LOS MINISTERIOS Y EL DISCIPULADO EN LA IGLESIA NORMAL III PARTE (LIBRO)

  Esta es la  úlima parte del libro que  dividimos en tres parte por su extensión. Puede buscar los otros capítilos en esta web. 

CAPÍTULO -12-  

¿SOMOS TODOS DISCÍPULOS?

Nosotros[1] no somos un grupo de personas que adoptó una religión para ir los domingos al culto, sino discípulos de Jesucristo, miembros de su cuerpo, su familia,  Pueblo de Dios. Para lograr este fin Él puso a sus siervos, que son los líderes visibles, y estableció un orden, a los cuales todos debemos de sujetarnos, siempre y cuando los que estén al frente vivan lo que predican, para poder nosotros practicar las enseñanzas recibidas con su ejemplo, y transmitirlas a los demás, como Él quiere.  Ahora hemos entrado en esta preciosa visión que es la de hacer discípulos de Jesucristo a todos los que creen,  debemos aceptar las coberturas humanas para que podamos crecer espiritualmente. Nuestra meta no es ser como nuestro líder aquí en la tierra, imitando su forma externa de ser, (clonación espiritual) sino en aquello que sea digno de imitar en el Señor. Por eso será muy bueno que a la vez que observemos a nuestros líderes, leamos los Evangelios, donde tendremos un retrato de Jesucristo, y si éstos se ciñen a la Palabra, obedezcámosles e imitémosles.   

LA GRAN COMISIÓN DE JESUCRISTO SEGÚN MATEO 28:18-20

Jesucristo, en primer lugar, envía a sus discípulos para que “hagan discípulos” entre todas las naciones. Esta es la misión que recibieron los doce, la cual denominamos “LA GRAN COMISIÓN”. Nada es más importante a la hora de predicar, que hacer que los convertidos al evangelio aprendan a vivir según las enseñanzas dadas por su maestro,  iniciándose así la reproducción en serie de un modelo de conducta, dado por Jesús a sus seguidores. Pero ¿cómo actuó el Señor? Vamos a analizar algunos parámetros de su conducta, para entender cómo debemos de ser y formar las vidas de los discípulos.

            A) El hizo discípulos mientras estuvo en la tierra. Entre ellos había un grupo de setenta, otro más íntimo de doce, y otro de tres mucho más íntimo todavía. Al enviar a éstos a hacer  discípulos, les ordenó a actuar de la misma forma que Él lo había hecho. Es decir, tomar un grupo pequeño de personas y enseñarles a vivir como Él vivía. Esto produciría a una cadena de reproducción que daría principio al nacimiento de la iglesia. Noten que antes de llamárseles “cristianos”, se les decía “discípulos” (Hechos 11:26).

            B) En realidad, Él es el ejemplo y el modelo que Dios nos dio a todos nosotros. Jesús envió a sus discípulos diciéndoles: Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”   S. Juan 13:15Y San Pablo ratifica lo expuesto afirmando: “Para que fuesen hechos conforme a la imagen de  su Hijo” Romano 8:29. Debemos imitarle y reproducir un estilo de vida que revele con hechos lo que decimos con palabras. Es por ello que muchos afirman que la predica de Jesús presenta un  nuevo concepto en la relación humana, predicó al revés del sistema dominante[2]. Para analizar este principio debemos partir del modelo dejado por Jesús.

            C) Hacer discípulos no es otra cosa que cumplir el deseo de Dios. Discipular es hacer a las personas cada día más parecidas a Jesús. Es la base para formar una vida e imprimir en ella un carácter que revele la realidad de Jesús. En la formación del discípulo se trabaja más con el carácter humano que con el intelecto. No es suficiente creer, ir al culto, orar o leer, sino que la vida con sus hechos vale más que las muchas liturgias, por eso Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras,…” Mateo 5:16.

            D) Dios hizo en un principio a Adán y Eva “a su imagen y semejanza”. Ahora quiere que,  mirando a Jesús, recuperemos esa imagen y semejanza de un HIJO DE DIOS. Al hacer a Adán y Eva, tenía pensado que todas las gentes fueran a su imagen y semejanza. Por eso, al mandar a Jesucristo al mundo, se propuso restaurar esa afinidad en los seres humanos. Por eso dijo Jesús: “Vayan a las gentes de TODAS LAS NACIONES. Esa es nuestra misión, hacer a  TODOS discípulos de Jesús. Estos formarán la gran familia de Dios.

            E) Somos discípulos, no creyentes de una religión. ¿Qué diferencia hay en esto? Debemos ser y hacer discípulos para Jesús a TODAS LAS GENTES DE TODAS LAS NACIONES, y no solamente ser profesantes de una religión y cumplir cada domingo con la liturgia evangélica, ignorando que se es hijo de Dios “todos los días”. Es por ello que Santiago demanda que: “seamos hacedores de la palabra, y no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” Santiago 1:22.

¿CÓMO HACER DISCÍPULOS?

Primeramente debemos evangelizarlos, o sea, llevarles las buenas nuevas, estableciendo con ellos una amistad que nos lleve a una relación y termine en una comunión. Una vez que se convierten a Jesús, el segundo paso es bautizándolos, y luego, enseñarles a que cumplan todo lo que él mandó a sus primeros discípulos: “Enseñándoles -dijo- a obedecer todo lo que yo os he mandado a ustedes” (Versión adaptada de Mateo 28:20). Cuando eres bautizado, y aceptas a un maestro para sujetarte a la Palabra, te conviertes en un discípulo. Estás aprendiendo a obedecer todas las cosas que Jesús mandó. Tú aprenderás observando a tus maestros y escuchando sus enseñanzas. Pronto comenzarás a tener tus discípulos, que aprenderán de tí y de tus enseñanzas, que serán las de Jesucristo. Debes ser con tu maestro como los primitivos discípulos eran con Jesús. Debes amarlo, confesarle tus dudas, problemas y alegrías. Compartir todo lo que eres y tienes, y obedecerle en la Palabra. Amarle como él te ama a ti, y juntos, hacer realidad los postulados de la GRAN COMISIÓN del Divino Maestro; hacer discípulos a todas las gentes. Él te enseñará todo lo que Jesucristo mandó, y así serás un buen maestro. Recuerda, “nadie puede dar lo que no tiene”, y tampoco podrás demandarle a otro lo que tú mismo no estés dispuesto a dar. Esta regla se aplica incluso en la formación de nuestros hijos naturales. Tenemos también en las palabras de Jesús una promesa maravillosa: “…He aquí yo estoy con ustedes, todos los días, hasta el fin del mundo Amén.  Mt 28:20. Esta expresión, y esta realidad, nos enseñan algunas cosas importantes que debemos analizar:

            A) Jesucristo prometió estar con sus discípulos hasta el fin del mundo. Esto implica que estará en todas partes, hasta en las más remotas, como en la Antártida, selvas o montañas. Estará hasta el fin del mundo, en cuanto a tiempo se refiere, pues dice “todos los días, hasta el fin del mundo”. Como todavía no ha llegado el fin del mundo, quiere decir que su promesa está en plena vigencia.

            B) Sin embargo, si bien Él prometió estar, parecería que ese “estar” es condicionado. “Vayan a todas las gentes y háganlas mis discípulos…y yo estoy con ustedes”. Jesús no está con nosotros meramente para hacernos compañía, sino que estará con nosotros en el cumplimiento de la misión que él nos encargó. Hagamos discípulos, y así estaremos seguros que él estará con  nosotros, dispuesto siempre a tratar con la vida de nuestros discípulos para complementar en la experiencia y revelación las enseñanzas que demos.

            C) En estos momentos en que tu maestro, como consejero espiritual, está tratando de hacerte discípulo, Jesús está ahí, a su lado para ayudarte. Sí, Él está porque así lo prometió, y nosotros lo creemos. ¿Por qué no dejas un momento de leer o conversar, y reconoces en silencio su pre-sencia?…

CONDICIONES PARA SER DISCÍPULO. MATEO 16:24

            El camino del discipulado no es fácil, por eso muchos optan por ser simples creyentes, sin comprometerse en una cobertura espiritual. Muchas congregaciones parecen orfanatorios o guarderías infantiles, pues todo el mundo anda por libre, son huérfanos, no tienen padres. Muchas iglesias funcionan más como cines o clubes, a donde se va a buscar un sermón que los anime, en vez de una dirección o consejo de Dios para el diario vivir. Para ser discípulo hay que pagar un precio. Es importante entenderlo antes de tomar una decisión al respecto, pues sus demandas no son fáciles, y sólo con un verdadero compromiso cristiano podremos alcanzar la imagen de Cristo, pues el discipulado apela a la obediencia voluntaria, y no a la imposición arbitraria. ¿Cuáles son las condiciones que un cristiano debe aceptar para ser discípulo? Según Mateo 16:24, éstas son las demandas básicas que un discípulo debe asumir:

ÊOlvidarse de sí mismo es una condición indispensable para seguir a Jesús:

Ahora  pensamos en Él, y su causa. ¿Qué significa olvidarse de sí mismo? ¿Para qué debemos olvidarnos de nosotros mismos? ¿Qué significa entonces seguir a Jesús? ¿Por qué te parece que Jesucristo, nuestro maestro, demanda tal renunciamiento y fidelidad a su causa? Porque solamente por el camino de la obediencia podremos ser verdaderos siervos. “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso  para vuestras almas”. (Mateo 11:29) Esta demanda no es algo fácil de asumir, igual que otras más; “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” Mateo 16:24. Pero que implica este mandato del Maestro:

→ –Niéguese a sí mismo- Esto es equivalente a quitar tu “yo” para dejar que Jesús tome tu lugar. Él va delante, ahora todo lo tuyo es suyo…ya no te perteneces a tí, pues Él te compro con precio de sangre. Ese orgullo que tanto estorba tu vida cristiana debe ser sojuzgado a su Señorío para decir como San Pablo “ya no vivo yo, más vive Cristo en mí” (Gál 2:20).

→ Toma tu cruz. Esto no significa andar con una cruz al cuello o al hombro, sino más bien estar siempre listo a sufrir o morir. Cuando alguien veía a una persona atravesando Jerusalén con una cruz al hombro, sabía que iba a ser crucificado. Esa es la actitud de un discípulo. Estar dispuesto a todo. También significa que hemos muerto para nosotros y no nos importan las consecuencias de seguir a Jesús. Vivimos para El. Algunos creen que la cruz es una aflicción continua, pero ¡NO! La cruz es una actitud hacia la aceptación de toda adversidad en la obediencia a su Palabra, y no el vivir siempre con “complejo de mártir”.

 Sígame. Es un mandato imperioso a la obediencia, quizá sobre este principio debemos basar la sujeción. El Señor apela a un sometimiento voluntario a su llamado; sin ofertas, sin interés, sin búsqueda de protagonismo. Tan sólo seguirle, apelando por ello a nuestra actitud de sometimiento voluntario. No por medio de un evangelio de ofertas baratas, sino de entrega y compromiso. 

  También hay otras exigencias al respecto. Una de las más fuertes está en Mateo 16:25, cuando el Señor dijo: “Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará. ¿Qué es perder o salvar la vida?

 “Perder la vida” no es una cosa del otro mundo. ¿Acaso no nos esperaba la condenación y el infierno eterno? Sí, estábamos perdidos para siempre en el pecado y en las manos de nuestro enemigo. Ahora Cristo nos rescató. Nos compró para Él. Somos suyos, no nuestros. No éramos  nuestros antes, sino siervos del pecado, ni somos nuestros ahora, somos siervos de Jesucristo. San Pablo nos dice: Pero, ahora, libres de la esclavitud del pecado, han entrado al servicio  de Dios. Esto sí les trae provecho, pues les da una vida consagrada a Dios y los lleva finalmente a la vida eterna” (Romanos 6:22). Debemos pensar como un misionero que murió llevando el evangelio a las tribus aucas de Ecuador. El escribió en su diario poco antes de  su mortal aventura, lo siguiente; “No es tonto el que da lo que no puede guardar (la vida física) para ganar lo que no puede perder (la vida eterna)”[3].

 “Salvar la vida”.  Hay muchos que no quieren entregarse completamente al servicio de Dios. Quieren vivir para sí mismos, hacer su propia voluntad. No quieren perderse en Cristo, olvidarse de sí mismos. Por eso dice que el que quiere salvar su vida, la perderá. Es decir, que el que  quiere vivir para sí mismo, se perderá, pero el que vive para Dios, se salvará. Ahora vamos a analizar la otra perspectiva del discipulado, que es servir al Señor sobre todas las cosas, estableciendo un orden de prioridades correctas. De ello nos habla Jesús en Mateo 10:37: El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no merece ser mío; y el que quiere a su hijo o hija más que a mí, no merece ser mío”.

 A) Esto es renunciación. Cristo está ahora antes que todos tus seres más queridos. Jesús se ha transformado en tu ser más amado. Esto no va en detrimento de tus parientes, ya que al poner a Dios sobre todas las cosas, tus parientes estarán más seguros de tu amor que nunca. Mi esposa puede estar mucho más segura de mi fidelidad cuando Dios está en el primer lugar de mi vida, porque el temor a su Palabra me llevará a vivir en sus mandamientos y no le engañaré. Sin embargo si ella estuviera en el primer lugar de mi vida, mi fidelidad no sería tan segura como cuando Dios es lo primero.

B) Los hijos, la esposa, madre, padre, etc., serán más amados cuando se pone a Dios en primer lugar. Fue  Dios quien dijo: “Amarás a tu padre y a tu madre”; “amarás a tu esposa como Cristo ama a la iglesia“, etc. Cuando colocamos a Dios en primer lugar, entonces toda la vida se ordena con tremenda facilidad, y todas las cosas van a su lugar por su propio peso. Entonces somos mejores padres, hijos, esposos y cristianos. Es una ley natural. Ser fiel con Dios significa ser fiel con mi prójimo. Cuando no está Dios en primer lugar, nuestra vida está desordenada, y otras cosas empiezan a afectar mis relaciones familiares y personales, hasta que llegamos al caos y la confusión. Poner a Jesús como rey de la vida, en el centro de nuestro ser, será la solución definitiva para prevenir otros muchos problemas. Desde otra perspectiva podemos decir que, a veces, el compromiso del discipulado y la entrega a la voluntad del Señor, nos obliga a hacer, no sólo una nueva escala de valores, sino incluso, un sacrificio de renunciación a las cosas materiales. En Lucas 14:33, el Señor nos dice: “Así pues, cualquiera de vosotros que no deje todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo“. La versión  revisada dice: “El que no renuncia a todo lo que posee“. Debemos hacer del reino de Dios y su justicia nuestra mayor prioridad, y no afanarnos por las añadiduras. Pero ¿qué significa el renunciar o relegar las añadiduras a un segundo lugar?:

   I) Renunciar a lo que tenemos es vivir como si no tu-viéramos lo que tenemos. Todas las cosas  mías, o que yo creía que eran mías, ahora se las doy al Señor; son de Dios. Él es el dueño absoluto. Yo soy un mayordomo o administrador de los bienes que Él me ha dado. Cuando hago la paz con Dios, le devuelvo todo el derecho de propiedad. Renuncio a todo, pero él me lo deja para que lo siga usando, e incluso lo multiplica, pero reconozco que no es mío, sino de Dios. Este renunciamiento a todo lo que poseemos se convierte en una revolución en nuestras vidas. Nos ayudará a hacer la voluntad de Dios, ser hospedador y servir en todo, sabiendo que lo que tenemos no es nuestro, sino del Señor, y que su voluntad es que hagamos buenas obras, no para comprar el cielo, sino como expresión de gratitud y entrega a su Señorío. Este principio nos ayuda incluso a superar situaciones que nacen del apegamiento a las cosas materiales. Es por ello que la teología de la prosperidad choca con este postulado, pues no vivimos para tener, sino para servir y darle a Jesús todo el señorío sobre los bienes materiales. Recuerdo que viajando de Córdoba a Extremadura (España) un 23 de Diciembre del 1992, tuve un accidente. En esos días necesitaba más que nunca el automóvil, pero cuando lo vi chocado, y reconocí que yo era “el chofer del Señor”, y le dije a Él; “Señor, te han chocado tu auto, haré lo que pueda, pero tu chofer se quedó a pie, así que es tu problema”. Esto me ayudó a afrontar con tranquilidad esta situación, pues reconocí que: “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…” Romanos 8:28 

   II) El que no hace esto, no puede ser discípulo del Señor. Sus Palabras son claras y categóricas: “El que no deje lo que tiene NO PUEDE SER MI DISCÍPULO“. Algunos grupos, que mas bien actúan como sectas, se aprovechan de este principio para despojar a los que tienen para su propio beneficio. El asunto no está en NO poseer nada y vivir como mendigo“, sino que las cosas que poseamos no nos impidan hacer la voluntad del Señor, y usar los bienes que poseo para su gloria, por medio de mi servicio. De manera que ahora mi automóvil no lo vendo, ni lo regalo, lo uso para el servicio del Señor, y yo me hago su chofer ¡Aleluya! Pero si me lo robaran, o se rompiera, o no pudiera usarlo, de igual forma serviría al Señor. Las cosas las utilizo para su gloria, pero no me hago esclavo de ellas. La perseverancia es otra condición requerida de los discípulos. Juan 8:31 dice: “Entonces Jesús les dijo a los Judíos que habían creído en El: Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” .¿Qué quiere decir el Señor con esa expresión?: “Si ustedes permanecen (o perseveran) en mi palabra”? Veamos:

   A ) Esto no es algo de un momento. No es una emoción pasajera. Es una vida que comienza y sigue desarrollándose. Es una carrera cuya meta es el cielo. Para llegar de veras a ser sus discípulos, debemos seguir firmes en su Palabra, en sus mandamientos, aunque no hayan emociones, ni experiencia de forma continua, y los días que nos toque vivir, aunque sean días malos, yo sigo firme, pues “se en quien he creído”.

