LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DEL APÓSTOL PABLO, EN CLAVE DE SALVACIÓN (3)

Ángel Bea

Imagen de Zulmauri Saavedra en Unsplash

Para poder entender la declaración del apóstol Pablo hemos de conocer algo del contexto político y social de la sociedad grecorromana.

(I). En esta tercera parte consideraremos la segunda declaración relacionada con la esclavitud: “Ya no hay esclavo ni libre”.

Al respecto de lo relacionado con el hecho de la esclavitud y la enseñanza apostólica, de cómo debían afrontar los creyentes esa realidad, recuerdo que siendo yo un joven creyente a último de los años 60 del siglo pasado, algunos de mis amigos comunistas, me decían: “La Biblia no puede ser la palabra de Dios. Porque si lo fuera, los apóstoles no hubieran dado esas enseñanzas a los esclavos para que se sometieran a sus amos… Si Dios es justo y bueno, debió poner las cosas en su debido lugar, al menos denunciando la esclavitud”. La verdad es que yo no sabía que decir. Yo sabía que la Biblia era (¡y es!) la palabra de Dios, pero no tenía una respuesta clara para dar a mis amigos comunistas. Les decía que el cristianismo, en base a sus principios de amor y justicia, finalmente y mediante su influencia, acabaría con la esclavitud; pero de momento, era lo que había y “tenían que soportar esa condición, como buenos cristianos”. Luego, recuerdo haber leído que en la Unión Soviética y en la China comunista, aprovechaban esos pasajes (entre otros) para prohibir la Biblia y su lectura, acusándola de ser “un libro capitalista e imperialista”.

EL CONTEXTO SOCIAL Y POLÍTICO

Entonces, para poder entender la declaración del apóstol Pablo hemos de conocer algo del contexto político y social de la sociedad grecorromana. El hecho de la esclavitud era algo normal en aquella sociedad y no presentaba ningún problema para la mentalidad de la época. Era normal, porque el concepto de “persona” y la dignidad, así como los derechos inherentes a ella eran inexistentes y nada que ver con la idea que nosotros tenemos en nuestro tiempo:

“La esclavitud estaba profundamente entretejida en la fibra económica del Imperio romano; sin ella los romanos no podrían haber logrado el dominio político de la región mediterránea, ni hubieran sido posibles sus celebrados logros arquitectónicos, cívicos, literarios y filosóficos. (…) Al mismo tiempo, la esclavitud era inevitablemente deshumanizante y opresiva: los esclavos, y no solo su trabajo, eran propiedad de sus amos. Aunque eran «almas humanas», se compraban y se vendían como bronce, hierro, mármol o canela. No tenían derechos legales y podían ser engendrados, violados, castigados o asesinados a capricho de sus amos. La institución era tan brutal que podía haber sobrevivido sólo por el uso sistemático del temor y la violencia. Pablo piensa que el evangelio transforma esta relación social de modo que el esclavo y el amo son hermanos «amados, tanto en la carne como en el Señor» (Filemón, 16) (…) Una redefinición así de radical de la relación entre amo y esclavo elimina la brutalidad y los aspectos deshumanizantes de la esclavitud romana, y con estos aspectos quitados, la eliminación de la institución, por lo menos en círculos cristianos, espera sólo que la consistente aplicación de la visión social radical de Pablo sea completa (Las cursivas son mías)

Entonces, las autoridades romanas veían como una amenaza cualquier idea contraria a lo que era un sistema social regido por una religión estatal y unos códigos sociales inamovibles. Ir en contra de todo lo establecido implicaba tener que pagar un precio muy alto, por lo que se podía entender como rebelión o sedición contra el mismo estado. Sobre todo, comenzando por la negación de que el Emperador era “el Señor” (“él kyrios”). Pero para los cristianos no había otro Kyrios que el Señor Jesucristo. Así que el Estado romano no ahorraría el castigo ejemplar correspondiente para los que se atrevieran a ir contra el mismo, en todas sus formas representadas en la sociedad. Ese temor se puede apreciar tanto en la esfera política como en la social, y era aprovechado por los enemigos del Evangelio para levantar oposición y persecución, primero contra Cristo y luego contra sus seguidores.ii

Al respecto de esto mismo, conviene tener en cuenta esta otra cita:

