Mario E. Fumero
El apóstol Pablo exclama en Gálatas 2:16:21: “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.1No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo”.
Esta expresión contradice totalmente la proclama de los mesiánicos que quieren hacer volver a la ley a aquellos que han conocido la gracia. No podemos obviar algunos principios bíblicos del A.T., pero tampoco nos podemos hacer esclavos de todo lo que fue sombra de lo que abría de venir.
LOS SIMBOLISMOS BÍBLICOS: En el A.T. encontramos tres realidades que deben ser consideradas por los cristianos gentiles, y aun aquellos que sean judíos prosélitos[1]. Si tuviera que clasificar el contenido de la ley, las describiría como la:
Ley ceremonial
Ley moral
Ley civil
Cada una de ellas tiene un fin, y no todas están vigentes. La ley ceremonial está representada por las fiestas, el tabernáculo con todos sus objetos, las leyes de los sacrificios y las vestimentas sacerdotales, así como la del pueblo al orar. Estas eran realidades tipológicas (simbolismo) de lo que sería el sacrificio perfecto, realizado por Jesús en la cruz del Calvario (Heb. 10:12) una sola vez y para siembre. Era la sombra de lo que habría de venir, así lo declara Hebreos 9:9: “Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto”.
Comenzaremos por el Tabernáculo, el cual representaba todo el panorama de la expiación y la obra redentora de Jesús. De ello afirma B.R. Hicks: “El Tabernáculo es un cuadro del Hijo de Dios en quien están ocultos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento contenido en las Sagradas Escrituras. Toda la Biblia es una bella revelación del Señor Jesucristo”[2] . En el libro citado se expone toda la tipología del Tabernáculo y su cumplimiento en Jesús, por lo tanto, sería absurdo revivir estas costumbres cuando Jesús cumplió en sí mismo todo lo aquí representado.
EL CUBRIRSE PARA ORAR: Muchos mesiánicos gentiles han tomado tan a pecho el deseo de identificarse con sus supuestas raíces judías[3] (si es que la tuvieron) que están tratando de imponer en las congregaciones evangélicas símbolos, ritos, prácticas y vestimentas relacionadas con el culto judío.
Se da el caso de que “cristianos gentiles” al volverse “mesiánicos” comienzan a usar la <kipa>[4]o gorrita circular, típica de las tribus hebreas, para distinguirse. En nuestros tiempos esta <kipa> es distintivo de la identidad nacional de los israelitas. ¿Por qué los judíos usan la kipa? Por tradición de los rabinos, pues no aparece en el A.T. una ordenanza al uso de tal objeto, aunque sí establece el uso del Talit (o manto) para orar.
La kipa fue imposición rabínica para simplificar el Talit. El hecho de cubrirse la cabeza es simbólico, porque con ello el hombre trata de esconder su pecado de la presencia de Dios (simboliza la separación del hombre de Dios), y un principio de conducta relacionada con el culto al Señor. Ir a la presencia de Dios con la cabeza descubierta para el judaísmo es una afrenta a Dios. Esto revela un concepto claro del pecado y la separación de Dios como fruto de este. Nadie debe orar o leer la Torá con la cabeza descubierta. El uso de la kipa no es una ordenanza imperativa, sino una costumbre adoptada por los hebreos, y tiene su origen en todas las culturas orientales, desde épocas anteriores al surgimiento del pueblo Hebreo[5].
Los árabes que practican el islamismo también se cubren la cabeza para orar en sus mezquitas. Nosotros, al contrario, no nos cubrimos para orar, porque ya no hay pecado que esconder, Jesús nos libró de la maldición de la ley y del pecado (Gál 3:13-14), a fin de ser bendecidos con la bendición de Abraham, y revelar de esta forma que hemos nacido de nuevo.
Es curioso, los judíos se cubrían la cabeza para protegerse del sol en el desierto, o para orar delante de Dios, pero al entrar a las casas se descubrían. Cuando los cristianos aparecieron, y se descubrían, aun en los cultos, los judíos se radicalizaron, y no se quitaban el manto o la kipa de la cabeza, ni aun dentro de las casas que visitaban. También los judíos, antes que aparecieran los cristianos, se arrodillaban para orar, o se postraban con el rostro en tierra, para adorar a Dios, pero una vez que los cristianos adoptaron estas costumbres en sus cultos, y posteriormente lo hicieron los musulmanes, los judíos dejaron de hacerlo de forma radical. Entonces comenzaron a balancearse como péndulo a la hora de hacer sus plegarias o leer la Torá.
