La mayoría de nosotros oramos así: «Señor, cambia a mi esposo.» «Señor, cambia mi trabajo.» «Señor, cambia mi situación.» Vemos la oración como un mecanismo para cambiar lo de afuera. Y cuando nada cambia, nos frustramos. Pero la palabra hebrea para orar revela un secreto impactante. LA PALABRA: LEHITPALEL (לְהִתְפַּלֵּל) El verbo «orar» en hebreo es reflexivo. Viene de la raíz PALAL (פָּלַל), que significa JUZGAR. Por lo tanto, Lehitpalel no significa «pedir cosas». Significa literalmente: JUZGARSE A UNO MISMO.
EL GIRO DE 180 GRADOS
Cuando un judío ora, no está intentando cambiar la mente de Dios (Dios es inmutable). Está intentando cambiarse a sí mismo para alinearse con la voluntad de Dios. La oración no es enviar una lista de pedidos al cielo. Es un espejo. Es el momento donde te examinas, te juzgas y te preguntas: «¿Estoy yo alineado con lo que estoy pidiendo?»
NO MUEVAS A DIOS, MUÉVETE TÚ
Si oras por paz, la pregunta es: ¿Qué estoy haciendo yo que causa guerra? Si oras por provisión, la pregunta es: ¿Estoy administrando bien lo que ya tengo?
El propósito de la oración no es bajar a Dios a tus caprichos. Es elevarte a ti a Su santidad.
CUANDO TÚ CAMBIAS, TU MUNDO CAMBIA
Deja de orar para que Dios cambie tus circunstancias. Empieza a orar (Lehitpalel) para que Dios te transforme a ti en medio de ellas. Cuando tu corazón se alinea, la respuesta del cielo cae por su propio peso. LA ORACIÓN NO ES UN PEDIDO. ES UNA AFINACIÓN.