“El supremo interés del gobierno romano era el progreso y la prosperidad del Estado, la religión era solo uno de los factores empleados para tal fin. Si alguna religión dejaba de servir a ese propósito, el Emperador se mostraba indiferente hacia ella; porque una religión que apareciese desfavorable a esta finalidad precipitaba sobre ella la ira imperial y se consideraba digna de exterminio”iii

La doble respuesta de los apóstoles al hecho de la esclavitud

Entonces cuando examinamos las instrucciones apostólicas sobre el tema de la esclavitud, observamos una doble respuesta:

1.- EN PRIMER LUGAR, EL SOMETIMIENTO A LAS AUTORIDADES. Al considerar la respuesta de los apóstoles al hecho de la esclavitud, ellos se guardaron mucho de alzar su voz contra lo que estaba establecido por las autoridades romanas. Ellos hablaron contra los pecados de carácter moral y espiritual, pero no contra ese gran pecado social que era la esclavitud, que privaba de libertad y de derechos a millones de seres humanos usados más como “herramientas”, que como personas. Los apóstoles conocían el libro de Génesis y cómo Dios había creado al hombre y a la mujer. Aun el mismo Pablo, teniendo en mente esa realidad había predicado, diciendo: “de una sangre ha hecho (Dios) todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre la faz de la tierra…” (Hch.17.26) Entonces, ¿por qué una falta de denuncia de ese gran pecado, aunque el que lo cometiera fuera el mismo estado romano? ¿Por qué una denuncia clara y flagrante contra todos los demás pecados, y de forma especial contra la idolatría, al punto de estar dispuestos a perder la vida en varias ocasiones, iv y sin embargo, no hacerlo contra la esclavitud?

Creemos que la razón principal para no denunciar la esclavitud estaba en que los apóstoles creían que el reconocimiento y la obediencia a las autoridades era una cuestión no discutible, y que estaba muy por encima del asunto de la esclavitud. Para Pablo y los apóstoles, las autoridades habían sido puestas por Dios. (Ver, Ro. 13.1-5 y, 1P.2.13-19) Así que el apóstol Pablo consideraba cualquier denuncia y/u oposición, como oponerse a Dios mismo: “De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos v (…) pues no en vano lleva la espada, ya que es servidor de Dios para castigar al que hace lo malo” (Ro.13.1-5). Y eso, aunque “el malo” fuera el que tratara de denunciar la esclavitud con la idea de conseguir “un gobierno más justo”.

Entonces, para los apóstoles los gobiernos humanos, incluido el romano, estaban por disposición divina que había que respetar y obedecer “con temor y temblor… como a Cristo” (Ef.6.5-7; Col.4.22-23)vi Orden establecido en el cual se podía ser esclavo, pero a la vez disfrutar de la libertad en Cristo que estaba muy por encima de aquella condición (1ªCo.7.20-22). Y dentro de ese reconocimiento habia una gran ventaja para aquellos esclavos cuyos amos eran creyentes. En tal caso, ambos debían reconocerse “como hermanos amados… en el Señor”. (Filemón, 15-16). Aunque es verdad que el apóstol Pablo aboga porque el esclavo creyente podía obstar por conseguir la libertad, si le fuera posible. Pero eso no estaba al alcance de la gran mayoría de los esclavos. (1ªCo.7.21)

Con todo el precedente expuesto sobre el reconociento de la autoridades y la obediencia consecuente a ellas, se haría muy difícil que en siglos posteriores la esclavitud desapareciera aún en los pueblos considerados “cristianos”vii. Pero ¿Qué pasó con esa idea anotada al principio, que supuestamente estaba en la mente de Pablo y que ha sido apoyada por muchos autores cristianos, de que… “la eliminación de la institución (esclavista) por lo menos en círculos cristianos, espera sólo que la consistente aplicación de la visión social radical de Pablo sea completa”? Esa idea era tan atractiva como relativa, vista la experiencia de los siglos y lo que tardó la esclavitud en ser irradicada de forma definitiva, de aquellas naciones llamadas “cristianas”. ¿Quién iba a interpretar y aplicar de forma diferente esas enseñanzas apostólicas? Entonces, la sociedad optó por la opción del Nuevo Testamento que se suponía “temporal” y que, como también apuntaba el autor de la primera cita mencionada más arriba, “la relación entre amo y esclavo elimina la brutalidad y los aspectos deshumanizantes de la esclavitud romana” dulcificando la relación entre los amos y los esclavos creyentes. Pero la institución esclavista duró por siglos. viii