    B ) Estas cosas Jesús se las dijo a los que habían creído en Él. Tú que has creído en Jesús, estas palabras son para ti. Debes permanecer firme. Tendrás ayuda en las dificultades. Otros te ayudarán para que permanezcas firme. No cedas nunca a la tentación de abandonar el esfuerzo. Cristo te ayudará a salir victorioso en esta vida nueva que has comenzado, la cual seguirá en  aumento como la aurora, hasta que llegue el día pleno.

En Juan 15:9, Jesús hace referencia a lo que es el efecto inmediato a una vida bajo el discipulado, pues dice: “Mi Padre recibe honor cuando ustedes dan mucho fruto, y así demuestran ser verdaderos discípulos míos”. Es interesante ver como el Señor se hace patente cuando damos frutos y estos se expresan por medio de los discípulos en su vida diaria y práctica. ¿Qué frutos debemos de dar para Jesús?

      El fruto que Jesús nos pide  según el contexto, es que hagamos discípulos a otros. Tal como el fruto de la higuera es un higo, y el de una vaca un ternero, así el fruto de un discípulo de Jesús es otro discípulo de Jesús.  Hacer otros discípulos, en primer lugar, hace que el Padre reciba honor y gloria. Pues es otra vida que adorará, honrará y le alabará al Señor. También, el hacer discípulo a otro demuestra que somos verdaderos discípulos de Jesús. Como dice el proverbio español: “de tal palo tal astilla“, si somos discípulos, haremos lo que El hizo, y obedeceremos su mandato: “Hacer discípulos“.

LA IMPORTANCIA DE LA CONVIVENCIA

En Marcos 3:14 nos dice que Jesús: “Nombró a doce para que estuvieran con El… y para mandarlos a predicar el mensaje…“. Pero sobre la forma de transmitir ese mensaje hay muchos escritos, incluso métodos, cursillos y teorías. Se piensa que el enseñar es un principio basado en el aprendizaje mediante un sermón, una cátedra impartida, un cursillo, etc. Este es el grave error de muchos líderes religiosos, que produce algunos “mal llamados discipuladores“. Creen que con un cursillo ya se pueden graduar de maestros de discipulado, haciendo de esto un método de enseñanza, más que una forma de vida. No se es padre por estudiar “paternidad”, sino por tener un hijo, aunque el estudio nos ayuda a ser “mejores padres”. Lo que en sí nos da paternidad es la concepción de un hijo. La base principal del discipulado no radica en un plan de estudio previamente delineado por temas, períodos y materias, sino en las relaciones personales que determinan las necesidades individuales dentro de la vivencia. Es formar un carácter cristiano y una templanza en la problemática diaria de la vida. Podemos aprender mucho de la metodología que Jesús usó con sus discípulos. Vamos a analizar algunos de sus principios en la formación de vida:

I : No hay mejor enseñanza que la enseñanza de la convivencia.

Si examinamos atentamente quienes fueron los mejores discípulos de Jesús, descubrimos que eran los que más convivieron con El. Aún desde el principio, dos personas preguntaron a Jesús: “Maestro, ¿dónde moras?” Jesús les contestó: “Vengan a ver“. El relato sigue diciendo: “y vinieron y vieron y se quedaron” (Juan 1:35-42).Para Jesús la relación dentro de la convivencia era de vital importancia, pues así podía moldear a sus seguidores y trasmitirles con su vida los patrones de conducta que el Padre deseaba para su pueblo. No hay mejor manera de aprender que vivir al lado de alguien, además hay cualidades que solo se pueden aprender a vivir en relación. Ejemplo: El amor, la humildad, el servicio, el perdón etc.

II:“Nombró a doce para que estuviesen con Él”.

Debes procurar pasar la mayor parte del tiempo posible con tu maestro, buscar de él consejo espiritual. No faltes a ninguna reunión. Si faltas, que sea por razones justificadas, y comunícaselo. Trata de involucrar a toda tu familia en lo que haces. Se accesible a tus discípulos y procura tener siempre las puertas de tu casa abierta para cuando vengan a buscar ayuda. Sal con ellos al campo, ayuna, trabaja, evangeliza con ellos, para que así aprendan de tí.

 III: “Nombró a doce para que estuviesen con Él y para mandarlos a predicar…”

Luego que tú te vas formando junto a tu maestro, y te vas pareciendo a Jesucristo, entonces tú también tendrás tus discípulos, e incluso puedes alcanzar por medio de la multiplicación un ministerio. Serás ubicado en el lugar que Dios indique a tus superiores. Comenzarás a ser guía para otros. Pero primero debes “estar” con quienes te van a preparar, y la convivencia con tu maestro te capacita en la práctica. 

En Hechos 1:1 se dice que Jesús comenzó a “hacer y enseñar“. Por convivir con Jesús, ellos no solamente oyeron lo que Jesús decía, sino que veían lo que hacía. Sé un observador de quien te dirige. A la vez, comienza a practicar lo que ves vivir en tus dirigentes; cómo son en su hogar, en el trabajo, en la vecindad. Así los que te rodean te mirarán a tí. Recuerda qué es “hacer y enseñar”. No enseñes hasta que vivas lo que enseñas. Pero si el ejemplo de tus dirigentes es negativo, entonces busca otros patrones mejores. En tal caso, la sujeción no es bíblica. Si no  hay un respaldo de ejemplo en tus líderes, tu vida va a decaer, pues es vital el ejemplo para hacer efectivo el discipulado, y tener autoridad. Si no vivo aquello que enseño y predico, me convierto en un hipócrita.

EL VERDADERO DISCÍPULO MATEO 7:24-29

Debemos ser entendidos de lo que el Señor demanda de nosotros, así es que : “…El que me oye y HACE lo que yo mando” será un hombre prudente. Este es el sabio que está edificando su vida espiritual sobre una roca firme. Nada le turbará, nada le hará volver atrás, nada le debilitará. Siempre permanecerá fiel, estará firme y confiara en que vendrá en aquel día junto a Jesús en su venida. Este es el discípulo verdadero, el que oye y hace, el que pone en práctica las enseñanzas, el que obedece, el que se sujeta. No el que dice “sí” a Jesús cada vez que le manda algo, sino el que ya ha dicho èç a Jesús una vez y para siempre,  obedeciendo de forma espontánea y sostenida.“…El que me oye y no hace lo que yo mando, es como un hombre insensato[4]…”. Es verdad. Es una insensatez escuchar los mandamientos de Jesús, el maestro, y no obedecerlos. Todo el tiempo que ocupes en asistir a las reuniones, cultos, hogares, etc., es TIEMPO PERDIDO si no vives una vida recta, santa, conforme a las demandas del Señor. Sí, ¡tiempo perdido!, tan perdido como edificar una casa sobre la arena. Esto es escuchar y no hacer, no obedecer, no sujetarse a Jesús y a todo lo que El demanda. De manera que para ser un verdadero discípulo de Jesucristo no es suficiente SABER algunas cosas, sino HACERLAS. Tú puedes informarte mucho acerca de Jesús, y puedes llegar a saber todo lo que sabe tu maestro, pero eso no te salvará, por el contrario, si no obedeces las enseñan-zas, Jesús te llama “necio”. Sí, -necio-, por la pérdida de tu tiempo y energías en nada. Todo ese tiempo, y energías gastados en escuchar, se vendrán abajo como una casa cuando está edificada sobre la arena, y sube el agua…El evangelio no se fundamenta en teorías, sino en vida.

Hoy mismo debes decidir si serás el hombre sabio o la mujer entendida, que oye y obedece. No pierdas tu tiempo, ni lo hagas perder a los demás. Sé un discípulo verdadero;  poniendo en práctica todo lo que Jesús te manda.  

CONCLUSIÓN

Debemos ser conscientes que para ser  discípulos de Jesús tenemos que haber muerto para nosotros mismo, y vivir para Él. Perfecciónate,  para perfeccionar a otros. Cada día debemos ir pareciéndonos más a Jesús mediante la obediencia a sus mandamientos, y en forma concreta, y a través de oración, servicio  y vivencias. Un discípulo es uno que aprende de la vida de su maestro a vivir como Cristo quiere, y a la vez enseña a otros con su vida y sus palabras a vivir como su maestro, Cristo Jesús. Un discípulo es uno que está convencido que debe unirse a Jesús para hacer discípulos a todas las gentes. Cada amigo, pariente, familiar, vecino y compañero de trabajo. Todos los que te rodean deben ser codiciados por tí para hacerlos discípulos. Este es un mandamiento imperativo, y el término imperativo es que no hay otra opción.  por último, recordemos las palabras de Jesús cuando dijo:  “Id y   haced discípulos…” y esta demanda es imperativa. No hay misión más importante en la vida de la Iglesia que esta, lo demás es añadidura, complemento, hechos complementarios que revelan el amor de Dios.

 

CAPÍTULO -13-

LA IMPORTANCIA DEL DISCIPULADO

Hemos visto como a través de los años los cristianos han creado estudios teológicos, conferencias, charlas y convenciones para hacer crecer la iglesia de forma fuerte y poderosa. La moda actual es lo cuantitativo. Por ello es que las ideas pragmáticas se han adueñado de muchas iglesias, las cuales han diseñado esquemas que podemos definir como “a-teológicas,”[5] referente a una serie de principios que tratan de forjar las mega-iglesias o al fenómeno que se ha dado por llamar “igle-crecimiento”.

CORRIENTES CONTRARIAS AL DISCIPULADO

Para los que siguen las corrientes filosóficas de la “a-teológica”, lo importante es crecer, buscando para ello el método más factible y de moda, que pueda atraer más cantidad de gente al culto. Aquí lo que cuenta es la asistencia, cuanto más mejor. A esto le  llaman avivamiento[6].   Para tal fin se han establecido sistemas de gobiernos, enseñanzas, campañas evangelísticas, seminarios de crecimiento, métodos artísticos; conciertos, desfiles, y estrategias programadas en el trabajo del evangelismo con metas cuantitativas, programas de ordenadores que enseñen de forma fácil toda la verdad de Dios acerca del hombre, la salvación, la iglesia y el crecimiento. Nos enfrentamos a un modelo de iglesia tecnológica y tecnócrata. Se ha hecho del pragmatismo un principio que opaca la verdad revelada.   La numerología[7] se ha convertido en un parámetro con el cual se miden los avivamientos y el éxito. Es una obsesión en muchos pastores alcanzar cantidad, pues se mide el éxito por lo grande que puede ser una iglesia, o por lo rápido que ésta crezca. Debemos aclarar que no es suficiente reunir mucha gente en un culto para juzgar un “avivamiento o éxito”, sino que tenemos que ver la vida de esas personas, y juzgar si no hay deserciones. En realidad las grandes iglesias ganan mucho, pero a la vez pierden otro tanto. Además una gran mayoría de sus adeptos proceden de otras iglesias pequeñas, son tránsfugas, emigrantes, desertores, prosélitos. Deseamos un crecimiento acompañado de un cuidado de las vidas que confiesen al Señor. Es aceptado por todos que lo más difícil no es parir, sino criar. En la iglesia de hoy lo más difícil es formar una vida -criarlo en la fe-, pero ganarlos para Cristo -parirlos-, es fácil, máxime cuando el ser cristiano se convierte en “moda”.

No puedo negar que el pragmatismo, al infiltrarse del mundo secular a la vida de la iglesia, ha traído aparentemente “buenos resultados”, pero sus métodos y la calidad de cristianos que produce, son muy cuestionables.   En un estudio realizado por  Christian A. Schwarz en más de mil iglesias que crecen en todo el mundo, él llegó a la conclusión que las ideas pragmáticas han desvirtuado el discipulado cristiano, a lo que el llama “proceso biótico”, y yo denomino “crecimiento natural” en base a la vida física; nacer, crecer y reproducirnos. Schwarz afirma respecto a los peligros que ofrecen las ideas pragmáticas lo siguiente: “Una de las características básicas del concepto de la vida del pragmatismo (la expresión no ha sido inventada por el movimiento de iglecrecimiento, sino que ha sido incorporada del mundo secular)  es su carencia de principios. Por su raíz, el pragmatismo quiere decir el rechazar categóricamente principios de validez general… En el planteamiento pragmático existe el peligro de que el criterio del éxito, bajo cuerda, se haga la norma teológica propiamente dicha. En el lenguaje secular se suele decir: <<No hay nada de mayor éxito que el mismo éxito>>. La variante cristiana de este lema es: <<Bueno es lo que lleva a un crecimiento numérico de la iglesia. Cuando numerosas personas se reúnen para celebrar el culto, es esta la mejor prueba de que esa iglesia también teológicamente se encuentra en el camino recto>>Los pragmáticos tienden a imaginarse con sabiduría humana lo que consideran correcto para el Reino de Dios. Con ello pierden de vista  que, en ocasiones, la lógica divina se rige por otras leyes”[8]. Es por ello que actualmente el trabajo del discipulado ha sido marginado o programado como un plan acelerado de crecimiento. Es igual  que darle a un bebé vitaminas y minerales, junto a medicamentos que aceleren su crecimiento, para que sea un adulto en seis meses. ¿Cuál sería el resultado de esta acción? Un fenómeno. La idea de lo rápido, fácil, se ha adueñado de lo natural y biológico.

LOS PELIGROS DEL PRAGMATISMO

La degradación en la calidad es casi siempre el efecto de pensar en la cantidad, y poner ésta como meta. En sí lo que busca las ideas pragmáticas es acelerar, de forma mercantil, el resultado del crecimiento, acudiendo a cualquier patrón funcional, aunque en el mismo no haya principios, o atenté contra la naturaleza del cuerpo. Un ejemplo está en los atletas de fisicoculturismo, que para obtener volumen de forma fácil, y ganar un campeonato, usan anabolizantes y drogas que aceleran el volumen de forma artificial, dañando el hígado. También tenemos el ejemplo de los que engordan pollos o terneras de forma acelerada, para su venta, dándoles hormonas y químicos que producen un crecimiento artificial, pero hacen  daño a la salud humana. Pero esto ¡no importa!, lo que vale es ganar dinero, y producir de forma rápida.

El resultado final del pragmatismo lo define muy bien Schwarz al afirmar: El modo de pensar pragmático se puede convertir fácilmente en terreno abonado para un dudoso oportunismo bíblico. Dejar que la bandera ondee según el viento, adaptarse de modo superficial a la moda de actualidad, aplicar métodos manipulables de marketing, colaborar con sistemas políticos corruptos -y todo ello en  apariencia para el bien de la iglesia y su crecimiento, todo esto es también consecuencia del planteamiento pragmático, aunque en esos casos sólo cuantitativamente. El pragmatismo tiene por naturaleza una inclinación hacia el oportunismo”[9]. Considerando esta realidad, cabe preguntar: ¿Cómo lograr que lo cualitativo pueda ir de la mano a lo cuantitativo? Creo que a lo largo de este libro hemos planteado las posibles respuestas, pero queda algo más que añadir al respecto. No niego que el hombre, en su sincero deseo de ayudar a  Dios, ha creado todas estas “técnicas” evangelísticas que han tenido y tienen su valor dentro de algunas situaciones y lugares, pero lo que no debemos ignorar es que no existe mejor método para formar vidas, y crecer como iglesia, que el patrón bíblico establecido por Jesús, aunque lo podemos complementar con los recursos disponibles en el siglo XXI. Pero ¿cuál es este método Cristocéntrico? Su principio radica en la relación dentro del esquema de un discipulado, y es bueno concienciarnos con este término: DISCIPULADO. Su término griego “MAZETÉS” y en hebreo “TALMID”, encierra un secreto de formación en relación y ejemplo, por medio de la cual enriquecemos nuestra vida, más que por métodos didácticos, pragmáticos o intelectuales, pues da una relación profunda de amor y servicio. En la iglesia no debemos ser bultos o números, debemos ser hermanos que nos amemos “con amor fraternal” (Ver  Romanos 12:10,  1 Pedro 1:22).

EL DISCIPULADO NO ES UN MÉTODO

Debemos aclarar que el discipulado no es una imposición, ni un sistema de gobierno estructural. Tampoco es un método que se puede implantar arbitrariamente, obligándonos a sujetarnos unos a otros dentro de un esquema piramidal de mando. Quizá el fracaso del discipulado nazca de la mala implantación que del mismo se ha hecho por algunos que lo han usado para ejercer una autoridad hegemónica. Tampoco el discipulado es un cursillo estilo cátedra, en el cual, después de un tiempo, tomas un examen, apruebas la materia, y recibes un título de “discipulador”. El concepto del discipulado es más que todo esto. Nace en la relación, en la formación del carácter, en unos principios que se transmiten más por la vivencia y paternidad espiritual, que por normas y métodos de enseñanzas. Se es padre, no por haber tomado un cursillo en paternidad, o por el hecho de que adopte a un hijo ya criado, y le imponga mi paternidad jurídica, sino porque lo engendro y lo crío. La posición de padre es una función, no un título. De igual forma el discipulado se compara en las epístolas paulinas como un principio de paternidad espiritual,[10] relacionada con el hecho de tener hijos (espirituales) en Cristo, a los cuales “engendramos” en sentido espiritual, para criarlos con la leche y vianda que nos proporciona la Palabra de Dios, como una madre que cuida a sus hijos con ternura: “Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos” 1 Tesalonicenses 2:7. Los métodos siguen patrones, pautas generalizadas, mientras que la formación del discípulo no debe estar sujeta a “patrones fijos de enseñanza”. Se debe ajustar a la necesidad individual de cada persona, como cuando un hijo necesita un trato específico de acuerdo a su carácter y temperamento. La autoridad impuesta por medio de métodos se puede convertir en jerarquizante y vertical, no dando lugar al amor, como fuerza que nos lleva a la obediencia. Debemos comparar la formación y relación como la característica que cada uno tiene en sus necesidades físicas. No todos usamos la misma talla de camisa o zapatos, de igual forma. Y según vamos creciendo, el tamaño de la ropa puede variar. Así es la relación formativa, tanto del discípulo como de la Iglesia, cada etapa y cada situación tienen sus propias necesidades, y por lo tanto no podemos crear parámetros generalizados en la formación de vidas.  El discipulado se fundamenta en el ejemplo del maestro, que produce en su discípulo una realidad viviente de la Palabra de Dios. De ese ejemplo nace la autoridad que conduce al Señorío de Cristo, y como consecuencia, al sometimiento voluntario por medio de la Palabra, cuyo factor es básico para poder guiar al discípulo por el camino de la humildad, a la formación del carácter. Este principio se llama “sujeción”, y aunque muchos abusan de ella para avasallar a su prójimo, imponiendo, como los fariseos, normas rígidas de disciplina carnal, hay reglas que regulan los límites, para evitar que los maestros no actúen más allá de lo ordenado, y usurpen el lugar del Espíritu Santo en la vida del discípulo. Si el discipulado no es un método, ni un cursillo; ¿qué es?  Es una forma de convivir en comunión para formar una relación de cuerpo entre miembros con miembros, hasta que lleguemos a la unidad de la fe en aquél que es la cabeza de todos, Jesucristo. Es por ello que vamos a definir la necesidad de entender cuáles serían las reglas más importantes dentro de la formación del discípulo, para así poder restaurar una iglesia decadente en sus principios apostólicos, pues ha perdido los conceptos de cuerpo, los cuales son básicos para asumir la función que como discipuladores debemos tener, y ha dado cabida al pragmatismo mundano que hace de los seres humanos un número, una meta, un resultado cuantitativo, sin importar la vida o las necesidades interiores.