Los rabinos, o sacerdotes, se cubrían la cabeza con un manto que les llegaba hasta la cintura y se llama <Talit> o túnica de la oración[6]. Si uno visita los lugares sagrados de los judíos, como, por ejemplo, el muro de las lamentaciones, o una sinagoga, deberá cubrirse la cabeza ya sea con un talit, o con una kipa, o simplemente con un sombrero o gorra. El asunto es que hay que cubrirse la cabeza, sea con lo que sea, para ir delante de la presencia de Dios.
LEY CIVIL Y COSTUMBRES JUDÍAS: Por otro lado, los judíos tenían todo un decálogo de ley civil, social y religiosa a la cual se sometían por ordenanzas divinas. Esas leyes que eran de convivencia contenían normas de higiene, de alimentación y de uso de los recursos naturales. Muchas de ellas forman parte de las normas existentes en nuestro tiempo, pero no todas permanecen iguales, por ejemplo; la dieta alimenticia y la forma de observar la cuarentena han cambiado, igual que otras normas de higiene, porque ahora no vivimos en un desierto y contamos con otros recursos de salubridad que no existieron en aquel tiempo. Antes, cuando alguien tenía una mancha en el cuerpo, iba al sacerdote, pero ahora vamos al médico (Lev 13:4). Entre las muchas costumbres judías estaban sus fiestas. La danza era una expresión cultural. Todos los pueblos tenían danzas. Así también sus ceremonias y prácticas con relación a la cocina hebrea.
LA COCINA HEBREA: Una de las áreas más rigurosas en la vida de los judíos era aquella que tenía que ver con su forma de comer y preparar los alimentos. Toda comida tiene que ser preparada de acuerdo con las normas del <Kosher>, palabra que identifica la cocina judía, y que indica «está bien» con relación a lo que se come. Estas normas se desprenden de las enseñanzas de la Torá. En Levítico 7:23-27 y Deuteronomio 14:3-21 se describen las condiciones alimenticias para su pueblo, y actualmente tienen que ser avaladas por un rabino[7].
Sus reglas son estrictas, y en algunas fiestas, como en el Pesach (o la Pascua), el pan no podía tener levadura. Tampoco podían comer animales con pezuña hundida o que rumiaran, como, por ejemplo; el cerdo, que es considerado <inmundo>. «Estos empero no comeréis de los que rumian y de los que tienen pezuña: el camello, porque rumia mas no tiene pezuña hendida, habéis de tenerlo por inmundo».
Y de forma inmediata se da la lista de los animales inmundos que son: El conejo, la liebre, el cerdo etc.; (Lv. 11:4-7) y respecto a los animales del mar, solo podían comer aquellos que tuvieran aletas y escamas (Lv. 11:9,12).
Además de las normas en relación con la carne, no se podía mezclar la carne con la leche o sus derivados (como el queso o la mantequilla) siguiendo las ordenanzas de Éxodo 23:19, 34:26 y Deuteronomio 14:21. Si usaban un plato para carne, no se podía poner en el queso, y si comían carne, debía esperar seis horas antes de tomar leche o sus derivados, pero si lo que tomaban era leche o queso, tan solo tenían que esperar dos horas para comer carne.
Conversando con un anciano judío de 85 años en Jerusalén, el cual conocía las costumbres alimenticias y las normas del <Kosher>, le pregunté: ¿De dónde sacan estas normas sobre que hay que esperar seis horas para tomar leche si se come carne, porque la Torá no dice nada? Y me contestó: «Porque el cuerpo digiere la carne en 6 horas, pero la leche en menos tiempo, y ambas cosas no se deben mezclar en el estómago, estas son normas impuestas por el Talmud».
Sobre el origen de tal norma me expuso que: «Moisés dio la pauta, pero los maestros rabinos establecieron las reglas en el Talmud, tanto esta norma, como la distancia que puede caminar un judío en sábado, están determinadas por el Talmud”.– ¿Y quién hizo el Talmud?– Pregunté; y me explicó que: «Entre los años 300 al 700 d.C. se juntaron 70 sabios rabinos y establecieron las reglas de lo que se puede y no se puede hacer. Estas reglas siguen vigentes, y no se podrán cambiar hasta que otros 70 sabios rabinos se reúnan y reconsideren las normas del Talmud, poniéndose de acuerdo».
Debemos considerar que estas normas tuvieron vigencia en un tiempo y en unas circunstancias específicas y que, aunque no es malo observarla, no podemos asociar la salvación con la acción de comer o dejar de comer, como enseña San Pablo al escribir:
“Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. No sea, pues, vituperado vuestro bien; porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” Romanos 14:15-17.
