudar, enseñar, buscar al perdido, visitar al disgustado y doctrinar a los nuevos convertidos. Debe también abrir y cerrar el edificio etc. Es “el que todo lo hace” dentro de la iglesia, y por esa razón, su vida se consume, sin dar los frutos que Dios desea para la comunidad que pastorea. Este extremo ha dado lugar al surgimiento de pastores que ejercen un ministerio hegemónico, naciendo el “pastor cacique”, el cual ejerce una autoridad totalitaria o despótica, creándose la “esclavitud de los santos”, y actuando como si la iglesia fuese su “feudo”, y él, señor feudal. Lentamente elabora unos esquemas tecnocráticos, establece metas que proclamen su éxito, y lleva a la iglesia a un crecimiento que dista mucho de ser natural, apareciendo después los problemas de divisiones, deserciones y escándalos. Por otro lado, tenemos una generación de “creyentes” que sólo miran al pastor como un empleado, al cual manejan a su antojo por medio de lo material, no pudiendo éste ejercer una autoridad apostólica, pues si predica contra las malas costumbres de la gente, le ocurre como a Israel en el período de los Jueces; buscarán otro rey que no les reclame por su pecado. En estas estructuras “pastor-empleado”, cada cual hace lo que le da la gana, no se sujetan, y cuando se les reclama como “miembros de la iglesia” algo que hacer o servir, alegan irónicamente: “Para eso le pagamos al pastor”.

LAS CONSECUENCIAS DE LAS DESVIRTUACIONES

Se tiene el concepto de que el único responsable de la evangelización y consolidación de los convertidos es el pastor. Esto es un tremendo error que venimos arrastrando hace tiempo, al igual que los métodos convencionales de evangelismo, por lo que vamos a analizarlo detenidamente.

Cuando la estructura de la iglesia gira en torno al trabajo que hace el pastor, se producirá un estancamiento o destrucción del crecimiento, ya que cuanto más crece la iglesia, más trabajo tendrá el pastor, por lo que, en la mayoría de los casos, termina descuidando su hogar, su familia y su vida espiritual. Muchas veces, al caer presa de lo cuantitativo, sin tener una estructura bíblica correcta, se agota hasta que su salud se deteriora, pues para llenar las demandas de una iglesia creciente en número, pero no en realidades vividas, tendrá que sobrepasar sus límites físicos. Debido a ello, muchos mueren del corazón, porque no pueden resistir tanta presión, cansados por el centralismo en la función pastoral, que no puede dar vida a un cuerpo enfermo, como es la iglesia en esta situación. En muchos casos el crecimiento numérico produce prestigio, exaltación, egocentrismo y descuido de la vida íntima del pastor con su Señor, y termina cayendo en codicia[3], materialismo, mentiras o carnalidad. Cuando los pastores pierden su concepto ministerial, cuando la iglesia es una empresa y no un cuerpo vivo que crece de forma natural, cuando los esquemas tecnocráticos anulan los procesos bióticos[4] y naturales del crecimiento, entonces nos enfrentamos a una deformación en el quehacer ministerial y en la formación de los discípulos, y tristemente vamos hacia una desvirtuación del propósito de Dios para su pueblo.

¿Qué ocurre cuando alteramos el orden de los factores naturales para acelerar lo que debe venir de forma natural? Fenómenos, mutaciones, híbridos[5] espirituales que no producirán el deseo de Dios.

¿Cómo podemos actuar para que este fenómeno común en nuestro entorno no se siga dando? Volver a la Palabra, a los principios apostólicos. Es por ello que deseo transmitir una inquietud, la cual no es doctrina, ni una nueva enseñanza, sino una verdad tan vieja como la misma Palabra de Dios, pero la cual hemos olvidado. Me propongo exponer, según el modelo neotestamentario, las estructuras y mentalidades de acción que la iglesia debe de tener, mediante una comparación edificativa, para demostrar la necesidad de reconsiderar algunos puntos sobre la función de cada miembro en este quehacer, en los cuales todos nosotros hemos fallado. Analizaremos el papel de los pastores dentro del concepto funcional del cuerpo, así como el principio de miembro. Tomaremos para ello las leyes biológicas del crecimiento, para poder entender el propósito estructural de la iglesia apostólica.

CAPÍTULO -2-

LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA.

Partimos del hecho de que Cristo es la cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo[6]. Todo cuerpo tiene miembros superiores e inferiores, relacionados entre sí por un orden de ubicación y no de jerarquía. Quiero comenzar este análisis enfocando la función de los ministerios superiores de la iglesia de acuerdo a la Palabra. Según Efesios 4:11-12: “…él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,“. En la iglesia existen dos grupos específicos de ministerios (o servicio) de acuerdo a su función:

   1. Los ministerios especiales o con llamado: Son los que gobiernan y dirigen el Cuerpo de Cristo para su perfección (ver 11). Llamados y separados por Jesús para gobernar su iglesia, los definimos como dones ministeriales[7].

   2. Los discípulos o miembros del cuerpo que son los “ministerios generales; a los cuales se les llama también “laicos” o creyentes. Son las ovejas que forman el rebaño y deben trabajar en la multiplicación.

LOS MINISTERIOS ESPECIALES

 Entre los ministerios especiales, puestos para gobernar y perfeccionar a los santos, la Biblia menciona cinco; maestros, pastores, profetas, evangelistas y apóstoles (1 Corintios 12:28).    Para alcanzar un ministerio especial se necesita algo más que una preparación teológica, o un deseo de servir a Dios[8]. Es imprescindible un llamamiento. Éste llamamiento  debe ser directo y personal, confirmado por los frutos, que darán el reconocimiento y aceptación en la iglesia local. Y ¿cómo saber quién es llamado? Por sus hechos. Sin embargo existe dos clasificaciones para juzgar y distinguir el llamamiento genuino del falso, ya que hay dos tipos de “ministros“; unos que son los que viven para su vientre, buscando en el ministerio una posición social o un “modus vivendi“, y otros son los que aman la obra, sus ovejas y su labor, hasta el grado de morir y sufrir por ellas (2 Corintios 2:4). El apóstol Pablo dice en Filipenses 3:2,7,8 lo siguiente:“¡Guardaos de los perros! ¡Guardaos de los malos obreros! ¡Guardaos de los que mutilan el cuerpo!… Pero las cosas que para mí eran ganancia, las he considerado pérdida a causa de Cristo. Y aun más: Considero como pérdida todas las cosas, en comparación con lo incomparable que es conocer a Cristo Jesús mi Señor. Por su causa lo he perdido todo y lo tengo por basura, a fin de ganar a Cristo”. Siguiendo estas pautas, clasificaremos a estos dos tipos de ministros en:

  • Primero: Los malos obreros, mutiladores del cuerpo, perros; que viven para causar división, explotar la fe y venderse a quien les pague más. 
  • Segundo: Los siervos del Señor, que aman y sirven a Cristo, por lo que están dispuestos, como Pablo, al sacrificio por la causa del reino, que es la iglesia del Señor,  y tienen todas las cosas como pérdida; “Sin embargo, de muy buena gana gastaré yo de lo mío, y me desgastaré a mí mismo por vuestras almas. Si os amo más, ¿seré amado menos? (2 Corintios 12:15)              

LOS MALOS OBREROS O FALSOS MINISTROS.

Al pensar en las características de los falsos ministros tenemos que analizar, en la definición dada por San Pablo, el término “PERROS. Esta expresión suena dura, pero, ¿sabes por qué les llama así? Porque buscan las migajas que caen de cualquier mesa, se venden al mejor postor, carecen de principios propios, y como hizo Esaú,[9] son capaces de vender su “primogenitura” por un plato de lentejas. Estos buscan sólo su sustento (un buen salario), por lo que se cambian de “misión” o “iglesia” como lo harían de ropa. Andan detrás de la denominación o concilio que les pague más dinero, y a veces, venden hasta la congregación a misiones extranjeras, como si fueran borregos en un corral. Esta actitud, que desacredita la seriedad del amor del pastor por sus OVEJAS, es una forma de apostasía que inunda nuestros círculos religiosos. Estos son aquellos malos obreros, amadores de sí mismos, que como maestros falsos, se introducen dentro de la iglesia para hacer mella en el fundamento de los Apóstoles y de la doctrina de Cristo. “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán la vida al rebaño; y que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para descarriar a los discípulos tras ellos.” (Hechos 20:29-30). El otro término usado es el de “MALOS OBREROS“, y estriba en el hecho de que no aman al rebaño, solo lo entretienen, dándole pastos secos, en vez de llevarlo a pastos delicados y ríos de aguas vivas. Predican sermones superficiales, del tipo “duérmete mi niño”. No se preocupan por los problemas, ni las necesidades espirituales de su congregación. Se conforman con que rumien en el “valle de la indecisión”, y no los llevan a que vivan la vida cristiana en santidad. Toman la función como profesión, y no como un compromiso para formar la vida y carácter de sus ovejas.

Este tipo de obreros amamantan el pecado, alientan el proselitismo, y en vez de cuidar la grey, buscan el cumplido social dentro del sistema establecido, sin vivir una vida en sencillez, con temor y temblor. No se desvelan por sus ovejas, ni las conocen por su nombre. Estos, en vez de vivir para el Evangelio, viven tan sólo  del  Evangelio, y cuando encuentran una mejor oportunidad de pastorado, en una iglesia más grande, o con mejor sueldo, se van corriendo, aunque su congregación los necesite. O quizás, al aparecer problemas económicos en la congregación, y no poder darle su sustento, como lo hacían antes, se va buscando un trabajo donde “pueda ganar más”, y abandona el ministerio. A este tipo de obreros Jesús les llamó “asalariados” (Juan 10:10-14). Estos, cuando ven venir al lobo, escapan corriendo, dejando al rebaño indefenso. Carecen del sentido del compromiso y sacrificio por el bien del rebaño.

Podemos hacer referencia a estos dos tipos de ministros preguntándonos: ¿Por qué tienen que existir malos obreros, amadores de los deleites más que de Dios? El Pastor David Wilkerson[10] afirma que siempre han existido dos sacerdocios; uno que es conforme a los deseos de la carne, representado en el A.T. por el sacerdocio de Abiatar, y otro conforme a la unción y la voluntad de Dios, que es representado por el sacerdocio de Sadoc. ¿Pero qué significan estos dos nombres? Durante el reinado de Saúl había dos sacerdotes; “¿No estarán allí contigo los sacerdotes Sadoc y Abiatar? Todo lo que oigas en la casa del rey se lo comunicarás a los sacerdotes Sadoc y Abiatar” (2 Samuel 15:35). ¿Qué significado tienen sus nombres?

SADOC: “Uno que es justo”.

ABIATAR: “Que tiene paz con Dios”

En la Biblia David es tipo de Cristo, un sacerdocio conforme al corazón de Dios, un ministerio ungido, mientras que Saúl es tipo del sistema corrupto, de una iglesia que ha perdido la unción de Dios al aliarse con los intereses creados del sistema dominante. Una iglesia que vive tan sólo de emociones y mercantilismo. Sadoc se mantiene siempre fiel al lado de David, pese a la adversidad y persecución (I Crónicas 12,28.). El quería estar del lado correcto, en donde estaba la bendición de Dios, por eso dejó a Saúl y se fue con David y sus 22 capitanes. Se fue con la unción, con la santidad, con la pureza, y nunca dejó a David, ni siquiera con la rebelión de Absalón. Hasta que apareció David como el rey “ungido”. Fue entonces cuando Abiatar y Sados fueron juntos. Parece que los dos iban en pureza y santidad. Pero ¡No! Abiatar tenía la semilla de Elí en su corazón, él buscaba posición, poder y bienestar. Esto es el éxito, la prosperidad, ser el número uno. Siempre lo que está en el corazón es lo que sale a la luz. La vejez de David fue un tanto difícil. Absalón (su hijo) estaba cometiendo adulterio con las concubinas de Israel, por ello la voz de Sadoc sonó, para condenar su pecado (1 Reyes 1:1-10).       

Después Adonías se rebeló tratando de usurpar el trono de David, y fue apoyado por el sacerdote Abiatar,  el cual estaba buscando más la posición que la voluntad de Dios. Aquí nos encontramos con una rebelión, la de Adonías, que representa lo que podríamos definir como la búsqueda de la prosperidad y el éxito. Ahora entendemos qué es lo que había en el corazón de Abiatar; él quería ser próspero  y poderoso. Ese es el evangelio que hoy muchos predican, y que por desgracia existe en muchos lugares. Proclamamos la llamada “teología de la prosperidad” para acomodarnos al sistema materialista y explotar la fama, el éxito y el poder. Hay mucha gente que buscará este tipo de pastores, para que les enseñen cómo llegar a tener más. Las iglesias se hacen grandes, porque sus miembros buscan el bienestar y la prosperidad. Es el mismo espíritu que había en Abiatar. Al morir David, Abiatar busca el poder social, más que la unción. Tiene un ministerio nuevo y diferente, y se acomoda al sistema dominante. Es por ello que después Salomón lo despacha del sacerdocio, porque era corrupto, ya que siguió en los pecados de los hijos de Elí: “Así excluyó Salomón a Abiatar de ser sacerdote de Jehová, cumpliéndose la palabra que Jehová había hablado en Silo acerca de la casa de Elí.” (1 Reyes 2:27). Y Dios levantó otro sacerdocio, el de Sadoc, del cual había dicho: “Pero yo levantaré para mí un sacerdote fiel que actúe conforme a mi corazón y a mi alma. Le edificaré una casa firme, y él andará en presencia de mi ungido todos los días.” (1 Samuel 2:35).

Adonías va a la Peña de Zohelet, que significa la peña de la serpiente (el diablo). Dios no estaba en esto, era una actitud que producía una acción satánica, pero Abiatar le seguía la corriente. No había ni un hombre santo entre ellos. Esto es lo que ocurre en la iglesia actualmente cuando se envuelve del espíritu de este mundo, y es dominada por los poderes económicos. Abiatar está bajo la maldición de Elí, pues había orgullo y lujuria en su mente. El corazón de Adonías buscaba a Abisag (mujer que cuidó a David en su vejez). Fue entonces que Adonías pidió a Salomón, por medio de su madre, que le diese a esta mujer, pero Salomón se la negó, y además lo mató. Hay muchos que no se han enfrentado a su orgullo, a su lujuria sexual, y no saben cómo cuidar sus ojos, y van detrás de las mujeres bonitas, adulterando y escandalizando el evangelio de Jesucristo. Qué triste ver como ministros manchan la dignidad del evangelio cayendo en pecados carnales de forma infame, y después siguen predicando, como que nada ha pasado.