2.- EN SEGUNDO LUGAR, LA PREOCUPACIÓN POR UN BUEN TESTIMONIO DE VIDA. El otro aspecto de la doble respuesta tenía que ver con la vida y el testimonio de los esclavos. El esclavo creyente tenía el deber de reconocer y respetar a su amo, fuese o no creyente, obedeciéndole puntualmente en todo, “como al Señor” (Ef.6.7); “de corazón sincero, temiendo a Dios” (Col.4.22); “incluso a los que son difíciles de soportar” (1ªP.2.18). Y sobre todo si los amos eran creyentes, “sirviéndoles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de vuestro buen servicio.” (1Ti.6.1-2). Así se esperaba de los esclavos creyentes que a través de su buen comportamiento y fidelidad adornaran “la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito.2.9-10) y, de alguna manera se evitaría un choque frontal contra el Estado romano evitando su “ira”.

Pero el respaldo del apóstol Pablo para estas instrucciones y el comportamiento consecuente de los creyentes, fuesen esclavos o amos, era la obra redentora/liberadora de Dios, en Cristo Jesús, tal y cómo él lo expuso en Tito, 2.11-15. Esa misma “salvación/liberación” que debió operar eficazmente en la abolición de la esclavitud mucho antes de que fuera abolida, fue aplicada para justificar la esclavitud y la sumisión de los esclavos a los amos, por siglos; incluso en las naciones llamadas “cristianas” y admitida en gran parte del llamado pueblo de Dios. Así, interpretando el concepto de “salvación” de forma restringida, de cara a la eternidad, se negaron los efectos salvíficos y transformadores en la sociedad y, consecuentemente también se negaron sus derechos más fundamentales a millones de personas, por siglos.

Conclusión

Al llegar a este punto, nos preguntamos ¿A qué conclusión práctica nos lleva todo lo expuesto? ¿Cuál o cuáles son las leciones prácticas para hoy, dado que la esclavitud no existe en nuestro contexto occidental?

Sin duda, son varias las lecciones que aprendemos sobre todo lo considerado.

En primer lugar, si bien creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, no toda esa palabra es de aplicación para todos los tiempos. Eso lo vemos con las instrucciones que los apóstoles dieron en su contexto, en relación con la esclavitud. Hoy día no solo no tienen valor para nosotros, sino que serían inadmisibles, desde todo punto de vista. Sin embargo, muchos teólogos y pastores en vez de mirar a “cómo fue hecho al principio” (que dijo Jesús) así como el alcance de la obra redentora/liberadora de Cristo y actuar en consecuencia, se conformaron a las condiciones sociales existentes de su tiempo, aprobando, confirmando y prolongando ideas y estructuras de injusticia, como la de la esclavitud, limitando el alcance de la declaración universal del apóstol Pablo, en lo relacionado con la salvación aquí y ahora.

Tal proceder prolongó la esclavitud hasta bien entrado el siglo XIX y una vez abolida, dejó la marca del racismo como seña de identidad de aquellos pueblos que la practicaron hasta el día de hoy. En relación a esto, es “interesante” que los Bautistas del Sur de EEUU eligieron por primera vez en su denominación un presidente de raza negra, ¡hace solo algunos años! ix Y como ejemplo de aquella miserable interpretación de la declaración universal del apóstol Pablo, también cuento que conocemos a un matrimonio que cuando se hicieron novios, dos misioneros de la denominación mencionada, se personaron en casa de los padres del novio para decirle que “no es conveniente que sigan adelante con el noviazgo, dado que no esta bien que las razas se mezclen”. Al final no les hicieron caso y los novios se casaron y formaron una familia preciosa de “medio morenos”. Pero cuando les pregunté qué argumentos teológicos daban para tal comportamiento racista, ellos señalaron, Hechos 17.26, interpretando que “Dios mismo había trazado las fronteras de las naciones y que no convenía mezclar las razas”. Ante esa “interpretación” del texto bíblico… Uno no sabe… O quizás sí.