LAS FIESTAS JUDÍAS: Otro aspecto que los mesiánicos enfatizan mucho es el retornar a todas las celebraciones judías dentro de la vida de la Iglesia, por lo que promueven la fiesta de los Tabernáculos, la de la cosecha, la fiesta del «PESACH»[8] o pascua, el shabbat[9], el día de la Expiación o del «YOM KIPPUR»[10] etc.
También había dentro del pueblo judío celebraciones históricas vinculadas a sus luchas, conquistas e historia que nada tienen que ver con nosotros. Esas fiestas simbólicas fueron abolidas para la iglesia gentil una vez que el velo del templo se rasgó y la relación hombre-Dios quedó establecida por la muerte redentora de Jesús, hecho que estaba anunciado: “Haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus días de reposo,[11] y todas sus festividades” Oseas 2:11. Debemos de entender que ya no estamos bajo la ley. Nuestra fiesta es la vida eterna dada por Jesús. Quizás podamos celebrar algunas fiestas vinculadas con el acontecer del N.T. como por ejemplo la de Pentecostés, pero estas celebraciones serían más una evocación, que una acción de adoración. Para el cristiano todos los días son santos, y uno no se salva por el día o por el celebrar una liturgia, sino por vivir una vida recta conforme a la voluntad del Señor.
BUSCANDO EL EQUILIBRIO EN NUESTRA VIDA: Muchas son las tendencias en las cuales podemos quedar atrapados en nuestra búsqueda de la verdad. ¿Cuál es el camino para seguir? El más equilibrado y correcto. Si nos fundamentamos en una verdad revelada, como son las Sagradas Escrituras, no podemos aceptar las tradiciones humanas, ni tampoco dar cabida a filosofías o corrientes sincretistas. Debemos tener un fundamento claro y firme en nuestra fe sin caer en el fanatismo.
En algunos aspectos nos situamos en una posición conservadora, y en cierto sentido somos fundamentalistas. Pero hay que tener en cuenta que el fundamentalismo, sea en la religión que sea, tiene varias tendencias, por lo cual debemos tener precaución, para no caer en un fanatismo o radicalismo fundamentalista que nos haga integristas o intolerantes.
Cuando un cristiano se apega a la ley más allá de lo que Jesús ordenó, y mide la espiritualidad por leyes u obras, ha entrado a un camino peligroso en sus creencias, y va rumbo al fanatismo. Ninguna postura fundamental o conservadora nos debe privar del amor y la misericordia. Es buena la ortodoxia (el apego a lo escrito) siempre y cuando no olvidemos la orto praxis (la letra manifestada en acción).
Podemos tolerar ciertas creencias espirituales que sean radicales, como, por ejemplo: el uso de hábitos, el observar estrictamente una dieta alimenticia sin carne, el ayunar programadamente, el observar rigurosamente un día a la semana, el apartarme del mundo para buscar a Dios como un ermitaño etc., siempre y cuando el que lo haga no juzgue, condene o trate de imponerle a otros su forma de ser.
[1] – Usemos este término para referirnos a los gentiles que se hacen judíos y después cristianos.
[2] – “Preciosa Gena En el tabernáculo” B.R. Hicks Editado por Christ Gospel Press, Jeffersonville, Indiana, 1971. Página 7.
[3] – El método usado por algunos para encontrar sus raíces está en investigar el origen del apellido. Este concepto no es valedero en una sociedad donde los hijos adoptan el apellido del padre y cuando es mujer muchas veces se pierde. Además, los apellidos españoles adoptados por los sefarditas al convertirse ya existían en el calendario y la cultura española. Por ejemplo “Rodríguez” es un apellido que adoptaron muchos sefarditas porque era muy hispánico y popular en su época.
[4] – Gorrita circular pequeña que cubre la coronilla de la cabeza.
[5] – “A Treasury of Tradition” Norman Lamm and Walter S. Wuzburger. Hebrew Publishing Co. 1967.
[6] – “To Pray a Jew A Guide to the Prayer book and the Synagogue Service. Hayin Halevy Donin. Basic Books, 1980
[7] – «The Spice and Spirit of Kosher Jewish Cooking” The lubavitch Women´s Organization. Division. Bloch 1977.
[8] – En ingles la fiesta de la Pascua o Pesaj se llama “Passover”.
[9] – la observancia del día de reposo.
[10] Se celebra a partir de la puesta del sol del día 9 del mes de Tishri del calendario judío, y termina al ponerse el sol del siguiente día (10 de tishri).
[11] – La palabra “reposo” significa sábado.


