LOS PELIGROS DE UN AVIVAMIENTO

Mario E. Fumero

(Tomado del libro «Buscando el Equilibrio)

          Nuestro siglo XX comenzó con un maravilloso redescubrimiento del Espíritu Santo, el cual dio origen al movimiento Pentecostal. Surgieron alternativamente muchos abusos, excesos y distorsiones que dieron orígenes a movimientos sectarios, y escándalos, que detuvieron por mucho tiempo el quehacer de Dios en la renovación de la Iglesia. Este análisis no menoscaba la realidad de la obra del Espíritu en sus manifestaciones, sino, que expone los abusos que en nombre del Espíritu se cometen, y la condición de libertinaje espiritual que viven muchas congregaciones, las cuales no han podido fundamentarse en la doctrina bíblica y de los Apóstoles, por lo que son presas de todo tipo de ideas extravagantes, que no se ajustan al fundamento de la Palabra.

          Si Dios nos ha dejado un Antiguo Testamento, con la historia del pueblo israelita, incluyendo sus errores, fracasos y virtudes, es porque tenemos en sus ejemplos valores que nos ayudan a comprender las realidades que ayudan a comprender el peligro que puede afrontar la Iglesia si reincide en los mismos hechos, pues la historia se repite.

La realidad de Israel tiene muchas similitudes con la de la iglesia. Por eso vemos como Dios formó su pueblo escogido (Israel), dentro de otro pueblo pagano e idólatra como era Egipto. De la misma forma, Jesús levantó y formó una iglesia poderosa dentro de un sistema corrupto y pagano como era el Romano.  Los israelitas no tenían libertad dentro del sistema egipcio para adorar a Dios, su fe residía en los hogares, hasta donde llegó la persecución y el odio del Faraón, matando así a los hijos varones para frenar su crecimiento, y esclavizándoles cruelmente.

LA HISTORIA SE REPITE

          La iglesia, a su vez, no tuvo, en su origen, loca-les ni centros para la predicación, funcionó en los hogares, bajo las crueles persecuciones que duraron más de 200 años. En la historia israelita encontramos el hecho de que mientras carecían de todo y vivían oprimidos, en un marco adverso, crecían en fe y confianza en Dios, pero una vez establecidos como nación, prosperados, se olvidaban de Él, imitando a los otros reinos vecinos, cayendo así en la idolatría y rebeldía, por lo que el Señor los castigaba entregándoles al cautiverio en otras naciones.

          También la iglesia, mientras fue perseguida y oprimida, creció en poder y pureza, haciéndose victoriosa en los circos romanos, donde morían dando testimonio de su fe en Jesús como Señor. Pero una vez que ésta se hizo legal y protegida por el Emperador Constantino, (edicto de Tolerancia 313 D.C.) comenzó a pervertirse, envolviéndose de poderío y doctrinas humanas que la condujeron al error del Catolicismo Romano.

La historia demuestra que la prosperidad material conduce a los pueblos a la destrucción. De igual manera, la iglesia, al prosperar, se apartaba de la verdad, cayendo en el materialismo de los sistemas dominantes.

          Los judíos salieron con poder y señales de Egipto hacia una tierra prometida, que no conocían, llevando consigo las normas bajo las cuales deberían vivir, las que le fueron dadas a Moisés en el monte Sinaí. Pero ¿Cuál fue la actitud del pueblo cuando obtuvieron lo que nunca tuvieron?  Empezaron a mirar lo que los otros pueblos paganos tenían y quisieron imitarlos hasta el grado que le dijeron a Samuel:

«Ya no queremos más Jueces, sino que deseamos Reyes como los que los demás pueblos tienen» (1ª Samuel 8:5).