Cuando David proclama rey a Salomón, llama a Sadoc  para que le unja como Rey (I Reyes 1,32), ya que  Sadoc está en la unción, en el camino recto. Lo primero que hace Salomón en su reinado es decirle a Adonías que lo dejaría tranquilo, y que no lo mataría, si se portaba bien (I Re 1,52), pero a su vez le pide a Abiatar que venga a él, (I Reyes 2,26-27). Le recuerda la profecía dada a Elí, en donde se anunció que Dios retiraría su promesa de bendición sobre la casa de éste por tolerar la maldad de sus hijos[11]. Debería Salomón haber matado al sacerdote Abiatar,  pero le estaba diciendo que este tipo de sacerdocio no podría ser cortado. No podía tocarle, aunque sabía que Dios no estaba con él, pues carecía de la unción, pero se tenía que cumplir la profecía dada a Elí. Así que los malos obreros y los perros han existido y existirán hasta la consumación final de los tiempos. Por eso debemos saber distinguir entre unos y otros. El mismo Jesús tuvo un obrero traidor, llamado Judas Iscariote, que buscaba el bienestar y la ambición material. También se menciona a los “MUTILADORES DEL CUERPO“. Son obreros capaces de dividir la iglesia para satisfacer sus propios caprichos personales, tomando como excusa cualquier hecho rudimentario, alegando que actuaron así por cuestión de “doctrina y libertad de espíritu”. Pero en sí, fue obra de la carnalidad que existía en su ser. “Mutilar” es cortar, dividir, partir una cosa. Con tristeza vemos que por cualquier simple roce, choque o desavenencia, se dividen y dejan a la iglesia partida en dos grupos, para enfrascarse ambos grupos en una lucha terrenal teniendo las mismas creencias y fe, alegando cosas absurdas, que en relación a la unidad del Amor y del Espíritu son insignificantes. Los corintios, aunque discrepaban en opiniones y lideratos, no cometieron el error de dividirse en grupos apartes, y formar cada cual una congregación, como lo hacemos hoy día. Este tipo de obreros carecen de convicción, y le siguen el juego a cualquier teoría o doctrina rara que aparezca.

Muchos líderes de esta naciente “IGLESIA APOSTATA“, se unirán a la gran ramera, al sistema religioso mundial en la etapa del anticristo, y están clasificados dentro de éste grupo los que Pablo llamó; “mutiladores del cuerpo“. Son aquellos que dejando la verdad, creen y enseñan doctrinas de demonios, basándose en la lógica extra- bíblica, (recordemos que el diablo sabe la Biblia, pero no la puede vivir). Dividen el cuerpo, negando la eficacia de la piedad[12] y justificando la homosexualidad, el libertinaje, el aborto y considerando al pecado como “una idea acomplejadora o un error“, llegando a afirmar que la fe en Dios es un tabú que inhibe al hombre en su plena realización. Otros hacen, de ciertos énfasis, una gran verdad, con la cual forjan actitudes sectarias, para dar inicio a una organización que se nutrirá de los creyentes de otras iglesias. También están los “liberales” que no solo niegan la inerrancia (veracidad) de las Escrituras como Palabra de Dios, sino que ponen en tela de juicio los milagros y el poder de Dios. Otros son “ministros” que se introducen dentro, para causar sensacionalismo y culto al “ego”, ambicionando puestos y buscando gloria. Siembran el desconcierto, ya que sus funciones no fueron dadas por Cristo, sino por su astucia o inteligencia humana. Otros, con prodigios y señales, a veces haciendo trucos de magia, hacen que la congregación deje a sus pastores, (que la formaron y criaron) para ir en pos de ellos como portadores de una unción especial. Con nota de “milagros fraudulentos”,  menoscaban la unidad y la sujeción a los líderes. Actualmente muchos hermanos andan detrás de cualquiera, que en un parque, plaza o auditorio, ostente títulos o señales milagrosas.

No estoy condenando estos hechos, los cuales pueden ser obra del Espíritu a través de sus dones o carismas, pero considero que una iglesia normal, debe tener en sí misma todos estos dones de forma  potencial, operando como esencia de la vida en el Espíritu. Tenemos el ejemplo bíblico de Felipe, (que era un simple diácono. Hechos 6:5, 8:5) el cual al escapar de la persecución de Jerusalén, fue a Samaria, produciendose un aviamiento con señales y prodigios, revelandose, sin buscarlo ni quererlo, el poder del Evangelio en medio de esa gente. Las señales no se usaron para atraer a los hermanos convertidos de otras congregaciones a las nuestras, dejando a sus pastores, sino más bien para ser partícipes de un acto de milagro por medio del cual muchos incrédulos confesaron el poder de Jesús, naciendo la iglesia.  También están los tele-evangelistas que por “control remoto”, tratan de forjar una iglesia, usando los medios de comunicación para adoctrinar, dirigir y forjar las vidas de la gente a través de un pastorado invisible,  criticando a las congregaciones existentes, que tratan de dar, junto a la Palabra, el calor y la comunión que es  sí  la esencia del cristianismo. Los medios han despersonificado la evangelización, y han deshumanizado la relación eclesiástica. En vez de hacer un bien, lo que hacen es sembrar más confusión y división en nuestro mundo, ya que han despersonificado la relación humana por las tecnologías.

¿Cómo es posible que haya predicadores que hagan milagros y sean “obreros engañadores”? Recordemos que el mismo Jesús nos advirtió tales hechos (Mateo 24:4,5,11, 22-26), y en más de una ocasión se refirió a este asunto y dijo: No es el que dice Señor, Señor, sino el que hace la voluntad de mi padre que está en los cielos Mateo 7:21. Él enseñó que en el juicio final, muchos reclamarán haber hecho milagros, prodigios y echado demonios, y a los tales les dirá: “Apartaos de mí, al fuego eterno. No os conozco“. También refirió que vendrían muchos falsos profetas que engañarían  aún a los escogidos. Pablo señala que puede haber muchos que con muestras de piedad y dones se presenten como “supuestos cristianos”, pero carecen del amor. No es raro que tales cosas ocurran en nuestros tiempos, como en la época bíblica. ¿Cómo saber quién es quién? Pablo lo enseña poniendo el fundamento del amor como distintivo, ya que el diablo puede hacer e imitarlo todo, pero nunca podrá amar, porque ésta es la única característica de Dios en su relación con el hombre. No hay forma de distinguir entre el obrero malo y  bueno, a no ser por la vida, la enseñanza y el amor que muestre a sus ovejas. En mi ministerio me he encontrado con ambos, y no se me haría difícil distinguirlos. El mal obrero le da importancia a los títulos, se exalta, y trata de controlar ciertas posiciones claves en su estructura. Si examinamos su actitud egocéntrica, descubriremos que es fanático en aquello que explota, (sea idea, iglesia, o sistema), y a la vez, es flojo en la doctrina, juega con el pecado, busca las riquezas, y muchas veces, se vuelve dogmático y legalista, o por el contario, se va al extremo liberal. También encontramos aquellos que se enriquecen, obteniendo por medio de la explotación de la fe, bienes materiales. Todo líder religioso que se enriquece rápidamente, sin una causa lógica, es un mal obrero y un ladrón.

La otra característica de los malos obreros es su posición voluble en problemas sociales, dentro de los cuales se introduce como un líder, identificándose con tal o cual ideología o mentalidad política. Por   regla general, el mal obrero no habla claro, es diplomático y trata de agradar a todo el mundo. No participa en reuniones de oración, ni comparte con otros ministerios espirituales, pero sí, busca la unidad con los ecumenistas. Son “Doctores” de la palabra, que forjan esta falsa unidad, creando estructuras que dan orígenes a títulos y posiciones humanas de protagonismo, aunque debemos tener cuidado no generalizar, porque hay excepciones.

No podremos juzgar a un ministro u obrero del Señor como malo sólo porque haga algo ilógico, o se involucre en alguna determinada acción social, o tenga un título de doctorado. Tenemos que evaluar sus frutos y su vida a la luz de la Escritura, la cual nos dice como debe ser siervo[13] (con “s”), ya que puede haber algunos que inconscientemente, o por ignorancia, hagan cosas que puedan catalogarse como “malas”, pero en el fondo, lo que les mueve es el deseo de dar testimonio y proclamar el evangelio dentro de sus esquemas teológicas, ya que no todas estas reglas son aplicables a todos los casos.    Pondré un ejemplo propio de lo mencionado. Cuando fui evangelista hice cosas que, aunque hoy no las apruebo como correctas, tampoco las hice como incorrectas, pues actué de acuerdo a la conciencia que en ese momento tenía. ¿Cómo es eso posible? Veamos: La costumbre general de los evangelistas es exaltar siempre su nombre, foto y trabajo, como medio de propaganda, para alcanzar prestigio y reconocimiento en las iglesias, y poder subsistir, obteniendo apoyo. Esto en sí no es malo, pero poco a poco uno se va exaltando hasta que, sin darse cuenta, nuestro nombre aparece en grande, y el de Jesús en pequeño. “Yo” era el artista principal de la película, y Jesús el ayudante. Ponía mi foto en todas partes, y relataba mis hazañas para obtener protagonismo. Hoy día miro esto desde otra perspectiva, debido a que he madurado y evolucionado en muchos conceptos, pero en aquella época actué de buena fe, según costumbres y enseñanzas recibidas. Ahora reconozco que no debería ser así, porque en nuestro ministerio, al que debemos exaltar es a Jesús, y lo que hacemos, no lo hacemos nosotros, sino Cristo, al cual le debemos dar la honra y gloria, que a veces sin querer le robamos, y  si en algo nos gloriamos, que sea en nuestras debilidades, porque en ella el poder de Dios se perfecciona (2 Cor  12:9).  Actualmente rechazo y evito exaltarme en lo que a mí  se refiere. No me gusta poner mi foto, ni siquiera usar los títulos que tengo, porque he aprendido a ser un SIERVO INÚTIL y proclamar a JESÚS como Señor de mi vida.

Uno no debe dar testimonio de sí mismo, ni demostrar con expresiones de exaltación que tenemos poder, sino dejar que otros lo hagan por nosotros. Cuidado con juzgar, y si juzgamos, hagámoslo como espirituales (1Corintios 2:15), para no caer en murmuración, calumnia y falso testimonio.

EL OBRERO FIEL Y VERDADERO.

Hablaremos ahora del obrero fiel, que ama su obra, y se considera, más que un “Reverendo“, UN SIERVO, al cual el Señor llamó para darse a su pueblo. La Biblia es explícita en cuanto a la conducta que debe tener un verdadero ministro de Dios. Lo primero que enseñó Jesús es que somos llamados a servir y cuidar del rebaño mediante la paternidad espiritual[14], expresada en el principio de “ID Y HACED DISCÍPULOS”. Como fruto natural de esta paternidad, nos hacemos padres espirituales, por lo que nos convertimos en maestros, y sin buscarlo ni quererlo, se forma el rebaño, y nosotros llegamos a ser pastores. Esto no ocurre como producto de una estructura, sino por las circunstancias que nos forjan en el amor y sacrificio, ya que “El Buen Pastor, su vida da por las ovejas.” Esto nos lleva a cuidar y alimentar a las ovejas, para que se desarrollen, y puedan dar leche. Así nacen los ministerios, como producto de un cuerpo funcional, evolucionan en la medida que el cuerpo crece. Si la iglesia es un cuerpo, todo es funcional, nada es estático, así que los ministerios ni son permanentes, ni son titulares, sino funcionales. Para entender esto hagamos una comparación lógica: Soy hijo y después de casarme, tengo hijos, por lo que me convierto en padre. Después mis hijos tienen hijos, y me convierto en abuelo. ¿No fue este un proceso natural de crecimiento? ¿Se puede ser abuelo sin ser primero padre? ¿Se puede ser padre por recibir un cursillo de paternidad? ¿Se puede ser pastor sin ovejas? ¿Se puede ser apóstol (abuelo) sin haber formado pastores (ser padre)? Pensemos en esta similitud y entenderemos qué es ser “funcional”.

El pastor fiel sirve al rebaño “no por la paga o el salario que recibe”, aunque es acreedor del mismo. Las ovejas le dan la lana, con lo cual premian su sacrificio, al protegerlas y guiarlas a buenos pastos y fresca agua. No busca en sus ovejas más de lo que éstas pueden dar, o él mismo necesita. Evita las “ganancias deshonestas“(1 Pedro 5:2). Si alguna vez tiene que trabajar con sus manos para ayudar a la obra, lo hace con gozo y placer, sabiendo que su ministerio se honra, cuando por amor, tiene que trabajar secularmente para ayudar la obra[15]. No deja al rebaño por los problemas, aunque venga la tormenta. Ahí está, firme, cuidando sus ovejas. Ama la obra, y no la vendería, ni se vendería siguiera al mejor comprador.  Se goza en su rebaño y actúa, no como teniendo señorío sobre él, sino con ánimo presto, como que tendrá que dar cuenta a Dios por él mismo (1 Pedro 5:2-4).  Sufre por sus ovejas. Si alguna se enferma o se aparta, su corazón siente y padece. Vive para ellas, y no hace preferencia. Las ama a todas con ese amor divino que se agranda con el llamamiento al ministerio. Tiene que haber entre pastor y oveja una relación profunda, una unidad genuina del Espíritu, por lo que él las llama a ellas “mis hijas” y ellas a él “nuestro padre“. En otras palabras, esto es tener un corazón de pastor, de padre. Es tierno y siente tanto por su rebaño que se identifica con él aunque esté lejos: “Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo2 Corintios 2:4 RV. Esta unidad produce respeto, autoridad y sumisión de unos con otros. Buscan la meta, que es alcanzar la imagen de Jesús. El buen ministro no cambia de idea ni de doctrina, no busca prestigio, comparte lo que posee con otros, tiene celo por su trabajo, hasta se sobrepasa, y deja que el celo a veces lo consuma. Ora, ayuna y trabaja con su iglesia. Muchas veces va más allá de lo normal, tomando él sólo toda la carga de la obra, hasta que se enferma. Se da sin medida. Delega, con amor, responsabilidades para la multiplicación del rebaño.        

El pastor, y los demás ministerios de la iglesia, son según la Palabra, dirigidos por el Espíritu para la edificación del cuerpo. Cada ministerio tiene su función, aunque hoy día muchas circunstancias han cambiado este sentido, distorsionando los mismos, y eliminando algunos ministerios para crear otros que no son bíblicos, limitándose la autoridad de los mismos. El Señor quiere que demos un énfasis bíblico a los ministerios, y los distingamos, no sólo por sus frutos y llamamiento, sino también por su fin y función.

CONCLUSIÓN

Dejamos por asentado en este capítulo que existen en la iglesia ministerios generales y ministerios especiales. Establecimos que los ministerios con funcionales y que crecen juntos a  todo el cuerpo. Nos falta por definir las funciones ministeriales y su surgimiento como “llamados por Dios” dentro del crecer de una iglesia normal, pero esto se analiza en los posteriores capítulos, así que paciencia y asimilemos esto para entender después lo que sigue.

