DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL – EL CONCEPTO DE OFRENDAR Y DIEZMAR

Mario E. Fumero

          Uno de los principios bíblicos existente a todo lo largo de la Biblia es la expresión de gratitud, al darle a Dios las primicias, los diezmos y las ofrendas. Esto no ocurre como una imposición, sino como una expresión de gratitud hacia el creador, por todos los beneficios que nos ha otorgado.

EL PRINCIPIO DE DAR EN EL A.T.

          El dar tiene su origen en el libro de Génesis. La primera expresión de gratitud a Dios, mediante una ofrenda, la encontramos en Caín y Abel.  Abel de su ganado le daba a Dios lo mejor, mientras que Caín al parecer le daba a Dios lo peor e insignificante de su cosecha, razón por la cual, Dios se agradó más del sacrificio de Abel que el de su hermano Caín, el cual impregnado de cólera y envidia se ensaño con Abel y lo mató (Génesis 4:3-5).

          Después encontramos la primera manifestación de gratitud mediante los diezmos, cuando Melquisedec, sacerdote y rey de Salem es honrado por Abraham. Cuenta la Biblia que después de una victoria, salió Abraham a recibirlo, y le ofreció Pan y vino, y en muestra de gratitud, le dio el diezmo de lo conquistado (Génesis 14:16-21)[1]. Después, al tener Jacob una revelación en sueño en Bethel, edificó un altar y pactó con Dios prometiéndole que, si lo bendecía y le guardaba, y le diera pan y ropa, él como señal le prometía a Dios “darle el diezmo de todo lo que le proporcionara” (Génesis 28:22). Así que en estos textos encontramos que el diezmo no era una ley impositiva, sino una expresión de gratitud al Señor. Aquellos que dicen que el diezmo pertenece a la ley, están completamente equivocados, lo que hizo la ley de Moisés es legalizar a algo que ya era costumbre y práctica a través de más de 1,000 años en la historia del pueblo hebreo hasta recibir el pentateuco.

EL DIEZMO Y LA LEY

          La discusión que muchos tienen en torno al diezmo y las ofrendas es que pertenece a la ley, porque algunos pastores o líderes lo imponen más como un impuesto o carga, que como una expresión de agradecimiento a Dios por lo que nos da. Para ello usan el texto de Malaquías, cuando habla de robarle a Dios los diezmos y las ofrendas (Malaquías 3:8), pero dicho texto lo sacan del contexto, porque se está refiriendo al abuso y corrupción del pueblo y sus líderes religiosos (los sacerdotes) que no daban lo correcto según la ley y usaban estos recursos para otro fin diferente a lo que originalmente debería de ser.

          ¿Cuál era el fin de los diezmos y las ofrendas en el Antiguo Testamento? Satisfacer las necesidades de la tribu de Levi para que se dedicaran al sacerdocio, y no se inmiscuyeran en otros asuntos (Número 18:21, 24, 18:25-29), cubrir las demandas del templo del tabernáculo, y también con ello ayudaban a los necesitados, pero en ningún momento se usaron estos recursos para privilegiar a una élite que vivía ostentosamente, algo que ocurrió, y por lo cual el profeta Jeremías condenó radicalmente tal acción cuando expuso la corrupción ministerial del sacerdocio en el servicio a Dios, olvidando la causa del necesitado (Jeremía 5:28) y lo cual también fue ratificado por Jesús en sus reproches a los religiosos de su época (Mateo 23:23).

EL DIEZMO EN EL N.T.

          En el N.T. Jesús menciona el diezmo pocas veces (Lucas 18:12, Mateo 23:23, y en la Iglesia de los hechos no se menciona el diezmo porque los conversos al recibir a Cristo lo daban todo, comenzando con sus vidas, y después entregaban todos los bienes (Hechos 2:45 1 Juan 3:17) para servir a los más necesitados, y ayudar a las viudas y huérfanos (Hechos 4:34, 2 Corintios 8:14). Este hecho de compartir los recursos de la comunidad con los más necesitado originó ciertos problemas, ya que algunos convertidos aprovechándose de la dadivosidad y amor de los hermanos, vivían de casa en casa sin hacer nada, no trabajando con sus manos, y entonces Pablo reprende tal conducta de algunos en Tesalónica y escribió una epístola muy fuerte en donde ordenó que dejarán de vivir desordenadamente, y que trabajarán, y aquel que no trabajará, que no comiera (2 Tesalonicenses 2:6-14) recomendando que se cuidaran de los tales hermanos.