En segundo lugar, no siempre ha sido fácil hacer la exégesis y la aplicación correcta de un texto bíblico. Sobre todo cuando hay textos que parecen contradecir a aquel o aquellos. Y eso a pesar de aplicar todos los principios hermenéuticos de interpretación bíblica. Aunque nos lo parezca, los elementos culturales de los autores bíblicos y los nuestros propios, están siempre presentes condicionando nuestra propia interpretación bíblica. Y sobre todo en relación con la aplicación, como fue el caso de la esclavitud. Faltaría mucho espacio para poner ejemplos sobre hombres de Dios que defendieron las leyes esclavistas y llegaron a tener esclavos, mientras que otros hombres de Dios, en el mismo tiempo y contexto condenaron lo que aquellos defendían, y lucharon contra esa diabólica institución, sufriendo –en muchos casos- la oposición y aun el desprecio de sus contemporáneos.x

En tercer lugar, la historia nos ayuda a interpretar las Sagradas Escrituras. Ese es un factor a tener en cuenta. Es muy fácil hablar ahora cuando no vivimos en contextos culturales en los cuales vivieron otros hombres de Dios y cómo dichos contextos les condicionaron a la hora de interpretar el texto bíblico, como sin duda, a nosotros también nos hubieran condicionado. En muchos casos el intérprete se ha aferrado, más que a las verdades esenciales de la Palabra de Dios, a elementos temporales y secundarios, aceptándolos como esenciales, perpetuando un valor que solo era temporal. En tales casos, solo el paso del tiempo (¡la Historia!) nos hace entender, cuán equivocados estuvieron nuestros antepasados en la interpretación de algunos textos bíblicos y en su su aplicación.

Esa realidad expuesta debería hacernos más humildes para aprender de los errores del pasado, sometidos a la guía del Espíritu Santo, echando mano de todas las herramientas que tenemos hoy día a la mano y confiando en que el Señor nos guiará a la mejor interpretación y aplicación bíblica. Porque, cabría la posibilidad de que creyendo que ya hemos llegado a tener la mejor y definitiva interpretación del texto bíblico, quizás estemos cometiendo los mismos errores que otros cometieron en el pasado y al igual que ellos, sin darnos cuenta.

(Continuaremos en la próxima entrega)

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Notas

i Thielman Frank. (Teología del Nuevo Testamento, 2006; Pg.322)

ii Ver las citas Sgtes: J.18.47-50; 19.12-15; Hch.16.19-22; 17.5-9; 18-12-16; 19.40; 24.5, etc.

iii Dana H. E. C. B. de Publicaciones, 1987. P.174

iv Hch.14.8-19; 19.23-34 con 1ªCo.15.32; 2Co.1.8-10.

«>v Sin embargo, los apóstoles tenían claro que la prohibición de predicar el Evangelio, jamás la desobedecerían, tal y cómo dijeron Pedro y Juan ante tal prohibición, aunque las autoridades fueran las religiosas (Hch.4.20)

vi Lo mismo dirá Pablo en relación con la mujer respecto del marido, dado que el matrimonio y la familia era algo que también se regía por los códigos sociales que imperaban en la sociedad greco-romana. Aunque Pablo le da otra orientación diferente, sin romper con el liderazgo del marido -el pater familias- (Ef.5.22; Col.3.18)

vii Ese reconocimiento y respeto por la autoridad del rey, se ve en la película titulada Amazing Grace, que trata el tema de la esclavitud y la lucha a favor de la abolición de la misma, por parte del parlamentario Williams Willberforce. Llega un momento en el cual, su amigo, el primer ministro se enfrenta a él y le dice que si su lucha en contra de las leyes de la esclavitud le llega a enfrentar contra el Rey de Inglaterra, “me tendrás en frente”.

viii La película basada en la novela titulada, “La Cabaña del tío Tom” ofrece una visión de eso que decimos más arriba, y en la cual los amos y los esclavos se presentan una relación “maravillosa” en la que todos están “contentos” y satisfechos con sus “distintas” posiciones sociales. Sin embargo, por ese mismo tiempo otros creyentes lo percibieron de otra manera, se atrevieron a desafiar la gran inusticia que era la esclavitud y por lo cual las leyes sobre los esclavos fueron abolidas.

ix Cuando leí esta noticia no sabía si reír o llorar.

x El maravilloso ejemplo de Williams Willberforce es digno de consideración. Él, siendo político y parlamentario trabajó por espacio de casi 40 años luchando contra la esclavitud y a favor de que se aboliera en Inglaterra y sus colonias; lo cual, en efecto se llevó a cabo aunque a él le costó, entre otras cosas, su propia salud física. No se podría decir lo mismo de otros pastores y creyentes que, teniendo y leyendo la misma Biblia, estaban a favor de dichas leyes esclavistas, por tener una visión antropológica más que deficiente.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL – Palabra y vida – La declaración universal del apóstol Pablo, en clave de salvación (3)

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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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