          Reyes pidieron, y Reyes tuvieron, pero ¿qué ocurrió? Su posterior estado fue peor que el primero. Es cierto que prosperaron, tuvieron reinados gloriosos, como el de David y Salomón, (éste último alcanzó tanta fama que se extendió su poderío por todo el mundo conocido en aquel entonces). Sin embargo, ¿Qué ocurrió cuando el pueblo prosperó y edificó templo o casa a Jehová, y lograron lo que deseaban? Tanto el Rey Salomón, como su pueblo, se apartaron de la voluntad de Dios. La prosperidad les tapó los ojos para que no entendieran su condición. A cada paso encontramos el fracaso del pueblo. Sea con el rey que fuera, el problema era el mismo. Cuando prosperaban daban la espalda a Dios:» Y volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehovah y sirvieron a los Baales,» (Jueces 10:6) Sufriendo los juicios divinos, (Jueces 10:10) y una vez obtenida la ayuda de Dios, repetían la misma historia (ver Jueces 13:1,). Por eso se afirma que la historia siempre se repite.

¿PORQUE NACEN LOS PROFETAS?

          He aquí el origen histórico del ministerio profético. Los PROFETAS[1] aparecen en escena para resolver una necesidad, advertir al pueblo y a sus líderes de sus pecados y faltas a la Palabra dada por Dios. Ellos revelaban los errores, peligros, juicios y la mundanalidad que se introducía dentro del pueblo escogido. Los profetas eran odiados, tanto por los reyes, como por los líderes religiosos, pues venían siempre a condenarles y sentenciarles a juicios. Eran la voz de Dios en medio de una nación dura de cerviz, que pese a lo que vio y experimentó, eran persuadidos por los ardides del diablo a la idolatría y rebeldía. Los profetas no hablaban por sí mismos, ni aprobaban el mal existente; eran atalayas, luces en las tinieblas, voceros del juicio divino para su pueblo extraviado, pero no desechado. El mensaje de ellos no complacía el deseo o capricho de los dirigentes, no ocultaban lo malo llamándole bueno, no podían ser sobornados, tenían la dura y triste tarea de proclamar la verdad de Dios en medio de la mentira y el engaño del diablo.

          Los profetas sufrieron por decir la verdad. Jeremías experimentó en carne propia la ira de su pueblo cuando le anunció al rey el juicio de Dios por su pecado. Fue perseguido y encarcelado. El pueblo no podía entender su propia condición, estaban ciegos, aunque llevaban la ley de Moisés y las crónicas de los reyes, (Jeremías 20:2, cap. 25).

El mensaje profético no complacía el deseo del «poder dominante», porque ellos no se comprometían con las estructuras, por eso sufrían (1 Reyes 22). Decían una verdad que nadie quería oír, por eso Jesús habló de ellos expresando que «fueron enviados a su pueblo, pero los apedrearon y mataron» (Mateo. 23:37) ¿Por qué?, porque predicaban lo que a la mayoría no le gustaba oír cuando andaban mal. ¿Cómo es siempre el fin de la desobediencia? Cautiverio, esclavitud, dolor, lágrimas, persecución, juicios, etc. Fue por esa razón que, después de la muerte de Cristo,[2] los judíos fueron destruidos como nación, y Jerusalén asolada por Tito en el año 70 D.C. siendo esparcidos por un período de dos siglos entre las naciones, en las cuales sufrieron también crueles persecuciones. Y todo por desobedecer LA PALABRA DE DIOS, rechazando al Mesías.

          Ésta es la misma condición de la iglesia hoy. Dios ha levantado ministerios para que guíen a su pueblo a la verdad. Nosotros tenemos que formar un pueblo basado en la «DOCTRINA DE LOS APÓSTOLES» y no podemos poner otro fundamento que el que ha sido puesto por ellos (Hechos 2:42,1 Corintios 8:10-13). Encontramos que, entre los ministerios de la Iglesia, Dios ha puesto PROFETAS,[3] no al estilo del Antiguo Testamento, pero sí bajo la misma perspectiva que aquellos. Estos profetas en la iglesia son los que, tomando la Palabra trazada, reciben luz para advertir los peligros de su época, y conservar así la doctrina apostólica, dando dirección a los líderes. Este ministerio, que tanto necesitamos actualmente, es el atalaya que mantiene a la iglesia sana en medio de tanto influjo de fuerzas mundanas que quieren entrar y dominar. Es el complemento para dar a los pastores consejo en los momentos difíciles del crecimiento del cuerpo.