CAPÍTULO -3-

LOS MIEMBROS EN LA  IGLESIA

Conforme existen dos tipos de ministros, también hay dos tipos de miembros en la iglesia. Pudiéramos clasificarlos como: Ovejas o cabritos, sanos o enfermos, miembros en comunión o aspirantes, fieles o flojos, sujetos o insujetos,  coyuntados o descoyuntados, comprometidos o pasivos etc. Pero me gusta más clasificarlos bajo un concepto bíblico no muy usado, que es el de; “Miembros con mayúscula“, que no funcionan y “miembros con minúscula”, que funcionan, o usar el términoel de acoyuntado (sujeto) o descoyuntado (suelto). En nuestro contexto evangélico se usa mucho el término miembro, y aunque es bíblico, muchos ignoran el sentido  conceptual del mismo. Tomaré esta palabra según el sentido popular y después la analizaremos de acuerdo a la Palabra, para establecer nuestras pautas sobre esta clasificación. 

LOS  MIEMBROS CON  MAYÚSCULA

El término Miembro  (con mayúscula) le da a la palabra un concepto de socio. Se usa mayúscula para definir un título (Excepto al empezar una oración, según ley gramatical) o posición social. Se es Miembro, con mayúscula, cuando nos afiliamos a un club, organización social, filantrópica o religiosa. Es por ello que llevamos un carnet, estamos registrados en un libro de “membresía”, y gozamos de ciertos privilegios y obligaciones. Aplicado este principio a la iglesia, podemos ver que tenemos una generación de Miembros, que aunque son un “cuerpo”, no están unidos al mismo de forma profunda. Estos tipos de cristianos se caracterizan por ser flojos, no funcionando como cuerpo. Son socios, y no parte de la empresa. Ellos creen que con dar sus diezmos y asistir a los cultos dominicales, ya cumplieron con su deber de Membresía. La palabra “Membresía” es un derivado de Miembro con mayúscula, porque en sí, no es correcta con el otro sentido de la palabra, lo cual veremos después. Este tipo de Miembros se caracterizan por su rebeldía y capricho, son adornos, y no aceptan más autoridad que la de sí mismos. Hacen lo que quieren, y siempre hay que pasarles la mano para tenerlos contentos, porque son como niños. Estos Miembros son estorbos al verdadero crecimiento de la obra de Dios, pues no viven la doctrina, ni la realidad de la iglesia. Son solamente “Miembros con Membresía”, registrados en un libro de socios,  pero a la larga hacen “lo que les da la gana”, no se comprometen, son tan sólo calienta-bancas.

Es triste ver que esta idea ha hecho a muchas iglesias, no lo que Dios quería que fuesen “un cuerpo”, sino un centro de reunión, exposición, entretenimiento, para pasar el rato, etc., algo parecido a un club que tiene de todo, menos la vida del Espíritu. Cuando hay que tomar decisiones en asamblea, allí están, para decidir lo que ellos no están dispuestos a aceptar, y a veces, tuercen el quehacer de la iglesia, porque son carnales, y no andan conforme al Espíritu.

LOS MIEMBROS CON MINÚSCULA

Pasemos ahora a analizar miembro con minúscula, el cual se deriva del concepto fisiológico. Una parte que funciona ligado a otra. Así se arma la unidad de la iglesia, un conjunto de miembros integrantes de una unidad particular, que forman un cuerpo[16], cuya cabeza es Cristo. La palabra “miembro” tiene su sentido al referirse a su función, comparándola con un cuerpo físico, para que entendiéramos la estructura de relación. Esta palabra establece el concepto orgánico de una naturaleza fisiológica, a la cual nos unimos para ser parte “de un cuerpo que funciona”. Es una tremenda realidad en la vida del cristiano, que convierte la relación entre hermanos en una expresión de vida, creándose una ubicación  en el quehacer del cuerpo,  junto a los ministerios. Dijimos que la expresión “Membresía era un error. Esta palabra muy común, pero mal aplicada, no se deriva en su sentido léxico de miembro como parte de un cuerpo. Viene de Membrete, o sea, registro o anotación en algo. Un Membrete es algo que se imprime en un papel, que encabeza un escrito o una tarjeta, que forman una agrupación con tal o cual nombre. Si queremos explicar lo que es ser un cristiano, no debemos decir que tiene Membresía, porque no se ajusta al sentido bíblico, ya que ser miembro no es una actitud de estar, sino una forma de ser y vivir. Debemos identificar a una persona por su función y no por su identificación. Lo correcto será decir que es un “discípulo” o “cristiano” que funciona como miembro (parte) de un cuerpo, ubicado dentro de un orden de sujeción, formándose así la Iglesia.

EL PRINCIPIO DE FUNCIÓN EN EL CUERPO

Al explicar la función de un cristiano en la iglesia, tenemos que aplicar el concepto de que; “debe ser un miembro“, para entender cómo debe de ser y vivir. Es una parte unida y sujeta a otra para realizar una función específica. Por ley natural, se nutren y se ayudan mutuamente, estando en un estado de sujeción, recibiendo cada uno su función en una actividad propia, pero a la vez de equipo, y sin romper la unidad, alcanza el creciendo,  edificándose en amor. En esta estructura no existen caprichos personales, se vive en relación y comunión colectiva. Nadie busca lo suyo propio, sino el agradar y vivir para los demás, lo cual da sentido a que la iglesia sea una comunidad natural regida por los principios bióticos de la naturaleza. (Efesios 4:16. Filipenses 2:4-21).

Notemos que una unidad de cuerpo no es una unidad de posición, sino de función. Se necesita estar juntos y unánimes, sintiendo todos una misma cosa con los ministerios. Existe, más que una relación, una comunión. ¿Qué es comunión? Analicemos: A veces, ciertas palabras encierran tremendos conceptos. La relación es la unidad de dos cosas que se ponen juntas sin mezclarse o integrarse. Ejemplo: La relación que hay entre dos novios o entre dos que trabajan juntos, pero viven separados. Relación es trato circunstancial, sin compromiso eterno y sin identificación plena[17]. Es una forma de estar y no ser. Sin embargo, en la comunión encontramos algo verdaderamente fundamental, va más allá de una relación. Estar en comunión es estar en “unidad, relación, intimidad, identificación, sentir, conocimiento, amor, dependencia, parentesco, vida, fundirse el uno con el otro” (Hechos 2:44-46. 1ª Juan 1:6-7).        La unidad de miembros produce una dependencia mutua, eso es “comunión“, que es la conjugación de dos palabras; común«unión. ¡Qué lindo es vivir en comunión!, todos sintiendo y buscando lo mismo.

Es por la falta de comunión que tenemos tantos cristianos sueltos, sin ubicación, doctrina y crecimiento. Por eso muchas veces no podemos revelarle al mundo la realidad viviente del amor. Estamos tan divididos y separados, a pesar de que somos de una misma congregación, que parece mentira que seamos un cuerpo. Cuando el crecimiento cuantitativo rompe el principio natural de relación “fisiológica”, el esfuerzo por hacer crecer saludablemente la iglesia se vuelve inútil, pues al ser “miembros desparramados”, desubicados y descuartizados, encontramos que la sangre de Cristo no circula para nutrir y limpiar su iglesia de las inmundicias del mundo, perdiéndose su poder en una hemorragia de afanes vanos para alcanzar metas subliminales, que no siguen los parámetros bíblicos del crecimiento.

EL ORDEN EN EL CRECIMIENTO BIOLÓGICO

La alteración del orden natural produce problemas y fracasos y debemos dejar claro que; “el crecimiento numérico del culto no es la verdadera  <meta>, a la cual haya que subordinar todo lo demás, como si fuesen sólo medios para alcanzar un fin. A la verdad, es la <consecuencia> natural del trabajo en el aspecto cualitativo.”[18] Y esto solo se logra si establecemos un crecimiento que establezca el principio de relación similar al cuerpo humano.Christian A. Schwarz[19] establece en su estudio sobre la realidad del crecimiento de la  iglesia este maravilloso principio. Su investigación a más de 1,000 iglesias en 32 países le llevó a determinar que ningún otro sistema burocrático o tecnocrático podrá forjar una iglesia tan saludable como el seguir los parámetros biológicos revelados en los principios de la siembra y la cosecha, en el cuerpo fisiológico o en  los procesos que siguen el “potencial biótico”.  Él ilustra el proceder biótico respecto a la formación de iglesias, con la ciencia agronómica, y dice: “Liebig descubrió que para el desarrollo de una planta son necesarios cuatro minerales: nitrógeno, potasio, cal y ácido fosfórico. Mientras estos cuatro minerales se encuentren en la tierra en cantidad suficiente, el desarrollo se realiza de modo automático[20] y  lo mismo ocurre a la hora de llevar la iglesia a un crecimiento, habiendo principios que no podemos olvidar, pues el ignorarlo nos conduce a un desequilibrio,  que producirá una  iglesia anormal, débil y posible víctima de el emocionalismo o doctrinas falsas.

 Jesús enseñó la importancia de sembrar y cosechar (Mateo 6:28). Sus comparaciones para representar el reino de Dios en la tierra se basó en términos que encierran un secreto natural de crecimiento. Nos llama a “examinar” la realidad de los lirios, los pámpanos, el trigo, la siembra, la semilla etc., para descubrir allí los principios naturales que rigen la formación de la vida en sus relaciones, para forjar las bases de su comunidad, que forma la iglesia y la cual se fundamenta en el principio de la unidad, porque todo reino dividido termina destruido (Lucas 11:17), y toda planta sin tierra se muere, y toda vida sin relación se extingue, y todo pez fuera de su medio perece, y una iglesia sin esta verdad dejará de ser iglesia.    La expresión “acoyuntar” expresa lo mismo, la relación que tiene una parte del cuerpo ligada a otra para formar una dependencia, como dice San Pablo: “De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:16 RV). “Descoyuntar” es la acción de separar a un hermano insujeto de su relación con el cuerpo, ya que no quiere vivir dentro de la unidad de la iglesia, o en realidad su vida carece de este principio de relación en comunión para ser de verdad “Iglesia”. Quiera Dios que entendamos y vivamos la realidad de verdaderos ministros y miembros del cuerpo, de acuerdo a la voluntad del Señor. Pero esta sujeción o acoyuntamiento  a otro hermano debe de ejecutarse dentro de las normas bíblicas para que no ocurra el fenómeno de “la tiranía de los santos” lo cual sería desastroso para las vidas y la salud de la Iglesia. Pero del tema de la autoridad, sus normas, parametros y peligros hablaremos en otro capítulo. Por lo pronto forjemos una relación en sujeción que permita la efectividad de la ayuda mutua (Heb 13:16).

CONCLUSIÓN

Hemos visto que ser miembro de la iglesia es formar parte de un cuerpo en el sentido biológico. Esto se refiere a funcionar ubicados y sujetos unos con otros. Referimos el hecho de que el quehacer de la iglesia se basa en la observación del proceso biótico. Dios revela las estructuras funcionales de los creyentes a través de la misma naturaleza. Es importante alcanzar la comunión, y no solo conformarnos con estar juntos, sino llegar a estar unánimes. ¿Cómo llegamos a estar unánimes si somos diferentes? Iremos desarrollando esta respuesta en los próximos capítulos.

 

CAPÍTULO -4-

LOS SISTEMAS DE GOBIERNOS LOCALES

A través de los últimos 300 años de la historia de la iglesia, encontramos la desesperada lucha de ésta por buscar un gobierno congregacional que se ajuste tanto a la enseñanza bíblica, como a la necesidad reinante. En la Edad Medieval, la iglesia, degenerada en un imperio, tenía como método de gobierno el sistema jerárquico, tan entronizado en toda la vida socio-económica y cultural de su mundo. Con la muerte del último apóstol, Juan (año 100 d.C), vemos que, de forma gradual, la iglesia dejó el sistema apostólico, para ajustarse a las situaciones históricas de cada época. En los diferentes países donde floreció el poder religioso, se produjo paulatinamente una degeneración del gobierno apostólico, alcanzando su punto culminante con la “conversión” de Constantino, y el famoso Edicto de Tole-rancia (313 d.C.)[21]. Desde ese momento empezó el proceso de jerarquización y supremacía humana dentro de la iglesia, hasta que alcanza el oscurantismo espiritual más grande en la Edad Media (1100 al 1517 d.C.), desembocando en la perversión total del Evangelio. Con la Reforma Luterana (1517), la naciente iglesia adoptó un sistema de gobierno parecido al de Roma, rompiendo tan sólo con la supremacía papal, causa esencial de muchas desviaciones doctrinales, a las cuales Lutero se opuso con la proclamación de sus 95 tesis contra las ventas de indulgencias, en donde proclamaba que; “el justo por la fe vivirá” (Rom 1:17). 

Sin embargo, los cristianos, en esa época de la historia, no lograron alcanzar la forma bíblica de función en la vida de la iglesia, de acuerdo al marco del libro de los Hechos de los Apóstoles. No podemos explicar claramente, por medio de las Escrituras, la forma de organización que tenía la iglesia primitiva, porque dentro de ésta, lo importante no era el gobierno, sino la vida del Espíritu. Además, era tan directa la orientación de Dios al cuerpo, que lo estructural importaba poco. En los Hechos, la autoridad nacía de la paternidad espiritual, y se reconocía la autonomía de cada iglesia local en la ciudad. Sus vínculos con otras iglesias eran por medio de los ministerios apostólicos, los cuales establecían en cada congregación un consejo de ancianos[22] que gobernaba la iglesia dentro de un pluralismo. Vamos a analizar brevemente  algunos sistemas de gobiernos que han aparecido desde la reforma de Lutero, hasta nuestros tiempos, para entender el trasfondo del tema.                              

I. EL GOBIERNO JERÁRQUICO. 

Fue desarrollado por la iglesia cristiana establecida en Roma a partir del año 313 d.C. Paulatinamente, el control de la iglesia, tanto local como universal, fue cayendo en manos de ciertos líderes con autoridad absoluta, y por designación humana, alcanzando algunos de éstos una mayor posición dentro del gobierno eclesiástico. Este concepto creó diferentes niveles de mando, no solamente en la iglesia local, sino regional, nacional y universal. Aparecieron títulos que identificaban los diferentes grados de autoridad y, poco a poco, los de niveles más altos llegaron a ostentar poderes mayores, culminando con un líder máximo, al cual se llamó “santo padre”, y más tarde “Papa”[23], dándosele atributos de infalible, lo cual culminó en  1871, con el Concilio Vaticano I, cuando se ratificó esta infabilidad al hablar el Papa en “EX CÁTEDRA[24]“. De esta forma de gobierno aparecieron, además del Papa, los cardenales, obispos, arzobispos, sacerdotes, seculares y laicos. Este sistema clerical, por niveles y privilegios, degeneró terriblemente en la Edad Media[25]. Los puestos claves eran alcanzados más por el poder del dinero, que por las virtudes y méritos propios, lo que introdujo a falsos cristianos en posiciones espirituales elevadas, conduciendo a la iglesia al desastre total. En este sistema, todo el poder está arriba, en el gobierno universal del Papa y los cardenales. Lo que viene de arriba es ley. A esto se le llamó “dogma de fe“. Si el “Sacro Colegio Cardenalicio” o el Papa lo decían, tenía que ser aceptado sin discusión, por lo que se introdujeron doctrinas contrarías a la realidad bíblica. El poder papal llegó a ser absoluto, no sólo en el área religiosa, sino en la política, ciencia, arte y cultura[26]. El caos sembrado por la corrupción del sistema jerárquico culminó con la reforma Luterana, que dio origen al surgimiento del “protestantismo“. La iglesia Católica abusó terriblemente de su poder,  por lo que  algunos monjes no aceptaron tal corrupción, entre ellos Martin Lutero. Su autoridad y sus dogmas oprimieron de tal forma a la ciencia,  gobiernos y  cultura, que se produjo una violenta revolución renacentista, la cual quiso ser apagada por medio de la Santa Inquisición, pero fue en balde, ya que al salir la Biblia a la luz de las masas oprimidas, y consolidarse la protesta en Alemania, muchos países comenzaron a hacer lo mismo. Tanto científicos, reyes, sabios y políticos apoyaron, de una forma u otra, esta “liberación del imperio católico romano”, surgiendo el renacimiento, que creó las condiciones para el advenimiento de la reforma luterana y posteriormente la revolución francesa.