          El trabajar con las manos era un deber (Efesios 4:28) aun de los que predicaban la Palabra. El mismo apóstol se puso como ejemplo cuando escribió (1 Corintios 4:12 y 1 Tesalonicenses 2:9 al afirmar que no fue gravoso a ningún hermano, sino que sus manos le sirvieron, y trabajó en ciertas circunstancias haciendo tiendas de campaña (Hechos 18:1-3).

EL PELIGRO DE LOS NEGOCIOS DE ESTE SIGLO

          ¿Puede la iglesia, o los líderes religiosos, intervenir en los negocios de este siglo? En el ministerio somos separados por Dios para predicar la Palabra y servir a la comunidad. Si fuera necesario trabajar con nuestras manos para apoyar la obra, dignificaríamos el ministerio, pero intervenir en los negocios de este siglo está completamente prohibido (2 Timoteo 2:4), máxime cuando al hacerlo tenemos que unirnos con los incrédulos (2 Corintios 6:14).

          De igual forma, la iglesia no debe mercantilizarse, o emprender alguna labor que tenga fines mercantilistas, ni inmiscuirse en los negocios o política de este siglo, a fin de ser fiel a los postulados de Jesucristo, porque no podemos servir a dos Señores (Lucas 16:13) y aunque estamos en el mundo, no somos del mundo, y debemos marcar la diferencia (Juan 15:19) lo cual nos causará el ser aborrecidos, porque no seremos participes de las obras de las tinieblas (Efesios 5:11). Tristemente muchas iglesias se involucran en negocios mercantiles, y sus líderes a través de la Iglesia establecen negocios bajo cierta protección de exoneración de impuestos, o se involucran en invertir en bienes y raíces, o instalando colegios privados, y hacen mercancía de la fe, vendiendo inclusive unciones y bendiciones especiales. Algunos hasta usan los dones espirituales, principalmente el de sanidad, para ponerle precio a lo que Dios hace.

          Debemos aclarar que toda obra social y filantrópica tiene un costo material, el cual debería ser asumido por la iglesia, o buscar apoyo de otras instituciones para realizar una labor en beneficio de los necesitados y marginados, esto sería como hacernos amigos de las riquezas injustas, para ejecutar la obra del Señor (Lucas 16:9)[2]. Los programas de ayudar a los necesitados tienen que ser manejados por gente comprometida con Jesucristo, que no se van a aprovechar de dicha labor para mercadear con el dolor humano. Es cierto que el obrero de Dios es digno de su salario (1 Timoteo 5:18), pero la esencia del servicio no debe estar en lo que recibimos, sino en aquello que nos demanda el Señor. El amor a Dios y al prójimo nos puede llevar más allá de la lógica mercantil (1 Juan 3:18), como dijo una vez Jesús, que sí te dicen que vayas una milla, ve con el dos (Mateo 5:41), por lo cual yo entiendo que debemos dar más de lo que se nos pide, si en realidad lo que hacemos es el producto del amor de Dios en nuestros corazones.

DISCERNÍR EL PELIGRO DE LA AMBICIÓN

          Hoy más que nunca necesitamos poder discernir la ambición dentro de las iglesias, y principalmente en aquellos que tienen ministerio, porque lo peor que le puede pasar al rebaño es tener un lobo vestido de oveja pastoreándolos.

Hay un gran peligro al no poder detectar el deseo de poder y el mal uso de las riquezas entre los líderes de las iglesias, pero en la Biblia tenemos todas las herramientas para descubrir dentro de una congregación estos malos obreros. Solamente un ciego pudiera ignorar las enseñanzas bíblicas para no caer en el juego de aquellas congregaciones que siguen en el camino de la iglesia en Laodicea, lo cual está bien descrito en Apocalipsis 3:14-17 que dice » Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo». 


NOTAS

[1] – Melquisedec. cuyo nombre significa “rey de justicia,” fue un rey de Salem (Jerusalén) y sacerdote del Dios Altísimo (Génesis 14:18-20Salmos 110:4Hebreos 5:6-116:20-7:28) es una manifestación de Jesucristo en el A.T. y se desconoce tanto su origen como el lugar mencionado “Salem” del cual se desprende quizás el nombre de Jerusalén. Se le describe como eterno pues dice la Biblia que era sumo sacerdote cuando no existía el sacerdocio levítico (Hebreos 5:10) y rey y sacerdote del Dios Altísimo (Hebreo 7:1) y se presente como sin madre ni genealogía (descendiente), sin principio ni fin, semejante al Hijo de Dios (Hebreos 7:2-4).

[2] – El sentido de este texto nos lleva a considerar recibir ayuda de los mundanos para ayudar a los necesitados, siempre y cuando esa ayuda no proceda de algo deshonesto. Tenemos el ejemplo de Nehemías, que fue ayudado por un rey pagano para edificar los muros de Jerusalén.

Acerca de unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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