CONCLUSIÓN         

Debemos comenzar a formar un discipulado dentro del crecimiento, y no divorciar la calidad de la cantidad.  Hay que elaborar un esquema de formación, y asumir que esta etapa es la más importante para la salud de los creyentes. No debemos enfartizar la evangelización como lo más importante en la vida de la Iglesia, pues una evangelización sin conservación es equivalente a un aborto natural. Ganar a uno para Jesús es importante, pero el lograr que “persevere hasta el fin” es mucho más importante. No dejemos que lo numerológico eclipse la realidad de la formación y madures espiritual. Vamos a dejar una ideas para su estudio, en ella mostramos las características que deben de tener todos aquellos que hagan discípulos.

 

CAPÍTULO -14-

COMO PROYECTAR LA ENSEÑANZA

Queremos exponer brevemente las bases de una verdadera enseñanza bajo el principio del discipulado.

Recordemos que para hacer discípulos necesitamos algo más que una conferencia o sermón, o una clase, pues la meta no es hacer doctores ni especialistas de la Biblia, sino formar las vidas y el carácter de los creyentes, para que reflejen la plenitud de Cristo, y para ello se necesita someterse a la sujeción voluntaria del Señorío de Cristo a través de la Palabra, y que la misma se manifieste en ejemplos concretos.   

LAS  CAUSAS DEL FRACASO

Uno de los mayores fracasos que han experimentado las iglesias y organizaciones cristianas en nuestros tiempos es la forma de fabricar cristianos; esto es, reproducir la vida de Cristo usando moldes, duplicados sin originalidad. Consideramos más importante la cantidad de creyentes que tenemos en un edificio, que la calidad de vida que tienen en su hogar o trabajo, y éste es un grave error. Actualmente tenemos los templos llenos de luces que sólo brillan debajo de la mesa, o sal almacenada en graneros, mientras que el mundo se pierde. Nuestro fracaso está en que le damos tanta importancia al “conocimiento” que olvidamos el vivir. Sabemos mucha Biblia “en letras”, pero en vida y espíritu; “NO HAY NADA“. Estamos vacíos, y es que hacemos tanto ruido con nuestra forma de vivir, que la gente no puede escuchar nuestras palabras, o no pueden creer en ellas porque del dicho al hecho, hay mucho trecho (2ª Cor. 3: 2-6).  Somos conscientes que la realidad cristiana se respalda por nuestro testimonio, y no por el simple conocimiento, experiencia o palabra. Continuamente encontramos en la Biblia expresiones como: “No es decir Señor, Señor, sino hacer su voluntad. El que escucha mi palabra y la vive, ése es mi discípulo, no seáis oidores, sino hacedores; sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando, haz esto y vivirás,” etc.  Mt 7:21, Jn 15:14,  Snt 1:19.

Esto demuestra que lo importante, no es conocer, sino vivir. La iglesia primitiva carecía de Biblias impresas, tratados, libros de teología, seminarios, etc., pero tenían algo que a nosotros nos falta: Testimonios vivos de esa Palabra. Nosotros nos quedamos con la palabra impresa y perdimos los testimonios vivos. Para que me entiendan mejor, compararé lo expuesto a  un  ingeniero que diseña un avión, pero nunca lo fabrica. ¿Para qué le sirve entonces el plano, y las horas invertidas en el mismo? Ha perdido su tiempo y su trabajo. Lo que actualmente necesitamos no es tener una Biblia hecha al gusto del cliente, ni seguir un plan de estudio tipo escuela teórica, sino conocer y vivir la realidad del Espíritu, hasta alcanzar la ESTATURA DE LA PLENITUD DE CRISTO. (Ef 4:13).Para lograr producir “HACEDORES” en vez de “OIDORES”, tenemos que entrar a las Sagradas Escrituras con una mentalidad abierta, no tradicional, ni de estudios tras estudios, o sermones tras sermones, o temas tras temas, porque esto se pierde en el vacío, sino en actitud de obediencia para formar el carácter. Si damos mucha comida de una vez, se produce una indigestión. Si transmitimos una enseñanza y en seguida otra, sin haber dado tiempo a practicar la primera, (esto sería equivalente a digerir) ocurrirá lo mismo, formaremos tan solo “OIDORES POR DOQUIER, QUE SABEN TODA LA BIBLIA”, pero no tienen tiempo de vivir nada. Como primer pasó para iniciar un discipulado, debemos ir a la Palabra con un criterio claro de lo que es “formación” -conservación-, y no tratar de satisfacer un interés de curiosidad o conocimiento vano. Para lograr esto debemos considerar algunas pautas y la primera de todas es como leer y estudiar la Biblia.           

 CÓMO LEER Y VER LA BIBLIA

Muchos tienen la Biblia como si ella fuera “un Dios”, como si lo sagrado fuera la letra impresa, y hasta rin-den culto a ella -bibliolatría-. “No la dobles, no la estrujes, no la marques,” etc.  Una vez le pedí a un hermano la Biblia prestada, y noté que estaba nueva. Habían páginas todavía pegadas de fábrica y le pregunté:-¿Cuánto tiempo hace que la tiene?- y me respondió son-riendo: -Me la regalaron hace 5 años-.

-Y la tiene como nueva-, le dije. El hermano tratando de justificar lo injustificable respondió:

-Es que la cuido mucho, como dice la palabra “guárdala”-. 

¡Vaya si la cuida! No la lee para que no se le gaste.

La Biblia es para gastarla, usarla, marcarla. No es una reliquia, es un libro de estudio. La Biblia revela la realidad, pero no es la realidad, pues con solo saberla no podemos llegar al cielo, hay que vivirla. La Biblia nos muestra la luz, pero no es la luz. La Biblia nos muestra el perdón, pero no es el perdón, pues por el simple hecho de poseerla no tengo la salvación. La Biblia nos muestra el Espíritu Santo, pero no es el Espíritu Santo. Podemos tener la Biblia puesta en un altar prominente en nuestro hogar y, sin embargo, estar fuera de la VIDA DEL ESPÍRITU. Lo primero que tenemos que tener en mente es que la Palabra nos da letra, conocimiento y verdades, pero todo esto no vale nada si no lo experimentamos en nosotros mismos. No es tener un mapa y ver un camino, pues esto no es nada en comparación con andar por él, viendo todos sus detalles. El mapa es la sombra de la realidad; el camino es la realidad de la sombra. La Biblia es la sombra de Dios; la experiencia y la vida con Dios es la realidad vivificante. (2ª Col. 2:17; Heb. 8:5). Debemos evitar la bibliolatría y reconocer que no es citar la Palabra lo que vale, sino el vivirla (recuerden que hasta Satanás citó la palabra de Dios en la tentación de Jesús en Mateo cap. 4). Tampoco debemos usarla como un libro que nos debe decir lo que debo de hacer en cuanto a adivinar el futuro,  practicando la “bibliomancía” que es abrir la Biblia al azar, y escoger un texto con los ojos cerrados y decir: -Señor, lo que tú digas aquí eso será lo que haré-.  Y qué tal si el texto que te salga sea ese que dice; “y Judas se ahorcó”. ¡NO! La Biblia no es un libro de adivinación, sino de dirección y transformación. “Somos cartas escritas, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo“. 1 Corintios 3:3.       Pero ¿cómo leer la palabra para buscar en ella la vida que nos lleva a la realidad? Lo primero que tendremos que evitar es tratar de usar ésta para ajustarla a nuestros deseos y caprichos. Esto consiste en formar mi propio evangelio y doctrina, sacando un pedazo de texto de aquí, otro de allá y otro de más allá, formando el “Evangelio San Conveniencia”, que es el quinto evangelio o el evangelio según  San Evangélico; Tomo lo que me gusta, y paso por alto lo que no me agrada. El evangelio según San Conveniencia es aquél en el cual me apoyo cuando quiero hacer lo que me da la gana. Es cuando voy a las Escrituras para buscar sostener mis decisiones preconcebidas, y justificar mis errores. Ejemplo: No quiero sujetarme a nadie, y busco textos que me apoye, mutilando el sentido, el marco y los contextos, y formo así mi propia doctrina. Otro caso es el que desea dividirse, por orgullo, y extrae de la Palabra algo que parece bíblico, y eclipsa el amor “que todo lo soporta“, para dar lugar a su jactancia espiritual, mutilando el cuerpo del Señor, que es su iglesia. Otro ejemplo es cuando predicamos un mensaje tomando sólo las “OFERTAS DE DIOS”, escondiendo las demandas, porque quizá, al verlas, no levanten las manos, y se vayan del culto. Es mejor decir: “Acepta a Cristo porque te ama, y no hay ningún compromiso”,  a decir: “Acepta a Cristo, toma su cruz y síguele. Sométete a Él en todo, y serás hijo de Dios”. Cuando presentamos lo que a la gente le gusta, y ocultamos lo que puede disgustarle, para ganarlo para Cristo, estamos predicando un evangelio mutilado, manipulado, no bíblico, y esto es contrario a la realidad de la misma Palabra. (Apocalipsis 22:18-19)

Actualmente estamos llenos de predicadores de “vendas mágicas”[11] que ofrecen un evangelio en donde no hay ningún dolor, anunciando que “dejarán de sufrir” si reciben a Cristo. Otros los atraen despertando, con el evangelio mutilado, la ambición, alentando el deseo de prosperidad, ofreciéndole a la gente riquezas terrenales como objetivo primordial de la fe. Otros ofrecen un evangelio de fantasía, y algunos un evangelio que te hace “superman”, escondiendo la realidad de las pruebas, tribulaciones, dolores, enfermedades, persecuciones, dificultades y los días malos. Hay que dar la realidad de Jesucristo con todas sus exigencias y bendiciones, pues la salvación se adquiere mediante la proclamación de su Señorío, que nos hace siervos sujetos a su voluntad. Para evitar una generación de “CRISTIANOS A SU MANERA”, tendremos que formar discípulos que vayan a la Palabra  con bases sólidas, para buscar la realidad de Dios, y VIVIRLA, y no la SOMBRA DE DIOS, que es “conocimiento”. Lo primero que tomaremos en cuenta para lograr esto es saber cómo leer las escrituras: Debemos estudiarla en su conjunto, libro por libro, capítulo por capítulo, versículo por versículo. Lo importante no es un verso aislado y unido a otro de otro libro, pues, originalmente, la Biblia no fue escrita con la división de libros, capítulos y versículos, como la tenemos, sino que era todo un conjunto, como una carta que tú o yo podamos hacer. Por ejemplo, la epístola a los Tesalonicenses se escribió primero (51 d.C.) que la de los Filipenses (62 d.C.), sin embargo, aparece después. El libro de los Hechos se escribió mucho después de algunas epístolas, y es el quinto libro del N. T., etc. Cuando los escritores bíblicos escribieron, no pensaron en lo más mínimo que se colocaría en el orden actual, ni que se dividirían en versos y capítulos. Una Epístola es una carta escrita como tal, sin división de capítulos y versos. Así que debemos estudiarla como tal, no mirando los versos y capítulos, sino el tema y la idea de conjunto. Para ello debemos saber antes de leer un libro de la Biblia, lo siguiente:         

  • 1. Quién escribe y por qué escribe.
  • 2. Fecha y lugar dónde fue escrita y para quién.
  • 3. Costumbres de la época, marco histórico y geográfico.

Llamaremos a este sistema de estudio por libro: “CONOCIMIENTO DE CONJUNTO“, porque buscaremos en cada libro verdades y realidades para provecho nuestro a través del conjunto del escrito. Es importante el conocimiento de conjunto, tomando en cuenta los contextos, pues; “conocido es de todos  el fenómeno que ocurre en la interpretación bíblica, cuando se cae en errores importantes a causa de confundir o no tener en cuenta algunos de los posibles contextos existentes: sintáctico, semántico, histórico, cultural, teológico, intencional, etc. El conocimiento del contexto no sólo tiene un efecto clarificador, sino también activador sobre los esquemas mentales[12].

CÓMO ESTUDIAR LA BIBLIA PARA VIVIRLA Y CRECER.

Sabiendo cómo debo leer la Biblia, pasaremos a cómo estudiarla para vivirla. No sólo buscaremos el conocimiento en su conjunto, sino bajo el concepto de los temas más importantes de la misma. En las células de discipulado usaremos el estudio de conjuntos y el estudio de conceptos, pero este último <conceptos> será de vital importancia para formar UN VERDADERO PUEBLO DE DIOS. Partiendo de los puntos anteriores, tendremos que entrar a la formación tomando verdades y conceptos claves que se enseñarán hasta que éstos dejen de ser un conocimiento, y pasen a formar parte de una realidad. Mientras la primera lección no se lleve a la práctica, no se entrará a otra, aunque esta primera tome meses en vivirse.

La pauta a seguir, para no caer en el error y formar OIDORES, es tomar una lección sobre cierta verdad, por ejemplo: AMOR, y estudiarla en la Palabra desde todos los ángulos, escritos y conceptos, hasta tener la idea clara de lo que es vivir en amor. Después, proyectaremos durante un tiempo tareas prácticas de vivencia, para ejercer con la vida esta lección, hasta que asimilemos ese amor estudiado y lo transformemos en hechos concretos. Buscaremos las áreas en donde vivir el amor. Enfocaremos hacia esa dimensión la vivencia. Hasta que esto no se proyecte plenamente, no entraremos en otro concepto o tema. Si no se logra el amor como fruto de conducta en un mes, seguiremos con este tema. Sólo cuando una verdad se viva, podremos pasar a otra. Así formaremos vidas y no sólo cerebros con conocimientos.

Si tomásemos el tema de “SUJECIÓN”, no dejaremos de enfocarlo hasta que todos estén sujetos, como mandan las lecciones. Si fuera el SEÑORÍO DE CRISTO, no dejaremos ese tema hasta que Jesús sea EL SEÑOR de todos nuestros bienes. Recuerdo que cuando comencé el discipulado en Honduras (1973), tenía un discípulo, que como producto de esta tarea -enseñanza del Señorío de Cristo-, le puse como trabajo actuar en su hogar como siervo de Jesús, por lo tanto, él iba a hacer aquello que no le gustaba, y para él lo más molesto era ayudar a su madre a lavar los trastos de la cocina. Pero durante una semana ejerció el Señorío haciendo lo que no le gustaba como siervo. El resultado fue tremendo; sus padres quedaron impresionados por su conducta a tal grado que los atrajo a la iglesia. El predicó sin palabras, pero con hechos. La formación de discípulos será algo lento y paulatino, según se vaya viviendo cada lección en todo el conjunto. Lo que ocurre en las iglesias es que una semana se le habla de la necesidad de orar, y amén. La otra semana de buscar almas, después de visitar, y en la cuarta reunión, de cómo diezmar. Pues bien, al llegar a la cuarta lección, se les olvidó la primera. ¿Por qué? porque no se les dio tiempo de vivir una, antes de pasar a la otra. En este nuevo marco de formar vidas, más importante que escuchar un sermón o un estudio nuevo cada semana, será el buscar vivirlo, y no soltarlo hasta que deje de ser enseñanza y se convierta en parte de nuestras vidas. ¿Qué tiempo debemos emplear en conocer y vivir el amor? Depende de la actitud del grupo, razón por lo cual no podemos hacer una programación muy rígida de enseñanza. Siempre es más fácil la teoría que la práctica. No podremos decir: “Nuestra meta por un mes es alcanzar un verdadero amor para todos”, porque no todos van a digerir igual este alimento que, llevado a la práctica, requiere mucha renunciación del “YO” y una gran salud emocional. Sin embargo, cuando vivamos una enseñanza, como en este caso EL AMOR, estaremos automáticamente viviendo otras que no se estudiaron, como: La UNIDAD, LA PLENITUD DEL ESPÍRITU, LA EDIFICACIÓN DEL CUERPO, LA HUMILLACIÓN etc. Ya que una enseñanza cristiana va, por decirlo así, de la mano de todas las demás. Viviendo el amor, estaremos vi-viendo otras muchas verdades que ni conocíamos. Al terminar cada mensaje, estudio o enfoque sobre ciertos temas, tendremos que comenzar a vivirlo, practicarlo en el taller del diario quehacer, y en las siguientes reuniones discutir los resultados, las dificultades y las consecuencias en nuestras vidas, y en la vida del pueblo de Dios.

CÓMO SE PROYECTARÁN LAS ENSEÑANZAS BAJO EL DISCIPULADO.