Durante este período renacentista la todopoderosa iglesia de Roma enjuició a aquellos que contradijeran los dictámenes del Papa, como Galileo, que fue víctima de la inquisición tan solo por decir que “la tierra se movía[27]. El arma más poderosa del clero era la “Excomunión“, basada en el poder de “atar y desatar[28], que fue interpretado más allá de lo que la Biblia estipula, convirtiéndose en el arma más usada por el papado para lograr sus fines políticos y de conquista. Bastaba “excomulgar” a un rey o gobernante, para que éste perdiera su trono o posición, y tuviera que humillarse ante la iglesia y sus autoridades. El poder llegó a regular, poner y quitar líderes políticos, reyes y gobernadores en toda Europa. Degeneró hasta los niveles más bajos de opresión, abuso y explotación jamás conocidos en la historia del cristianismo. Llegaron a ejecutarse barbaridades inconcebibles en la mente humana[29]. El fácil acceso de hombres poco espirituales (y no convertidos) a puestos claves por privilegios, hizo que esta corrupción evolucionara rápidamente, hasta conducir a la iglesia a una vergonzosa historia. Podemos afirmar que todo gobierno jerárquico tiende al poder absoluto, y esto corrompe, además de no ser de origen divino.

II. EL GOBIERNO CONGREGACIONAL O   DEMOCRÁTICO.

Como consecuencia del abuso del sistema jerárquico, que era una dictadura radical, nace otro opuesto, el congregacional.[30] Este se basa en la introducción de la democracia dentro de la iglesia local, nacional y universal. El principio de este sistema está en que todos tienen igual derecho, tanto del pastor, como de los miembros se constituyen en asamblea, a nivel local, nacional o internacional, para determinar todo el quehacer, función o acción de la congregación. En este marco hay diferentes tipos de reuniones o asambleas: tales como de negocio, para elegir al pastor, para hacer reglamentos, para nombrar directivas, etc. El pastor, dentro de este esquema, es nombrado o despedido de la congregación en base a votación, así como los diáconos y demás puestos claves del gobierno local.  Cuando las iglesias locales forman una unidad con otras en una nación o país, se forma una organización nacional, misión o denominación, que también se puede llamar concilio o asamblea nacional. Cuando esta forma existe, se hacen asambleas nacionales, a las cuales cada iglesia local, ligada a la organización, envía a sus delegados para que expongan sus puntos de vista. La decisión tomada en asamblea es determinante para toda la organización, a las cuales deben sujetarse todas las que forman este concilio. Dentro de algunos esquemas se respeta la autonomía de las iglesias locales, pero hay unos sistemas más impositivos que otros. La discusión en estas reuniones se basa, en la mayoría de los casos, en el procedimiento parlamentario. Las decisiones se toman por voto, secreto o público. No sólo se establece el liderato, sino también aspectos de la doctrina, proyección, función y normas administrativas de la  iglesia.El pastor dentro de este esquema es un empleado. La democracia en la iglesia es la mejor forma de gobierno, “humanamente hablando“, en comparación con el sistema clerical o jerárquico, que es una dictadura impositiva. Quizás el miedo al abuso de la autoridad apostólica condujo a los cristianos a escoger el sistema congregacional como el mejor, pues en cierto sentido, evita el monopolio de autoridad, aunque, en sí, pueda también degenerar, como ha ocurrido en muchos grupos, en otra dictadura, “con apariencia de democracia”, manipulándose las elecciones, así como las expresiones e informes. El ejercer un derecho democrático no determina siempre un sistema mejor de gobierno, pues la democracia depende de la madurez y solidez de los que la ejercen, de lo contrario se puede desvirtuar en un sistema también corrupto y opresor. Uno de los peligros de la democracia en la vida de la iglesia está en el daño que en las relaciones personales puede causar el espíritu político que a veces se introduce en ciertas elecciones, creándose partidismo dentro de la comunidad, lo cual lleva a luchas internas por el poder, dándose lugar a las contiendas y disensiones entre los hermanos, surgiendo enemistades y después división. Otro aspecto negativo de este sistema es la falta de madurez en muchos que no saben usar su derecho al voto. Esto puede conducir a una desviación doctrinal, o de trabajo, al quedar todas las decisiones en manos de una mayoría que por ser nuevos creyentes, pueden conducir a la asamblea hacia el libertinaje de forma democrática. Si la mayoría manda, ¿qué ocurriría si esa mayoría está compuesta por nuevos convertidos? De seguro cometerán errores en decisiones electivas. Es lógico que esto ocurra, pues al dársele a todos el mismo derecho, no podemos establecer las pautas de niveles espirituales que hay entre los que toman leche (niños), de los que comen vianda (mayores), y los que ya pueden ingerir alimento sólido (los maduros)[31], ya que todos no tienen la misma capacidad para ejercer consejos sabios en la vida de la congregación.  

No podemos negar que frente a la jerarquización es mejor la democracia, pero no por ello debemos ignorar los peligros que ésta contiene cuando cae en manos de gente inmadura espiritualmente, ya que pueden llevar a la congregación a lo que el Apóstol Pedro advierte; usar la libertad para llevar a los demás al libertinaje: “Actuad como libres, y no como los que hacen de la libertad un pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.” (1 Pedro 2:16)

III. EL GOBIERNO EPISCOPAL.

Entre los dos extremos expuestos, democracia y jerarquía, hay algunos intermedios, unos parecidos al primero y otros al segundo. Entre estos está el gobierno EPISCOPAL, el cual es una suavización del sistema jerárquico. Tuvo su origen en Inglaterra, y después en Alemania. Fue el método adoptado por los seguidores de Lutero de forma parcial. La palabra episcopal viene del griego “EPISKOPOS“, que traducido en el Nuevo Testamento es equivalente a OBISPO. El sentido de la palabra “obispo indica: “Ministerio elegido sobre otros ministerios” y, según se entiende en la Biblia, eran aquellos que, dentro de una comarca territorial (diócesis), velaban por la doctrina de las iglesias en una región. Era la función de apóstoles. El sentido actual de obispos está vinculado al concepto de una autoridad sobre una serie de iglesias, ya sea en forma de asamblea (combinación congregacional) o en forma jerárquica (por nombramiento de arriba). Esta forma de gobierno hace que la directiva de la iglesia sea ejercida por un ejecutivo o sínodo, y en cada región hay un superintendente u obispo sobre los distritos, pastores locales, etc., los cuales son una autoridad sobre las iglesias y sus ministerios. Algunos sistemas episcopales, como el reformado, entrelaza la autonomía y la democracia. Otros, como en la Iglesia Episcopal Inglesa, son más verticales en la autoridad, y no dan oportunidad a la democracia. Otros movimientos pentecostales tratan de ajustar dentro del sistema congregacional evangélico, la autoridad episcopal, la cual, muchas veces, llega a ser elitista.

IV. EL GOBIERNO PRESBITERIANO

El vocablo “Presbiteriano” viene del término “Presbíteros”. Se usaba para referirse a los ancianos que gobernaban la iglesia primitiva. Este sistema establece el gobierno local bajo la dirección de un grupo de ancianos que son la autoridad local o nacional de las congregaciones. Pueden ser nombrados por la iglesia local o por la junta nacional. Este sistema se asemeja mucho al del libro de los Hechos; “establecer ancianos en la iglesia“, pero en muchos casos, se consideran ancianos a personas que carecen de capacidad para gobernar o pastorear, (no siendo llamados por Dios, sino elegidos por la iglesia a través de la democracia) pues se juzga más la edad física, que la madurez espiritual o el llamamiento, creándose conflictos. También en la designación de los ancianos, y su autoridad, se producen algunos tipos de problemas, principalmente por la falta de una definición en sus funciones ministeriales. Algunos sistemas presbiterianos toman en consideración la opinión del pueblo por medio de asambleas. Otras veces estos presbíteros son como caciques en la iglesia, y manipulan al pastor “contratado”. Hay casos en que los presbíteros o ancianos de una congregación son “argollas familiares“, que por ser fundadores, se toman derechos que no son de origen apostólico. Debemos excluir aquellos casos de paternidad apostólica, que aunque establecen ministerios, son honrados por sus iglesias, porque ejercen su función dentro del sentido de la relación padre-hijo.

V. EL GOBIERNO AUTOCRÁTICO O  CACIQUISTA.

Es el más común cuando hay iglesias independientes de concilios u organizaciones nacionales o internacionales. Esta forma de congregación tiene la misma estructura que las tribus indias americanas. En cuanto al funcionamiento de sus ministerios, se caracteriza porque el líder se constituye en la única autoridad soberana sobre la iglesia local. Es por ello que se le puede llamar “CACIQUE, y a los creyentes, “los indios. Es donde el pastor (un solo hombre) tiene todo el poder en sus manos. Es el dueño de la propiedad, las ofrendas y diezmos. Controla y dirige todas las actividades de la iglesia tomando él todas las decisiones. Nadie puede ser líder junto a él si no se ajusta a sus ideas. El mismo los nombra, y los quita cuando no comparten sus ideas, formando una camarilla a la cual maneja como le place, muchas veces escudados en revelaciones y profecías que usa para acentuar su autoridad. Tiene el monopolio de los sacramentos, la predicación, y preside todas las reuniones. El adopta cualquier método de gobierno que se preste para dar una apariencia de tener un sistema congregacional, o explota el concepto apostólico, el cual manipula para su propio fin, convirtiéndose en “iluminado”, y  el “siervo intocable” que mediante el temor manipula las conciencias.

Es típico ver en este gobierno caciquista el clásico  “pastor orquesta”, imponiéndole a la iglesia funcionar bajo su hegemonía, por lo que la congregación tiende a desintegrarse cuando el hombre muere, se va, o peca. De este tipo de personaje nacen muchos grupos evangélicos que actúan y se comportan como “sectas”. Uno de los graves peligros de este sistema está en que son prolíferos en divisiones, caudillismo y falsos profetas. Cuando ellos oprimen al rebaño, y alguien les reclama algo, lo anulan; neutralizando cualquier oposición con el calificativo de que “no tiene visión de Dios, es un insujeto, es un carnal etc“. Entonces aparecen luchas intestinas dentro de los que forman su “argolla”, y el caos lo inunda todo.

VI. EL GOBIERNO APOSTÓLICO.    

Al analizar el sistema bíblico de gobierno en la naciente iglesia primitiva, encontramos como ésta funcionaba y como se fundaban las iglesias. La idea de Dios, desde Moisés hasta Cristo, era la de establecer un pueblo que fuese gobernado por medio de su revelación. Para los judíos esa revelación eran “Las leyes Mosáicas” para los cristianos era “La ley del amor en el Espíritu Santo“. A este gobierno le llamamos teocracia. Esta palabra viene del griego THEOS que significa Dios, y KRATEIN, que es dominar, reinar. La teocracia es la forma más pura y bíblica de gobierno que todo pueblo al servicio de Dios puede tener. Empezó a vivirse con los judíos en el desierto. Dios determinaba las leyes y la conducta social a través del líder escogido por él mismo. Moisés, el cual debía obedecer sus instrucciones, dadas por revelación. Este, a su vez, nombró ancianos que le ayudasen a cumplir todos los preceptos delegando, según la Palabra de Dios, y estableció un orden bajo esta teocracia, nombrando líderes sobre los mil, los cien, los cincuenta y los diez (Ex 18:13-21). Esta forma de organización fue dada a Moisés por Jetro, pese a que había ancianos por tribus que formaban el consejo del pueblo de Israel para resolver los casos más difíciles[32]. En la iglesia primitiva había dos ideas básicas en su estructura naciente; una era el “HACED DISCÍPULOS“, el cual fue el mandato dado por aquél que también hizo discípulos, y ordenó hacer lo mismo. El otro principio era el de “La doctrina de los Apóstoles“, indicando que de las enseñanzas de los apóstoles nacía el fundamento doctrinal de los creyentes. Llamamos a esta etapa de la iglesia primitiva “ETAPA APOSTÓLICA”, porque su función dependía de las enseñanzas y autoridad de los apóstoles.

El apostolado es la función permanente y continua del cuerpo hacia la perfección, y una de las más importantes dentro de los ministerios. La palabra apóstol significa “los enviados“, o “los escogidos” para fundar y establecer iglesias. Ellos son los que ponen la base del gobierno local, formando el consejo de cada congregación, entre los cuales el de “apóstol” es el mayor de todos los ministerios en relación a experiencia y crecimiento. Esta superioridad no es respecto a poder o autoridad humana, sino en posición de ubicación o función, ya que la autoridad nace como producto del reconocimiento y la paternidad, y no por imposición, elección, o como tomando un señorío humano. Así pues establecemos la pauta de que en el patrón apostólico, el diseño de la iglesia es semejante al del pueblo judío, bajo la dirección de Moisés. Los apóstoles orientan y forman un cuerpo en donde cada uno tiene su ubicación y función, de acuerdo al consejo que ellos mismos dejaron en sus epístolas y en el libro de los Hechos. Al respecto, la autoridad apostólica descansa en los doce discípulos de Jesús y después se añade Lucas y Pablo, al respecto comenta el teólogo Campbell “todo lo que puede decirse es que, después de Pablo, la Iglesia pronto restringió el uso del título a los doce y Pablo mismo. No obstante, el apostolado de Pablo parece hacerse considerado excepcional[33]. No discuto que la fuente de dirección se fundamentara en la doctrina de los apóstoles de Jesús, incluyendo a Pablo, pero si podían haber ministerios apostólicos no igual en el sentido inspiracional a los primeros discípulos.

CONCLUSIÓN

Hemos visto algunos de los tipos de gobiernos existentes en las iglesias cristianas de nuestro tiempo. Todos tratan de ayudar, y en ciertos lugares y situaciones han sido efectivos y buenos. Debemos ambicionar y buscar el mejor patrón bíblico de gobierno para la iglesia, y ello lo encontramos en dos lugares:

Primero: En la Palabra de Dios y sus enseñanzas.

