Alejandro Peláez
La buena noticia es que Dios no abandona a los suyos. Incluso cuando un soldado está atrapado, el Capitán de la salvación extiende su mano: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” —1 Juan 1:9
El llamado sigue vivo porque el Dios que llama **no se arrepiente de haber llamado**. “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.” —Romanos 11:29 Muchos ministros hoy escuchan una voz en su interior: “Vuelve.” El Señor no descarta a sus soldados; los restaura. Esta palabra no solo advierte, sino que da esperanza: “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.” (2 Timoteo 2:4, RVR60)
Si alguien se enredó, también puede desenredarse. Y si Cristo llamó una vez, Cristo vuelve a llamar. La Biblia nos muestra la anatomía espiritual del llamado de Jesús, un llamado que rompe redes, corta amarres, y confronta al que está aferrado a aquello que lo domina. Este capítulo explora cómo Jesús sigue liberando hoy de la misma manera en que llamó a Sus discípulos cuando caminó por las calles de Galilea diciéndoles que “dejen todo” y les sigan, El y sus mandatos siendo el primero en sus vidas. Ya no más mayordomos infieles de los bienes sin reconocer que el dueño de todo es El. Pero la restauración comienza con un acto de guerra: romper la red. Romperla duele. Romperla implica renunciar a lo que dio seguridad. Romperla implica volver a un estilo de vida que depende de Dios más que de los cálculos personales.
Es después de la ruptura que viene la libertad para volver a servir. Volver a agradar al que nos llamó, la Escritura dice que el soldado no se enreda para “agradar al que lo tomó por soldado”. Ese es el centro del capítulo y de la vida cristiana: agradar a Cristo. Volver a Él es volver al orden espiritual correcto:
-Cristo primero,
-su obra primero,
-su voluntad primero,
-su voz primero.
“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.—Mateo 6:33 Los primeros discípulos no estaban en pecado; estaban trabajando. Pero aun lo legítimo puede convertirse en un impedimento para el Reino.
El soldado que vuelve a poner el reino primero ve cómo Dios se ocupa de lo demás. Lo que antes era una carga, ahora es descanso. Lo que antes era lucha interna, ahora es paz. Lo que antes era confusión, ahora es dirección.
Hay un clamor del Espíritu en este tiempo: “¡Despierten los soldados que han sido atrapados!”. Este capítulo es una trompeta de guerra. No para acusar, sino para **despertar, liberar y restaurar** al ministro que alguna vez ardió por Cristo, pero hoy se encuentra atrapado. “Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.” (Mateo 4:18–20, RVR60). Observe la palabra: “al instante”. El llamado de Cristo no es un llamado para “más adelante”, “cuando pueda”, o “cuando me organice”. Es una interrupción divina que exige movimiento inmediato.