Partiendo de un trabajo con gente nueva, iremos proyectando la enseñanza de acuerdo a las necesidades. Mientras que en un país se recibe y vive una dimensión de la revelación de Dios, que como verdad es “su actualidad”, para nosotros el énfasis está en otra área, pues la enseñanza y la luz de Dios dependen de las necesidades de las iglesias en cada localidad (mensaje contextual). En Argentina, como en Costa Rica, los que recibieron la luz del discipulado, han tenido problemas, al tener que luchar contra estructuras y costumbres ya arraigadas años atrás en los creyentes. Mientras nosotros estamos dando inicio a una formación de discipulado y renovación con gente nueva, partiendo de cero,  fuera del marco de la iglesia tradicional. Cuando se trabaja con gente nueva, no tendremos que afrontar cambios de estructura, como ocurriría en una iglesia ya constituida. En gente nueva la labor será la formación de vidas, y poner un fundamento desde el principio, siendo ésta una tarea más fácil. La aplicación del término <RENOVACIÓN>  no cabe cuando se inicia el discipulado desde el principio, pues partimos del principio de la »FORMACIÓN,» ya que estamos partiendo de una vida nueva en Cristo, con una relación personal, proyectada a nuevos creyentes, formando con ellos la iglesia, y no como otros grupos que comenzaron desde dentro, con una iglesia establecida, hacia fuera, tomando a hermanos que estuvieron sueltos, sin paternidad espiritual, lo que hace el trabajo de discipulado difícil. No es lo mismo educar que reeducar, ni construir que reconstruir. Nuestra ventaja está en que no tenemos que cambiar, destruir, contender, ni enderezar nada, sino formar nuevas vidas, bien ubicadas, con una mentalidad CRISTOCÉNTRICA, sin prejuicios sectarios, unidos en amor, dispuestos a una entrada total bajo el Señorío, conscientes del papel actual de la iglesia en la restauración de todas las cosas en Cristo Jesús. (Efesios. 1:9-10)       

El discipulado nuestro lo iniciaremos partiendo de un punto fijo; forjar vidas nuevas, ya que no es conveniente echar vino nuevo en odres viejos. Nuestro vino nuevo será echado en odres nuevos, o conceptos nuevos, pero que son tan viejos como la misma Biblia. Una vez que las realidades del Señorío, el amor, la unidad, el discipulado, la sujeción, la multiplicación, etc., sean una realidad vivida en nosotros, la proyectaremos a las iglesias establecidas, llevándoles, no una teoría de avivamiento, sino una realidad del crecimiento en el Espíritu, y  todos entenderán que es posible vivir en la forma que vivió la iglesia primitiva. Cabe ahora enfocar que nuestras vidas tendrán que enfrentarse a una renovación de entendimiento y conceptos tremendos, antes de ver el crecimiento que está reflejado en el libro de los Hechos. Para ello tendremos que vivir una serie de enseñanzas básicas, para asimilar a fondo la vida de comunidad en el principio del discipulado. Al iniciar un discipulado, el discípulo debe tener bien claro algunos conceptos y enseñanzas, como son:

  • 1. EL SEÑORÍO DE CRISTO.
  • 2. EL AMOR ÁGAPE.
  • 3. LA UNIDAD DEL CUERPO.
  • 4. LA SUJECIÓN DEL MIEMBRO.
  • 5. LA COMUNIDAD DE DISCÍPULOS.
  • 6. LA MULTIPLICACIÓN DEL DISCIPULADO.
  • 7. LA NECESIDAD DEL MINISTERIO.
  • 8. LA IGLESIA LOCAL.
  • 9. LOS DONES DEL ESPÍRITU, operando en el cuerpo y, en fin, otros tantos conceptos que irán surgiendo según vayamos creciendo.           

CONCLUSIÓN

Ahora tendremos que partir de nuestra inmediata necesidad, pero no con apuros, ni por competencia. Recordemos que cuando una vida nace, no podemos adelantar su proceso de crecimiento intelectual ni de conciencia, aunque hagamos crecer su cuerpo y tamaño por medios vitamínicos. Los dientes, las primeras palabras y el caminar en un niño, es algo que se produce a su debido tiempo. Lo mismo ocurrirá en la vida de los discípulos.

 

CAPÍTULO -15-

NO CREAR NI INVENTAR                    

Muchos toman la revelación de Dios en cierta época, cuando hace falta un cambio, como un privilegio dado a los que se creen “nietos de Dios,” y al recibir algo, que se había olvidado o sustituido por las tradiciones humanas, se engrandecen, y tratan de destruir el orden establecido convirtiéndose en caudillos, “mesías”, líderes o dioses. Otros, al tener más luz sobre cierta verdad divina, ya expuesta en su Palabra, la enseñan y escriben sobre ellas,  añadiendo: <âDERECHOS EXCLUSIVOS DEL AUTOR. PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIALã>, olvidando que todo viene de Dios, y nada es nuestro, ni siquiera la vida. Nuestra luz sobre cierta verdad se nutre de otra luz sobre otra verdad recibida por otro siervo del Señor en el pasado, por lo tanto tenemos una herencia que evoluciona según el mover del Espíritu. Hoy se quiere causar tanta sensación, que aunque no haya “verdades reveladas”, muchos se las ingenian para llamar la atención a través de énfasis sensacionalistas. Es debido a ello que han salido por nuestro mundo muchos énfasis “locos”, que como moda, se  imponen en la vida de las iglesias, llevándolas a ignorar otras verdades fundamentales[13].Todo lo que Dios desea para nosotros ya fue dicho, y nadie puede añadir sobre esto. El fundamento esta puesto, y es Jesús. Sobre su palabra debemos de sobreedificar, pero cuidado cómo edificamos, no sea que, en vez de un edificio para Dios, estemos haciendo un edificio para nuestras ideas (1ª Cor. 3:10).Los falsos profetas que han salido por el mundo nacieron porque tomaron cierta luz supuestamente de Dios, en medio de una crisis espiritual, como algo propio, y han creado con esto “cultos alrededor de ellos”. Es bueno aclarar que aunque seamos instrumentos utilizados por Dios en ciertos momentos de crisis o necesidad, esto no nos hace  superiores a otros, ni centro de nada, porque todo viene de Dios para bien común, y es el Espíritu Santo el que nos lleva a toda verdad y justicia. (Juan 16:13) Los descubrimientos espirituales no son para una exaltación individualista, o un mercantilismo descarado, sino para el bien común de su pueblo. 

El otro peligro es el de la homolatría (culto al hombre) que produce un antropocentrismo creando un caudillismo (que arrastra a las masas detrás de un líder carismático). Cuando alguien puede enseñar elocuentemente, o explicar algo de manera llamativa o hermosa, se convierte en “gran orador o líder”, teniendo seguidores que lo tomarán como alguien “muy importante”, adulándole y exaltándole hasta que este individuo se cree ser algo, cayendo en el peligro de corrupción. Eso fue lo que ocurrió en Corintio. Unos se creían mejores por ser discípulos de Pablo, otros de Apolo y otros de Pedro, pero habían unos, los peores, que no se sujetaban a nadie, y que decían ser de Cristo (1 Cor 1:12). Cuando esto ocurre, el diablo se cuela. El siervo se vuelve Señor, se siente importante, acepta elogios, y muchas veces se vuelve un caudillo que la gente idólatra, formándose un grupo bajo este hombre que termina constituyéndose en una SECTA. Es común que este espíritu de grandeza, que poseen ciertos predicadores, no sea sino el producto de una conducta incorrecta de parte de muchos cristianos mediocres que le dan más gloria al hombre que a Dios .Otros tratarán de sobresalir, trayendo mensajes, que más que una enseñanza, son un montaje sensacionalista que manipula las emociones humanas. Tarde o temprano todo lo sensacional y emocional se acaba, y queda la triste realidad del vacío interior, y a veces, la confusión que lleva a la división. Toda verdad, por sensacional que sea, se debe transmitir con amor, humildad, sabiduría, y teniendo en cuenta el deseo de Jesús, que es unirnos para crecer. Cuando una verdad sea tan sólida que ciertos creyentes no la pueden resistir o asimilar, porque es mucha comida para su capacidad, mejor es esperar. Es bueno entender que no es importante tener una verdad y darla causando daño, sino transmitirla con amor, pues dice Efesios 4:15: “Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.”

RECIBIENDO Y TRANSMITIENDO.

Dios puede llevarnos a su voluntad mediante revelación directa, como en el caso de Saulo en el camino de Damasco, o  nos puede llevar por medio del mensaje de la Palabra, como Felipe al Etíope (Hch 8:27). En ambos casos, el “nacer de nuevo” es una obra absoluta de Dios por medio del Espíritu, el cual opera directamente en los corazones, aunque la Palabra puede ser revelada de diferentes formas. Por ejemplo; hay casos de personas que se convirtieron por medio de tratados, radio, o aún testimonios bíblicos. Recordemos que la Palabra entra por el oír, y es ésta la que produce el arrepentimiento. Ambas formas de encuentro personal NOS HACE HIJOS DE DIOS, NACIÓN SANTA, MIEMBROS DEL CUERPO”, sin distinción o preferencia ante Dios. Todos creemos y entramos en la misma relación con Él. Sin embargo, inmediatamente después se inicia la primera etapa de la vida cristiana, que es; ser formado como discípulo para hacer discípulos y en esta etapa se necesita de alguien que nos guie.  La primera etapa de la vida cristiana es aprender, despertar al mundo espiritual, y tomar la leche espiritual. Este aprendizaje, forzosamente, será por medio de otro, que anteriormente haya aprendido y haya sido discípulo, y esté ubicado en el cuerpo. Algunos creen que pueden crecer por sí solos, como una semilla sin sujetarse al suelo. Otros dicen: “¿Por qué Dios no me capacita a mí sólo leyendo la Biblia, orando y ayunando?”. Dios mismo, al fundar la Iglesia, estableció el orden, que se define como CUERPO, símbolo que expone la necesidad imperiosa de una unidad para vida y ayuda mutua en crecimiento. Cristo sabía que una mano fuera del cuerpo no sirve, que un pie aquí y un riñón allá no valen de nada. Él ordenó el cuerpo para que todos estuvieran sujetos, unos a otros, en particular. (1 Cor 12:27)  El modelo de iglesia que el diablo quiere es el estilo carnicería, porque así puede producir corrupción, o hacer de la iglesia un orfanatorio, con un director llamado pastor. Hay muchos ejemplos que demuestran que no puede haber crecimiento sin unidad. Dios usa a hombres para formar discípulos. Ni aún los mismos ángeles pueden hacer discípulos, o predicar el mensaje de salvación, más bien, los ángeles, en la era de la iglesia, son auxiliares de los discípulos, y guardianes de los hijos de Dios. En Hechos, Capítulo 10, vemos la historia del gentil Cornelio, un hombre temeroso de Dios, pero desconocedor de la gloria de Jesús. Un ángel le visita y le ordena que mande a buscar a Pedro a tal lugar. ¿Por qué el ángel no le dio el mensaje directamente? Sin embargo éste se limitó a ordenarle que buscase a Pedro. Cuando Pablo recibió su llamado, fue enviado a una casa en Damasco. Allí tendría que esperar cierta ayuda que vendría y le diría lo que tenía que hacer. Después, Dios ordena a un discípulo que fuese a buscarle, era Ananías. Al llegar Ananías le impartió el Espíritu Santo con la imposición de manos, lo bautizó y lo llevó a su casa, enseñándole el ABC de Cristo (Hechos 9:15-19). Después Pablo deja Da-masco para ir a Jerusalén, y estando allí necesitó la ayuda de Bernabé para poder entrar al culto de los “discípulos”, pues no creían que fuese discípulo. Pero ¿por qué razón no le querían recibir?  Porque por un lado le temían, creyendo que podía ser un espía, y por el otro, veían que andaba suelto, sin maestro ni cobertura, cosa que quedó resuelta cuando dice la Palabra que Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles“. (Hechos 9:26-27)[14] Estos hechos y otros muchos, juntos con el mandato de Jesús: “ID Y HACED DISCÍPULOS, doctrinándoles y ordenándoles a que guardasen todo lo que les había mandado” esto indican que el primer paso en todo aprendizaje está en aprender y vivir el ABC de Cristo.

La segunda etapa del crecimiento es transmitir lo que tú aprendiste y viviste con tu maestro. Somos, pues, transmisores de aquello que recibimos de otro. Se cumple de esta forma el mandato de Pablo a su hijo Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2ª Timoteo. 2:2). En esta transmisión de palabra y vida hay que ser fiel a lo aprendido, no añadir ideas propias para exaltar el “EGO”. Esto se logra cuando alcanzamos madurez, y pasamos de la leche al alimento sólido.

RECIBO DE ARRIBA, FILTRANDO Y PASANDO.

Una vez alcanzada cierta estatura espiritual, y después de estar bien unido y concertado en el cuerpo, encontraremos que lo que nos transmitieron mientras era sólo discípulo, adquiere más brillo cuando soy maestro de otros. Dios amplía y usa mi capacidad y entendimiento para que una verdad recibida ayer, sea hoy más brillante y clara, sin cambiar el fondo, aunque sí la forma. Todo lo que Dios nos da sobre su verdad lo transmite por medios humanos. Quizá en el conjunto de cosas que yo recibo de alguien, encuentro “perlas”, que yo, por medio de la luz del Espíritu Santo, puedo ampliar y transmitir más nítidamente a otros, exaltando un punto que quizá mi maestro no profundizó. Ejemplo: Mi maestro me enseñó sobre la grandeza del amor sobre los carismas espirituales. Yo profundizo ese tema, y enfoco el amor sobre los defectos. A la idea aprendida, le añado una perspectiva más amplia, y uso mis propias experiencias para darle una originalidad, sin alterar el fondo de esa verdad.  Al recibir una enseñanza, lo primero que debemos hacer es probarla y vivirla en nosotros mismos, para después transmitirla, de acuerdo a cómo la aprendí y viví en mi experiencia. Si escucho un sermón o enseñanza, y trae bendición a mi vida, ¿haría mal si lo transmito tal como lo sentí en mí? ¿Será esto un plagio? ¡NO! nunca, porque lo que el hombre transmitió en el sermón vino de Dios para todos. Si transmitir lo que aprendo de otro es copiar, los primeros cristianos hicieron muy mal, pues copiaron y transmitieron de boca en boca lo que recibieron de los apóstoles. No predicamos para tener protagonismo, ni tenemos “derechos exclusivos” sobre la revelación de Dios. Tan sólo somos canales del Espíritu para edificar su pueblo. Recuerda que este asunto es de Dios. No es cuestión de crear ni inventar, sino de recibir y transmitir. A las transmisiones de arriba (miembros superiores) el Señor puede añadir más luz, darnos más revelación, que confirme la enseñanza recibida bajo cierta necesidad especial de los de más abajo. Cuando Él nos ilumina en cierto tiempo, es porque nos quiere guiar a hacer algo para bien del cuerpo. No hay profecía, ni verdad bíblica de interpretación privada, (2ª Pedro 1:19-21) ni de voluntad humana. No cabe decir que algo es mío, porque “yo” lo recibí. Nada es de nadie, todo viene de Dios.

Siempre una verdad recibida en alguna parte del cuerpo tiende a edificar y ayudar a la otra. La comunicación de todos es importante para el buen funcionamiento del culto (1 Cor 14:26). Recordemos que toda revelación, verdad o don, viene a la iglesia para edificarla en el amor, pero la misma debe ser probada por la Palabra y por el Espíritu. Hemos visto el funcionamiento de los ministerios del cuerpo: El maestro es un transmisor y educador que primero fue evangelista, y el pastor como el director, guía al rebaño, pero el apóstol y el profeta se dedican más a profundizar la revelación de la Palabra y la oración, y ellos eran los que iban trazando las pautas a seguir según las necesidades de cada lugar, comunicándoselo a los ancianos, maestros y pastores. Pueden haber líderes más distinguidos porque habla con más elocuencia o tienen madurez, profundidad, o están en lugares aparentemente “más importantes” en el cuerpo, como la mano y el ojo, sin embargo, pese a su ubicación prominente, no son superiores en relación a la cabeza que los gobierna a todos. A veces, los miembros más escondidos, y menos visibles, hacen mejor trabajo y son más necesarios, como el corazón y los riñones. Y los que reciben menos honra son los más honrados (1ª Cor. 12:21-24). Así que en la iglesia todos desempeñamos una labor importante, y aunque no estemos en un púlpito, estamos realizando la función del cuerpo. Esta función básica es hacer discípulos y: “…Hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”, 2 Timoteo 2:2b.

CONCLUSIÓN.

 Nadie tiene nada propio, ni espiritual ni material. En ésta etapa inicial debe quedar claro que todas las ideas que recibamos, sean del exterior o del país, vengan de quien vengan, son para el bien común, si sirven para armar el cuerpo y unirnos a Cristo Jesús, Nuestro Señor.

 

CAPÍTULO -16-

HACIA UNA REEDIFICACIÓN

A veces nos enfrentamos a descubrir verdades hermosas y, al ocurrir esto, entendemos que hemos estado viviendo dentro de un dogmatismo sectario que ata nuestra vida cristiana a simples formas de liturgias y dogmas, y no a realidades. Algunos, al descubrir estas verdades, querrán adoptar una actitud de lucha contra esos males existentes en nuestras iglesias, llegando a contender y destruir lo estable-cido, produciéndose entonces divisiones, que a nada nos conduce.   Hay que ser cautelosos en los cambios que se operen, y dejar al ESPÍRITU hacer la obra, pues si es hecha por los hombres, terminará en división y contienda. Todo lo humano termina mal, todo lo divino termina bien.  Nuestras iglesias tradicionales o renovadas, son parte del cuerpo de Cristo, aunque algunas estén cerradas y otras abiertas a un despertamiento espiritual. Tenemos que tener claro estas realidades a la hora de proyectar cambios, como por ejemplo el del discipulado, porque el vino nuevo, que representa las nuevas vidas, necesita de odres nuevos, (programas más bíblicos y funcionales)  para que le den vida a  la iglesia, y preparar así este vino nuevo para que cuando sea un poco viejo (crecido en Cristo y en el Espíritu) puedan guiar a la congregación hacia el verdadero  crecimiento y multiplicación, dentro de sus situaciones dogmáticas.