Segundo: En la revelación fresca del Espíritu a través de sus dones y dirección divina.

Pero ¿cómo podremos llegar a una teocracia en momentos tan difíciles como los nuestros, donde el poder y las ambiciones arropan la iglesia? Esta es una gran pregunta que trataremos de contestar en los siguientes capítulos. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que ha sido puesto (1 Cor 3:11).

CAPÍTULO -5-

EL GOBIERNO DE DIOS

La Democracia es el sistema de gobierno en el cual el poder está en la mayoría que manda, aunque por escuchar a la mayoría, muchos jueces y reyes de Israel perdieron la bendición de Dios y cayeron en la esclavitud. No siempre la asamblea tiene la razón, pues desgraciadamente, en la mayoría hay carnalidad y capricho. A veces actúan contrariamente a la verdad, influenciados por algunos “listos” que con filosofías huecas, “le comen el cerebro” para llevarlos por caminos torcidos, hacia el caos y la destrucción. No podemos negar que la democracia es hermosa cuando hay madurez y educación para vivir en ella, pero cuando reina la ignorancia, inmadurez y descontrol, se convierte en el medio más apto para el libertinaje y la corrupción. Por lo tanto, no podemos basar todo el gobierno de Dios en una democracia absoluta.

LA TEOCRACIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Dios, al establecer el gobierno de su pueblo no tomó en cuenta la opinión del hombre. El conocía las debilidades humanas. A él no le importaba lo que el hombre pensara o quisiera como carnal y pecador. El tenía su plan para restaurar la naturaleza viciada. A Dios le importa la necesidad del hombre, mayormente espiritual, y por ello resuelve crear una forma de vida mediante la cual se redimiera, para que se sometiera voluntariamente a su señorío, formando un pueblo bajo el mandato de su hijo amado, Jesús. Dios llama a Moisés, y en el monte Sinaí le entrega las leyes para que su pueblo, libertado de la esclavitud humana, viviese bajo el dominio del Todopoderoso. Es ahí donde se forma la TEOCRACIA; el gobierno de Dios a través de leyes y líderes establecidos por él mismo. Una vez en la tierra prometida, Josué sustituye a Moisés, y se establece la etapa de los jueces. Recordemos que Moisés, aunque hacía cumplir las leyes de Jehová, no tenía el poder en sus manos. El había organizado al pueblo poniendo ancianos que lo ayudasen a gobernar. Estableció un sistema similar al discipulado cristiano. Puso líderes sobre diez, los cincuenta, cien, y mil. Con Josué nace el período de los Jueces. Estos eran juzgadores y voceros de Dios, que guiarían al pueblo bajo las leyes y normas establecidas. Hubieron muchos jueces, algunos de ellos fallaron, pero; ¿qué hacía Dios cuando sus líderes fracasaban en la teocracia? Los eliminaba y ponía a otros, pues todos, incluso el líder, tenían que vivir bajo su gobierno. Dios no acepta el soborno, ni tolera el abuso de autoridad. Él era el Rey de su pueblo, y sus líderes obedecían sus mandatos. El mismo Moisés no pudo poseer la tierra prometida al desobedecerle, ya que en vez de hablarle a la peña, la golpeó, confiando más en su fuerza que en la Palabra dada por Dios (Números 20:8-13)[34].Después encontramos el hecho de que el pueblo reclama un Rey, rechazando el gobierno de los jueces, por lo que cada uno hacía lo que mejor le parecía, (Jueces 21:25). Este anarquismo continuó, y nació el deseo de imitar a los otros pueblos, llegando a cometer un tremendo disparate, que es lo que nosotros llamamos “petición democrática”. Fueron delante de Samuel a pedirle que le dieran “un rey” como los otros pueblos. A Samuel no le gustó esta petición, pero consultó al “Jefe”, <JEHOVÁ>[35] (Versos 6-7). El pueblo estaba desechando el reinado de Dios por medio de los jueces, para poner un rey humano, y establecer una monarquía humana que se adaptara a la teocracia divina. Dios le hizo ver al pueblo, por medio de Samuel, las consecuencias de esto (versos 11 al 18), pero frente a la insistencia del mismo (versos 19), aceptó complacer el deseo de la mayoría, aunque sabía que esto les llevaría al fracaso, pero les dejó comprobar que fuera de su Señorío, no puede haber un verdadero reinado.

Se nombró a Saúl como primer rey, pero éste, dejándose llevar por la voz del pueblo, y no la de Dios, cometió serios errores (1 Samuel cap. 15). Dios lo desechó debido a su desobediencia, y puso en su lugar a David. Notemos que pese a que habían  reyes, Dios todavía intervenía cuando sus siervos no hacían lo que él había determinado. Muchas veces desechó a aquellos reyes que se apartaban de su Palabra, entregándolos a fracasos y cautiverios. En la teocracia, Dios gobierna con mano fuerte, gústele o no al hombre. Tenían que hacer lo que El ordenaba, no había otra alternativa. La teocracia divina es  un gobierno firme, aunque en el mismo se respeta el derecho de elección del hombre. Algunos afirman que era una dictadura. La palabra “dictadura” significa “gobierno por la fuerza“, pero el gobierno de Dios se diferencia de la dictadura en que el hombre se puede revelar contra Él, y romper las reglas del juego, estableciendo otros criterios, como hizo el mismo pueblo de Israel a lo largo de su historia, cuando desechó a los jueces, para pedir rey.

Dios actúa en su soberanía, no discute con nadie sus pautas. El ordena, esperando que su pueblo obedezca, no espera órdenes nuestras para actuar. Siempre el hombre juzga y opina mirando la apariencia, lo que hay fuera, pero Dios va mucho más lejos. Fue por ello que a Samuel le pareció que cualquier otro hijo de Isaí podría ser rey, mirando lo fuerte y grande de su físico, pero Dios le muestra que no es lo hermoso de su parecer, pues Dios mira lo que el hombre no ve, lo más recóndito del corazón y los pensamientos.[36] ¿Qué somos nosotros para decirle a Dios lo que tenemos que hacer? Nuestro deber dentro de esta teocracia es obedecerle. El habla y apela a la obediencia, a la sujeción voluntaria. Cuando el hombre impone por la fuerza sus leyes y caprichos, crea una dictadura impositiva y coactiva, de la cual no hay cómo escaparse, sin embargo, Dios nos somete a su teocracia apelando a nuestra voluntad, humildad y sujeción. Uno es libre de aceptar su dominio o rebelarse. Vivir bajo el reino de Dios es algo que no se impone, sino que se escoge y acepta. Dios al hablarle a Moisés le dijo:”...si mi pueblo hiciera lo que yo les mando, yo seré Jehová, los cuidaré, os bendeciré, les daré larga vida...” Deuteronomio 4:6, 11:22, 17:19, 29:9.

 Encontramos continuamente la promesa divina de protección. Si somos fieles a sus mandatos seremos bendecidos y protegidos bajó su abrigo (Salmo 91:1). Nunca vemos a Dios imponiéndole al hombre sus deseos, aunque él lucha con la naturaleza humana, deja al hombre que tome la decisión de “servirle o dejarle”. El mismo Josué exclamó: “Mirad a qué dioses vais a servir, pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

LA TEOCRACIA EN EL NUEVO TESTAMENTO

En el Nuevo Testamento se estableció las bases de un gobierno similar a del pueblo judío. En la iglesia la teocracia se hace real y visible a través de un ministerio más amplio, que incluye la redención y la dirección permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente. Dios constituye a Jesús como Rey y Señor (se le llamaba el KYRIOS). Jesús proclama un REINO y todos aquellos que quieran entrar al mismo deben confesarle y aceptarle como Señor, sometiéndose totalmente a su voluntad. La iglesia es un gobierno teocrático, en donde Cristo reina y gobierna a su pueblo por medio de su Palabra, y con la intervención permanente del Espíritu Santo. No vamos a gobernar su iglesia de acuerdo a las opiniones humanas, o al capricho de algunos líderes, que actúan como dueños de la iglesia. Para el Señor, nuestras opiniones son nada, ya que lo que tenemos que hacer, decir y vivir, está revelado por Jesús y sus apóstoles en su Palabra, y sobre ese fundamento debemos edificar la iglesia: “Edificaos sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismoEfesios 2:20. En el Nuevo Testamento tenemos dos formas en que Jesús gobierna a su pueblo, y no entiendo por qué tantas personas se confunden, y andan de una teoría a otra, buscando luz acerca de cómo gobernar la iglesia, cuando el Señor nos dejó las pautas para lograr este fin bajo su reinado, sin caer en una jerarquización, caciquismo o anarquismo espiritual.

DOS FORMAS DE GOBIERNO DIVINO EN LA IGLESIA

Tenemos dos formas de vivir en teocracia:

    La primera; está en la Palabra de Dios; los Evangelios, los Hechos y las Epístolas. En ellos encontramos la revelación divina para ser verdaderos discípulos, y formar en nuestras vidas un carácter, una disciplina y una forma de estar en comunidad. El Señor enseña a sus discípulos, y éstos a su vez a los que después vinieron, lo que es una vida sometida a su Señorío (la renunciación al ego). Debemos hacer memoria que el llamamiento bíblico no era “¿Quién levanta la mano para aceptar a Cristo?”, sino que el que quiera ser su discípulo: “Niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame (Mateo 16:24). El les formó y les enseñó bajo disciplina y obediencia la imperiosa necesidad de una renunciación y aceptación de su voluntad sobre la nuestra. Sus llamamientos fueron precisos y radicales, como hizo con Mateo (Mateo 9:9). En la vida cristiana tenemos que aceptar el mandato de Cristo, nos guste o no. Es una actitud por la cual me sujeto de forma voluntaria, a su señorío, y el que quiera ser cristiano tiene que estar dispuesto a someterse. Este es el mensaje  evangélico: El que cree en mí será salvo y el que no cree será condenado”: No hay punto intermedio (Mateo 9:9-10, Juan 3:18, Marco 16:16). Cada líder, cada ministro y cada discípulo tienen que hacer girar todas las cosas sobre las demandas de Cristo, cuya cabeza que rige todo. Como ministros tenemos que hacer cumplir esta “teocracia cristocéntrica”. Nuestros discípulos deben aceptar, sin  excusa,  y acatar las órdenes de  Jesús, y tenemos que imponer la Palabra para que la vivan y la cumplan[37]. En Mateo se ordena que después que hagan discípulos, se les enseñe a guardar (vivan o adopten como modelo de conducta) todas las cosas que Él nos ha mandado, porque la meta del cristiano es hacer todo lo que  el Señor ordena,  sólo así seremos verdaderos discípulos. (Mateo 28:20, Santiago 1:21-22). Debemos enseñar, hablar y revelar lo aprendido con nuestra vida. Si no se logra esto, hay que exhortar y reprender, y, por último, disciplinar o desechar (Tito 2:3, 3:16). El fin del gobierno de Dios es que vivamos todo lo que él ordena. Que entendamos qué es su teocracia, y voluntariamente nos sometamos a ella para ser hijos de Dios. En su reino, todas las pautas de vida y función las da el Señor. Nadie, por más sabio que se crea, puede decir o contradecir lo establecido. Es ahí donde encontramos la importancia de ser humilde, manso y sencillo, porque sólo con estas virtudes podremos vivir bajo el reinado de Jesús. Cuando los cristianos no aceptan estas normas bíblicas de señorío, sujeción y humildad, se convierten en algo así como practicantes de “una religión más”, un grupo que sólo aparenta algo que en el fondo no tiene. No es “hacer lo que quiere y desea”, sino lo que Cristo manda, para que no nos reclamen de que; “cada cual busca lo suyo propio y no lo que es de Cristo (Fil 2:21). 

   La segunda forma en que se gobierna una iglesia es por medio del Espíritu Santo. Las verdades están escritas en la Palabra, pero la iluminación de estas verdades, y el poder para vivirlas, viene del Espíritu Santo. Dice la Palabra que El nos guía a toda verdad y justicia (Juan 18:13). El Espíritu obra, confirma y opera las verdades apostólicas, impartiendo dones y capacidades para que en familia, crezcamos y vivamos estas realidades. El Espíritu es el que manda, de acuerdo al orden bíblico, a los ministerios para que gobiernen la iglesia. Establece a aquellos que, como los jueces del Antiguo Testamento, dictan y cumplen las ordenanzas divinas dentro de la vida en la iglesia:

–Es el Espíritu Santo el que da vida (Juan  6:63). 

–Es el Espíritu el que nos ubica, poniendo a cada miembro en el lugar que Dios desea (Hechos 13:2).

–Es el Espíritu el que da crecimiento, el que nos guía hacia aquellas verdades más necesarias (Juan 16:13), y que debemos enfocar con más énfasis dentro del diario quehacer en cada comunidad.

–Él es el que opera dones y milagros para revelar de esta forma el poder de Dios para salvación (1 Corintios 12:).

–Es el Espíritu el que ejecuta los llamamientos y revela la dirección  que el ministro debe tomar (Hechos 10:19-20). –Es el Espíritu el que a veces nos impide hacer lo que queremos y nos cambia los planes (Hechos 16:4).

–Y es el Espíritu el que nos consuela en nuestras tribulaciones, permaneciendo para siempre, por eso se le llama “Parákleto” que es igual a consolador, (Juan 14:16 16:7-8).

EL ESPÍRITU Y LOS MINISTERIOS

La función principal de los ministerios es la de hacer cumplir la Palabra bajo la dirección del Espíritu. Él es el que comunica la voluntad de Dios a su pueblo, por medio del patrón bíblico, y a través de aquellos que son los ministerios de la iglesia y que guían al pueblo a buscar, sentir y vivir en Cristo. Él constituye la iglesia en cuerpo, de la cual Cristo es la cabeza. Existen miembros que, en posición, son superiores a otros, pero, en función todos somos iguales, pues la cabeza es una, y los dones operan en todos sin distinción o privilegios. Es absurdo pensar que la iglesia pueda tener dos cabezas, o que todos los miembros dependan directamente de la cabeza[38], o que el Espíritu anule los ministerios para dar una dirección anárquica. El principio del cuerpo con una CABEZA gobernándolo todo, es una monarquía, ya que aquellos que aceptan el llamado, se someten a “todas las cosas que Jesús manda“. Este impone las órdenes, pautas y funciones que debemos seguir, porque todo el cuerpo tiene relación en posición y unidad de función. Las órdenes van pasando y dirigiendo a todos hacia un fin común. Pablo expresa a los Filipenses 3:16 que debemos crecer en unidad; hasta que sintamos lo mismo y sigámosla misma regla. Funcionalmente, un cuerpo trabaja bajo las órdenes de la cabeza, a través de los miembros superiores y hasta los más inferiores. En la medida que entendamos el funcionamiento de un cuerpo físico, podremos comprender 1 Corintios 12: 14-28, y comprender mejor la obra del Espíritu Santo en la vida de la iglesia y del discipulado.

