EL RECUERDO DE UN GRAN SIERVO “YIYE ÁVILA”

Mario E. Fumero

Entre mis gratas experiencias de la Juventud, recuerdo que al viajar a Puerto Rico para estudiar la palabra de Dios y durante mis dos años en el Instituto Bíblico Mizpa , tuve el privilegio de conocer y vivir en la casa de Yiye Ávila en Camuy. en aquel entonces era profesor de escuela superior y recién se había convertido a Jesucristo, además tenía un salón de gimnasio en donde él mismo se entrenaba, pues llegó a ser míster Puerto Rico.

Estaba enamorado plenamente de Jesús y decía y deseaba servirles de todo corazón. Asistía a la iglesia de Dios pentecostal de esa ciudad, y el poco tiempo que conviví cerca de él sentí que su entrega al señor era tan grande que Dios le iba levantar como lo hizo posteriormente como un gran evangelista tanto en Puerto Rico como en otras muchas naciones.

Hoy llegó a mi hermano 1 de los escritos que él había hecho en ese tiempo y quiero transcribirse a ustedes tal como él mismo lo dejó, para que veamos en él las maravillas que Dios puede hacer con todo aquel que se rinde a él de forma incondicional.

Puedo afirmar que Yiye Ávila lo tenía todo, pero cuando encontró a Jesucristo, halló el tesoro más grande del mundo, por lo tanto, trascribo se relató:

“Yo lo tenía todo, fuerza, aplausos, reconocimiento. Mi cuerpo era acero, mi nombre sonaba fuerte, y el futuro parecía mío. Hasta que un día, sin aviso, el dolor llegó.  Mis manos dejaron de obedecerme. Mi cuerpo, ese que entrené por años, comenzó a traicionarme y los médicos fueron claros: “Esto no se revierte. Aquí termina tu carrera.” Y ahí, en el silencio más pesado de mi vida, entendí algo que nunca había querido aceptar: el éxito no me podía sostener.

Una noche, vencido, tomé una Biblia que llevaba tiempo cerrada, no recé bonito, ni tuve

palabras elegantes, solo lloré… y clamé: “Señor, ten misericordia de mí.” No escuché una promesa fácil ni escuché una salida rápida. Escuché algo que me desarmó por dentro: “Todavía no.” No era el final, tan solo era el comienzo. Dejé las pesas y abrí la Palabra. No buscando sanidad… sino sentido. No buscando alivio… sino verdad. Y un día, mientras escuchaba el mensaje del Evangelio, algo ardió en mi pecho. Caí de rodillas. No como último recurso, sino como una rendición total.

Le entregué todo a Cristo, ahí, en ese lugar donde ya no tenía nada que ofrecer, Dios lo hizo todo, mi cuerpo fue restaurado, pero vlo más importante aún: mi alma fue transformada. Ya no vivía para mi nombre, sino vivía para el Suyo. Hoy mi campo no es un gimnasio, es el mundo, plazas, cárceles, estadios, naciones, no para levantar trofeos, sino para levantar vidas. Aprendí que la fama se apaga, pero el llamado permanece.

Si Dios pudo levantarme a mí, también puede hacerlo contigo, cuando Él dice “levántate”, no es solo para sanar…es para enviarte.

– Yiye Ávila.

Avatar de Desconocido

About unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
Esta entrada fue publicada en Articulo, Mario Fumero, Yiye Ávila. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.