LOS PROFETAS DE LA IGLESIA

          ¿Cuál es la condición actual de la Iglesia? Estamos en la época de más prosperidad en la historia del cristianismo. A donde quiera que vaya escucho hablar de crecimiento, iglesias de miles, super evangelistas, super-iglesias etc. Estamos viviendo la misma experiencia de Israel en su época de mayor prosperidad. Por otro lado, y desde una perspectiva social, el mundo con sus ofertas nos envuelve hasta el punto en que la vida se hace artificial, aún dentro de la congregación, dejando poco a poco la sencillez y poder del ESPÍRITU para buscar la grandeza y opulencia de las filosofías de este siglo, imitando los medios del marketing.

          No estoy en contra del progreso, ya que el mismo nos abre caminos para una más rápida realización de nuestra misión evangelizadora. No condeno la tecnología en el uso de la proclamación del evangelio, pero creo que debemos abrirnos ante el hecho de que el diablo nos puede absorber con tantas cosas externas que lleguemos a depender más de ellas, que del Espíritu, descuidando lo interno y esencial, para hacernos esclavos de lo externo y artificial, cayendo en un «cristianismo mediocre y sin vida», por lo que buscamos crecer, y ser “poderosos” como congregación, convirtiéndonos como afirma Alfonso Ropero en “parásitos infecciosos, quienes sólo tienen visión para el engrandecimiento de su iglesia local, no teniendo visión de la iglesia (universal), por lo que favorecen el personalismo más extremo y ahogan toda libertad de pensamiento y todo atisbo de reflexión crítica, bajo la terrible y siempre presente amenazas de expulsión”[4]. por lo que caemos en una intolerancia religiosa en donde no existe la crítica constructiva.

          He visto el panorama actual de las iglesias renovadas o pentecostales en los Estados Unidos y Escandinavia y estoy asustado. Pensaba que la apostasía y la mundanalidad de la cual habla la Biblia (2 Tesalonicenses 2:1-3,1 Timoteo. 4:1-3) sería la característica de las iglesias ecuménicas o modernistas, las cuales formarían, junto a la gran ramera, la alianza mundial de la super-iglesia apóstata que establecería una doctrina contraria a la verdad Bíblica. Jamás pensé que alguna iglesia pentecostal, que llena del Espíritu Santo y de sana doctrina, cayesen en errores, herejías o apostasías, dejándose seducir por espíritus mentirosos que en los postreros tiempos vendrían a engañar aún a los escogidos. Jamás me imaginé que la pureza de una iglesia que pecaba por ser tan conservadora llegará a perder muchos de estos valores, y cayese de formas externas en imitar al mundo, el cual la envuelve para desviarla de su objetivo, hasta llevarla a errores y doctrinas extrañas. Por esa razón es que DOY MI GRITO DE ALERTA, para que aquellos que todavía tengan oídos para oír, oigan lo que el Espíritu dice a su iglesia en los últimos tiempos (Apocalipsis. 2:3-7). No hablo por revelación, ni sueños, sino por deducción, pues la Palabra revela muchas cosas. Ella me hace comprender que hay cristianos y líderes que viven confundidos y ciegos, aunque están llenos de conocimientos y diplomas teológicos.

          El diablo sabe obrar muy bien, con razón «se disfraza como ángel de luz.”(2 Corintios 11:14), y conoce la sensibilidad de los pentecostales y el peligro de una iglesia que, al entrar a la dimensión del Espíritu, se convierte en un agente poderoso para la evangelización. Sabe que atacarlos de fuera, o unirlos al ecumenismo es imposible, y como él posee la cualidad de la astucia, ha buscado otras tácticas más sutiles para que sin que le descubran, logre su fin de confusión y apostasía.

          La primera arma que el diablo esgrime contra los pentecostales es la «división». Él dio origen al concepto que ha sido usado siempre por los hijos de las tinieblas y que reza así: «divide y triunfarás «. El enemigo no sólo dividió y subdividió a los grupos de avivamientos en concilios, misiones, grupos independientes etc., sino que ha iniciado la otra parte de su plan; infiltrar sutilmente dentro de estas iglesias divididas, doctrinas idolátricas y humanas, bendiciones artificiales y carnales, conceptos entremezclados con la «nueva era»[5] y supersticiones espiritualistas etc. Pero ¿cómo lo hace? Hemos perdido tanto la realidad del poder del Espíritu, que sólo nos quedan las lenguas, pero no hay profundidad. Estamos tan lejos de entender y tener los demás dones espirituales que no podemos distinguir a un demonio, de un creyente que parece un «santo hermano». Así que no se asuste cuando descubra cómo, sin darnos cuenta, el diablo se ha colado dentro de nuestras iglesias.