COMO ESTABLECER LOS MINISTERIOS

La forma de órdenes y funciones se revelan en el libro de los Hechos. Dios escoge a los hombres. No son los hombres los que escogen los ministerios, por ejemplo: Samuel no escogió a Saúl, sino Dios, pero éste ejecutó las órdenes para hacerle rey, ungiéndole. Después Samuel, siguiendo órdenes, lo desechó y ungió a David. También en la iglesia el Señor, por medio del Espíritu Santo, escogió a Pablo y a Bernabé, y los ministerios de la iglesia de Antioquía, obedeciendo al Espíritu, les impusieron las manos y los enviaron a predicar. Los ministerios deben ser la expresión de lo que Dios ordena. La iglesia debe gobernarse por medio de los ministerios y en una relación íntima de cada hermano, ubicados en una posición de acuerdo a su dones, y viviendo en amor y sujeción los unos con los otros. Por medio de los frutos y la multiplicación se adquiere la autoridad, y a su vez, el Espíritu confirma los ministerios. En la iglesia todo sigue un proceso natural, de acuerdo al crecimiento, y no debe haber fenómenos, porque es un cuerpo funcional y evolutivo. Todo sigue un proceso lento, pero constante. ¿Acaso al nacer un niño le salen bigote y dientes a los pocos días? ¡Imposible!, y si algo así ocurriera, sería un “fenómeno”, un crecimiento anormal.

Hay cosas que debemos hacer de acuerdo a la situación histórica que vivamos en cada momento, y que no están determinadas en la Palabra. La Biblia es como un manual de medicina: Contiene todas las enfermedades, diagnósticos y tratamientos, pero no es suficiente el que uno lo tenga y lo lea, aplicándolo arbitrariamente. Se necesita que conozca la enfermedad, y lo use de acuerdo a la necesidad. También es como un mapa, que nos muestra muchas rutas y pueblos, pero para llegar a cualquier punto determinado, debemos saber primero a dónde queremos ir, para después trazar por la ruta más corta. Hay cosas prácticas que no están resueltas en la Biblia, ni fueron pautadas por Jesús. Por ejemplo: El problema surgido por la administración de los bienes, que lleva a los apóstoles a poner diáconos. Cosa que Jesús no ordenó directamente, pero que el Espíritu Santo dirigió a hacer cuando surgió la necesidad. Hay muchas cosas que el Señor nos va a mostrar en su obra para que la llevemos a cabo, y no están dentro de un marco bíblico. Son necesidades que la iglesia tiene que afrontar en cada lugar. Ejemplo: El enviar misioneros, el resolver problemas de relación o administración, el probar los espíritus, el discernir el tiempo de Dios para algo, etc. Todas estas cosas las muestra el Espíritu de acuerdo a las normas dejadas por el Señor.

SITUACIONES HISTÓRICAS EXTRA-BÍBLICAS.

Hay situaciones conflictivas que tenemos que resolver que no están enmarcadas dentro de la Palabra. Cuando tenemos que crear estructuras o procedimientos para resolver estas situaciones, que llamaremos extra-bíblicas, debemos ser conscientes que las mismas obedezcan a situaciones circunstanciales, y no dogmatizarlas para el futuro, porque en tal caso, la estructura terminará oprimiendo al hombre. Cada situación nos lleva a buscar una solución específica, y cada solución sólo tiene vigencia mientras dure la problemática para la cual fue creada. Ejemplo: Adoptamos un mecanismo de trabajo determinado en el área de los hogares, porque es necesario y funciona. Con el tiempo ya no es valedero, pues lo humano envejece y decae. Sin embargo nos aferramos a este método más allá de lo necesario, estancando el crecimiento de la iglesia. Otro ejemplo es la escuela dominical, la cual puede haber funcionado bien durante los últimos  veinte años, pero de pronto, comienza a decaer, porque se convierte en una rutina repetitiva de enseñanza o el crecimiento numérico produce el amontonamiento de muchas personas en poco espacio, afectando la concentración y el aprendizaje. Se propone un cambio, hacer la enseñanza por los hogares en grupos de crecimientos o células, pero algunos se oponen, porque consideran a la escuela dominical vital para la salud de la iglesia, aunque cada vez está más en decadencia. Una cosa puede ser buena un tiempo, pero puede caer en crisis y demandar una renovación, porque ya no llena las necesidades de las nuevas generaciones, o el crecimiento invalida el método anterior. Entonces: ¿Qué hacer en tal caso? Al ir a la Palabra no encontramos apoyo para muchas de estas metodologías, aun-que sí nos muestra el camino del discipulado y del trabajo por las casas y las calles (Hechos 5:43).

Frente  a esta realidad, decidimos que la enseñanza de la escuela dominical se administrará durante la semana y por los hogares, para dar más tiempo y profundidad a la misma. Además se diseña un plan de estudio que esté acorde con nuestro contexto cultural e histórico, enfocando problemas concretos en la formación del carácter cristiano. Los métodos y formas nacen de los hombres, y sobre estos  debemos ser flexibles, y buscar la luz de Dios en cada lugar y momento de la historia.          

En la vida de la iglesia deben existir:

1) Las normas doctrinales; basadas en la Biblia que  son de índole imperativa.

2) Las normas de gobierno; que deben ajustarse lo mejor posible al patrón bíblico pero sin ser muy dogmáticos en ello.

3) Las normas estructurales extra-bíblicas; que obedecen a las necesidades circunstanciales de la iglesia en cada localidad, y que se pueden cambiar, según las necesidades sociales o personales.

4) Las normas administrativas; que obedecen a situaciones jurídicas y legales de acuerdo a las pautas contables establecidas en cada país o nación. Esta área sí debe someter a asamblea democrática siempre que se vayan a tomar decisiones, y para ello hay dos razones:

                   A) Porque al ser fondos económicos suplidos por la comunidad, ésta debe saber y opinar sobre el uso de los mismos.

B) Porque en el manejo del dinero, los ministerios deben cuidarse. Deben ser lo más transparentes posible, para no caer en tentación, descrédito y codicia del diablo.Dios tiene que guiar a su pueblo por medio de las normas fijas en su Palabra, y por la iluminación del Espíritu Santo, a través de un orden en el cuerpo. ¿Comprendemos ahora lo que es el Gobierno de Dios? No es la democracia lo que el Espíritu busca. No es el asunto si vamos o no vamos, si hacemos o no hacemos, si queremos o no queremos. Las normas existen, y no hay alternativa si somos SIERVOS.

CUANDO NO ESTAMOS DE ACUERDO

Puede darse el caso que no estemos unánimes en el sentir, y haya discrepancia sobre algo que debemos hacer, apareciendo distintas opiniones. En tal caso, tenemos que buscar la dirección de Dios en la unidad de Espíritu, y si a pesar de ello no hay luz en lo que se desea emprender, se puede seguir el procedimiento que adoptó el pueblo de Israel cuando tuvieron tales problemas.

No siempre tendremos claridad para saber qué hacer en ciertos momentos de la vida de la iglesia. Habrán situaciones en las cuales parecerá que no hay voz de Dios respecto a ciertos asuntos. Es ahí cuando viene la duda, las diferencias de opiniones, cuando no sabemos qué hacer. Muchos, en tales casos, llevan el asunto a la asamblea, a la decisión de la mayoría, pero, si no hay unidad en el sentir, la asamblea se fragmentará en dos grupos, y estaremos dividiendo psicológicamente a la congregación, dando inicio al partidismo, como sucedió en Corinto, por lo que Pablo ataca con toda autoridad y severidad tales acciones, poniendo orden en las diferencias de criterios mediante la búsqueda del equilibrio en el principio del amor[39]. También el pueblo judío confrontó dudas o falta de revelación en algunos momentos de su historia, y los Jueces no podían decir lo que Dios no dijo. ¿Qué hacían cuando nacía una duda? Les quedaba la alternativa de ir al sacerdote, el cual, tenía entre sus vestiduras sacerdotales dos piedras llamadas el URIM Y EL TUMIM[40]. El sacerdote, usando estas dos piedras obtenía la respuesta con un “sí” o un “no” respecto a los diferentes asuntos planteados. Fue una forma parecida a la que usaron los apóstoles para escoger al sucesor de Judas, ya que dice la Palabra que echaron suertes[41] (Hechos 1:26) para ver quién ocuparía su lugar, cayendo la suerte sobre Matías. Estas dos piedras estaban en el pectoral del sacerdote, quien siempre las cargaba, acudiendo a ellas para encontrar respuesta a cualquier problema que no se podía resolver por la vía del sentir o la revelación. Nunca los jueces fueron al pueblo para pedir opinión. Moisés nunca quiso escuchar la voz de la mayoría, y si lo hubiera hecho, jamás hubieran llegado a la tierra prometida. Esas piedrecitas eran consideradas la voz de Dios en caso de no haber otra solución. Con la teocracia, El Señor cerró todas las puertas al hecho de consultar a la mayoría en asuntos espirituales o funcionales. En caso de no haber claridad en la revelación, les dejó un medio para obtener respuesta, cuando ésta no llegaba por la vía normal, buscar el discernimiento de Espíritu o las evidencias del Señor obrando en las circunstancias. Saúl fue un ejemplo de lo que representa no buscar la respuesta en la forma correcta. Su pecado le había apartado de Dios. Toda revelación le había sido quitada, tanto en sueño como en profecía, y fue a consultar al URIM, o sea, la piedra, pero ni ésta tampoco le contestó (1 Sam 28:6). En otras palabras, Dios le había quitado a Saúl toda revelación, porque lo había desechado,  no hay luz para el impío. Sin embargo, él no se conformó y luchó por escuchar lo que Dios no quería decir, cayendo en un mayor error, consultó a una vidente, (psíquica) (28:8-17). En Esdras 2:63, encontramos un ejemplo de cuando se consultó a Dios por medio de estas piedrecitas. El pueblo no escuchaba la voz de Jehová fácilmente, por lo que se les ordenó que no comiese de las cosas santas hasta que hubiesen sacerdotes que consultasen a Dios por medio del Urim y Tumim. La ley de Dios daba las normas, así que de necesitarse algo “extra”, tenía que venir por la revelación de los profetas. De no haber esto último, y si existía duda sobre la voluntad de Dios, se acudía al sacerdote. Este, por medio de las piedras de su pectoral, consultaba a Dios “echando suerte“, o usando cualquier otra forma que no se explica claramente en la Palabra. Jamás Dios aprobó el consultar a la mayoría, porque Él conoce el corazón humano y sabe que en la mayoría siempre predomina el mal. El pecado por el cual Saúl fue desechado consistió en escuchar la voz del pueblo en vez de escuchar la Palabra de Dios (1 Sam 15:24).La iglesia tuvo el mismo patrón de gobierno del Antiguo Testamento. Dios establece a Jesús, al que hace Señor y Rey de todos. Este escoge a doce hombres y los capacita para que transmitan a sus seguidores sus mandatos, no en la fuerza de la Ley Mosaica, sino en la del amor y el ejemplo. Estos discípulos se convierten en jueces, líderes que gobiernan la iglesia, y le muestran el camino, nombrando a otros líderes que se multiplican y extienden. Se establecen ancianos. Estos a su vez establecen diáconos, todos gobernados por el “fundamento de los apóstoles” (Hechos 2:42). Guían al pueblo bajo la revelación vivida del Espíritu Santo. Cuando hay duda sobre ciertas cosas  que se deben hacer, se ora, y de no haber un acuerdo unánime, (el acuerdo unánime era la única forma de estar seguros de que algo era del Señor) se acudía a consultar al consejo de ancianos mediante asamblea[42], y en casos extremos y delicados, se echaban suertes sobre los problemas o dudas (Hechos 1:26). Así solucionaron la dificultad al elegir el sustituto de Judas Iscariote. ¿Por qué no hubo votación entre los 120 presentes para escoger al nuevo discípulo entre los doce? El Señor nunca establecía una pauta de votación en mayoría, sino de elección en el Espíritu y sujeción. ¿Cómo echaron suertes? Ellos no tenían el Urim y Tumim, puesto que no eran sacerdotes. Sabe Dios qué usaron, pero pusieron dos cosas sobre las cuales echaron suertes, y cayó sobre Matías. No es el hombre el que decide, ni la asamblea la que decide quién es el ministro o pastor, aunque ésta sí puede ratificarlo. Es el Señor el que pone a aquellos que van a gobernar a su pueblo. No es cuestión de privilegio o preferencia, sino de la voluntad divina, de acuerdo a la necesidad. Los ministerios son aceptados por el fruto y la autoridad que emana de sus vidas. El Espíritu confirma el sentir a la comunidad, para que estas personas ocupen responsabilidades en la congregación. Cuando no podamos resolver un problema por la Palabra o la revelación del Espíritu, queda una tercera forma: Consultar a Dios mediante la suerte -el Urim o Tumim-. La mejor forma es por el sentir de la mayoría. La Biblia nos insta a que haya en nosotros el sentir que hubo en Cristo Jesús”, para después establecer que “en aquello que hemos llegado, (en acuerdo) sigamos una misma regla” (Fil 2:5, 3:16), y sintiendo lo mismo, podremos gobernar mejor el cuerpo para vivir en una verdadera teocracia. Una de las metas de la iglesia es alcanzar la unidad del conocimiento y el sentir del cuerpo. Otro problema fue la elección de los diáconos. Los apóstoles vieron la necesidad de encargar a otros la administración de los bienes para hacer más efectiva la ayuda de los necesitados y evitar las murmuraciones, además este trabajo les quitaba mucho tiempo en la ministración de la Palabra y la oración. Es por ello que convocaron a la mayoría para que escogieran siete diáconos, estipulando los apóstoles las condiciones o requisitos. Quizá algunos digan: “Esa fue una elección, hicieron una asamblea y eligieron por voto a los siete”. La Palabra no dice que se discutió el asunto, pues la cantidad de diáconos y las condiciones fueron impuestas por los apóstoles. La multitud señaló a los que reunían tales requisitos, de acuerdo al patrón establecido, y sin mucha polémica se nombró a los siete  (Hechos 6:1-7).Hemos sustituido la voz del Espíritu Santo por la de la asamblea. En muchas ocasiones esto puede ser peligroso. Hemos hecho a los ministerios víctimas de la “mayoría”, la cual tiene toda la autoridad para gobernar la iglesia. La Biblia enseña que los apóstoles constituían a los ancianos. Estos a su vez establecían a los diáconos de acuerdo a los requisitos bíblicos. Hoy, hasta esto se resuelve con la democracia. Es por ello que los ministerios no tienen autoridad para guiar a la iglesia a una vida cristocéntrica, y algunos (imponiéndose), hacen que sus caprichos sean aceptados por la congregación, abusando tremendamente de la autoridad. Dios no puso “una autoridad” sobre la iglesia, ni puso un gobierno democrático o autocrático. Debemos buscar, vivir o entender lo que es el gobierno del Espíritu. Necesitamos un pluralismo dentro del ministerio que bajo las normas bíblicas, y la dirección de Dios, guíen al pueblo hacia una verdadera teocracia. Hay áreas en la que debemos considerar el valor de la democracia, como en los asuntos administrativos. En otras debemos buscar el sentir de la mayoría de acuerdo a su madurez, y en algunas situaciones ceñirnos a la autoridad ministerial apoyada por la doctrina o enseñanza bíblica. Pero de esto vamos a hablar en un capítulo aparte.

