LOS CONSEJEROS DEL REY

Mario E. Fumero

En la Biblia se relatan dos consejeros que ocuparon puestos muy importantes en distintos períodos del Antiguo Testamento. El primero de ellos fue José, hijo de Jacob, llevado cautivo a Egipto. Gracias a su capacidad para interpretar sueños, pudo descifrar uno del faraón, lo que le condujo a ocupar un puesto de preeminencia dentro de su reinado. Esto sirvió para prever el gran desastre que se avecinaba: una hambruna que, después de siete años de abundancia, azotaría aquella región. Claro está que, como consecuencia de su posición, tuvo que enfrentar grandes conflictos con aquellos que le tenían celos y trataron de destruirlo. El relato se encuentra en los últimos capítulos del libro de Génesis.

El segundo consejero de honor de un rey fue Daniel, llevado cautivo a Babilonia junto con su pueblo. Él también pudo interpretar un sueño del rey, por lo que fue constituido en un alto funcionario de su reino, dentro del cual llegó a ser un instrumento para revelar el futuro, no solamente de Babilonia, sino también de la humanidad.

Casi todos los gobernantes del mundo, empezando por nuestros presidentes, tienen a su lado consejeros, quienes supuestamente deben tener una visión clara de la realidad del pueblo, para dar directrices al gobernante, a fin de que no cometa errores en sus decisiones. Pero ¿cuáles deben ser las características de un consejero de un rey o de un gobernante? Indudablemente, debe ser una persona sin intereses personales, que no actúe movida por la ambición, ni se venda fácilmente al mejor postor; que sea alguien dispuesto a decir lo que muchas veces la gente no quiere escuchar. Pero, tristemente, los consejeros modernos, no tienen una visión clara de la realidad externa, porque viven influidos por intereses internos.

En la consejería, no todo lo bueno es positivo, ni todo lo malo es negativo. Esto parece contradictorio, pero a veces hay consejos negativos al principio que, si se acatan, pueden producir efectos positivos en el futuro; así también, hay consejos positivos en el presente que, con el tiempo, pueden pasar factura de forma negativa. ¿Y cómo es esto posible? Pongamos un ejemplo: al tomar el control de un gobierno, alguien puede encontrarse con un área caótica, y el consejero considerar que debe “tomar el toro por los cuernos”, ignorando que, si el toro es muy fuerte, puede salir lastimado. El consejero sabio, no recomendaría medidas inmediatas; más bien, en vez de tomar el toro por los cuernos, aconsejaría tomarse el tiempo necesario para domarlo primero y, una vez dominado, llevarlo a donde se quiere.

En un país tan caótico como Honduras, aplicar consejos radicales a situaciones profundamente enraizadas no daría una solución apropiada, aunque en apariencia parezcan medidas correctas y legales. La lógica salomónica establece que no se puede extirpar un mal arraigado con medidas extremas.

Jesucristo dio una estrategia de consejería efectiva cuando estableció dos principios básicos para enfrentar problemas agudos. El primero: analizar la estrategia del enemigo, medir sus fuerzas y evaluar la propia capacidad de control. Si se percibe la posibilidad de fracasar en el intento de ordenar lo desordenado, lo más prudente sería buscar la paz y establecer una pauta lenta, pero precisa, para modificar aquello que por la fuerza no se podría cambiar, sino más bien empeorar. Ese principio puede verse en dos relatos en Lucas 14:28-33.

          Un gobernante prudente, por sí solo no puede discernir ni resolver todos los problemas de un país, si no cuenta con el apoyo de asesores, los cuales sean sus ojos y oídos en medio del pueblo, capaces de ayudarle a discernir y orientarlo sobre la forma correcta de actuar.

Si los consejeros se venden, adaptan su mensaje a soluciones falsas, o no profundizan en las realidades existentes, conducirán al gobernante al fracaso y, tristemente, llevarán al país a la desgracia. Los consejeros no están para agradar a los intereses dominantes, sino para buscar soluciones a las realidades existentes dentro del entorno en el cual les ha tocado vivir. ¿Tendrán nuestros gobernantes asesores o consejeros de este calibre? DiceProverbios 11:14 «Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; más en la multitud de consejeros hay seguridad.»

marioeduardofumero@gmail.com

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