LA GRAN BATALLA

Hubo una guerra antes de que existiera la primera lágrima humana. Antes del primer pecado en la tierra, antes del primer funeral, antes del primer grito de dolor, ya había una batalla en el cielo. Apocalipsis dice que Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón, (Apocalipsis 12:7 y esa frase, tan corta, esconde una de las verdades más profundas del universo. Porque esa guerra no comenzó con espadas, sino que comenzó con ideas.

Lucifer no se rebeló con violencia, se rebeló con argumentos. Puso en duda el carácter de Dios y sembró sospecha donde antes había confianza Isaías 14.12-14. Y convenció a una parte del cielo de que Dios era injusto. La gran controversia no fue una pelea por poder,

fue una lucha por la verdad, Miguel —que no es otro que Cristo mismo, el comandante del cielo— no respondió con gritos ni imposición, respondió con luz, con verdad, Con amor. Pero, aun así, hubo guerra. Porque cuando la mentira se enfrenta a la verdad, siempre hay conflicto.

El texto dice que “no prevalecieron”, o dice que no lucharon, dice que perdieron, y aquí hay algo que conmueve profundamente: Dios permitió que la rebelión se manifestara. Pudo destruir a Lucifer en el primer instante…pero no lo hizo. Porque Dios no gobierna por miedo, gobierna por amor.

La guerra en el cielo nos enseña que Dios prefiere ser malinterpretado por un tiempo,

antes que obedecido por obligación. Cuando Satanás fue expulsado, no cayó convertido en polvo, cayó lleno de odio…y la tierra se convirtió en su nuevo campo de batalla, y aquí viene lo que nos hace temblar el corazón: esa guerra celestial ahora se libra en la mente humana.

El mismo dragón que perdió en el cielo, ahora pelea por tu pensamiento, por tu confianza en Dios,  por tu percepción del carácter divino. No te tienta primero a pecar, te tienta primero a dudar. Dudar de que Dios te ama, dudar de que Dios es justo, dudar de que vale la pena obedecer. Eso es exactamente lo que hizo en el cielo.

Pero Apocalipsis no termina con derrota. Dice que vencieron “por la sangre del Cordero”,  no por fuerza, no por perfección, no por méritos sino por la sangre. Eso significa que la victoria no depende de cuán fuerte seas, sino de quién peleó por ti. Miguel no solo peleó en el cielo, peleó en la cruz, allí, el dragón creyó que había ganado, vio a Cristo sangrar, sufrir, morir, pero lo que parecía derrota… fue el juicio final del enemigo. Desde la cruz, Satanás quedó desenmascarado ante todo el universo.

El cielo entendió algo para siempre: Dios no es tirano, Dios es amor, y ahora vivimos en el tiempo final de esta guerra, Una guerra que no se libra con bombas, sino con decisiones diarias. Cada vez que eliges confiar en Dios cuando no entiendes, Miguel gana terreno. Cada vez que obedeces por amor y no por miedo, el cielo avanza. Cada vez que crees que la gracia es más grande que tu pecado, el dragón retrocede.

Apocalipsis no fue escrito para asustarnos, fue escrito para decirnos que ya sabemos cómo termina la historia. El dragón pelea como alguien que ya sabe que perdió. Miguel pelea como alguien que ya venció, y tú no eres un espectador, eres el campo de batalla…pero también eres la razón por la que Cristo peleó.

La guerra en el cielo fue por el carácter de Dios, la guerra en la cruz fue por tu salvación, y la guerra hoy es por tu decisión. Elige a Miguel, porque esta guerra…ya tiene vencedor.

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