CONCLUSIÓN

Hemos analizado lo que es el funcionamiento teocrático en la vida de la iglesia y como debemos funcionar, entendiendo que en un gobierno local debe haber un pluralismo ministerial. Los asuntos administrativos  deben consultarse con la asamblea, pero en el área del quehacer de la iglesia debemos dejar al Espíritu obrar de acuerdo a la Palabra, y  sentir del cuerpo. Ahora pasaremos a resolver la formula de buscar ese sentir, sin caer en una dictadura humana o en una democracia total.

 

CAPÍTULO -6-

BUSCANDO EL SENTIR

Pero ¿cómo es posible conducir la iglesia al gobierno de Dios? ¿Cómo buscar el sentir del cuerpo antes de tomar decisiones en situaciones en donde no hay Palabra de Dios,  considerando las diferencias tremendas que hay entre los seres humanos? Debemos aclarar primero qué es doctrina, y qué es el gobierno de Dios en relación a las demandas del evangelio. Entendemos que la autoridad ministerial en la Palabra es imperativa, y no se basa en los deseos o caprichos de la gente. Pero existen asuntos que se salen de este marco, y sí deben ser considerados por el sentir del cuerpo antes de tomar una decisión. No podemos actuar en todas las situaciones como teniendo señorío del rebaño, pues esto nos llevaría al abuso de autoridad[43]. Para mover un cuerpo, como es la iglesia, hacia un fin, debemos contar con el apoyo de ésta, porque en ciertas áreas, ir contra el sentir del pueblo puede ser destructivo. Así que en algunas acciones o cambios que emprendamos, debemos buscar el sentir de la congregación, para  saber hasta dónde contamos con el apoyo de la asamblea en lo que sentimos o deseamos. No debe existir un consejo de ancianos o pastor “infalible”, ni tampoco una asamblea totalmente “soberana”.

¿QUÉ SE IMPONE Y QUÉ SE CONSULTA?

  Los ancianos deben imponer su autoridad espiritual, en la Palabra. El pueblo de Dios debe aceptar, sin tener que consultar, las siguientes situaciones:

1. El sometimiento absoluto al Señorío de Cristo: El cual es para todos los que forman la iglesia. Se debe demandar que guarden y vivan todo lo que Jesús enseñó. La imposición del Señorío de Cristo es una demanda global, imperativa y básica para ser discípulo.

2. La demanda de vivir una vida santa: Esto envuelve el cuidado del testimonio de los discípulos en las facetas del diario vivir,  ejerciendo para ello las normas de exhortar, reprender y disciplinar con toda autoridad a aquellos que no vivan en el orden según la Palabra (1 Timoteo 4:13-15, 2 Tesalonicenses 3:14).

3. El quehacer evangelístico y formativo de la iglesia. Los ancianos (pastores) pueden mover la iglesia hacia cualquier proyección de trabajo, sin tener que someter estas acciones a la opinión de la mayoría, pues están puestos para llevar al cuerpo hacia su misión máxima que es predicar y hacer discípulos según Mateo 28:19.

¿CUANDO CONSULTAR LA ASAMBLEA?

Sin embargo, existen áreas en las cuales no se puede actuar con una autoridad hegemónica, sin considerar la opinión de la mayoría. No hay apoyo bíblico para actitudes arbitrarias en algunas áreas, por lo que debemos, en tales casos, palpar el sentir de la congregación a través de una asamblea (que podrá ser de negocio) en la cual se someterá al pueblo los asuntos siguientes:

1. En los asuntos administrativos: El uso del dinero, la aprobación de los presupuestos, los estados de cuentas, y cualquier decisión sobre el manejo de estos fondos para comprar bienes costosos, o pedir préstamos para mejorar las necesidades de la comunidad. Recordemos que nadie tienen derecho a disponer de aquello que no es suyo.

2. Para nombrar delegados a la asamblea general: cuando esté afiliada a un movimiento nacional. Estos delegados deberán ser propuestos en una lista dada por los ancianos de la iglesia. Deben ir personas maduras e identificadas con la labor de la iglesia.

3. Para tomar decisiones en la compra de bienes e inmuebles: o para vender éstos, ya que los bienes son de la comunidad. Cualquier decisión al respecto tiene que ser avalada por ésta.

4. Para informar a la asamblea de disciplinas: impuestas a miembros de la comunidad que hayan cometido pecados que afecten el testimonio moral de congregación.

5. Para definir posiciones en acciones extra-bíblicas: en relación a problemas con otras comunidades, denominaciones, o cuando hayan conflictos estructurales relacionados con la  iglesia local, los cuales los ancianos consideren necesaria la participación de la asamblea.

6. Para enviar misioneros: y obtener apoyo y aprobación de la asamblea. Según el patrón bíblico establece que la iglesia debe bendecir y reconocer a sus misioneros (Hechos 13).  Existen otras situaciones donde se puede combinar la autoridad de los ministerios con el sentir de la asamblea, como por ejemplo:

   a) Para elección de diáconos. Los ancianos de la iglesia determinan las personas que según la Palabra reúnen los requisitos bíblicos para tales funciones. Ejemplo: para elegir un diácono tesorero, deberán estudiar además de la vida moral, espiritual y social, la capacidad humana para llevar a cabo la responsabilidad encomendada; saber matemática y tener nociones de administración.

Debemos añadir a las condiciones bíblicas, el factor de capacidad humana, para aquella función que vaya a desempeñar[44].

   b) En el nombramiento de nuevos ancianos. La elección de un nuevo anciano se produce por el llamamiento y la entrega de un líder a la obra. El reconocimiento de los ministerios, junto con la aprobación de los profetas y apóstoles, y en base a las condiciones bíblicas, debe ser notorio delante del pueblo. Sin embargo es bueno consultar el sentir de la iglesia, para ver si ésta también reconoce el ministerio y la autoridad de la persona que se proponen[45].

   c) En cuanto a la proyección del trabajo: Principalmente cuando envuelve metas elevadas que comprometen el esfuerzo de toda la congregación. Aunque los ministerios tienen el poder de mover a la iglesia hacia el trabajo evangelístico sin necesidad de la aprobación, puede haber situaciones y compromisos serios en donde sea necesario el consultar al pueblo. Esto nos permite ver hasta dónde podremos llegar en el trabajo o visión propuesta, principalmente cuando esta visión envuelve un trabajo social que compromete económicamente a la congregación. Recordemos que nuestra visión no puede ser impuesta por la fuerza a otros que no la reciban.

¿CÓMO BUSCAR LA OPINIÓN DE LA ASAMBLEA?

A la hora de someter un asunto al sentir de la asamblea, debemos considerar que existen dos formas de expresión parlamentaria para evaluar la misma:

1. LA PARTICIPACIÓN  DIRECTA. En donde los presentes en la reunión  piden la palabra a través de las reglas parlamentarias, y de forma directa opinan, proponen, discuten y votan.

2. LA PARTICIPACIÓN PRIVADA. A través de una encuesta, plebiscito o consulta que la persona llena de forma secreta, y deposita en una urna, sin poner su nombre (voto secreto), expresando su opinión o elección a las diferentes opciones planteadas por los ancianos o el gobierno local. La participación directa se debe efectuar en todos aquellos asuntos de índole administrativo, en donde se informa y discuta todo lo concerniente al aspecto financiero de la obra. Existe un grave peligro cuando asuntos de índole espiritual o moral se someten a este método, como la elección de diáconos o ancianos a través de propuestas directas, problemas de disciplina o juicio, de doctrina, etc. Estas situaciones pueden crean conflictos por los siguientes motivos:

Aº-. La elección de personas; que aunque sean carismáticas, no tienen una vida cristiana acorde a las enseñanzas bíblicas. Recordemos que el sentido de apreciación de una asamblea sobre la vida moral y social de muchos miembros es muy subjetiva, ya que nunca conocerán a fondo a las personas. Sin embargo, los ancianos y el maestro de discipulado sí les conocen en su vida moral, familiar y de mayordomía, pero se vería poco ético que en público expusieran las razones para rechazar a un hermano que haya sido propuesto por la asamblea, para desempeñar un puesto, si no tiene una conducta correcta, y tengamos que excluirlo y dar explicaciones de ello públicamente, ya que debido a que no anda bien en todas las áreas de la vida cristiana, lo tendremos que descalificar  haciéndole pasar una vergüenza. Para ocupar una posición dentro de la iglesia se debe requerir las condiciones establecidas en la Palabra de Dios, las cuales  clasificaren en tres grupos:

a) En lo espiritual: Que sea una persona comprometida como miembro fiel a los cultos, actividades, santa cena y mayordomía cristiana y sujeto a los ancianos.

  b) En lo moral: Que tenga ante el mundo una vida intachable, sin deudas y escándalos. Que no participe en actos de conducta dudosa, que vista decorosamente. Que tenga una vida  templada, sin concupiscencia y sea responsable.

c) En lo social: Que gobierne bien su vida y su familia. Que sepa tratar a las personas y sea trabajador, honrado y que cumpla todos sus deberes sociales.[46]

B. La división de la iglesia en partidos: Cuando dentro de una comunidad se empiezan a proponer candidatos de forma pública, la gente toma partido hacia uno u otro, naciendo inconscientemente, actitudes de confrontación que afectan las relaciones personales, en donde, al alterarse los ánimos, se puede llegar a situaciones carnales que no son saludables en la congregación.

C-. Revelación de intimidades en público: Se puede dar el caso de que para rechazar a un hermano propuesto directamente, los ancianos tengan que dar razones, llegando a revelarse intimidades o confesiones, porque si se pide explicación pública de una descalificación, tendríamos que contestar a la pregunta o quedaríamos mal al tratar de evadirla. Esto puede herir, además del candidato, a otras personas involucradas en los hechos, ya que muchos en la iglesia ignoran interioridades en la vida de estos hermanos, que son descalificados para ocupar un puesto en la iglesia. Ejemplo: Revelar que un hermano propuesto no diezma, o que en su hogar tiene conflictos con su esposa, a la cual le pega, etc. Conocí el caso de un joven, muy carismático, que me confesó en privado que había cometido un serio pecado sexual. A los pocos días, en una reunión, fue propuesto por la asamblea para un puesto. Los ancianos y yo nos opusimos, pues sabíamos que últimamente no andaba bien. Pero la asamblea pidió una explicación de nuestra oposición, por lo que me vi  entre la espada y la pared, ya que lo que sabía era un secreto de confesión. Cuando la cosa estaba más caliente, y parecía que quedaría líder, la persona propuesta optó por declinar su nombramiento, por miedo a que se supiera lo que pasaba. Me libró de un serio compromiso que hubiese repercutido en nuestra relación, y en la de muchos miembros de la iglesia. Considero saludable que los ancianos de la iglesia sometan cada año a la congregación una encuesta de consultas sobre la realidad del sentir en todas las áreas y así puedan tener una idea de la salud espiritual y emocional de la comunidad, y saber hasta dónde son aceptados y cómo marchan las cosas. Así se mide su autoridad y los cambios que se pueden hacer. Esta consulta sería un diagnóstico de la salud de la congregación en sus diferentes áreas de trabajo.

¿CÓMO ELABORAR LA ENCUESTA?

La encuesta, o consulta, deberá hacerse por escrito, sin nombre del participante, en secreto y se deberá buscar la forma más fácil para que no tenga que escribir mucho sino que pueda optar por la mejor respuesta (con una X) a las preguntas. Puede haber varias opciones, según cada planteamiento. Se debe clasificar la encuesta en diferentes áreas, de acuerdo al quehacer de la congregación. Por regla general acostumbro a evaluar los siguientes aspectos en la vida de la iglesia:

I. Opinión de la asamblea sobre el trabajo de la iglesia.

Evaluar la actitud de la integración de la iglesia en los diferentes planes de trabajo. Se exponen programas, planes de trabajo, aspecto de mayordomía, evaluación de los proyectos existentes y se mide el nivel de aceptación y compromiso de los hermanos en cada uno de los programas existentes; sociedades, grupos de crecimiento, trabajo con los niños, jóvenes, matrimonios etc.

II. Opiniones sobre los ministerios de la iglesia.

 Se debe evaluar la labor ministerial de los ancianos, incluyendo las funciones del pastor, para medir el grado de aceptación y autoridad que tienen en la congregación. Entre los planteamientos deben estar: La evaluación de la labor pastoral, opiniones sobre las predicaciones, de la autoridad de cada anciano, sobre la integridad del liderato, propuestas de nuevos ancianos, etc.

III. Opiniones sobre la labor de los diáconos.

  Qué opinan sobre sus funciones y conducta. También se deben presentar decisiones para elegir nuevos diáconos, proponiendo una terna (o lista de varias personas) para aquellos puestos específicos en los cuales pueden funcionar, dejando oportunidad a que sugieran otros candidatos no propuestos por los ancianos. Recordemos que la función de liderato debe ejecutarse de acuerdo al don o capacidad de cada persona en particular.

IV. Opiniones sobre la relación y necesidades de los hermanos.

  Evaluar las áreas más necesarias de atención, así como de enseñanza, información y problemática de las relaciones personales, tanto entre unos y otros, como en el liderato de la iglesia, y en sus relaciones intereclesiásticas. Se puede también establecer una evaluación del conocimiento adquirido sobre algunos énfasis o conceptos que se hayan enseñado últimamente, y saber si la congregación ha asimilado lo que se ha querido enseñar, y si hay conciencia bíblica de algunas actuaciones específicas. Ejemplo: La mayordomía, la disciplina, el compromiso, el servicio, las relaciones familiares, las finanzas, el sexo, etc. Una vez que se realiza la encuesta, se debe evaluar en el consejo de ancianos, y llevar los resultados a estadísticas de porcentajes, para en base a ello  iniciar los cambios, nombramientos y acciones necesarias. Es importante que toda la evaluación de la encuesta sea comunicada al pueblo con transparencia, aunque a veces algunos líderes salgan mal parados, pero así, éstos se ponen “las pilas”[47], y pueden rectificar sus posibles errores.          Sería bueno que el informe se presente de forma objetiva, para que la gente pueda  tener una idea  real de la vida de la comunidad. Este informe debe ser lo más claro posible. Como idea de ello mostraremos algunas formas de hacerlo. Hemos planteado una pregunta en el cuestionario que dice así:

 1) La labor de los ministerios de la iglesia en su relación con los

      Miembros ha sido:

     (    ) Excelente     (     ) Buena    (     ) Regular    (    ) Deficiente

La respuesta fue que un 40% dijo excelente, 30% que fue buena, un 25% dijo que regular, mientras que un 5% está descontento. Conclusión: Respuesta positiva para los ministerios. Ahora lo voy a informar en un boletín y la presento así:

Espero que esta muestra nos ayude a presentar un informe transparente a los miembros de nuestras iglesias. Otro aspecto de la encuesta se puede referir a las áreas de atención de la iglesia, y podríamos formular la siguiente pregunta:

6) ¿En cuál de las áreas de trabajo de la iglesia considera usted que se han cometido descuido durante este año?: a) ____ El trabajo con los niños. b) ____El trabajo con los jóvenes.

c) ____ El trabajo con los matrimonios.  d) ___La ayuda social.