Existe un serio problema cuando las iglesias se fosilizan, y se vuelven inmovilistas, cayendo en la rutina de la liturgia, que lentamente matan la vida del Espíritu y la convierten en iglesias descontextualizadas de la realidad histórica que les toca vivir. También está el peligro de abrirse demasiado, llegando a estar buscando duplicados de las últimas ondas, que se han puesto de moda en los círculos evangélicos, copiando algo que no nace de un mover original, y creándose así una “clonación espiritual”. Es por eso que hemos hecho copias, de muy mala calidad, de muchas manifestaciones espirituales, con las cuales hemos reproducido duplicados desastrosos.

            Actualmente vemos como el modelo de adoración impuesto por el estilo de Marcos Witt se ha generalizado, anulando incluso las expresiones folklóricas de muchas iglesias en Latino América, para introducir un estilo muy peculiar de culto que a veces dista mucho de ser una realidad bíblica[15]. No podemos negar que la falta de conciencia teológica nos lleva a extremos muy peligrosos. Unas congregaciones viven del pasado, otras no saben interpretar el presenta, y muchas no tienen claro el futuro. Podemos afirmar como el Dr. Núñez: “no existe una fuerza mancomunada de líderes evangélicos para responder bíblicamente a las preguntas de la juventud evangélica[16]. Debemos tomar el ejemplo bíblico de cómo actuar frente a las situaciones que acomodan la iglesia a posiciones dogmáticas y conservadoras. La crisis de fe actual es un mal común de épocas en que el pueblo sufre separación de las verdades divinas. En el Antiguo Testamento hay ejemplos fehacientes de la lucha de siervos fieles frente a la crisis de fe del pueblo. Ellos nos dieron pautas sabias. ¡Imitémoslas! Veremos aquí como Dios se glorificó en ellos, y como también se puede glorificar en nosotros si imitamos su ejemplo.

AMOR Y ORACIÓN POR SU PUEBLO.

Para entender lo  expresado, estudiaremos en el libro de Nehemías esta verdad. Veremos en un fiel copero, “Nehemías”, lo que deberá ser una actitud sabia frente a la crisis de fe del pueblo de Dios en la restauración de la iglesia. Hay mucha similitud entra la etapa que vivió Nehemías y la que vivimos actualmente. En  Nehemías 1:2-3 leemos:“…Y les pregunte por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que queda-ron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego”.    Frente a esta terrible realidad, el primer paso dado por Dios en la reedificación de su templo y los muros de Jerusalén fue la reunión del remanente fiel. Esto se inicia cuando Nehemías indaga en la vida de su pueblo, y descubre que sufre afrentas, están mal, y no tienen dónde adorar a Dios, pues el templo fue destruido. Nehemías reaccionaba mostrando su AMOR por el pueblo, que aunque andaba mal, y le fallaba a Dios, era su pueblo, y el pueblo de Dios. ¿Y qué hizo Nehemías frente a tan terrible realidad? “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos” (1: 4). Noten que llora amargamente, porque a partir de ese momento recibe “carga” por su pueblo en desgracia. Esto muestra su grande amor y sensibilidad por la condición de toda su nación. ¿Y cómo actuamos nosotros, cuando una iglesia fracasa o se divide? Más bien nos gozamos y decimos: Es  bueno, se lo merecían. Nehemías lloraba por la condición de todo su pueblo. También que hizo duelo por algunos días y ayunó, y oró a Dios. ¿Cuál es nuestra actitud hacia la división dentro del pueblo de Dios hoy día frente a la decadencia moral que vivimos? En el 1:6 Nehemías inicia su trabajo de restauración, acudiendo a Dios en oración. El sabía que todo su esfuerzo de nada serviría si no hay oración. El esfuerzo humano de unir y edificar el templo de Dios, (la iglesia dividida) no sirve por más tratados, campañas, reuniones o congresos que hagamos si no hay oración y humillación de su pueblo. Nada podremos sin su socorro. Pero, ¿Qué clase de oración? Una oración de humillación, porque en la oración hay poder para cambiar todas las cosas, siempre y cuando nazca de un espíritu sincero y de sometimiento a Dios.

Nehemías exclama, tomando como suya la situación de su pueblo: “Escucha la oración de tu siervo“. Es una oración de intercesión por los demás: “Confieso los pecados de tu pueblo”. Interceder es hacer mía la necesidad y la miseria de otros, para traerlos en mi persona delante de Dios. No es una oración de compromiso, ni de rutina, sino de carga y dolor. Él toma sobre sí mismo la carga del pecado de su pueblo e inicia el ministerio de intercesión

 ¿QUÉ ES ORACIÓN INTERCESORA?

Se usaba mucho en el Antiguo Pacto. Job oraba e intercedía por sus hijos. (Job 1:5)  Nehemías lo hace por su pueblo. La oración intercesora forma parte importante en el nuevo pacto; “ruego que me ayudes orando por mí” (Romanos 15:30). Mientras Pedro estaba preso, la iglesia oraba por él (Hechos 12:5). Interceder es parte del ministerio del sacerdote… El intercedía por el pueblo. Ahora en el nuevo pacto, Cristo nos ha hecho a todos sacerdotes de su gracia para que ministremos vida, espíritu y oración por nuestros semejantes (1ª Pedro 2:9). Interceder es tomar la carga de uno o varios sobre mí, como mía. Sentir el peso de lo que no es mío sobre mis hombros, ser responsable por el mal de otro. “En extremo nos hemos corrompido contra tí, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos;”  (1:7-8).Esa oración para renovación debe ser, no sólo intercesora, sino de reconocimiento real de nuestra actitud, para enmendar el mal desde mí mismo. Por eso Nehemías se incluye al decir: En extremo nos hemos corrompido”.  Hace suyo el pecado de otros. Él sabía la consecuencia del pecado que nace del “ORGULLO”. También Nehemías sabía que Dios es fiel cuando somos sinceros y, aunque estemos esparcidos, divididos y sectarizados, la oración de unidad produce la acción de Dios, y el Espíritu comienza a juntarnos en Aquel que es cabeza de todos. Muchas veces creamos estructuras ministeriales para unirnos cuando en realidad sólo estamos juntos, pero en desacuerdo. Esto no es unidad, sino apariencia. La unidad se incuba en la oración, en el amor y en la amplitud mental de saber que TODOS SOMOS PUEBLO DE DIOS. “Ellos pues son tus siervos y tu pueblo, los que redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa” (1:10). Pese al error del pueblo judío, pese a sus fracasos, pese a que muchas veces se olvidaron de Dios, Nehemías reconoce y proclama que “son tus siervos”… redimidos de Egipto”. Así podemos decir que, pese a las estructuras humanas que han ahogado al Espíritu de Dios en la Iglesia, pese a los errores causados por el sectarismo y la división cristiana del pueblo evangélico, pese a que las iglesias están faltas de una renovación del Espíritu Santo y del Señorío de Cristo, no por eso debemos decir: “Están fuera del pueblo del Señor”. Todas las iglesias, con sus problemas y estructuras humanas, son parte del Cuerpo de Cristo, redimidos por Jesús en la Cruz del Calvario, pero con poca luz en cuanto al sentido del Señorío y la unidad del Espíritu. Todos los que han nacido de nuevo y creen y viven en la Palabra, aunque no vivan en mi dimensión espiritual, son parte de mi pueblo, de su iglesia, son mis hermanos.“…Concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero del rey” (1:11). Después de reconocer sus errores, así como las realidades del pueblo, Nehemías pide a Dios dos cosas necesarias para ser de bendición: BUEN ÉXITO Y GRACIA, para iniciar la misión de reedificar lo destruido, y unir lo esparcido. Debemos situarnos cada uno de nosotros en la actitud de Nehemías, y de seguro que muchas cosas cambiarían a la hora de formar discípulos y edificar una iglesia.

HACIA EL PLAN DIVINO

Nehemías era copero del rey Artajerjes, el cual llevó cautivo parte del pueblo judío, y el resto lo dejó esparcido y  sin templo en Jerusalén, pues éste quedó destruido. Este rey era pagano e ignorante en cuanto al ÚNICO DIOS. Así que Nehemías era servidor, en calidad de esclavo, de este monarca, no porque él lo deseaba, sino porque fue puesto en esta posición dentro del palacio del rey por intervención divina. Un día Nehemías compareció ante el rey Artajerjes con un rostro triste (2:1-2), hasta tal punto que el rey se dio cuenta y lo creyó enfermo. Este hecho es singular porque “estar triste” delante del rey estaba prohibido. Nadie con tristeza debía presentarse delante del soberano, y menos un sirviente. Por eso dice que “temió en gran manera, porque la ira del rey podría venir sobre él por tal actitud, ya que podía ser considerada como disgusto o afrenta al soberano. Sin embargo, el dolor y quebrantamiento de Nehemías por su pueblo abrió la puerta para que Dios comenzara a obrar a favor de éste.  Al indagar el rey la causa de su tristeza, el profeta pudo comunicarle su sentir, dolor y pesar: “¿Cómo  no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mi padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? (2:3). El rey estaba siendo preparado por el Todopoderoso para recibir con buen ánimo esta confesión. Lentamente Dios movió las fichas de su ajedrez, para llevar a cabo la jugada final por medio de la petición hecha por Nehemías en oración. Ahora Dios comienza a obrar la oración y humillación del profeta y reciben respuesta. El rey pregunta: ¿Qué cosa pides? Nehemías no había actuado bruscamente, no pidió audiencia, no luchó con propia fuerza, sólo pidió a Dios y esperó respuesta. Ahí estaba, un pagano, abriéndose ante la humillación de un hombre. El Señor, moviendo su mano por medios absurdos, da los primeros pasos para obrar en la restauración del templo. Nehemías no responde rápido, sino espera respuesta, por eso dice: “Oré al Dios de los cielos”.  Esperaba dirección y no acción propia. Nosotros no debemos dar un paso en nada si primero no aprendemos a ir a Dios pidiéndole permiso, dirección e instrucción en lo que debemos de hacer, para evitar el fracaso, pues somos sus siervos. Después el profeta hablo con seguridad de lo que deseaba y declaro: “Si le place al rey, y a tu siervo ha hallado gracia delante de tí, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres y la reedificaré” 2:5.            ¿Qué pidió Nehemías? Nada le importó tanto como su pueblo, su ciudad, su templo. El hombre de Dios no piensa en sí mismo. No busca su bienestar y prosperidad, sino que se dé a los demás. Salomón pidió sabiduría para gobernar su pueblo. Nehemías pidió edificar su templo y restaurar el culto. Quizá el profeta pasó tiempo orando y esperando la oportunidad para iniciar la obra de reedificación, pero, ¿por dónde empezar? Eso era problema de Dios. Ahora tuvo oportunidad de pedir lo que necesitaba y pidió con fe, sabiendo que para El nada es imposible.

Todo vino de repente (2:6-10). El rey dio carta para que le diesen la ayuda necesaria, y las autoridades tuvieron que darle a Nehemías todo lo que éste necesitaba para su misión. Los guardabosques le dieron árboles y  lo necesario para la reedificación del templo, y aún hasta hombres a caballo que le llevaran. Cuando andamos en la voluntad de Dios, y no nos adelantamos a Él, vemos sus maravillas delante, y nosotros iremos detrás, sin problemas. La obra es del Señor. Él puede usar incluso a inconversos para ayudar-nos en lo que Él nos ha encomendado. Esto ha sido una realidad en mi trabajo con los drogadictos en Honduras y España.  Él usó a pecadores e inconversos para llevar a cabo una labor a la cual muchas iglesias le dieron la espalda, y así podíamos edificar esta labor social.

INICIO Y OPOSICIÓN

(2:10 y 2:12) Cuando inició su labor a favor del pueblo, algunos tuvieron celos, y no les gustó la idea de Nehemías, aunque no conocían en realidad lo que éste tenía en su corazón, pues el profeta era consciente de su visión, pero “no lo declaró a hombre alguno“.   Eso nos enseña que muchas verdades y necesidades que hayan que implantar, no se pueden transmitir así como así, hay que esperar el tiempo y “la luz verde de Dios” para transferir su verdad. Recordemos que la envidia, el orgullo y la soberbia humana se anteponen a nuestros sentimientos para ofuscar la visión de la gente hacia nuestro deseo o visión de servir.

¿Qué ocurre cuando tratamos de dar luz de verdades sólidas sin estar capacitados para recibirla? Se mal interpreta y hace daño. Es como querer sacar una llanta del vehículo sin levantarlo primero. Tiene que haber un crecimiento y una preparación espiritual antes de iniciar cualquier cambio por pequeño que sea.              

(2:13-15) Pero notemos que pese a que Nehemías tenía todo lo necesario para iniciar la obra ya mismo, no lo hizo, ni siquiera lo contó a nadie. Más bien estuvo rondando la ciudad, viendo la condición del pueblo. ¿Qué tiempo estuvo dando estas vueltas de inspección? ¿Qué buscaba Nehemías en esto? Estoy seguro que él quería ir a lo seguro. Buscar la realidad, el punto clave del inicio, y todo lo que debía hacer y esperar. Él quería hacerlo todo lento y  seguro. No es tener apuro, ni ir a la carrera, sino hacer la voluntad de Dios. Pese a todo esto, él guardó el secreto hasta el momento de la obra (2:16). Qué triste pensar que hoy día no guardamos secretos,  no guardamos el sentir ni la inquietud hasta “el tiempo de Dios”. Esto es importante para lograr un fin seguro. Cuando revelemos un plan, debemos estar seguros de ello, y estar preparados para afrontar la oposición y los ataques del enemigo. Sin embargo apareciendo tres personajes encabezados por Sambalar los cuales comenzaron a luchar contra la obra que quería iniciar Nehemías (2:19, 4:1,7). Siempre que deseamos hacer algo para la gloria del Señor aparecen los “sanbalatses”[17] para hacer la guerra a lo que es obra de Dios.

CONSUMACIÓN DE LA RESTAURACIÓN (2:17-18).

Cuando todo estaba previsto y listo, cuando Nehemías era consciente de las realidades y se sentía capacitado con todo lo necesario, cuando el “O.k.” divino vino, y la luz verde fue puesta, llamó al pueblo y les reveló el plan de Dios para ese momento. No fue hasta que todo estaba claro, que habló sobre su plan, ya que era un hombre paciente y prudente. En seguida, cuando Dios había obrado, y todo estaba preparado, dice la Palabra que todos se “LEVANTARON Y EDIFICARON Y SE ESFORZARON CON SUS MANOS”(2:19 y 2:20). Ahí comenzó la reedificación de los muros, unidos, con un mismo sentir. Entonces aparecen los problemas. Los primeros que no quisieron recibir a Nehemías, y se opusieron a su labor, fueron Sanbalat y Tobías, los cuales le hacían escarnio mofándose cuando la obra había sido emprendida,  sembrando confusión en la mente del pueblo diciendo: “Os reveláis contra el rey“. Pero Nehemías tenía la gracia del rey y la luz de Dios,  por eso no hizo caso a estas conjuras, y siguieron adelante en la obra, la cual fue prosperada. De igual forma, nosotros debemos iniciar un proceso de unir la iglesia, no en número, ni en concilios, sino en amor y Señorío. Dios tiene un plan que quizá, lo esté revelando por partes. Es necesario promover la unidad (no bajo la idea ecuménica del Vaticano), sino en principios, doctrina y amor. Debemos definir a los cristianos, sin importar la denominación, siempre y cuando tengamos una misma verdad en común. Si en algún momento de la historia necesitamos estar unidos para defender la verdad del Evangelio es ahora, pues vivimos tiempos en donde los muros de la moral se han derrumbado, y necesitamos reedificar esos muros para poder proteger a la familias y la iglesia. Consideremos de estas tres verdades, si no queremos fracasar y destruir su obra:

I- BUSCAR LA RESPUESTA DE DIOS EN ORACIÓN A NUESTRA CONDICIÓN.

II- ESPERAR QUE DIOS ABRA PUERTAS PARA LOGRAR SU VOLUNTAD.

III- INICIAR SU OBRA CON LENTITUD Y CLARIDAD DIVINA.

CONCLUSIÓN

Meditemos y vivamos en el lugar de Nehemías, y veremos a Dios edificar su Iglesia en Aquel que es SEÑOR de los vivos y los muertos. No impongamos ideas ni cambios radicales sin dar y tener AMOR, UN GRANDE AMOR por el pueblo de Dios que debe edificar y formar  UNA IGLESIA PURA Y SIN MANCHA.

 

CAPÍTULO -17-

¿CUÁL ES LA IGLESIA VERDADERA?                 

La falta de crecimiento nos hace actuar muchas veces como niños (Hebreos 5:11-13). Es por ello que contendemos y discutimos por cosas que no tienen importancia en comparación con las grandezas del amor. La actitud de os niños es hacer de cualquier cosa un motivo de contienda, y estos le dan más importancia a lo externo que a lo interno. Para que entendamos mejor este ejemplo os contaré una historia; Una vez repartimos botellas conteniendo un mismo líquido, pero lo hicimos en botellas diferentes, entonces los niños empezaron a pelearse por el “envase”. Eran tan niños que no podían entender que, aunque los frascos eran diferentes, la esencia o el líquido era el mismo. Así ha pasado con la iglesia de los últimos tiempos. Los hombres, en su orgullo, han realizado zanjas que separan al “pueblo de Dios” en cosas que son “rudimentos”, de poco valor en comparación a los grandes tesoros del cristianismo, como es el amor y la unidad del Espíritu y en el Señorío de Cristo. Esas pequeñas cosas que nos separan, se han convertido en “barreras infranqueables”, naciendo el denominacionalismo, que para muchos es más importante que el cristianismo, creándose el sectarismo, que anula la unidad de la iglesia universal y a veces local. No siempre podremos estar de acuerdo en los rudimentos de la fe cristiana. Al estudiar concienzudamente la epístola a los Corintios, vemos que el problema de esa iglesia era específicamente “la división en hombres, costumbres, comidas, lenguas, días y cultos”. Sin embargo, no llegaron a nuestra triste condición, de formar una iglesia diferente, según el capricho de cada grupo. Los de Apolo se van para aquel salón, los de Pablo para la otra esquina. Los que hablaban lenguas formaban su grupo, y los que no hablaban formaban otro grupo. ¡Qué horror si esto hubiera ocurrido entonces! Pero había algo que mantenía la unidad dentro de tal diversidad, y eran dos cosas:

    Primero: La autoridad del ministerio apostólico.

