COMO EL PAPEL ARRUGADO

Mario E. Fumero

          Si hay algo difícil de domar en nuestras vidas es el carácter. Este se compone de dos elementos básicos, el temperamento y el ego (yo). Aunque ambos se forjan a través de la educación, hay situaciones en que su unidad producen actitudes negativas, como por ejemplo, el niño que tiene un “yo” fuerte más un temperamento colérico-sanguíneo y que además fue consentido por sus padres, se vuelve prepotente.

          Cuando los temperamentos son fuertes (colérico-sanguíneo) y el individuo tiende a tener un “YO” exaltado por lo que la problemática de tal persona se hace difícil. Esa persona confrontará  problemas de relaciones personales. Uno de ellos es el resentimiento y el carácter explosivo, con el cual dañará a mucho que forman  parte de su entorno. Es ahí cuando debemos aprender la lección de los daños que causamos, cuando arrastrados por estas actitudes, ofendemos o afectamos a otras personas. Para comprender mejor esto, he aquí una ilustración muy interesante que nos ofrece mucho material para reflexionar, y aprender una lección.

          “Esta es la historia de un niño que tenía un carácter impulsivo. Cuando se encendía en cólera, ofendía y provocaba a los demás, hiriéndoles con palabras. La mayoría de las veces, después de estos incidentes, se sentía avergonzado por lo dicho y hecho, y se esforzaba por consolar a  aquellos que había dañado, tratando de reparar lo hecho, sin pedir perdón.

Un día mientras estaba en clase tuvo un arranque de explosión contra un compañero, desencadenando su ira. El  maestro lo observo, y acercándosele, lo tomó de la mano lo llevó a un salón contiguo, y sentándolo en un pupitre, le entregó una hoja de papel lisa y le dijo <¡Estrújalo!>. El niño asombrado obedeció a su maestro, e hizo con el papel una bolita, arrugándolo. Después el maestro mirándolo fijamente le dijo: <Ahora déjalo como estaba antes>. Por  supuesto que el niño no pudo dejarlo como estaba, por más que trató de que el papel quedara sin pliegues y arrugas, le fue imposible lograrlo, pues tenía las huellas del estrujón. Entonces el maestro tomando el papel le replicó: <El corazón de las personas es como este papel, una vez herido por las palabras ofensiva, las huellas quedaran mucho tiempo. La impresión que en ellos dejas, será tan difícil de borrar, como esas arrugas y esos pliegues  en el papel.>

El niño se quedó asombrado, y aprendió  a ser más comprensivo y paciente, midiendo sus reacciones y  palabras. Cuando sientas ganas de estallar, recuerda ese papel arrugado. La impresión que dejamos en los demás será imposible borrarla fácilmente, máxime cuando lastimamos con nuestras reacciones o palabras a las personas que amamos. Muchas veces cuando queremos enmendar esos errores, ya es tarde. Alguien dijo alguna vez que “Hay que habla con palabras que sean tan suaves como el silencio”. Cuando nuestro carácter impulsivo no es controlado, y actuamos sin pensarlo, arrojamos en la cara del otros palabras llenas de odio o rencor, y luego, cuando pensamos en ello, nos arrepentimos, pero ya no podemos dar marcha atrás, el daño está hecho, y no podemos borrar lo que quedó grabado en el corazón del otro.

Muchas personas dicen: “Aunque le duela, le voy a decir la verdad, pero, porque  la verdad siempre duele”. A nadie le gusta escuchar la verdad, pero debemos aprender a decirle de forma edificativa lo correcto pero como dice la Palabra: “siguiendo la verdad con amor” (Efe 4:15). Si expresamos algo que sabemos que al decirlo va a doler, o lastimar, detente, y piensa como decirlo. Imagínate por un instante cómo podríamos sentirnos nosotros si alguien nos hablará o actuará así, posiblemente nuestra actitud seria diferente.

Muchas personas dicen que debemos ser frontales y sinceros, y de esa forma  justifican las palabras hirientes que lastimar. Algunos afirman <Se lo diré, al fin y al cabo para qué le voy a mentir, yo siempre digo la verdad aunque duela> Qué distinto sería todo, si pensáramos antes de actuar. Debemos medir la forma de decir las cosas porque las palabras impulsivas e hirientes no edifican.

Pensemos antes de hablar y actuar. Midamos nuestras palabras, y si alguna vez hay que decir la verdad, hagámoslo con amor, para que el que nos escuche no sea destruido, sino edificado. Recuerda la historia del papel arrugado, y piensa bien aquellas palabras de Jesús que dijo que “ De toda palabra ociosa tendríamos que dar cuenta a Dios”, y sazonemos nuestras palabras con gracia, amor y misericordia, porque solo así trasmitiremos palabras que edifiquen.

mariofumero@hotmail.com

http://www.contralaapostasia.com

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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