Y como resultado de esta encuesta, encontramos las respuestas siguientes: 20% consideran descuidado el trabajo con los niños, mientras que un 10% indican que es el de los jóvenes, pero un 50% señala que el área más descuidada es el trabajo con los matrimonios y un 15% hacen referencia a la ayuda social. Un 5% no contesta, no sabe. Este resultado lo representaríamos así:

De esta forma debemos presentarle a la congregación toda la realidad existente, y por medio de las encuestas tomarle la temperatura al cuerpo, para ver su salud funcional, y saber qué acciones emprender para fortalecer las áreas más deficientes de la misma.

CONCLUSIÓN.

Sería saludable celebrar una asamblea local para informar los acuerdos tomados en base al sentir recogido en la consulta, y notificar los resultados al final. Aunque la evaluación obtenida no tiene que ser determinante, debe de ejercer influencia en las decisiones que se tomen. Se debe evitar siempre la confrontación entre hermanos en público, por causa de opiniones o personas, pues esto crea un mal de fondo, que puede llevar a la contienda y crear conflictos de división, que afecta la unidad del cuerpo. No debemos ignorar las inquietudes, y los puntos de vista que los miembros puedan tener sobre ciertos aspectos en la problemática de la iglesia. Es por ello que debemos buscar una norma de conducta que evite una jerarquía dictatorial, y por otro lado, una democracia permisiva, pues, recordemos que todos los extremos en la vida son malos o peligrosos. Es bueno aclarar que respecto a lo económico debemos ser democráticos, y cada uno de los que aportan sus diezmos y ofrendas deben ser conscientes de cómo se maneja los mismos. En el área de la Palabra (el quehacer de la iglesia) los ancianos deben de actuar con autoridad y según el sentir del cuerpo, no discutiendo lo que involucra normas de conducta bíblica. Es bueno entender que “ningún concilio, comité o convención puede legislar normas que contradigan la palabra de Dios”[48]. Debemos crear mecanismos que frenen los abusos de autoridad, y las injusticias, siempre latente en la naturaleza humana[49]. Que el Señor nos ayude a poder alcanzar la expresión máxima de la unidad del cuerpo a través de que en todos sus miembros haya el mismo sentir, y si otra cosa le placiera a Dios mostrarnos, que nos lo revele a través de los mecanismos de la Palabra, los dones, y el Espíritu.

                                                            AMEN.   

CONTINUARA EN LA II PARTE


  • BIBLIOGRAFIA

  • [1] – NOTA: Las  citas bíblicas usadas pueden ser de la reina Valera actualizada, y la Reyna Valera de 1960.
  • [2]– En algunos moldes el pastor recibe el título de “pastor general”, “pastor principal” etc. Cuando tiene ayuda de otro ministerio, a éste se le coloca en un rango inferior, dándosele el título de “pastor asistente”  o “co-pastor”.
  • [3]-Tanto el Apóstol Pablo como Pedro advierten de los peligros de la codicia y avaricia material en los ministros, siendo un peligro real que actualmente está trayendo escándalos a la iglesia del Señor. 1 Pedro 5:2, 1 Timoteo 3:3, 6:6-10, 2 Timoteo 2:4.
  •  [4]- Principio establecido por Christian A. Schwarz en sus estudios sobre el “iglecremiento” y que mencionaremos más adelante. Biótico: Proceso natural que sigue todo órgano viviente en su crecimiento, sea animal o vegetal.
  • [5]-Un híbrido es la manipulación genética de dos especies o animales que se combinan. En lo espiritual es la unión de métodos tecnológicos con aspectos bíblicos para producir una megaiglesia diluida en el número, pero sin calidad.
  • [6]– El principio de Jesús como cabeza de la Iglesia es claramente aceptado por todos, por lo tanto la iglesia no debe tener cabeza humana sobre la cabeza divina, aunque si hay ministerios que suje-tos a la cabeza gobiernan el cuerpo de acuerdo a los pensamientos de Jesús estipulados en su Palabra y en la intervención del Espíritu Santo, de acuerdo a las circunstancias, pero la auto-ridad debe des-cansar en el pluralismo y no en el “complejo de cabe-zón.”Efesios 1:22,  5:23, Col 1:18, 2:10,  2:19.
  • [7]– Existen los Dones Naturales: Aquellos que todos traemos por naturaleza. Son los talentos naturales que poseemos seamos o no cristianos. Los Dones Espirituales: Dados por el Espíritu para la edificación de su Iglesia según 1 Corintios 12. Los Dones de Cristo para su iglesia, que son los cinco ministerios aquí analizados.
  • [8]-La preparación en teología es necesaria para el conocimiento, pero no forma el carácter. No niego la importancia de la preparación académica (a lo que llamo información) siempre y cuando se catalogue como vital la formación emocional (trato del carácter).
  • [9]-En Génesis 25:24-26 podemos ver como por un plato de comida Esaú vendió a su hermano la bendición de Dios.
  • [10]– Tomado de un cassette en donde David Wilkerson enseñó a los pastores de Costa Rica en el año 1993¿?.
  • [11]– 1 Samuel 2:27-36. Aquí vemos que Dios descarta el sacerdocio de la descendencia de Elí, y promete levantar un nuevo sacerdocio. Lo importante es que no destruiría el suyo. Así que habrían dos sacerdocios paralelo; el de Eli y el nuevo sacerdocio, “conforme al corazón de Dios” Verso 35.
  •  [12]-Es interesante observar los comentarios del Apóstol Pablo sobre la situación de los últimos tiempos en relación a los falsos ministros. 1 Timoteo 4:1-3, 2 Timoteo 3:5-8.
  •  [13]-Recomiendo el estudio “Los principios de ser siervo”. De Mario E. Fumero y publicado por Producciones Peniel S. de R.L. 1997.
  •  [14]- Es interesante ver el libro de Mario E. Fumero publicado por UNILIT  en el 1996, llamado “PATERNIDAD ESPIRITUAL”.
  • [15] -El pastor debe dedicarse a la obra de Dios si ésta le puede res-paldar. No hay base bíblica para prohibirle a un ministro el trabajar secularmente cuando la congregación no le puede dar el sustento. Al contrario, es bíblico y los que tal cosa hacen son merecedores de alta estima. (Hechos 18:3, 2 Tes 3:7-8)
  •   [16]- 1 Corintios 12:27, Romanos 12:5, Efesios 1:23, Colosenses 1.24, 2:19.
  • [17]– Juan Carlos Ortíz en su libro “El Discípulo” compara la relación entre los hermanos a las papas fritas, están juntas pero son diferentes, y la comunión la compara con el puré de papas, uno se funde con el otro, para formar una misma cosa. Es equivalente a estar unánimes.
  • [18] -Del libro de Christian A. Schwarz, “Las 8 Características Básicas de una Iglesia Saludable” Editorial Clie. 1996. Página 45.
  • [19] – Idem . Es importante el análisis de este libro para entender el proceso biológico de la iglesia como cuerpo.
  • [20] – Idem. Página 54.
  • [21] -Muchos historiadores y escritores de teología cuestionan la conversión de Constantino y muchos autores como Alexander Schmemann  exponen que esta conversión produjo un impacto “sociológico” que influyó en los cambios sufridos por el cristianismo a partir de ese fecha, lo que dio origen al catolicismo romano. “Church World Mission” Publicado por St. Cladimir Seminary Press, N.Y. 1979. Alexander Schmemann: Sacerdote Ortodoxo educado en Francia (1951) y prolifero escritor y orador sobre temas teológicos.
  •  [22]- En Hechos 11:19-26 se nota la autonomía de la Iglesia de Antioquía en relación con la de Jerusalén. Pablo en sus viajes establece ancianos en las iglesias, Hechos 14:23. Tito 1:5.
  • [23] – Afirman algunos historiadores que fue Gregorio VII quien ordeno el uso exclusivo del término “papa” al obispo de Roma. “Enciclopedia Ilustrada de Historia de la Iglesia” Samuel Vila y Darío A. Santamaría. Editorial Clie 1979 Página 488.
  • [24] – ex cáthedra o ex cátedra. (Loc. lat.; literalmente, ‘desde la cátedra’). loc. adv. U. cuando el Papa enseña a toda la Iglesia, o define verdades pertenecientes a la fe o a las costumbres. || 2. coloq. En tono magistral y decisivo.
  • [25] – “Historia del Cristianismo”  Tomo -I- de Justo L. González. Unlit, 1994.
  • [26]– Existe un famoso documento llamado <DICTATUS PAPAE> publicado por Gregorio VII en el 1075 todos los poderes del papado sobre todos los aspectos de la vida social y civil que dominaba la Iglesia Católica Romana., que se conserva en la Biblioteca Vaticana, en el cual se exponen.
  • [27]-Tenemos por ejemplo a Erasmo de Rotterdam que en el 1501 escribió una obra llamada “El elogio a la locura” en la cual sutilmente criticó a la Iglesia Católica. También Dante en sus obras “La Divina Comedia” criticó duramente el papado. Otros como Santa Teresa de Jesús y Juan de la Cruz (1515-1582) estuvieron a punto de ser muertos por la Inquisición por tratar de introducir cambios o emitir criterios contra el poder de la Iglesia Romana en España.
  • [28]– Mateo 16:19, 18:18. Aquí se apoyan los padres de la Iglesia Católica para apoyar sus doctrinas dogmáticas, así como la EXCOMUNIÓN y ventas de indulgencia. En realidad, el sentido clásico es el concederle poder a sus discípulos para obrar con autoridad en relación a los demonios, a la predicación y al orden dentro de la Iglesia. Se puede “excomulgar” por causas de pecado oculto, (1 Cor 5:5) o por causar división en el cuerpo (la iglesia) (Tito 3:10.) El término excomunión es equivalente a desechar a aquellos que no se sujeten al orden establecido, pero no es un arma para manipular a las personas. que no están integrados  en la comunidad, y debe usarse sólo en aquellos casos explícitos dentro de la Palabra.
  • [29] – Bibliografia: “Roman Catholicism” Loraine Boettner. Phillipsburg, N.J. Presbyterian and Reformed.
  • [30] -Según  Alexander Schmemann en su libro “Church World Mission”, página 180 (Publicado por St. Vladimir Seminary Press, N.Y. 1979) existen dos expresiones religiosas sobre la libertad del creyentes; el catolicismo Romano enfatiza la iglesia sobre todo, y  los “protestantes” la libertad. De ahí nacen los dos extremos, “democracia y jerarquía”.
  •  [31]-“Leche.” Alimento primario para los principiantes: “Desead como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2). “Vianda”. Alimento más sólido para los que pasan de bebé a niños: “Os di a beber leche y no alimento sólido, porque todavía no podíais recibirlo, y ni aún ahora podéis” (1 Corintios 3:2). “alimento sólido”. Comida fuerte para los que ya son adultos en la fe: “Pero el alimento sólido es para los maduros, para los que por la práctica tienen los sentidos entrenados para discernir entre el bien y el mal” (Hebreos 5:14).
  •     [32]-Éxodo 3:16,  24:1, Número 11:16, 1 Reyes 12:8.
  • [33]– “Theoloogical Word of the Bible”, página 21. Fleming H. Revell Co. 1969 página 85.
  • [34] -Bibliografía: “Calvin´s Commentaries” John Calvin. Baker Book House, Gran Rapids.
  • [35] -Revisar el relato en 1 Samuel capítulo 8. De aquí en adelante aparecerán los versos de dicho capítulo.
  •     [36]- 1 Samuel 8:1-22,  16:7.
  • [37] – Bibliografía: Recomiendo “El Judeo-Cristianismo palestino en el Siglo -I- ” Dr. César Vidal Manzanares. Editorial Trotta S.A. Madrid, 1995. Este texto ayudará a entender el marco histórico de la Iglesia en el primer siglo.
  • [38]– Filipenses 3:15-16,  Efesios 1:21-23,  1 Corintios Capítulo.12.
  • [39]– 1 Corintios 1:12-17. Todo el libro de Corintios afronta los problemas causados por las opiniones y corrientes diversas dentro de una iglesia compuesta por gentiles y judíos. Además hubieron varios ministerios que según parece tenían discípulos dentro del mismo grupo. Esta era una iglesia multicultural y con varios ministros que formaron vidas.
  • [40]URIM Y TUMIM significa luces y perfecciones, son plurales intensivos. Se encuentran las referencias en Éxodo 28:30, Levítico 8:8, Números 27:21, Josué 7:14-18,1 Samuel 14:36-37, Oseas 3:4, Esdras 2:63.
  •  [41]- Aparecen otros textos que hacen referencia a “echar suerte como Levíticos 16:8, Nehemías 11:1, Esther 3:7. No es lo mismo “echar suerte” que tiene que ver con elegir que “buscar buena suerte” que tiene que ver con el destino.
  • [42]– En Hechos 15 encontramos el concilio de Jerusalén, en el cual se discutirían ciertas diferencias  sobre la problemática existente en aquella época entre gentiles y judíos. Observemos los versos 28 y 29,  lo que sería la conclusión final en lo cual hubo unanimidad.
  • [43] -Son muchos los que señalan el peligro del poder absoluto en la iglesia. Ver “Pastores que abusan” Jorge Erdely, Editorial MBR, Mèxico, 1994.
  • [44]– Después de la elección de los diáconos en Hechos 6, Pablo amplía los requisitos de éstos en 1 Timoteo 3:8-13.
  • [45]– Requisitos de los ancianos o ministerios; Ver 1 Timoteo 3:1-7, Tito 1:5-9.
  • [46]– Los requisitos bíblicos están expuestos en 1 Timoteo 3:1-13 y en la pro-puesta de los apóstoles en la elección de los primeros diáconos que fueran de “buen testimonio, llenos del Espíritu y de sabiduría” Hechos 6:3.
  • [47] – “Ponerse las pilas” es alistarse, ponerse en orden, estar listo.
  • [48] – “La Era del Engaño” de John Haggee. Editorial Betania. 1997, página 204.
  • [49] – “El poder Sutil del Abuso Espiritual” David J y Jeff Van. Editorial Unilit, 1995.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
Esta entrada fue publicada en Discipulado, LIBROS DE MARIO FUMERO, Mario Fumero. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a LOS MINISTERIOS Y EL DISCIPULADO EN LA IGLESIA NORMAL I PARTE (LIBRO)

  1. humberto dijo:

    Exelente aporte, gracias por tan hermoso estudio y por la confirmacion de mis estudios sobre la organizacion bilbica de la iglesia.

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