   Segundo: El fundamento del amor y el Señorío de Cristo que se convirtió en el corazón del mensaje evangelístico: “(El amor)… todo lo soporta y sobrepuja todo  entendimiento”. Efesios 319 “Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre” Filipenses 2:11.

Depongamos nuestra mentalidad sectarista, si la tenemos, y veamos cuál es el mejor camino. Oremos y el Espíritu Santo nos mostrará “UNA OBRA y no “MUCHAS OBRAS”. En esta parte del libro nos proponemos definir tres verdades fundamentales en relación a la iglesia del Señor, que es Cuerpo de Cristo en la tierra. Hablaremos de la iglesia denominacional, la iglesia local y la iglesia universal, y veremos que la primera no es la Iglesia bíblica y que la Iglesia fundada por Cristo es la local y Universal. Sin embargo no podemos negar la realidad denominacional como un fenómeno histórico inevitable, sin embargo, podemos superar esas barreras para ir por encima de estas situaciones circunstanciales.

LA IGLESIA DENOMINACIONAL  

Hoy día el cristianismo evangélico está dividido en grupos diferentes, no sólo en templos y misiones, sino en énfasis y sistemas de gobiernos, así como en costumbres. Esto es debido a circunstancias históricas diferentes, tanto en el florecer de la fe después de cientos de años de oscurantismo, como posteriormente al decaer de la fe, lo que producía avivamientos que se convirtieron en organizaciones y estructuras frente al rechazo y dogmatismo de las iglesias tradicionales, que adoptaron posiciones muchas veces intransigentes. También la libertad de conciencia, promovida por la reforma[18], no solo libero a los cristianos del dominio de Roma, sino que también dejo la puerta abierta para que otras ideas liberales o radicales entraran. Esto origino el mismo fenómeno que apareció en el año 313 con el edicto de Milán, cuando la libertad de conciencia introdujo en el culto cristiano la mentalidad de las deidades celestiales (el culto a los santos)[19]. El origen de las denominaciones se debió, muchas veces, a la falta de AMOR, razón por lo cual dos personas con opiniones adversas se separaban, arrastrando cada cual a sus partidarios. La división que nace por la falta del verdadero amor es la causante del nacimiento de algunos grupos evangélicos, ya que muchos énfasis, que no son doctrinas, han sido esgrimidos como justificación para mutilar la iglesia. Otros, por vivir pegados al tradicionalismo y legalismo, han cerrado la puerta al mover del Espíritu, causándose crisis que dieron origen a los movimientos neo-pentecostales tanto a principio del siglo XX  como en los albores c del siglo XXI con el despertamiento de las iglesias clásicamente llamadas tradicionales[20]. El otro factor que produce división es el orgullo y la soberbia. Cuando los judíos, que eran el pueblo escogido de Dios, se apartaban de la Palabra, y se volvían a la idolatría, caían en juicio y división. Idolatrar no es sólo tener un ídolo de madera o hierro, a veces se idolatra a los hombres  más que a un ídolo de madera, y este es el terrible pecado que actualmente influye en la iglesia, al dar lugar a los “super-predicadores” “pastores-generales” o “super-evangelistas”. Las denominaciones son de orígenes circunstanciales y humanos. El nombre que cada grupo adopte, su misión y gobierno, no tiene en sí tanta importancia como los daños causados por una separación que destruye el principio de la Palabra: EL SEÑORÍO DE CRISTO Y EL ESPÍRITU QUE DA AMOR. Cuando un grupo se convierte en un “reinito” entonces surge el sectarismo y la mentalidad estrecha, por lo cual nos auto-etiquetamos como los mejores, y la “única iglesia verdadero o mejor”. La prueba de esta mentalidad se puede verificar con este hecho: La misión “X” considera que no tienen obra en Madrid hasta que esa misión no tenga un templo y un pastor allí, sin embargo en esa ciudad pueden existir 60 iglesias evangélicas de otras misiones o denominaciones, pero para la misión “X”, en Madrid, no hay obra porque no están ellos.

Una vez, un hermano me dijo: -No hay obra en Lima.-. Entonces le pregunté cómo es posible, porque cuando visité Lima (Perú), encontré varias iglesias. Y entonces me replico; -¡Ah, bueno!,  pero no son nuestras, nosotros no tenemos obra allá.-  Me quedé asombrado de tal expresión, pero esta actitud no inunda, y es común escuchar semejantes afirmaciones. Esta mentalidad demuestra que todavía no tenemos claro “CUÁL ES LA IGLESIA DE CRISTO. Todos afirman que tal o cual es la verdadera iglesia, y unos a otros se atacan. Imagínense, hay 200 misiones, denominaciones o Iglesias independientes en este país, y todos dicen ser los verdaderos y los mejores. Así que encontrar y entrar a una iglesia verdadera es más difícil que sacarse una lotería, y que conste, esto lo dicen los pecadores. ¿Dónde está el problema del denominacionalismo? No es un problema causado por el nombre o las costumbres, sino por mentalidades y actitudes humanas. La denominación no es un problema, sino nuestra forma de enfocar la realidad de Cristo y su Iglesia. Si la denominación fuera sólo un medio, todo sería diferente, pero para muchos es un todo. El Reino de Cristo es uno, y él es uno, y el Espíritu Santo es uno (Efesios 4:3-6). Pero nosotros hemos hecho muchos “reinitos”, y encontramos una iglesia al estilo feudal, cada cual es dueño de un territorio, y forman su reino, y se hacen “Lord” (soberano).Vemos en la historia, como en la edad medieval un país tenía cinco y hasta diez reinos, y cuando llegaba la guerra, al estar los reinos divididos, sucumbían a las invasiones bárbaras. Hoy sucumbimos frente al materialismo y la decadencia espiritual del mundo, porque “en un cuerpo dividido no hay vida, y la poca que haya, se pierde por las heridas hechas con los actos divisorios”. La iglesia denominacional no tiene un origen bíblico. En la palabra no se habla de denominación. Cuando San Pablo escribe a la iglesia de los Tesalonicenses, (2ª Tesalonicenses 1:1) se dirige a una ciudad grande y dice: “LA IGLESIA”. Imaginémonos que hubiesen allí denominaciones, como las que tenemos hoy en día… ¿Para quién hubiera sido esta carta?  Si Pablo viviera en estos tiempos, y quisiera enviar una carta a LA IGLESIA DE TEGUCIGALPA, ¿A cuál iglesia la enviaría?… Es que hoy en Tegucigalpa no hay “LA IGLESIA DE TEGUCIGALPA”, sino <LAS IGLESIAS DE TEGUCIGALPA>, y ahí está el problema. Sin embargo, como en Tesalónica estaba sola “LA IGLESIA”, no había problema, porque esa epístola era para todos los creyentes de esa ciudad, aunque estuvieron en varios sectores geográficos de la misma, y en diferentes casas. Como hoy, todas las iglesias “denominacionales” tienen la misma epístola, evangelio, y Biblia, aunque estén en diferentes zonas de la ciudad. El problema no está en que haya denominaciones, ni en la ubicación de éstas, ni en los grupos separados por causas geográficas, sino en la actitud mental y los conceptos que gobiernen la forma de vivir entre unos y otros. Para dejar más claro este principio pasaremos a ver la iglesia desde una perspectiva bíblica y apostólica.

LA IGLESIA LOCAL                   

Lo primero que hay que definir es, ¿qué significa la palabra “IGLESIA”? Es indicativo de asamblea, “los separados”. Una unidad de conjunto. Viene del griego  “ekklesia” o derivada de “kyriskon” que significa “Perteneciendo al Señor”[21]. El sentido apostólico es conjunto; miembros formando un cuerpo en Aquel que es cabeza de todos, esto es Cristo (Rom. 12:5, 1ªCor. 6:15, Col 1:18).

Si la iglesia es el cuerpo de Cristo, tiene que ser “UNA“; ya que un cuerpo tiene sólo una cabeza. Pero muchos cuerpos unidos a una cabeza sería un fenómeno fuera de toda lógica fisiológica y bíblica. Si la Iglesia es UNA, ¿por qué decimos LAS  IGLESIAS, añadiendo  “S  al final,  pluralizando el cuerpo? Al estudiar la Palabra, encontramos que al referirse a la Iglesia de una ciudad específica, siempre se dice: “LA IGLESIA“. Esto indica que en cada ciudad había una “IGLESIA LOCAL“. En 1ª Corintios 1:2, leemos :” A la Iglesia de Dios que está en Corinto” “a la Iglesia de Éfeso” y en Apocalipsis 2:1 :”La iglesia que estaba en Jerusalén” En Hechos 15:4 :”Y se congregaron allí todo un año con la iglesia…“. Todos estos textos, y  muchos más, dan a entender que al referirse a una ciudad o localidad pequeña se habla siempre de “LA IGLESIA” sin “S” al final. Es lógico reconocer que la Iglesia en Antioquía estaba esparcida por toda la ciudad. No había un centralismo ni un único templo, ya que en esta etapa del cristianismo apostólico “no se construyeron templos”. En Jerusalén no había un lugar central de adoración, porque “no tenían locales capaces de cobijar a los miles de convertidos de toda la ciudad”. En las casas de diferentes sectores se reunían los apóstoles con los discípulos. En el caso de Pedro…, preso por Herodes, la iglesia oraba…, ¿Pero dónde estaba la iglesia orando?… En los hogares (Hechos 12:5, 15:52). Es por eso que, a veces, se usa el término de la iglesia en tu casa (Rom. 16:5, Col. 4:15, Hechos 8:3). Mientras que “Saulo asolaba la iglesia, y entraba casa por casa“, porque allí estaba la iglesia funcionando. En una ciudad había muchas casas como centro de reunión y discipulado[22]. Todas éstas eran la iglesia local de esa ciudad[23]. El hecho que no tuvieran o edificaran edificios para un templo era debido a dos razones:

Primero: Porque estaban tan ocupados en la multiplicación, y ésta era tan numerosa, que de haber templos, hubieran necesitado auditorios tremendos, y se hubiera frenado el crecimiento y la conservación de los nuevos discípulos, por dedicarse a  la construcción. Sin embargo para la Iglesia primitiva eran más importante las personas que las estructuras materiales[24].

 Segundo: La condición histórica de la época no permitía la construcción de templos, pues vivían perseguidos y proscritos socialmente[25].

Así que la iglesia funcionaba en casas y plazas. En casas edificándose, en las plazas multiplicándose o evangelizando. La iglesia local eran todos los grupos de sectores o casas de una ciudad. El peligro existente en Corintio, era cuando decían: “Yo soy de Apolo, yo de Pablo, yo de Cefas“, pues esta expresión da pie para entender que habían diferentes grupos esparcidos por la ciudad, y la iglesias habían sido edificadas por diferentes ministerios, razón por la cual aparece una tendencia al sectarismo, o sea, separación de grupos por seguir a líderes (dando lugar al denominaciolismo de individuos). San Pablo aclaró bien el tema, y colocó las cosas en su sitio, para evitar extremos, a fin de que al unirse todos los cristianos repartidos en la ciudad, en un sólo lugar, público o privado, no hubiera contienda, porque aunque en las casas se fundaban las iglesias, éstas se juntaban una vez a la semana (1ª Cor. 14:23), para la edificación de los discípulos. ¿Quiénes gobernaban la iglesia local? La primera vez que se menciona a “los ancianos” en relación a la iglesia local está en Hechos 11:30, refiriéndose a Jerusalén. No se sabe cómo surgió este tipo de “ancianos” que en sí eran “pastores” o “maestros” a cargo de la iglesia. En Hechos 14:23 vemos cómo se establecen iglesias edificadas por Pablo y Bernabé y estos constituían ancianos en cada una… pero, ¿Por qué ANCIANOS por IGLESIA? Noten que hay varios ANCIANOS para una iglesia.

Bajo el esquema de la “Iglesia en casas”, cada sector de la ciudad tenía muchas casas-iglesias o “casas-cultos”[26], y entre los líderes de estas “casas-iglesia” habían ancianos. Al unirse todas las casas en un solo lugar, se formaban la congregación o comunicad local, con la presencia de los presbíteros o ancianos que las presidían. (Tito 1:5, Santiago 5:14). Anteriormente definimos algunos puntos relaciona-dos con los ancianos en relación a los ministerios y la autoridad de cada cual en la iglesia local. Dejamos establecido que la Iglesia local de Tegucigalpa o Madrid es la unidad de todos los creyentes repartidos en la ciudad por grupos cobijados en templos, y que esos pastores, juntos con toda su grey, forman en sí LA IGLESIA LOCAL Y BÍBLICA DE TAL CIUDAD. Que Dios nos ayude a lograr esta unidad, aunque sea como iglesia local, para que así nos visite a través de su Espíritu Santo. Es bueno aclarar que la unidad de los cristianos para formar “la iglesia local”, no es producto de que una y otra se fusione por medios humanos, ni que hagamos organismos o estructuras  basados en normas o principios de hombres. A esto llamamos ecumenismo, y existen intereses sociales que aparentemente unen a muchos cristianos, pero sólo por cosas externas, pues por dentro, cada uno mantiene su posición de prepotencia y denominacionalismo, lo cual hace esa unidad una farsa. La unidad verdadera, para formar una iglesia local, es algo más que estar juntos, es sentirnos unánimes en que todos somos pueblo de Dios, y  guiados por el Espíritu y la Palabra.

La unidad es dimensional. Tenía que haber un sentir de fe y  Señorío para lograr la unidad de Espíritu. Esta unidad debe tener los principios básicos de la fe, expresado por los cuatro “solos” nacidos de la reforma: Solo la Escritura, solo Jesús, solo la fe y solo la gracia[27]. Además debemos tener claro que toda unidad debe mantener nuestra identidad cristiana, y evangélica, aparte de todo relativismo, como dice el Dr. Emilio Nuñez[28]. Tampoco podemos decir, como una secta que hay por ahí, que nosotros sí somos la iglesia local, y los demás están mal. “El hábito no hace al monje”, y los nombres que nos pongamos son etiquetas carnales, no tienen valor para Dios, aunque jurídicamente es necesario, y tiene su valor legal, pera para el Señor lo que cuenta es que somos redimidos con su sangre, y hechos hijos de Dios, y el que diga lo contrario, hace afrenta a la Palabra, y es un sectarista peligroso, del cual debemos de huir, para no caer en el espíritu del Anticristo.

LAS IGLESIAS EN LA PALABRA          

En la Biblia aparece el pluralismo de “LAS IGLESIAS”, pero esto no es en relación a una localidad, sino a una región o varias localidades, que formaban las diferentes iglesias de un territorio con muchas ciudades. En Hechos 9:31, se menciona el pluralismo de <iglesias> para referirse a las iglesias locales de las provincias de Judea, Galilea y Samaria, que formaban el territorio Palestino. En estas provincias habían muchas localidades, y en cada una de ellas había una iglesia local,  por eso, al hablar de varias localidades se usa pluralismo, para indicar la existencia de iglesias en su región, que funciona, se nutre y crece por sí misma. En Hechos 15:41, Pablo habla de confirmar “Las iglesias de SIRIA Y CILICIA porque ésta era una región con varias localidades o ciudades con iglesia. Cada sitio separado por geografía necesitaba su iglesia local. Así que se escribe las iglesias de Asia os saludan“, y aquí se refiere a las iglesias repartidas por toda la península de Asia, que abarcaba las localidades de: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, etc., que son las siete iglesias mencionadas por San Juan en Apocalipsis: escribe a las siete iglesias” (Apoca-lipsis 1:4), y después las menciona por separado y en singular “La iglesia de Efeso”, “La iglesia de Esmirna (Apocalipsis 2:1-8, 12:18,) etc. El uso del pluralismo de -iglesias- SEÑALA EL CONJUNTO DE IGLESIAS EN UNA REGIÓN, y no es para indicar el conjunto de iglesias en una localidad. Al hablar de una ciudad o localidad, no podremos decir “LAS IGLESIAS DE MADRID“, sino “LA IGLESIA de MADRID”. Para  referirnos a una región, diríamos: “LAS IGLESIAS DE ANDALUCÍA, O DE ESPAÑA O DE EUROPA O DE CENTRO AMÉRICA O DE CORTES”. Este pluralismo indica regionalismo. Cada iglesia funciona en su localidad, por sí misma, en sus pies, y con sus ministerios propios. Sólo se une a las de otra localidad  por medio de los apóstoles, los ideales y la comunión en Cristo Jesús.           

LA IGLESIA UNIVERSAL          

La Iglesia local y regional dan origen a la única y real expresión de la Iglesia de Cristo que es “LA IGLESIA UNIVERSAL asentada como piedra angular y fundamental (M. 16:18, 1ª Cor. 3:11, 1ª Pedro 2:4-8).   Así que el conjunto de las iglesias de cada región o país forman como punto final, LA IGLESIA DE CRISTO, y el principio de LA IGLESIA LOCAL refleja la realidad de la IGLESIA UNIVERSAL.   Pero ¿qué iglesia viene a buscar Jesús? La única iglesia que existe, que es la de todo los redimidos con la sangre del Cordero. Esta iglesia es un sólo cuerpo, indivisible y uniforme, aunque existen factores de aparente división, por causas geográficas,  sectoriales y denominacionales. Quizás se pregunten: ¿Y cómo se protegía la iglesia primitiva de los falsos profetas, si no había un centralismo ni en localidad, ni en región, ni entre naciones? La base está en el pluralismo de los ministerios, porque; “En la multitud de consejeros hay sabiduría”. La unidad de los pastores o ancianos en una iglesia permitía la dirección del cuerpo con sabiduría, más estaba la intervención del Espíritu Santo en medio de ellos. Los diferentes ministerios, al operar, protegían la iglesia de los falsos maestros, además, los ministerios de evangelistas, apóstoles y profetas ayudaban a confirmar la iglesia en una misma verdad.

