(XLIX): EL REGRESO A LA MECA (II): EL PACTO CON LOS CORAISHÍES

Dr. César Vidal Manzanares.

Aunque se produjo alguna discusión protocolaria previa – Suhayl b. Amr se negó explícitamente a que Mahoma apareciera en el texto como el enviado de Al.lah porque eso le habría impedido combatirlo en el futuro – el pacto fue finalmente suscrito por un período de diez años.  En virtud del mismo, se prohibía la violencia y la rapiña; se otorgaba libertad para aliarse o unirse a Mahoma; se establecía que éste devolvería a los coraishíes que se le unieran sin autorización de su valí, pero que si, por el contrario, alguno de los partidarios de Mahoma se sumaba a los coraishíes, éstos no estarían obligados a devolverlo; y se establecía que ese año Mahoma no podría entrar en la Meca, pero que, al siguiente, sí tendría esa posibilidad, por el plazo de tres días y llevando las armas del peregrino. 

Como ya hemos señalado, no pocos de los seguidores de Mahoma consideraron el acuerdo una derrota, pero lo cierto es que los beneficios que otorgaba no eran escasos y, en el futuro, Mahoma sabría sacar un partido extraordinario de ellos.  De momento, tal y como exigía el ritual, ordenó que se inmolaran en el campamento los sacrificios propiciatorios, se cortó el cabello y emprendió el regreso a Yatrib.  Durante el viaje, anunció que había recibido una nueva revelación, la contenida en la sura 48, llamada La Victoria:

  Al.lah ha quedado satisfecho de los creyentes cuando te han jurado fidelidad al pie del árbol. Él sabía lo que sus corazones encerraban e hizo descender sobre ellos el sosiego, prometiéndoles, como recompensa, una victoria cercana

y mucho botín, del que se apoderarán. Al.lah es poderoso, sabio.

Al.lah os ha prometido mucho botín, del que os apoderaréis. Os ha anticipado éste y ha retirado de vosotros las manos de la gente, a fin de que sea signo para los creyentes y para dirigiros por una vía recta.

Y otro cuyo logro no está en vuestras manos pero sí en las de Al.lah. Al.lah es omnipotente[2].

Si los infieles hubieran combatido contra vosotros, habrían vuelto la espalda. Luego, no habrían encontrado amigo ni auxiliar.

Tal es la práctica de Al.lah, que ya había sucedido antes. Y encontrarás la práctica de Alá sin alteraciones.

(48: 18-23) 

Es obvio que la revelación anunciada por Mahoma constituía una legitimación en toda regla de sus acciones, pero, de manera bien reveladora, en Yatrib, se encontró con que sus seguidores tampoco recibían con agrado el pacto suscrito con los coraishíes.  Supo acallar las críticas recurriendo a una aplicación peculiar del tratado y a una campaña contra los judíos de Jaybar.   Lo primero quedó de manifiesto en relación con el caso de una mujer llamada Umm Kultum bint Uqba b. Muayt que huyó de la Meca y pidió asilo a Mahoma.  Según los términos del pacto, Mahoma tenía que habérselo negado, pero lo cierto es que decidió concedérselo señalando que el acuerdo estaba referido a hombres, pero no a mujeres.  Mahoma legitimó su peculiar interpretación anunciando una nueva revelación:

 ¡Creyentes! Cuando vengan a vosotros las mujeres creyentes que hayan emigrado, ¡examinadlas! Al.lah conoce bien su creencia.  Si comprobáis que de verdad son creyentes, no las devolváis a los infieles.  No son lícitas para ellos ni ellos lo son para ellas. ¡Reembolsadles lo que hayan gastado! No tenéis nada que reprocharos si os casáis con ellas, con tal que les hagáis entrega de su dote. Pero no retengáis a las infieles. Pedid lo que hayáis gastado, y que ellos también pidan lo que hayan gastado. Ésa es la decisión de Al.lah. Él decide entre vosotros. Al.lah es omnisciente, sabio.

(60: 10/19)

      Aquella decisión unilateral no agradó a los coraishíes que no veían por qué tenían que aceptar la introducción de unas compensaciones económicas que no se habían pactado.  Sin embargo, Mahoma no se movió un ápice de lo que había decidido ordenando llevar una contabilidad concreta de estos casos y disponiendo por añadidura que aquellos de sus seguidores que siguieran casados con idólatras las repudiaran y contrajeran matrimonio con creyentes.   Sí fue más conforme a lo pactado el cumplimiento de las extradiciones.  Sin embargo, los hombres que eran devueltos abandonaban Yatrib sin escolta y armados con lo que no tardaban en convertirse en partidas que se entregaban a asaltar las caravanas de la Meca.  Cuando los coraishíes protestaban por el perjuicio que les causaban aquellos episodios, la respuesta de Mahoma era que semejantes robos no tenían lugar en su territorio y que, por lo tanto, no eran responsabilidad suya.  De esa manera, poco a poco, lo que había sido contemplado como un éxito de los coraishíes se fue convirtiendo, gracias a esas reinterpretaciones del pacto, en un triunfo para Mahoma. 

CONTINUARÁ


[2]  La tradición musulmana ha interpretado esta aleya como una referencia a las futuras conquistas del Islam.

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