LA REALIDAD ACTUAL DE LA IGLESIA

          Últimamente se ha desatado una ola de sensacionalismo evangelístico, y como consecuencia están apareciendo cosas raras dentro de esos grupos que están en proceso de avivamiento y que les hacen más propensos al error que a las iglesias más tradicionales. El problema estriba en la falta de sujeción entre los miembros, y la de exaltación entre grupos, que más que amar y servir, tratan de competir y buscar los medios para sobresalir sobre las demás, a base de «énfasis radicales». Al no haber un orden en el cuerpo, ni unidad entre los pastores, concilios y misiones, se produce el desorden de los que, no sujetándose, ni a doctrina, ni a iglesia, ni a concilio, afirman que son guiados por el «Espíritu» para ministrarles las cosas que, según ellos, «el Señor les revela», usando la Biblia para ratificar que: «No tienen necesidad de que alguien les enseñe«(1 Juan 2:27) y caen en la “anarquía del Espíritu”. La raíz de tantos charlatanes, que de la noche a la mañana ostentan credenciales y títulos de «reverendos» sin haber crecido dentro de una congregación, ni tener un ministerio ratificado por ésta, radica en que no hay unidad, amor, sujeción a ministerios o estructura, tanto de índole espiritual como institucional, por lo cual no existen vínculos de una autoridad entre los ministerios del cuerpo que puedan frenar estas anomalías. Se une a este punto el hecho de la falta de una vida profunda en el Espíritu, acompañada de una ignorancia completa sobre la función del cuerpo bajo la sujeción apostólica.

          Estos «predicadores insujetos», carecen de formación sólida, y como es lógico, cuando un hijo no tiene familia, ni educación, cae en extravagancia y abusos. Lo mismo ocurre con aquellos que sin doctrina, salen a predicar el evangelio, y lentamente lo pervertirán, porque no tienen quién les guíe y corrija. No todos los evangelistas o predicadores son iguales, hay siervos de Dios que oran y viven la palabra. En la actualidad vemos que «hay de todo en la viña del Señor«, por lo tanto, al no tener una correcta formación y un conocimiento profundo de la Palabra, combinado con una vida guiada por el Espíritu, no podemos descubrir fácilmente cuáles son lobos y cuáles ovejas, porque ambos cargan credenciales y títulos. Es por ello, que me limitaré a enfocar aquellas cosas que no estén de acuerdo con la ENSEÑANZA DE LOS APÓSTOLES.


[1] – El profeta era elegido por Dios para proclamar un mensaje de exhortación y advertencia frente al pecado del pueblo. Moisés fue el más grande de los profetas (Deuteronomio 34:10) pero el periodo de los profetas comienza con Samuel y estos funcionaron hasta Malaquías, el último del A.T.

[2]-Además de lo aquí expuesto, se tenían que cumplir las profecías de Ezequiel 37 y Mateo 23:37-39.

[3]–  «Y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros… (Efesios 4:11)

[4] – Del libro “La Renovación en la unidad de la Iglesia” de Alfonso Ropero. Clie, Terrassa, España 1995, página 60, 61.

[5]-La «NUEVA ERA» es un movimiento que persigue fines políticos, económicos y religiosos por lo que es más una influencia, que una religión. Entre sus expresiones, escritos y enseñanzas figuran las oraciones en forma de «mantra», la espera y búsqueda de mesías, la creencia en profetas, y la práctica de fenómenos extrasensoriales con lo cual se hacen milagros y prodigios. Usan la meditación, las fuerzas magnéticas y cósmicas, el yoga, los conceptos de la mente o pensamiento positivo, la hipnosis, la psicología transpersonal, los viajes astrales y sueños de relajación, las sugestiones y otros sortilegios del mundo de la adivinación.

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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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