La Iglesia se gobernaba por las enseñanzas apostólicas y ellos no permitían ninguna revelación nueva, mantenían la separación de la Iglesia y el mundo como pauta esencial para la salud, y a través de la independencia de cada iglesia, supervisada por el apóstol fundador, mantenían el control y a la vez la unidad. Además según evidencias de los padres de la Iglesia, y las mismas epístolas lo revelan, eran muy conservadores en las normas impartida por los apóstoles, de ello afirma David W. Bercot  “Los cristianos primitivos eran muy conservadores. Para ellos el cambio equivalía al error. Ya que no esperaban ninguna revelación fuera de la de los apóstoles, desechaban de inmediato cualquier enseñanza que no habían recibido de los apósteles”[29]. En caso de errores, o actitudes incorrectas, podían detectarlo fácilmente, a través de las células de discipulado, o por el trabajo en las casas, que era supervisado por los ancianos. Como no había centralismo, sino ubicación por discipulados y en particular (1ª Cor. 12:27), se establecían pequeñas unidades formando un conjunto, en las cuales se podían aislar esos problemas existentes, para evitar que se esparcieran. La forma del “funcionamiento de cuerpo” evitaba la multiplicación de las herejías. Si aparecían errores,  no hacían el daño que hoy hacen, al haber una unidad masiva y no de CÉLULAS. También se podían detectar los problemas personales para ministrar y ayudar mejor a los discípulos. Este medio de relación ofrecía una comunicación perfecta y nadie se quedaba enfermo o muerto, sin que el resto del cuerpo no lo supiese porque:…Si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”  1 Corintios 12:26

CONCLUSIÓN

Considerando el funcionamiento de los ministerios dentro del cuerpo, y a la autoridad de sujeción dentro del esquema apostólico de iglesias, hemos perfilado los objetivos, bases y esencial de la iglesia en la tierra. Pero debe quedar claro que todas las iglesias que vivan y prediquen la realidad de Cristo, son parte de esa Iglesia local y universal. Es tiempo de anular un poco el denominacionalismo para buscar la realidad de Cristo y su cuerpo, del cual todos, con mucha o poca luz formamos parte. Tendremos que subsistir con estas separaciones “denominacionales” hasta la venida del Señor. Cualquier esfuerzo por una unidad institucional sería peligrosa, y nos podría llevar a la “super-iglesia apóstata” de los últimos tiempos. También no debemos confundir unidad interdenominacional con unidad ecuménica, pues en la primera hay principios que no hay en la segunda. Debemos derribar, psicológicamente, las barreras que nos separan, y buscar esa unidad de Espíritu que nos hará fuerte, para proclamar la verdad fundamental de la Palabra en tiempos tan difíciles como los que nos ha tocado vivir en el siglo XXI.

 

CAPÍTULO -18-

LA REALIDAD DE LA DIVISIÓN

¿Cuándo nació en el hombre el espíritu de división, como medio de exclusión o separación por asuntos personales? Todo se inició en el Edén. Allí vemos como hombre y mujer desobedecieron a su Señor, pues querían ser “como dioses” (Génesis 3:5). Entonces aparece el pecado: La rebelión y la soberbia  que llevaron al hombre a separarse de su Padre y Creador. Allí nació la primera, y la más importante separación de todas: “LA DEL HOMBRE CON DIOS“. Después vemos el plan divino para restaurar a este hombre caído, pese al aparente fracaso. Él había ordenado a Adán y Eva que: “se fructificaran y multiplicaran para llenar la tierra”, y ahora que habían caído, Él no iba a dejar que toda una generación se destruyera, (Génesis 1:28) y entonces les prometió un salvador (Génesis 3:15). Vemos después, en Babel, que los hombres no se esparcieron, y querían estar juntos, en franca rebelión contra Dios, por lo cual vinieron las diversas lenguas para confundirlos, algo así como un pentecostés sin Espíritu, porque en ambos casos el propósito de Dios era que se esparcieran y poblaran la faz de la tierra. Vemos aquí que la única división aceptada por Dios es la geográfica…, porque todos apiñados no harían otra cosa que crear problemas y multiplicar la maldad. ¿No es acaso un hecho sociológico que el amontonamiento de gente en las grandes ciudades genera delincuencia, problemas de salud, miseria y  degradación humana?[30]              

Este  hecho se repite en nuestros tiempos. Vemos con asombro el fenómeno actual creado por las migraciones campesinas a las grandes ciudades, y cuando todos nos apiñamos para vivir juntos, se producen miles de problemas y conflictos colectivos. Las grandes ciudades del mundo son las más corrompidas y degeneradas; como New York, Los Ángeles, Londres, París, Madrid, etc. Si la iglesia primitiva no se hubiera esparcido, de seguro se hubiera degenerado, pero la persecución y la expansión no permitió un centralismo que llevaría a una degeneración. Al estudiar la historia que la Iglesia, vemos como una vez centralizada en Roma, por Constantino (313 d.C.), se degeneró hasta llegar a su punto máximo en la edad media, donde el “catolicismo romano” se convirtió en un poder absoluto en todas las áreas de la vida, hasta que después apareció en el 1517 la Reforma Luterana[31].              

El mandato de Cristo de “IR POR TODO EL MUNDO“, indica que no hay límite. Sería un pecado querer estar siempre juntos en un sólo lugar. Algunos han pensado que la iglesia debe estar en un sólo lugar, “literalmente”, y que todos deberíamos formar una ciudad de “sólo cristianos” para que así no haya mal, ni se vaya la gloria de Dios, situación que surgió en algunas etapas de la historia,  y que dio origen a la corrupción social y desvirtuación doctrinal. Si somos “luces” tenemos que estar esparcidos, y si somos “sal” también. La separación geográfica y la expansión de la iglesia en “las casas” y sectores no es una división, ni cosa parecida, sino un fin para llevar a cabo una meta llamada <c r e c i m i e n t o>. En una ocasión los apóstoles más íntimos de Jesús; Pedro, Jacobo y Juan, fueron con su Maestro a un monte y vieron la gloriosa transfiguración de Jesús (Marcos 9:2-6) acompañado por Moisés y Elías. Ellos asombrados por tan maravilloso acontecimiento dijeron: “Hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Y no se dieron cuenta del disparate que decían “porque el plan de Dios es separarnos para multiplicarnos  y formar de toda lengua y nación, un solo pueblo”. Esta tendencia es natural y humana. Siempre buscamos quedarnos con lo bueno y esquivamos todo aquello que envuelva sacrificio y renunciación. La única división aceptada por Dios es la de posición, y no la de actitud, y en tal caso, es más bien una separación, que una división. Deben ser las circunstancias y no el capricho lo que nos separe. El diablo ha tomado la división bíblica, que es la separación geográfica, para producir otros tipos de divisiones, peores y contrarias a la voluntad de Dios, que es la que analizaremos a continuación.                

QUE CONTRIBUYE A LAS DIVISIONES Y SECTAS HERÉTICAS

La iglesia primitiva se encontró protegida por la estructura de grupos pequeños e iglesias locales, sin un centralismo. De esta forma evitaron que algunas doctrinas falsas, dominantes en esta época, no hicieran mella en la iglesia. Es bien conocido el hecho de que el apóstol Pablo en sus epístolas[32] arremete fuertemente contra los gnósticos de su época[33]. La Iglesia siempre tuvo que luchar contra los falsos maestros de adentro y también los de afuera: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”  Hechos 20:29-30. Muchas sectas nacieron en situaciones de crisis espirituales, o en momentos en que aparecía un  avivamiento, para el cual la iglesia no estaba preparada a través de una correcta formación bíblica.

Las divisiones surgen como resultado de énfasis radicalizados, que lentamente se van convirtiendo en herejías. Tomemos el caso de William Miller, fundador de la denominación adventista, el cual descubrió en el 1833 la interpretación de la profecía de Daniel 8:14, y a través de un análisis matemático estipuló (de forma especulativa) la era de los gentiles y el advenimiento de Jesús. De ahí salió otro movimiento, del cual Carlos Russell formó parte, llamado los “Segundos adventistas”. Después vino la interpretación más amplia (aunque especulativa) de la profecía de Daniel hechas por John A. Brown, quien puso las bases para las predicciones de Russell, quien fijó la fecha de la venida de Cristo para el 1914. De Russell, que se desprendió de los “Segundos Adventistas”, nacen los “Testigos de Jehová”[34] y su famosas afirmaciones de que Cristo vendría en tal fecha, lo cual, al no ocurrir, dio lugar a otras interpretaciones. Como hemos visto, las causas de divisiones sectarias obedecen a fenómenos especulativos, en donde el diablo, partiendo de la ignorancia escriturar, produce ceguera, para llevar a los hombres a graves adulteraciones que originan caos y confusión en el cristianismo. Pero no todas las divisiones siguen pautas heréticas. Hay casos cuando la división obedece más a caprichos o situaciones históricas, que a desvirtuaciones escritúrales.

EL INICIO DE LA UNIDAD                     

Notemos como también el pecado produjo la primera división “destructiva”; que fue la separación del hombre con Dios. Esa separación estaba expresada en la construcción del tabernáculo judío: Un velo, separando a Dios de su pueblo. Era el pecado que tenía que ser pagado por la sangre de un cordero inocente (Levítico 16:2). Sólo el sacerdote podría entrar  una vez al año para hacer remisión por los pecado del pueblo, pero al morir Cristo, el velo del templo se rasgó (Mateo 27:51) y la comunión con Dios se estableció por su medio, quedando la unidad HOMBRE-DIOS restaurada. Cristo vino a restaurar todas las cosas en Él mismo, y sujetarlas a su señorío (Filipenses 3:21). Esto es la unidad de lo dividido por el mal, para formar en Cristo un reino unido en amor. A esto le llamamos IGLESIA. Es por eso que en la Biblia se compara a la iglesia con:

  A) UN CUERPO (una unidad de función).

  B) UN EDIFICIO (una unidad de sostén).

 C) UNA FAMILIA (Todos como hermanos y parientes)

En estos conceptos, la unidad para conseguir un fin es básica, y la división es catastrófica. Llamaremos a esta etapa de reunir en Cristo todas las cosas, “la dispensación del cumplimiento de los tiempos“, según Efesios 1:9-10.  Esto es, que todas las cosas quedan unidas a Aquel que es el origen de las mismas. Pero, ¿a quién le ha sido encomendado este deseo de Dios de juntar todas las cosas en Cristo Jesús? A su iglesia, que debe SER UNA, COMO YO Y EL PADRE SOMOS UNO” (Juan 17:21). Y éste es el máximo sentido de la existencia de la IGLESIA, una unidad alrededor de UN SEÑOR Y UN ESPÍ-RITU, que prepara UN PUEBLO para reinar por siempre con ÉL (Efesios 4:3-6, Apocalipsis 7:9).                    

LA IGLESIA DEBE SER UNA            

La iglesia, desde todos los puntos de vista, es una. En estudios anteriores definimos “cual es la iglesia, y que es ser miembro”, y establecimos que la Biblia demuestra que en cada localidad había una sola iglesia repartida por toda la ciudad en casas diferentes. Establecimos que cuando se menciona “iglesias”, se refiere a la unidad de las iglesias locales de una región o provincia. Si vamos a la ciudad de Éfeso, encontramos “UNA IGLESIA LOCAL” repartida en varios sectores y casas. Así que en una ciudad podrá haber muchas comunidades o grupos, pero una sola iglesia del Señor.  Si la iglesia es una e indivisible, bajo todo punto de vista, ¿Por qué en una ciudad me encuentro tantas iglesias desconectadas y aisladas de la relación y del amor cristiano entre una y otra, proclamando cada cual su supremacía, como que Cristo hizo un contrato específico de ser más con unos que con otros? Seamos sinceros, y veamos la realidad tremenda que nos separa y descubriremos que son cosas sin fundamentos bíblicos. Son rudimentos superables por el amor “que todo lo soporta y es sobre todo don natural o espiritual“. A  través de la división el diablo obtiene fuerza, y nosotros perdemos vida al “separarnos en costumbres y opiniones”. Cristo dijo que “todo reino dividido contra sí mismo no prevalece”. No quiero decir con esto que debemos de estar todos juntos en un mismo local, eso es imposible, y además tampoco significa unidad. Lo podemos ver en las campañas llamadas “UNIDAS”, donde estamos todos juntos pero NO UNÁNIMES (sintiendo lo mismo). Hay muchos prejuicios que no desaparecen fácilmente. Prejuicios que nos hacen ver mal a otro hermano por tal o cual costumbre. La unidad bíblica tiene que nacer del sentir y el amar, y esto no se logra con el simple hecho de estar juntos geográficamente, ni en un mismo local. Vamos a analizar ahora las divisiones, que según la Palabra, son CONTRARIAS AL DESEO DE DIOS.                   

LA DIVISIÓN CONTRARIA A LA BIBLIA

Existe varias actitudes de divisiones que no son aprobadas por las Sagradas Escrituras, y he aquí algunas de ellas:                    

            -DIVISIÓN POR LÍDERES: Tenemos el caso de los Corintios, unos decían: “Soy de Pablo, y yo de Apolos, y yo de Cefas, y yo de Cristo” (1ª Cor. 1:12). Cada cual eran celosos con sus padres espirituales, ya que habían sido frutos de diferentes ministerios apostólicos. Sin embargo Pablo  expresa el hecho de que aunque varios ministerios formaron diferentes grupos dentro de la iglesia local, ninguno de ellos les había redimido del pecado, porque ¿acaso murió Pablo, Cefas o Apolos por ellos? En otras palabras; Pablo, Cefas y Apolos eran instrumentos para un fin, pero no eran el fin. Así que los que defendían a sus “padres espirituales”, estaban mal, y los primeros en reconocer esto eran los líderes que les formaron.  Pablo aclaró el asunto, afirmando que pese a los diferentes ministerios e incluso a la discrepancia de opiniones, todos debían ser “de una misma mente y un mismo parecer” (1ª Cor. 1:10), en aquél que es fundamento de toda obra, Cristo Jesús (1ª Cor. 3:10). Los discípulos sólo debían ver en sus maestros un MEDIO DE SUJECIÓN, pero no UN PUNTO DE DIVISIÓN, porque no hay base de división para seguir a hombres, por grandes que estos sean, pues al fin y al cabo; “uno siembra, otro recoge, pero Dios es el que da el crecimiento” (1ª Cor. 3:6). Actualmente formamos grupos alrededor de los hombres que tienen un mensaje prominente, y por esta causa se han dividido muchas congregaciones, pero esta actitud está en contra de la Palabra de Dios.

            -DIVISIÓN POR DENOMINACIONES: Hay personas que al ser miembros de tal o cual organización, exclaman: “Nosotros sí somos de Cristo“, y hacen proselitismo o divisiones, ya no por amor, sino por contienda, competencia o ambiciones humanas. También en Corinto había un grupo que tenía su propia secta. Estos no eran discípulos de Pablo, ni de Apolos, pues decían ser de Cristo: Y yo de Cristo” y eran los peores, pues no se sujetaban a nadie, y menospreciaban a los otros, produciéndose el sectarismo de los independientes. En un estudio anterior, vimos que había muchos templos o sectores con grupos de creyentes en una localidad; pero el templo o sector que tengamos, no debe ser causa de división. Es cierto que en una ciudad hay muchas “congregaciones” con muchos nombres denominacionales o jurídicos, pero esto es solamente un medio histórico y un orden legal que nada tiene que ver con el  plan divino. Aceptamos el hecho de que las denominaciones son el producto de un proceso circunstancial y que se ha hecho necesario, y hasta cierto punto saludable, pues hay opciones de buscar un rebaño edificante, principalmente cuando alguien quiere abusar de la autoridad espiritual, al ejercer un gobierno hegemónico. Pero no podemos justificar las actitudes sectaristas que muchos evangélicos tienen, al defender y poner a su grupo o denominación como la mejor, única y exclusiva. 

            -DIVISIÓN POR COSTUMBRES Y RUDIMENTOS: En la Palabra se encuentran muchas pruebas que prohíben la división por  desacuerdo en cosas pequeñas “que no son fundamentales“. Nosotros tratamos de dividir el cristianismo partiendo de cosas que deberían quedar eclipsadas por el AMOR. Sin embargo aparecen  estas “cosillas” que llamaremos “rudimentos” como más importantes que el MISMO AMOR, que, según la Biblia sobrepuja todo entendimiento (Efesios 3:19). Algunos ocasionan división por cosas que llaman doctrinas, pero solamente son rudimentos (Hebreos 6:1-2). Por ejemplo; la división entre los que comen carne y los que comen legumbres. Los que guardar un día, que para uno es el sábado y para otros el domingo, o por el don de lenguas, ya que unos dicen que está vigente, mientras que otros afirman que pasó de moda (Rom. 14:1-7), o por el uso de un velo en la cabeza, o por ciertos ritos o ceremonias, etc. Hay otros que se dividen por costumbres como: Los que usan las manos para cantar, o rechazan éstas. Los que aceptan orar en voz alta, y los que afirman que todo tiene que ser en silencio, etc. Los que enseñan que hay que danzar y los que se oponen a las danzas. Los que no permiten el uso de instrumentos y los que tienen una orquesta en la iglesia, montando a veces más que un culto, un espectáculo…etc. Todos estos problemas de división nacen como consecuencia de nuestras niñerías. Dice la Palabra que los que tales cosas hacen SON NIÑOS Y CARNALES” (1ª Cor. 3:2-5). Existen otros que, usando énfasis teológicos, causan sensacionalismo con ciertas verdades parciales que explotan más allá de lo lógico, llegando a hacer de éstas una doctrina, (cuando tan sólo son parte de una doctrina) con la cual atraen, condenan y dividen iglesias establecidas, manipulando la verdad de Dios e imponiéndola como “dogma de fe”.  Un Ejemplo de esto lo vemos en las corrientes que hoy se proliferan como la teología de la prosperidad, de la liberación, del reino, de la guerra espiritual etc. Pero podemos vivir juntos, aunque tengamos diferentes criterios en esas cosas pequeñas de la vida cristiana. Un ejemplo de la diferencia de opiniones sin división está en el caso de dos apóstoles: Pedro y Pablo. El primero partidario del legalismo y la circuncisión, el segundo de la gracia y la incircuncisión. Una vez ambos se disgustaron y se enfrentaron cara a cara por cuestión de la circuncisión. El asunto tomó tanta fuerza, que uno reprendió al otro fuertemente (Gálatas 2:11-21), más este enfrentamiento no produjo división, sino unidad en el cuerpo, pues el amor permitía los choques, sin que la chispa causara el incendio de la división.

            -DIVISIONES POR NIVELES SOCIALES: Muchas veces al ir al culto las personas se fijan en la “gente” que allí se congreguen; como visten, que nivel social tienen y donde está ubicada la congregación. Hacen diferencia entre templos para pobres y templos para ricos. A veces se ve la separación en una misma congregación, y algunos dicen: “Dios me ha dado ministerio para los ricos“, y otros: “Yo soy predicador de los pobres“, etc.       Siendo íntegro a la verdad, la posición social no pinta nada en Cristo. Tales actitudes son contrarias a todo orden y principio bíblico, y atenta contra la igualdad establecida en la iglesia primitiva, siendo una de las más vergonzosas divisiones dentro de la iglesia en nuestros tiempos. Muchos van a las reuniones para presumir peinados y ropas ostentosas, y criticar a los que carecen de esto, corrompiendo el evangelio con las modas y corrientes de este siglo.  Nuestra forma de actuar en el mundo debe reflejar la realidad del deseo divino en nuestras vidas. “Dios no hace acepción de personas” (Hch. 10:34, Rom. 2:11, Gál.2:6, Ef. 6:9, Col. 3:25), y si Él, que es soberano y poderoso, no lo hace, ¿quiénes somos nosotros para hacer separación entre ricos y pobres?

En 2ª Corintios 8:13-15, encontramos que la iglesia primitiva era una comunidad compuesta por esclavos y amos, de pobres y ricos, judíos y gentiles. A los pobres no les faltaba nada, porque los ricos, o los que tenían más re-cursos, suplían con su abundancia la escasez de éstos, y este principio se llama IGUALDAD. Jesús predicó y vivió con los pobres y desposeídos, pero no les dio la espalda a los ricos y pudientes como Zaqueo. Se ha tratado de hacer una “teología de clases“, y hemos tomado la Palabra para defender posiciones sociales y políticas, pero esto ha hecho mucho daño al evangelio, pues la iglesia no está llamada a tomar partido, ni a alinearse con determinadas corrientes políticas o económicas, ya que Cristo es para todos los que en él creen. La condición social no debe ser causa de división en la iglesia, porque de ser así, reflejaría la falta de amor y desacreditaríamos la verdad central del evangelio.

            -DIVISIONES POR NACIONALIDADES: En ningún lugar menciona la Biblia una iglesia con una determinada identidad nacionalista, como por ejemplo, “la iglesia griega de Corintio“, ni la “iglesia gentil de Antioquía, o la Iglesia Judía de Jerusalén, etc.“, como si la Iglesia estuviese dividida por naciones. La Palabra nos enseña que para Dios “no hay griego ni judío, circuncisión o incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el TODO, Y EN TODO” (Colosenses 3:11). Si estoy en un país que no es el mío, pero tiene mi lengua y costumbres, debo unirme a la iglesia de los hermanos de tal país, porque “no hay base para hacer iglesias por patriotismo, ya que en Cristo tenemos otra ciudadanía mayor a la humana, y otras costumbres mejores que las de este mundo” (Filipenses 3:20). Es triste pensar que muchas veces existen iglesias de nacionalidades: La iglesia de los españoles, de los guatemaltecos, de los cubanos, etc., y esto ocurre en un mismo país. Sin embargo, a veces, y por causas de idioma y cultura, aparecen en países extranjeros, grupos migratorios que forman iglesias con identidad aparentemente nacionalista, como la iglesia de los chinos, de los coreanos, de los ingleses, de los nórdicos, etc., pero que en sí, actúan como medio de evangelismo para alcanzar a sus compatriotas en países extranjeros, y para mantener su identidad cultural y lingüística. En tales casos debemos aceptarlo, pues habían grupos judíos en otros países gentiles que formaban congregaciones en la época bíblica, pero no debían excluir a los gentiles del culto. De igual forma puede haber iglesias hispanas en Estados Unidos o Europa que no rechacen a los del país que deseen compartir con ellos, aunque se expresan en su lengua materna y sostienen sus costumbres de expresión musical. Estas iglesias no son divisiones, sino expresiones culturales en otros pueblos que cuidan su patrimonio. Este tipo de congregaciones lógica-mente existen, y no podemos condenar tal hecho, siempre y cuando no se encierren en sí mismas y mantengan una actitud de convivencia con otros grupos étnicos diferentes, a los cuales reciban si ellos así lo desean. Aparte de la excepción expuesta, no hay base bíblica para que cada nacionalidad edifique su iglesia aislada del resto. Esto es falta de unidad de un pueblo que debe ser uno entre toda tribu y lengua, y al cual Cristo viene a buscar (Apocalipsis 5:9). Para concluir, si la Biblia no acepta la división por nación, menos aceptaría la división por asuntos raciales. Esto es tan absurdo bajo la mente de Cristo, que no vale la pena ni tratarlo, pues “todos somos iguales ante los ojos de Dios“, y el racismo es un atentado contra la doctrina cristiana del amor, y se catalogaría como un “crimen de odio”. Es necesario proclamar la igualdad, de no hacer distinción entre ricos y pobres, sabios e ignorante, negros o blancos y formar una sola familia unidad en el Espíritu de Amor que nos da la nueva criatura. Si un hermano rico, poderoso, sabio o artista famoso se convierte, debe ser tratado igual que se hace con un pobre, humilde o campesino. Ambos tienen que seguir la misma regla, la misma formación y el mismo trato dentro de la vida de la Iglesia, pues no hay privilegios y todo proceso de nacimiento y crecimiento espiritual tiene que seguir las mismas reglas biológicas, y no podemos aceptar el tráfico de influencias o el soborno espiritual para los que tienen poder económico hasta de comprarse un “pastor”.

 CONCLUSIÓN

            Queda clara la idea de que la separación de la iglesia es como consecuencia de geografía y posición, y no a otras cosas que distan mucho de ser realidades cristianas. Sólo y por razones geográficas, se acepta la división o separación de los creyentes ( Tito 3:10).                              

                        AMÉN

 

EPÍLOGO

  No quiero terminar este análisis, sin dejar de hacer referencia a la importancia que tienen estos principios para  tener una congregación sana y fuerte, en un mundo débil y enfermo, donde aparecen a diario herejías que ponen en peligro la salud de la iglesia. Es tiempo de proteger el fundamento apostólico, legado por los primeros cristianos. Para lograrlo debemos potenciar el pluralismo de ministerios y buscar un modelo de gobierno local que se ajuste a nuestras necesidades actuales, sin apartarse diametralmente de la verdad revelada en el N.T., para no caer en costumbres, dogmas y liturgias religiosas que hagan vano nuestro cristianismo, el cual se fundamenta mayormente en hechos y acciones reveladas con nuestra vida y ejemplo: “Siendo manifiesto que sois cartas de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tabla de piedra, sino en tablas de carne del corazón”  2 Corintios 2:3

Debemos evitar que la cantidad reste importancia a la calidad. Debemos luchar porque las estructuras creadas en la iglesia no se conviertan en opresivas, frustrando y ahogando la vida del Espíritu en el diario quehacer de la congregación. Debemos desarrollar, dentro de nuestras iglesias, todo el potencial humano para no tener que correr detrás de hombres en busca de dones o Palabras de Dios que nutra o refresque nuestras vidas. Una iglesia normal produce todo lo que en sí misma necesita. Debemos potenciar entre todos los miembros el ejercicio de todos los dones existentes, sean naturales, espirituales o ministeriales, como dice 1 Pedro 4:10-11:“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable con-forme a la Palabra de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”. Todo lo expuesto no es un conocimiento adquirido teóricamente, sino la realidad de un trabajo realizado en 30 años de ministerio. Fueron analizadas y experimentadas en las iglesias que edifiqué tanto en Honduras como en España. Desde que comencé a actuar con estos principios (1971), hasta el momento en que terminó la revisión de este libro (1998), (inicié su elaboración en el 1973 como folletos separados de enseñanza) he podido comprobar que aunque no he obtenido un resultado del 100%, como lo hubiera deseado, he podido disfrutar de una iglesia que ha crecido y ha formado todos los ministerios y obreros locales que ha requerido, sin tenerlos que importar y usar las formas clásicas de evangelismo. La multiplicación, la autoridad, el crecimiento en discipulados y la producción de obreros e iglesias ha sido tan natural, que puedo afirmar que en comparación al entorno religioso que he vivido, hemos comprobado que muchas verdades aquí expuestas han sido funcionales y han producido buenos resultados.

No puedo negar que hay muchas influencias culturales que impiden el éxito del discipulado según el modelo presentado en los evangelios. Nuestra conducta de relación personal es afectada por nuestro estilo de vida, y nuestro apegamiento al materialismo y al sistema generado por la sociedad de consumo[35], y un individualismo que invade incluso los métodos evangelísticos, así como la deshumanización que todos estos conceptos filosóficos envuelven. Hay que añadir a lo ya expresado, las desvirtuaciones que muchos conceptos bíblicos han sufrido, al perderse el sentido original (la mentalidad de la época del escritor) de las terminologías usadas en la Biblia, más la diferencia de mentalidades que existe entre la cultura occidental de la cultura oriental, en donde la vejez, sujeción, relación patrimonial y valores ancestrales envuelven un sentido profundo de comportamiento, típico de pueblos como el chino, árabe y judío.

Para nosotros vale más el tiempo que las personas. Todo lo miramos a través de un signo de valor mercantil[36]. Es más importante el producir en serie, que de forma artesanal y paulatina. No tenemos tiempo para estar juntos y hablar, porque muchas cosas se cruzan entre unos y otros; la televisión, los equipos de sonido, los teléfonos, las distracciones etc.,  afecta nuestro comportamiento a la hora de formar vidas, sea natural o espiritual. Pese a las realidades expuestas, no nos desanimemos en buscar el modelo bíblico de iglesia. Luchemos para que la conservación y formación de vida sea ejercida dentro de una paternidad espiritual correcta. Tratemos de tener una iglesia que no crezca rápido, (o engorde) sino lentamente, de forma cualitativa, para que produzca discípulos que hagan discípulos, dándole a la calidad la prioridad sobre la cantidad y tendremos una iglesia que crecerá también en número. Sólo así podremos tener un cristianismo fuerte, sano y poderoso en estos tiempos tan tormentosos y confusos.

EL SEÑOR NOS AYUDE

EN NUESTRO PROPÓSITO.

Revisión Quinta: Mayo del 1998


BIBLIOGRAFIA

  • [1]– Algunas ideas de este material está basado en un bosquejo que llegó a nuestras manos en el año 1975, y cuyo autor es desconocido. En estudios y reuniones de discipulado lo reestructuramos y ampliamos con los discípulos que formaban la célula base de la obra en Honduras. Lo incluimos dentro de este libro porque lo considero edificativo a la hora de definir la importancia de la relación en sujeción, así como algunos otros conceptos del discipulado.
  • [2] – “El Reino al Revés”  Donald B. Kraybill. Ediciones Clara Semilla, 1995.
  • [3] – Tomado del libro “Portales de Esplendor”.
  •  [4]- La palabra “INSENSATO” tiene en su raíz una connotación semejante a la de TONTO, o también necio.
  • [5] – A-TEOLÓGICA: El hecho de presentar una enseñanza como “teológica” pero sin contenido de base bíblica sólida, por lo que se expone una idea de origen filosófico  que tomando razonamientos pragmáticos establece criterios de índole eclesiástico.
  • [6] – El verdadero avivamiento debe seguir otros parámetros además del crecimiento numérico. Según Hechos 2:38-47 debe ir acompañado de: Arrepentimiento, bautismos en agua, poder del Espíritu Santo, perseverancia en la doctrina, comunión unos con otros, unanimidad en el sentir, alegría, sencillez y espíritu de servicio con todo el pueblo. Cuando estos elementos acompañen un crecimiento, entonces sí hay avivamiento.
  • [7] – Al respecto comenta Alfonso Ropero: “Tantos miembros…, tantas iglesias plantadas…, tantas salidas a predicar al extranjero….tanto vales. Estamos llenos de la <<numerolatría>>, ya denunciada por otros” Del libro “La Renovación de la Fe…” Editorial Clie, 1995, página 67.
  • [8] – Tomado del libro “Las 8 Características Básicas de una Iglesia Saludable” Editorial Clie. 1996. Páginas 100-101.
  • [9] – Idem al anterior, página 102.
  • [10] – Pablo se refiere a Onésimo como fruto de una paternidad, pues afirma “a quien engendré en mis prisiones” Filemón 10. Estableciendo el principio de la paternidad espiritual.
  • [11] -Es interesante el enfoque de Ezequiel 13:18-23 sobre los que profetizan y ofrecen al pueblo falsas esperanzas con engaño y mentiras.
  • [12] – Del libro “El Cristiano y la Mente” Dr. David Solá. Editorial Clie.1996. Página 22.
  •     [13]- En el libro “BUSCANDO EL EQUILIBRIO” Mario E. Fumero enfoca la problemática causada por los énfasis extremos en la vida de la iglesia y analiza cada uno de los mismos dentro del contexto bíblico.
  • [14]– Es importante notar que en la iglesia primitiva la asamblea era el primer día de la semana, solo para los discípulos, no asistiendo ni visitas, ni desconocidos. Era una reunión privada para la familia que  compartía el consejo de Dios por boca de los líderes y ancianos de la iglesia. (1 Corintios 14:23,27 16:2)
  • [15] – En un libro de la serie sectas y herejías comento más esta problemática relacionada con la adoración.
  • [16] – Tomada del libro “Teología y Misión: perspectiva desde América Latina” por el Dr. Emilio Antonio Núñez,  publicado por Visión Mundial, 1996, página 47.
  •  [17] -Al comparar la oposición de algunos “hermanos sin visión” a la obra de Dios podríamos afirmar que tienen el “espíritu de Sambalat” que de un espíritu de oposición a lo que es justo y recto.
  • [18] – “Historia del Cristianismo”  Tomo Justo L. González, Editorial Unlit, 1994.
  • [19] – “Historia Eclesiástica”  Eusebio de Cesarea, Editorial Clie, Barcelona,1988.
  • [20] -Recomendamos “Azusa Street” Frank Bartleman. Editorial Peniel.1996. Buenos Aires, Argentina.
  • [21] – “Teología Básica”  Charles C. Ryrie, Editorial Unilit, 1993. Página 451.
  • [22] -En Cuba las circunstancias históricas han hecho a la iglesia funcionar en hogares, existiendo un tremendo crecimiento a través de lo que denominan “casas-cultos”.
  • [23] -“Jesus and his Church” R. Newton Flew. New York, 1938.
  • [24] – “Cuando la Iglesia Perdió la Sencillez” Mario E. Fumero. Producciones Peniel Honduras. 1996,  capítulo 6.
  • [25] – “El judeo-cristianismo palestino en el siglo Y”  Dr. César Vidal Manzanares. Editorial Trotta,  España, 1995.
  • [26] – Nombre dado en Cuba a este tipo de estructura.
  • [27] – “Teologia y Misión: Perspectiva desde América Latina” Emilio A. Núñez. Publicado por Visión Mundial, Costa Rica, 1996. Página 66-67.
  • [28] – Idem al anterior página 69.
  • [29]– “Cuando el Cristianismo Era Nuevo”  David W. Bercot. Publicaciones Scroll, Texas, página 132.
  • [30] – En el 1967 viví en una zona del Bronx, N.Y. llena de problemática delincuencial por el problema de las drogas en barrios llenos de edificios. En el 1995 visite esa zona y había cambiado completa-mente porque demolieron los edificios y construyeron casas dúplex, resolviendo así la degradación social de esa zona al disminuir la acumulación de personas.
  • [31] -”Historia Moderna y Contemporánea”  E. Marbán. Minerva Books, Ltd. N.Y. 1979.
  • [32] – Las epístolas a los Tesalonicenses, Gálatas y Colosenses presentan un ataque frontal a las corrientes heréticas de su época.
  • [33] – Ver “En Las Raíces de la Nueva Era” de  Cesar Vidal Manzanares. Publicado por Editorial Caribe.
  • [34] – Ver el libro “¿Testigos de Jehová? Domingo Fernández. Editorial Unlit. 1997.
  • [35] – “Vivir mejor con Menos” Alicia Arrizabalaga y Daniel Wagman. Editorial Aguila, Madrid, 1997. Este libro tiene un comentario de como el consumismo afecta la vida practica de relación y conduce a problemas que afectan la vida física y emocional.
  • [36] -¿Tener o Ser?  Erich Fromm. Fondo de Cultural  Económica, España 1976.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
Esta entrada fue publicada en Discipulado, LIBROS DE MARIO FUMERO, Mario Fumero. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a LOS MINISTERIOS Y EL DISCIPULADO EN LA IGLESIA NORMAL III PARTE (LIBRO)

  1. Moises dijo:

    Gracias hermano Mario por estas enseñanzas me es de mucha bendición soy pastor de una iglesia pequeña aquí en Guatemala y estoy bien animado con la enseñanza Bendiciones, que Dios lo siga usando, mi nombre es Moises

  2. elias aguayo silva dijo:

    gracias por apoyar con este tema es de grande bendicion para nuestro ministerio amen

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